Novedades

La hija de la luna

_NagaShadow_

Restos de un PJ de Aharadad
Registrado
29/9/09
Mensajes
1,541
Edad
41
<object width="353" height="132"><embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=ebcce3d" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"></embed></object>


Para una guerrera como era la mestiza, solo existía un lenguaje, el de la lucha. O eso era lo que la adolescente Ayume pensaba. Ser la más fuerte, vencer a todo el mundo eran el único objetivo, y la mejor forma de conseguirlo era probarse en cada momento que tuviera una oportunidad y si no...bueno, si no la provocaba. Era conocida por ser la hija de Aldarion, pero poco a poco lo iba siendo por ser la mestiza hiperactiva que siempre provocaba broncas y trifulcas allí donde permanecía más de 5 minutos. Y por ello se encontraba en Agujas de Oro, donde Ayrin y otros amigos suyos la habían llevado para intentar cansarla, haciendo que peleara todo lo que quisiera y con cualquier combatiente de la arena. Primero fue la misma Ayrin, luego Dugan, el mediano Med y otros más hasta que una voz, tal vez la única que conseguía hacer que la mestiza prestara un mínimo de atención, se alzó entre el resto. Era Aldarion, su padre a quien ella siempre había deseado imitar y por ello la falta de respeto y la gran cantidad de palabras malsonantes estaban a la orden del día.

Con la promesa de un entrenamiento especial la atrajo hasta los picos nevados y ajena a la gran prueba que le había preparado su padre, la cachorra batía a los gigantes a garrazos y sin control. Golpes rápidos que descuidaban su defensa si es que el adversario aguantaba la lluvia de cortes que proporcionaba Ayume en unos instantes.

La sonrisa de la tigresa, dejaba vislumbrar que todo aquello no era más que un juego para ella, eso era lo que Aldarion veía al observarla. Y se aseguraba de guiarla por el camino correcto en todo momento, que no pudieran sus instintos a su corazón y para ello se ayudaba de historias para críos acerca de Selune, de lo que ellos eran. ¿Cazadores? No, ellos eran guardianes de la Luna y de todo lo que ella aprecia. Protegían a madre de aquellos quienes podían destruir el ciclo, protegían a sus hijos y a sus creaciones y para ello Ella les otorgó varias pieles. Estas pieles eran tres: la piel de Tierra para poder relacionarse con el resto de especies. La piel de Luna, más fuerte que la humanoide, más sensitiva, más instintiva. Y por último, la piel guerrera, la de Ira, aquella que mezclaba las pieles de Tierra y Luna y lo bueno de ambas. Pero Ayume desconocía como poder vestir esta última piel y es que aunque para su padre parecía bien sencillo pasar a esa forma, distaba mucho de serlo. Había que desatar ese verdadero instinto del licántropo, ese instinto de furia y a la vez protector, de amor y odio y para ello su padre intentaba que recordara los momentos más dolorosos que había vivido la cachorra. Pero resultaba imposible para la cachorra recordar algo así. Siempre que había sufrido había llamado a Alda para salvarla o a sus otros amigos. Siempre había estado protegida aunque ella nunca se percatara. El clan del Oso, su familia drow, los druidas de los páramos, los leones de Minsor, aquellos que compartían su naturaleza así como muchos otros a los que había conocido durante años y que siempre la habían hecho sentir que aunque no tuviera una madre, que aunque su padre viajara continuamente para ayudar a otros y la dejara sola algún tiempo, ella nunca lo estaría...hasta ese día.

La luna brillaba con intensidad y ello le otorgaba más energía a la inagotable Ayume. Golpeaba con fuerza, sin detenerse y no se percataba de que en la nieve unas huellas delataban que alguien se acercaba en silencio hacia ella. Unas palabras en arcano que con el eco de la montaña, confundían a la mestiza respecto a su procedencia. Y la cobardía a lo desconocido, hizo que corriera hacia su padre, el cual permanecía inmutable. Y a cada paso que daba hacia él, más pesaba, su vista se distorsionaba, y acabó por caer sobre la fría nieve, inconsciente.

