Ladrondelasombras
Copia de fichas de Kronos
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La Hermandad del Último Recurso
"Nos llaman diablos porque hacemos lo que otros no quieren hacer.
Porque usamos herramientas que ensucian las manos.
Porque cruzamos límites que el mundo necesita cruzar pero prefiere no ver.
Diablos, porque alguien tiene que cargar con el pecado."
No nacimos para ser héroes. Tampoco para ser jueces. De hecho, no nacimos si quiera para dedicarnos a esto.
Existimos porque hay males que el mundo decide no mirar. Horrores tolerados en nombre de la estabilidad, la ley o la conveniencia. Cuando los templos dudan, cuando las órdenes miran a otro lado, cuando la justicia se quiebra bajo el peso del oro o la política, entonces aparecemos nosotros.
La Hermandad del Último Recurso no es una orden, y mucho menos santa, ni una compañía mercenaria. No buscamos gloria, ni absolución, ni redención.
Somos aquello a lo que se recurre cuando ya no quedan opciones limpias. Cuando la justicia no llega.
Nuestros miembros no comparten una fe única ni una misma senda. Algunos rezan, otros no. Algunos aún creen en la ley, otros ya la han visto fallar demasiadas veces. Lo único que nos une es la certeza de que hay amenazas que no pueden ser contenidas con palabras, ni con decretos, ni con esperanzas vacía.
No cobramos por matar. No matamos por placer. Y no actuamos por capricho.
Intervenimos cuando el mal persiste, cuando se oculta, cuando se protege a sí mismo bajo nombres respetables. Cuando un monstruo sigue respirando porque nadie se atreve a cerrarle la garganta.
Existimos porque hay males que el mundo decide no mirar. Horrores tolerados en nombre de la estabilidad, la ley o la conveniencia. Cuando los templos dudan, cuando las órdenes miran a otro lado, cuando la justicia se quiebra bajo el peso del oro o la política, entonces aparecemos nosotros.
La Hermandad del Último Recurso no es una orden, y mucho menos santa, ni una compañía mercenaria. No buscamos gloria, ni absolución, ni redención.
Somos aquello a lo que se recurre cuando ya no quedan opciones limpias. Cuando la justicia no llega.
Nuestros miembros no comparten una fe única ni una misma senda. Algunos rezan, otros no. Algunos aún creen en la ley, otros ya la han visto fallar demasiadas veces. Lo único que nos une es la certeza de que hay amenazas que no pueden ser contenidas con palabras, ni con decretos, ni con esperanzas vacía.
No cobramos por matar. No matamos por placer. Y no actuamos por capricho.
Intervenimos cuando el mal persiste, cuando se oculta, cuando se protege a sí mismo bajo nombres respetables. Cuando un monstruo sigue respirando porque nadie se atreve a cerrarle la garganta.
Sobre quiénes pueden aspirar
No todo el mundo debería llamarnos. Y no todo el mundo podría quedarse.
La Hermandad no acepta a quienes buscan venganza ciega, ni a quienes necesitan un enemigo para justificar su rabia. Tampoco a los que desean poder, influencia o reconocimiento.
Aquí no hay lugar para héroes que necesitan ser vistos, ni para fanáticos que solo conocen una verdad.
Pueden aspirar a caminar con nosotros quienes ya han perdido algo que no puede recuperarse. Quienes han visto fallar a la ley, a los dioses o a sí mismos y aun así siguen avanzando.
Aceptamos a guerreros cansados, a estudiosos de lo prohibido, a clérigos que dudan, a arcanistas que descienden donde nadie quiere mirar, a rastreadores de monstruos, a antiguos guardianes, a almas marcadas. No importa la senda, sino el peso que estés dispuesto a cargar.
No exigimos juramentos eternos. Exigimos conciencia.
Quien entra debe entender que nuestras acciones tendrán consecuencias. Que a veces salvaremos vidas sin recibir gratitud. Que otras veces nos odiarán por hacer lo necesario. Y que, llegado el momento, nadie vendrá a absolvernos.
Si buscas luz, no es aquí. Si buscas propósito, tal vez lo encuentres.
Quien porta nuestra moneda no ha firmado un juramento. Ha aceptado una verdad.
Que pedir nuestra ayuda implica aceptar el precio. Que lo que hacemos no siempre será celebrado.
Y que, cuando todo termine, nadie escribirá canciones sobre nosotros.
No prometemos salvación. Prometemos resultados.
Si alguna vez escuchas nuestro nombre, no nos busques con rezos ni con discursos.
Hazlo solo cuando estés dispuesto a aceptar que algunos males no deben ser comprendidos sino detenidos.
Ese es nuestro propósito. Ese es nuestro peso.
Y alguien tiene que cargarlo.
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