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La historia de Haranavei Koehlanna

Capitanpirata

Gerardo de Amn
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La historia de Haranavei Koehlanna.
(Versión élfica por la Barda Maiev)


Un poblado elfo fue destruido por unos incursores orcos. La única superviviente fue una mujer elfa que traía en su vientre una nueva vida. Se adentró en el bosque incendiado y vadeó el río.

Al otro lado del río halló un poblado humano, en el que se instaló para dar a luz.

Ella murió en el parto, pero antes de fallecer nombró a su hija Haranavei Koehlanna.

Al cuidado del leñador, la niña elfa se convirtió en una mujer de sorprendente belleza, que hacia palidecer a la luz de la luna. Por ello, las mujeres de la familia del leñador, empezaron a envidiarla, y se encargaron de hacer que no brillara. Le mandaron limpiar estercoleros, recoger el hollín de las chimeneas, trabajar de sol a sol. Se reían de sus angulosos rasgos, de sus orejas puntiagudas, solo para empequeñecer su belleza.

Quiso un buen día que pasara por el poblado un príncipe elfo. De increíble belleza también, y las hijas del leñador, ahora alcalde del poblado, quedaron prendadas de el. En el alabaron lo que en Haranavei desdeñaban con tanto ahínco.

El príncipe elfo, se divirtió un rato a costa de las muchachas humanas, hasta que vio pasar a la hermosa Hanaravei, a la cual paró sujetándola por los brazos. Después sonrió lentamente, pues por fin Drawmij Koehlanna había hallado a su querida hermana. Ambos lloraron lágrimas de alegría, mas el príncipe no pudo por menos que entristecerse al enterarse del fallecimiento de su madre. El se hallaba lejos cuando aquello había sucedido.

Mas cosas se descubrieron en aquel momento, pues el príncipe vio como habían tratado a su hermana los humanos. Se vengó matando a la esposa y las hijas del alcalde, más a este último le perdonó la vida, a petición de Haranavei. Y la moraleja de esta leyenda, incontables veces narrada entre nuestro pueblo, no es otra que "No sufras la vanidad de los demás".





La historia de Haranavei Koehlanna.
(Versión humana por el Bardo Jack Soul)


Durante la noche cuando todos duermen y la tranquilidad brilla, las tristes figuras de los orcos, cubiertos de pieles y muerte, un buen poblado del noble pueblo arrasaron, a la muerte a todos sus habitantes entregaron, de tristeza la tierra, los campos sembraron. Más, entre las sombras, la esperanza brillo, como las estrellas de la noche, pues una joven que su cuerpo dos vidas portaba, el río con valor vadeaba y las dos vidas salvaba.

Mas su heridas a la muerte la llevaban, sin oportunidad a esa tristeza la amarraban, pero el destino quiso, que la fortuna una oportunidad le brindaba, y una aldea de humanos tranquilos la ayudaba, dando a luz, presa de la muerte, Haranavei Koehlanna a su hija nombraba, antes de que en la playa de muerte terminar varada.

Al cuidado del leñador, la muchacha creció, querida y amada, como su propia hija de cariño colmada, dando una joven muchacha que belleza rebosaba, que los ojos de todo joven hipnotizaba. Por ello celosas la mujer y la hija del leñador, que la joven levantara en el hombre una loca pasión, sus sustento le obligaron a ganarse, pues los pobres pocos lujos pueden darse, y al trabajo para comer todos han de aplicarse.

Mas quiso un día el azar, por la aldea un gran señor del bello pueblo fuera a pasar, de noble caballo, gran espada y vestido de seda, tan bello que a toda muchacha el juicio llegaba a arrebatar, por ello prendas al noble príncipe todas le quisieron impresionar, para sus bellas miras y gestos acaparar.

Pero otra vez ese loco azar, el destino volvió a cambiar, y el príncipe con Haranavei Koehlanna, se fue a cruzar, vio sus ojos, sus rasgos y supo que a su perdida hermana acaba de encontrar, y lagrimas de felicidad de los ojos de ambos comenzaros a brotar, pues el no puedo hacer nada, para a su hermana y madre salvar, pues estaba lejos, por tierras extrañas no por aquel bello lugar.

Mas el príncipe se entero, de que su hermana había sido obligada a trabajar, ella su noble piel como todos por el pan tubo que ensuciar, y presa del noble agradecimiento, a la aldea dio un gran escarmiento, pues no quedo garganta sin rajar, ni cabeza de los hombros por separar, ya fuera, mujer, anciano, niña o moza por casar. Mas dejo al Alcalde del burgo con vida, recordándole que la nobleza élfica no debe trabajar, y si es necesario, los humanos que la salvaron hambre habrán de pasar, pues si no al final con su vida lo habrán de pagar, pues esas solo con un río de sangre se puede lavar.

Moraleja; Del agradecimiento de los elfos te has cuidar, cuando sus hijos de la muerte pretendas salvar
 
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