...Y despertó sobre la cálida arena. Debía de haber dormido bastante si los picos se habían descongelado o eso fue lo que pensó y la verdad, la mestiza tenía una capacidad de inventar ideas absurdas innata.
Vagó buscando un camino desde donde tomar una referencia de su situación exacta. Llamaba a Aldarion, con el ceño fruncido y amenazando con meterle algo por su trasero si no aparecía. Pero el tiempo pasaba y no hacía más que subir y bajar aquellas dunas sin ningún éxito. No quería admitirlo, pero tenía miedo a estar sola y la forma en la que se engañaba así misma era pensando que Aldarion debía de estar aún mucho más asustado que ella y por eso debía encontrarle rápido. Y mientras escalaba otra de aquellas dunas, se encontró a una figura oscura. Rápido olfateó en su dirección, pero el viento no le traía un olor conocido. De todas formas, era su oportunidad de pedir explicaciones y en caso de que se negara a responderla, la cachorra amenazaba con desarreglarle la dentadura como bien había aprendido a hacer.
La figura la ignoraba, como si no existiera y continuaba andando por el mismo sendero por el que lo hacía ella y Ayume lo seguía gritándole todo tipo de improperios, pocos pasos por detrás. Un olor familiar, una voz que bien conocía, llamó la atención de la mestiza que a cuatro patas, corrió y escaló aquella montaña de arena, olvidándose de la figura negra para concentrarse en la nueva que más llamaba su atención. Y allí arriba del todo se encontró a Ender. La cachorra sonrió y se acercó apresurada a él saludándole como bien hacía siempre, llamándole "Tartaja" pero él no respondía, solo gritaba con ira y sollozaba sobre dos cuerpos tendidos en el suelo. Descolocada, ella miró ambos cuerpos que reconoció al instante. Eran Kurt el druida y su oso Baloo. Aunque parecían dormidos, los lloros del semielfo delataban algo bien distinto. Nerviosa, le preguntaba a Ender que había ocurrido, más no conseguía respuesta. Buscaba en su saquillo algunas vendas que arrojaba a los pies del explorador, esperanzada en que aún se pudiera hacer algo, mientras le prometía a Ender que se vengarían. Haciendo oidos sordos, él cogió su arco que rápidamente cargaba contra la figura oscura que finalmente había acabado alcanzando la cima. Para sorpresa de Ayume, comenzaban a llegar muchas figuras similares, rodeándoles. Se preparó para la lucha y se lanzó a golpear a la primera con tanta fuerza que al traspasarla como si de un fantasma se tratara, la cachorra cayó de bruces al suelo. Se puso de rodillas, descolocada aún. No tenía muy claro si la sombra le había esquivado tan rápido que ni la había visto ó algún tipo de truco mágico que su cabecita no llegaba a explicarse. Poco importaba ahora cuando los gritos de su amigo la harían reaccionar para levantarse y tirarse de nuevo hacia aquel montón de figuras. Pero ocurría lo mismo una y otra vez hasta asegurarse que efectivamente, sus golpes atravesaban a las figuras de la misma forma de la que lo haría si se pusiera a golpear a una nube de humo.

Gritos desgarradores de su amigo cuando las figuras lo agarraban y arañaban, tirando de su carne arrancándola a tiras lentamente. Alargando la agonía del semielfo que no podía hacer otra cosa en esa situación que autoinmolarse con una de sus flechas, imbuida de magia mucho más allá de lo seguro. La terrible explosión tiró atrás a la cachorra, qué rápidamente se levantaría buscando algún resto de su amigo. Pero los pocos restos que quedaban iban siendo recogidos por las figuras. La cachorra estaba horrorizada viendo la escena y con lágrimas que no terminaban de caer. Salió corriendo de allí antes de que las figuras se giraran a por ella y prometía en gritos encontrar a su padre para que solucionara eso. Al fin y al cabo, él siempre sabía qué hacer.

