DaniRTS
Enano con acento ruso
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Un grupo de pequeños acólitos avanzan por las plazas de las principales ciudades amnianas cargados con cubos de cola, martillos y clavos y varios carteles enrollados. Son apenas unos muchachitos, algunos todavía con las mejillas redondas de la infancia, pero todos visten los colores de Waukeen con una solemnidad impropia de su edad.
Mientras dos de ellos comenzaron a fijar el primer cartel en una pared, el mayor del grupo dió un paso al frente. Carraspeó, alzó la barbilla y miró a los vecinos reunidos.
¡Ciudadanos de Amn! - proclamó. - Decidme, ¿qué sostiene nuestras ciudades?
Los demás niños respondieron al unísono, sin dejar intervenir a nadie ¡El diezmo!
¿Qué mantiene nuestros caminos?
¡El diezmo!
¿Qué protege nuestras murallas?
¡El diezmo!
El mayor señaló entonces hacia el dibujo de los hospicios y orfanatos.
¿Y qué alimenta a quienes nada tienen?
¡El diezmo!
¿Y qué sostiene las iglesias de nuestra fe?
¡El diezmo!
Los pequeños acólitos parecen cada vez más animados. El más joven incluso levanta una moneda que lleva preparada en la mano.
¿Y qué ayuda a prosperar a las familias mercaderes?
¡El diezmo!
Entonces, ciudadanos... ¿es magia?
¡No!
¿Qué es?
Los muchachos levantaron la voz al mismo tiempo.
¡SON TUS DIEZMOS!
El eco de la proclama se extendió por la plaza. Los acólitos continuaron colocando los carteles mientras repetían, ya casi como una canción.
¡No es magia!
¡Son tus diezmos!
¡No es magia!
¡Son tus diezmos!
Y, con la última exclamación, el pequeño grupo volvió al trabajo, dejando tras de sí una hilera de carteles que proclaman, con toda la solemnidad de la Iglesia de Waukeen, aquello que los muchachos parecen considerar la verdad más sencilla del mundo.
Mientras dos de ellos comenzaron a fijar el primer cartel en una pared, el mayor del grupo dió un paso al frente. Carraspeó, alzó la barbilla y miró a los vecinos reunidos.
¡Ciudadanos de Amn! - proclamó. - Decidme, ¿qué sostiene nuestras ciudades?
Los demás niños respondieron al unísono, sin dejar intervenir a nadie ¡El diezmo!
¿Qué mantiene nuestros caminos?
¡El diezmo!
¿Qué protege nuestras murallas?
¡El diezmo!
El mayor señaló entonces hacia el dibujo de los hospicios y orfanatos.
¿Y qué alimenta a quienes nada tienen?
¡El diezmo!
¿Y qué sostiene las iglesias de nuestra fe?
¡El diezmo!
Los pequeños acólitos parecen cada vez más animados. El más joven incluso levanta una moneda que lleva preparada en la mano.
¿Y qué ayuda a prosperar a las familias mercaderes?
¡El diezmo!
Entonces, ciudadanos... ¿es magia?
¡No!
¿Qué es?
Los muchachos levantaron la voz al mismo tiempo.
¡SON TUS DIEZMOS!
El eco de la proclama se extendió por la plaza. Los acólitos continuaron colocando los carteles mientras repetían, ya casi como una canción.
¡No es magia!
¡Son tus diezmos!
¡No es magia!
¡Son tus diezmos!
Y, con la última exclamación, el pequeño grupo volvió al trabajo, dejando tras de sí una hilera de carteles que proclaman, con toda la solemnidad de la Iglesia de Waukeen, aquello que los muchachos parecen considerar la verdad más sencilla del mundo.
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Un saludo a todos los autónomos del servidor. Se acerca la trimestral
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