Imperii
Copia de fichas de Kronos
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Nerzval siempre fue un mendigo de los barrios bajos de Athkatla, pero con una fe particular, sabía que tarde o temprano los Hambrientos como el los llamaba, lo llamarían al redil para convertirse en uno de ellos. Siempre pasaba hambre, por eso se dedicaba a cazar ratas, otros mendigos y otras personas para alimentarse de su carne.
Llego un momento en que tuvo un sueño que le invito a ir al cementerio, donde se encontró con unos ghuls, abrió sus brazos, y se dejo devorar. Fue entonces cuando abrió los ojos, medio devorado y enterrado, dado por muerto por los guardias. Se fue desenterrando hasta salir a la superficie. Se acerco a la fuente central y ladeando la cabeza se miro su reflejo en el agua. Le faltaba parte del torso y otras partes de su cuerpo estaban mordisqueadas. Aparte le habían marcado una “sonrisa perpetua” como él lo llamaba. Pero su sueño se había cumplido y tenía que convertir a otras personas… Pero el hambre le atosigaba, le perseguía, le atormentaba…
Se sumergió en una especie de letargo al no encontrar comida, y cuando su conciencia se despertó, se encontró con el cadáver de un niño a medio devorar. Siguió devorándolo hasta agarrarlo del tobillo y arrastrarlo a un agujero de una cripta dejando un reguero de sangre. Seguía teniendo hambre, pero sabía que era peligroso sucumbir al Hambre, por eso debía cazar todo lo que podía.
Llego un momento en que tuvo un sueño que le invito a ir al cementerio, donde se encontró con unos ghuls, abrió sus brazos, y se dejo devorar. Fue entonces cuando abrió los ojos, medio devorado y enterrado, dado por muerto por los guardias. Se fue desenterrando hasta salir a la superficie. Se acerco a la fuente central y ladeando la cabeza se miro su reflejo en el agua. Le faltaba parte del torso y otras partes de su cuerpo estaban mordisqueadas. Aparte le habían marcado una “sonrisa perpetua” como él lo llamaba. Pero su sueño se había cumplido y tenía que convertir a otras personas… Pero el hambre le atosigaba, le perseguía, le atormentaba…
Se sumergió en una especie de letargo al no encontrar comida, y cuando su conciencia se despertó, se encontró con el cadáver de un niño a medio devorar. Siguió devorándolo hasta agarrarlo del tobillo y arrastrarlo a un agujero de una cripta dejando un reguero de sangre. Seguía teniendo hambre, pero sabía que era peligroso sucumbir al Hambre, por eso debía cazar todo lo que podía.