Y corría sin rumbo, huyendo asustada por el espectáculo acontecido. Sin querer gritar para no llamar la atención de las criaturas. Y nuevas voces llamaron su atención a otro lado de aquel desierto infinito. Eran Maiev, Nizz y una cachorra elfa que Ayume desconocía. Alrededor de ellos había tres tipos pálidos y de afilados colmillos. Sin duda, eran sanguijuelas chupasangres. Ante la amenaza que representaban los vampiros para su familia, no dudó en un inconsciente acto de valentía, sacar su estaca y lanzarse a por ellas sin mediar palabras, solo un grito rabioso. Los golpes que intentaban apuñalar a uno de los tres vampiros, atravesaban de nuevo sus cuerpos pero Ayume no se daba por vencida y lo intentaba con otro y repetir una vez más el proceso con el último. El resultado era el mismo en los otros dos casos. Aun sumida en su inocencia, la cachorra mordió la estaca para asegurarse de que no estaba defectuosa, haciéndose daño en los dientes y mirando mal a su arma como si esta tuviera culpa de algo. Arrojó la madera al suelo y lanzó una de aquellas botellitas con agua sagrada sobre las figuras. Pero irían a parar al suelo sin éxito alguno. Desesperada y viendo que su tío Nizz iba a enfrentarse con ellas con la única ayuda de su espada, comenzó a gritarle dándole consejos de como vencerlas. Su magia, debía usar su magia, le advertía pues si su estaca y garras no servían, ni mucho menos lo iba a hacer la espada del drow. Las palabras de Ayume volvían a ser ignoradas y por ello una rápida estocada de los vampiros acabaría con la vida del hechicero drow, tintando las arenas de rojo.

La cachorra se llevaba las manos a la cabeza. Todo aquello estaba ocurriendo porque nunca tenían su voz en cuenta, a los ojos de todos seguía siendo una cachorra de ideas absurdas. Rabiosa recriminaba a su tío no haberle hecho caso y no haber utilizado la magia. Al ver que la patente amenaza vampírica se acercaba a las dos hembras, corrió a interponerse entre ellas, amenazando a las criaturas como si sirviera de algo. Al girar el rostro hacia Maiev para pedirle que huyera, contemplaría otra dura escena. La elfa de las estrellas en un acto tal vez de piedad, rompía el cuello de la asustada niña. La mestiza miraba perpleja a Maiev y balbuceaba un "por qué" que no terminaba de salir de sus temblorosos labios. Otra vez tardó en reaccionar y al mirar hacia delante los vampiros ya no estaban. Girándose de inmediato hacia Maiev, la vió como iba siendo la degustación de aquellos monstruos, los cuales la mordían una y otra vez. Uno de ellos miró a Ayume, tal vez el primero que le prestaba atención en todo aquel infierno y le anunciaba que no habría salida alguna.

Gritos de impotencia por parte de la mestiza que se alejaba del lugar lo más deprisa que le permitían sus piernas las cuales tropezaron más de dos y tres veces entre sí haciéndola saborear el polvo. Y en una de esas caídas, comenzó a golpear con sus puños el suelo. Aquello no podía ocurrir, ¿es que tan débil era que no podía hacer nada?
Sus sollozos remitieron a escuchar la grave voz del Rey Oso a quien no había visto pero allí estaba, de pie junto a ella. Volvió a sonreir al ver a su tito allí. Él nunca había perdido un combate, ella lo sabía bien. Ambos encontrarían al mestizo y pararían el infierno de acontecimientos. Atropelladamente le contaba lo ocurrido hasta el momento, pero su tío contaba una historia que a ella no había vivido. Contaba como era el último del clan del Oso Azul, como todos sus hermanos habían caído y como él no había podido hacer nada. De cómo ahora iba a enfrentarse a su destino. La mestiza comenzó a percatarse de que aquél Ardeil que bien conocía, parecía mucho más anciano. El dorado cabello ahora se tornaba plateado como la luna. Multitud de cicatrices que no recordaba surcaban su cuerpo así como una desaparecida mano en la que ahora solo había un muñón. Y por primera vez, Ayume comenzó a replantearse todo aquello. Intentaba enlazar el último momento que recordaba desde que cayó dormida en los Picos de las Nubes hasta su momento presente. Y pensó que muchos años había dormido tal vez por aquel conjuro que escuchó antes de caer inconsciente y ahora despertaba en un mundo bastante diferente al que había conocido. Se encontraba en el futuro, un futuro oscuro y lleno de muerte y dolor. E intentaba explicarle a su tío aquellas conclusiones a las que había llegado cuando otra de las figuras negras se presentó delante del Rey de Nada ni Nadie ya. De nuevo los chillidos de Ayume intentaban advertir a su tío que nada podía hacer, que debía huir, más el Rey Oso, haciendo honor a su posición, abatió de un espadazo a la criatura. Entonces la esperanza volvió a Ayume. Nada podía vencer a su tío, estaba segura. El rey señaló a unas ruinas a las que se encaminaría y la tigresa no dudó en seguirle. Al llegar, el rey se puso de rodillas y comenzó a cavar con fuerza y tesón y la cachorra le ayudaba de la mejor forma que sabía. Pensaba que la idea de hacer aquel agujero era la de esconderse de los vampiros y demás criaturas, hasta que pudo comprobar cómo bajo aquel montón de arena que habían estado retirando, una puerta de piedra les invitaba a continuar.
Pensando que sería un buen refugio, la cachorra le animaba a entrar primero. Y al seguirle comenzó a sentir que en aquel subterráneo no estaban solos. Alterada al ver que su tío se preparaba para ir a la batalla, la cual éste prometía ser la última, ella hacía por avisarle del peligro. Era inútil, su voz aun era ignorada incluso por Ardeil. Entonces tuvo una brillante idea. Sacó sus garras y la clavó en la piedra para escribir un mensaje que él pudiera leer: "AYUME ESTA AQUI. NO LA BEES". Satisfecha se retiró de la pared acabado de inscribir en la piedra pero esta misma comenzaba a borrar el mensaje como si sobre la arena estuviera inscrito y el viento soplara. La cachorra no terminaba de salir de su asombro por lo que estaba pasando y su tío iba irremediablemente a su final. En la siguiente sala había varios vampiros que volaban con enormes y correosas alas. También había un hombre de brazos cruzados y con una máscara que tapaba su rostro. Se reía del titán y este no podía hacer sino que defenderse de las criaturas voladoras arremetiendo con toda la fuerza de un autentico Oso. Las criaturas cayeron tras un singular combate, convirtiéndose en polvo al chocar contra el suelo más el rey también clavó una de sus rodillas sobre éste. Estaba malherido pero aún continuaba sin perder su orgullo guerrero. Observando al último de aquellos, tomando aire para embestir una última vez. Un paso hacia la gloria o hacia el olvido. Ayume escuchó como la criatura susurraba el lenguaje de la magia. En otro inútil intento, se lanzó a parar lo que fuese que conjuraba el ser pero sin éxito. Un grito desgarrador de Ardeil, la hizo girarse para verle consumido en vida en el suelo y como unos anillos, símbolo que portaban todos y cada uno de los Osos que pertenecían a la realeza, se desprendían de su cuello y rodaban por toda la habitación. Un tintineo que parecía infinito y en el que Ayume descubría que Alexia, Aeron y Ariadna hacía tiempo que habían compartido el final de su esposo y padre.

