Dilacerante
Minsorrano sin caminos
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La Guardia Alegre
Introducción
El Sargento Langley caminaba por los pasillos del cuartel buscando el barracón indicado, ya era hora de conocer a sus hombres, su propia compañía de soldados.
Le habían hablado de esta en particular, una conocida por una disciplina peculiar y cantos en sus marchas, por sus uniformes irregulares y risas en charlas nocturnas. Se temía lo peor, y sin embargo estaba emocionado por la idea, era la clase de prueba que necesitaba para demostrar su valía. Aunque resultaba preocupante el hecho de que dos de los miembros de dicho grupo eran en realidad sargentos de la unidad que habían sido degradados durante el mando de la misma ¿qué podía esperarse?
La respuesta vino pronto cuando, ya muy cerca del barracón, una mujer pelirroja chocó contra Thomas derramando parte de las dos jarras que sostenía.
— ¿Bebiendo en el cuartel? —alzó una ceja Thomas.
— ¡Señor, lo siento, señor! —adelantó una de sus manos mostrando el contenido de la jarra—. No es más que zumo de cereza, estamos de celebración —entonces se abrió la puerta que había al lado y un hombre de tez morena se asomó con una sonrisa. La chica lo miró y luego se volvió a dirigir al sargento ofreciéndole la jarra—. Aquí tiene señor, la celebración es por usted.
Thomas tomó la jarra con desconcierto y observó a la chica que riendo se metía en el barracón dándole la otra jarra al soldado que se había asomado. Se quedó allí unos segundos en el pasillo, dio un trago y entró mientras decidía qué clase de sargento quería ser. ¿Les echaría la bronca por la nula disciplina o quizá se uniría a ellos? Intentó recordar el nombre que le habían dicho que tenía esa unidad, pero en seguida lo supo de nuevo.
— ¡Bienvenido a la Guardia Alegre, sargento Langley! —gritó al unísono toda la unidad de soldados que había allí dentro. Thomas no pudo entonces más que sonreír y tomar un trago.
— Se los presento, señor —dijo la chica pelirroja agarrando del brazo al sargento—. Ese moreno es Marion, es un guerrero y el anterior sargento de la unidad, nuestra última incorporación. A su lado está Selene, nuestra paladín y guía moral. El del laúd es Peter, el más joven, y cantando con él el más diestro espadachín Harlan.
— No sé si me voy a acordar de todos los nombres así de golpe —respondió Thomas con una sonrisa.
— Tranquilo, señor, usted pregúnteme a mí o a Alda, que es esa señora de pelo gris.
— ¿No debería estar retirada?
— ¡Le he oído, sargento, muchos lo han intentado pero este es mi lugar! —replicó la vieja soldado con cara de pocos amigos.
— No le gusta que le recuerden que debería retirarse —explicó la pelirroja—. Lleva en esta unidad más tiempo que todos nosotros, evidentemente, y es la voz de la razón cuando la necesitamos —la chica sonrió y siguió señalando al resto de miembros—. El grandullón a su lado es Brennar, está enamorado de su alabarda y es un pedazo de pan, y justo al lado sentado está Corvin, el guapo del grupo.
— Lo siento, Corvin, ahora el guapo soy yo —dijo Thomas con una sonrisa.
— Lo que usted diga, sargento, usted manda —respondió también con otra sonrisa el soldado.
— Creo que os vais a caer bien —comentó la chica—. Por último, esos dos tortolitos del fondo con Darian y Neris, guerrero y exploradora, llevan juntos varios años y tienen planes de boda.
— No sé yo cómo de sano será eso para la unidad...
— Tranquilo, señor, son profesionales. Y luego estoy yo, Lysa Fenwick a su servicio, llevo un año en la unidad y aspiro a ascender en el próximo —tomó una jarra de una de las mesas y brindó sin previo aviso con Thomas—. Ya se lo hemos dicho, señor, pero bienvenido a la Guardia Alegre, aquí todos somos amigos.
Thomas se tomó un tiempo para celebrar con ellos, lo cierto es que habían conseguido quitarle los nervios de encima con la bienvenida, y la alegría del momento le hizo olvidar su reciente ascenso durante toda la celebración. Pero el tiempo pasaba, se iba haciendo tarde, y tras charlar con unos y otros, jugar a los dados y danzar, finalmente dejó la jarra ya vacía a un lado, se subió a un altillo y aclaró la garganta.
— Gracias por la bienvenida, chicos, esto es muy diferente a lo que esperaba. Pero me temo que van a haber cambios aquí... —paseó la vista por la ahora preocupada mirada de los demás—. Me han hablado de vosotros, de la falta de disciplina, de los cantos nocturnos, de los uniformes maltrechos, y temo deciros que están pensando en disolver esta unidad —tragó saliva y siguió hablando—. No es lo que yo quiero, sé que me mandan aquí como un recién ascendido al que no le dan importancia, porque no les importa si fracaso, de hecho esperan que lo haga, pero no pienso darles esa satisfacción, y sé que vosotros tampoco. Vamos a apretarnos los machos, vamos a demostrar que somos una unidad de las Fuerzas Armadas a tener en cuenta y vamos a hacer que la Guardia Alegre sea reconocida y respetada en el cuartel. Os lo advierto, no será fácil, vamos a ir a misiones peligrosas y vais a tener que reducir la fiesta y entrenar más, pero yo estaré con vosotros, y juntos lograremos que...
— ¡Corta el rollo, sargento, ya nos hacemos la idea! —espetó Harlan, el espadachín—. También nos lo han dicho a nosotros, que pretenden disolvernos.
— Pero no lo vamos a permitir —añadió Peter, el bardo—. Esta fiesta no es solo por usted, señor, es por la resolución que hemos tomado
— Vamos a permanecer unidos —dijo Selene, la paladín—. Estamos a su disposición.
El sargento paseó de nuevo la vista por el grupo, viendo ahora otra mirada en ellos, una que reflejaba la resolución de la que hablaban. Se bajó del altillo, caminó entre ellos y abrió la puerta de barracón listo para salir.
— Celebrad y descansad entonces, Guardia Alegre. Mañana empezamos a trabajar.
Offtopic :
Es todo muy happy flower, pero la idea es desarrollar estos diez NPCs con el tiempo, con sus miedos, ilusiones y personalidades, y cómo afectan a Thomas en su desarrollo. Me apetecía mucho esto, así que allá voy
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