La cachorra caminaba despacio y temblorosa hacia el hombre muerto, el titán, el rey... Las fuerzas le fallaban y al llegar allí y contemplar el aspecto que ahora presentaba, cayó al suelo llorando. Nada podía consolarla, sus esperanzas desaparecían de nuevo. Y otra vez aquellas palabras que vaticinaban magia. Alzó la vista, esperando un final como el de su tío pero allí ya no estaba el hombre de la máscara.
Era Clara, la poderosa hechicera. Observó con pesar el cuerpo de su hermano tirado en el suelo, con pesar y odio y a su modo se vengaría de quien asesinó a su hermano.

Ayume permanecía en silencio, observando a Clara, esperando que la viera y la llamara, que la consolara...No fue diferente al resto de las veces. Clara se dirigió hacia el pasillo sin percatarse de la joven. Y finalmente comprendió...Estaba muerta y era ella el fantasma. Debió ser en la nieve, uno de los gigantes debió pillarla desprevenida y causarle el golpe mortal. Alda debió de huir, triste por la pérdida de su cachorra...y eso era en lo que se había convertido el mundo. Un mundo sin los guardianes de la luna, sin esperanza, donde todo poco a poco iba consumiéndose...

Se levantó del suelo, arrastrando los pies y sin ganas, siguió el rastro de Clara. Por unos instantes pensó que tal vez la poderosa Clara podría con el arcano de la máscara. Y los encontró en una sala al final del interminable pasillo iluminado por llamas que invitaban a cruzarlo. Cada hechicero preparaba su conjuro con palabras ininteligibles para la mestiza y fue la mujer quien lo preparó en primer lugar, lanzándolo hacia el enmascarado quien se encontraba rodeado por unos extraños círculos en el suelo que Clara no había visto por la poca claridad del lugar. Los dibujos se activaron al conjuro de Clara, formando un brillante muro que hizo rebotar el haz de luz enviado por la arcana y dejándola inmóvil.
El enmascarado deshizo su sortilegio y rió para tras ello quitarse la máscara. Ayume le reconoció. Era aquel vampiro que tantas otras veces les había hecho la vida imposible a ella y su padre, ese tal Dietrich. Y aunque sus gritos y lloros imploraran por la vida del último ser querido que le quedaba a la mestiza, el vampiro mordió su cuello para beber hasta la última gota. El rostro de Clara no mostraba sufrimiento más todo lo contrario. Y el vampiro se la llevaría en brazos, desapareciendo por otro de los pasillos.

Y volvió la oscuridad... Ayume cayó al suelo, sin fuerzas, sin lágrimas ya. Llamaba con la voz rota al único que podría salvarla pero su llamada se perdía. Cerró los ojos buscando tranquilidad, un final que no llegaba, un sentido para todo aquel sufrimiento que estaba obligada a llevar encima una y otra vez. Y el silencio fue roto por un fuerte latido de su interior, una sensación que nunca antes había sentido. El calor volvía a ella y volvió a abrir los ojos hacia el pasillo por el que marchó Dietrich. Una sensación de que la paz estaba próxima le invadió y tomó fuerzas para continuar el último trecho de la tortura.

El último salón creado de la misma oscuridad, un enorme dragón de hueso al final con unos ojos brillantes y rojos que la seguían allá por donde fuera. Cientos de sombras y vampiros que esperaban con ansia la llegada de Dietrich y su nueva compañera, Clara. La arcana disfrutaba cada momento en su nueva vida y cada una de aquellas figuras se regocijaban en el sufrimiento que sentían de la desajada mestiza. Se abrió un pasillo entre la multitud para que Ayume llegara sin problemas hasta el fondo y una mujer la esperaba con los brazos abiertos. Tal vez la única persona que no esperaba ver más, Ireth.
La única madre que había conocido, la única madre que había necesitado y a la que durante tantas décadas había extrañado.

Ireth llamaba a Ayume diciendo esas palabras que tanto significaban para la niña, "hija mía". Tanto tiempo y volvian a estar juntas y poco dudó la cachorra hasta tirarse a los pies de su madre abrazándola y llorando de forma desconsolada. La vampira enrollaba sus finas falanges entre el rojizo cabello de Ayume, acariciándola con suavidad. Todo iba a acabar al fin, ya no tendría más dolor, ni sufrimiento con ella pues todo olvidarían. Ayume asentía repetidas veces a cada cosa que la mujer le iba contando, sin pensar, únicamente queriendo alejar todo lo malo que acababa de vivir para no vivirlo más. Y cuando iba a coger su mano para aceptar un grito se alzó. Girándose ambas dos pudieron ver a Aldarion quien llamaba a su pequeña pidiéndola que no escuchara a la vampira y recodara quien era, quienes eran ellos. El olvido era la salida de los cobardes y acusó a Ireth de haber acabado con todos. Pero una vez más la vampira acarició la cara de Ayume explicándole con esa voz calmada y dulce que todo lo hacía por ella. Ayume los miraba alternativamente a ambos, a sus dos padres. ¿Quién tenía la razón? En el regazo de ambos siempre estuvo protegida...y los pilares de su pequeño mundo comenzaron a ceder, dándose cuenta a la vez que retrocedía de la vampira...que con ella siempre todo había sido frio...que siempre había estado sola...nunca a nadie había tenido con quien jugar...que no estaría Clara, Ender ni los demás...que tampoco su padre estaría allí donde fueran. Y bajó la mano, rechazando su oferta descubriendo que todo lo que la vampira había deseado siempre era utilizarla para cazar a Alda. Que todo había sido un engaño al lado de esa mujer y que sólo una cachorra tonta se dejaría engañar por ser feliz. Aldarion rugió recuperando parte de sus fuerzas, consiguiendo así vestir su piel guerrera. Se lanzó al mar de sombras para atacar a Ireth y rescatar a la niña pero las sombras clavaban dagas en el cuerpo del mestizo por cada paso que daba. Cuando consiguió alcanzar a la vampira ya poca vida tenía en sí más intentó dar un último golpe que Ireth esquivaría sin problemas. Con tranquilidad la mujer se agachó para observar a un Aldarion ya de nuevo elfo y a sus pies. Le otorgó el frio beso de la muerte. Ayume se abalanzó para cubrir el cuerpo de su padre, protegiéndole como si aún viviera más sabia que yacía sin vida. Un bajo ronroneo, unas lágrimas que caían y ya jamás se extinguirían del rostro de Ayume, mientras su madre volvía a llamarla. Esta vez, la tigresa no haría caso a su llamada, pese a las promesas de la vampira de que todo el sufrimiento acabaría. Pero en ese momento la mestiza se dio cuenta de que si el sufrimiento cesaba habría sido porque habría olvidado a Ender y Kurt, ya no recordaría más a Nizz y Maiev, desaparecerían su tío Ardeil y Clara y el sacrificio de Alda y los demás habría sido en vano. El sufrimiento debía ser parte de ella para que sus seres queridos no la abandonaran nunca. Un rugido desgarrador salió del interior de la tigresa al comprender. Sus músculos se tensaban de forma inhumana, volvía a sentir sus latidos con tanta fuerza que le quemaba el pecho y ese ardor se iba propagando por el resto de su cuerpo. La piel iba enrojeciéndose y moteándose, hasta que aquellos círculos comenzaban a alargarse hasta ser rayas de color negro. El pelo se erizaba y allá donde no tenía nacía del dolor el pelaje. Las garras de manos y pies crecían hasta ser las de una bestia. Sus pupilas se afinaban hasta ser un par de líneas y tanto su cuerpo y rostro se asimilaban al de un felino. Su piel de guerrera se había terminado por manifestar aunque ya no quedaba a nadie por proteger. Corrió hacia la vampira pero esta iba siendo resguardada por la oscuridad, así como las risas de los demás se disipaban...aquel lugar se perdía en la nada...


...y volvió a ver la luz poco a poco. No cesaba de gritar pero la figura borrosa se iba volviendo nítida a cada segundo. Era Aldarion, que le pedía que se calmara y la agarraba con fuerza para no llevarse más garrazos de los que tenia por todo el cuerpo y rostro. Poco a poco la acelerada respiración iba remitiendo, iba descubriendo que todo había sido un sueño, un mal sueño. Y cuando consiguió calmarse, las lágrimas brotaron una vez más, abrazándose al cuello de su padre, buscando seguridad de esa forma.

A su lado, estaba clara de rodillas, la cual en el mismo momento de mirarla, terminaba desmayándose en el suelo. La nariz le sangraba a la hechicera y rápido el mestizo se puso a atenderla. Ayume preguntaba qué le ocurría y él le explicaba que había usado mucha magia pero que pronto se recuperaría. Por precaución no le contó nada a su cachorra acerca de la ilusión que Clara había realizado para despertar su última piel, pero sí que le explicó que durante su pesadilla, se había transformado. Ayume no le dió importancia, Clara estaba mal y se quedó de rodillas a su lado hasta que la hechicera despertó.

Finalmente todo había acabado, dijeron el par de adultos a Ayume para tranquilizarla. Ella asintió y marchó de aquella cueva escondida en algún recodo de los Picos de las Nubes para proporcionarle algo de comida a la exhausta Clara y al malherido Aldarion. Cuando corría por la nieve en soledad, cayó de rodillas sobre la nieve en un silencioso lloro. Al fin y al cabo, tal vez si que había muerto algo allí ese día...


Three_unlike_Sisters___Page_22_by_KP_ShadowSquirrel.jpg
 

mochilosc

Orco del Desolado
Registrado
19/9/09
Mensajes
112
Edad
42
Muy guapo cabra! enserio ...*se limpia la lagrimilla*
 

Ragna

Donante voluntario de sangre
Registrado
24/1/10
Mensajes
2,834
Edad
40
*se suena la nariz y se limpia la lagrimilla* que chulo :wink:
 

risma3

Pitillo desechado de Talivia
Registrado
23/9/09
Mensajes
166
*con la caja de pañuelos descartables acabada y limpandose los mocos con la remera* muy muy bueno....
 

Cloudalbert

Zapatillas de osito de Shama
Registrado
27/6/06
Mensajes
1,865
Edad
40
A grandes escenas, grandes relatos... :D Guapo guapo.
 

Sam

Liche táctico
Registrado
9/9/08
Mensajes
540
Edad
40
Como ya te dije, genial relato. Muy intenso. Alda me lo contó en persona, pero seguramente tú sola podías imprimir esa emotividad ya que eras tú la protagonista. Y lo conseguiste.

Un saludo,
Sam
 

asimil

Orco del Desolado
Registrado
22/4/09
Mensajes
112
Edad
36
Impresionante, si señora, mas mas^^
 
Arriba