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La llegada del Velo de Thay

DM Kapillo

Sombrero perdido de Astrid
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A lo lejos, sobre el horizonte del puerto de Athkatla, varias figuras oscuras comenzaron a delinearse contra el cielo del atardecer. Eran los barcos de Thay, grandes y de un negro opaco, avanzando con calma sobre el agua. Sus velas, de un material que parecía absorber la luz, ondeaban al viento mientras los cascos de madera resonaban débilmente al chocar contra las olas.


A medida que se acercaban al puerto, la fila de barcos era visible, destacándose entre la niebla que comenzaba a formarse. En la proa de cada barco, se podía distinguir el símbolo de Thay, que parecía marcar su llegada. Los barcos descendieron poco a poco, llegando a las aguas cerca del majestuoso puerto de Athkatla.


En el puerto, en el distrito gubernamental, cuando atracaron los primeros barcos, una fila ordenada de magos rojos comenzó a descender. Con sus túnicas rojas y mostrando sus calvas con orgullo, no mostraban emoción alguna, tan solo disciplina y ambición. A su lado, los soldados thayinos, armados con espadas largas y con una apariencia de disciplina militar, mantenían la calma, listos para cualquier orden de los arcanos.


En el muelle, aguardando, se encontraban altos funcionarios, algunos de los comandantes militares de la ciudad y los magos encapuchados de Athkatla, que observaban la llegada con atención, preparados para ofrecer su escolta y supervisar el protocolo.

La presencia de los thayinos no pasó inadvertida... Entre todos, una figura destacó. Una mujer de baja estatura, con una túnica que no desentonaba con la de los demás magos rojos, pero que parecía irradiar una presencia singular. Quienes se hayan tomado su tiempo para estudiar historia o para mantenerse al tanto de los últimos acontecimientos, sin duda reconocerían su rostro o su nombre y la fama que prevalece a la mujer...

Offtopic :
Reunir información 25 Saber Historia 25 para aquellos interesados en saber quien es la figura de importancia que desembarcó. Para miembros de las fuerzas armadas a partir de sargento, magistrados o superior y Ladrones de las Sombras a partir de Cofrade o superior CD 20 tanto en reunir información como en saber historia.
 

Nazgul

Vestido de Valak
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*Ante el aviso formal de la llegada de los zhayinos, el Senescal Kerloch, embajador de Amn, se presentó en el puerto para recibir a la mujer y su séquito*

- Ah... parece que han llegado más pronto de lo esperado. Claro, que a nuestros marineros no podemos decirles que han usado magia arcana para aligerar el barco y mover los vientos y las corrientes a su antojo *comentó de broma al Magistrado Williams que paseaba a su lado*
 

Quetzalcoatl

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*Madeleine disfrutaba de su lectura y del magnífico clima amniano de finales del verano, sentada en uno de los bancos del Distrito. Alzó la vista del libro que reposaba en su regazo cuando la comitiva pasó cerca de ella, y con curiosidad de bardo la siguió con la mirada hasta que ésta desapareció por una de las calles más alejadas.*​
 

Poisoned

El que aplaude en los discursos Zhent
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Estudios, investigaciones, informes, experimentos sin limitaciones y, de vez en cuando, alguna que otra conspiración entre bambalinas. El día a día en el enclave thayino era todo lo que Kaelith necesitaba, aunque las ojeras cada vez más marcadas delataban el precio de su ambición. Ella misma se imponía la presión y la carga de trabajo, impulsada por el anhelo de alcanzar lo que tanto deseaba.

Pero ahora había algo más. Un aliciente peligroso, una razón aún mayor para exigirse al límite. Noticias del este, rumores que pronto dejaron de ser meras palabras y se convirtieron en realidad. Se estaban manifestando, aquí y ahora. Lo supo mientras preparaba su grimorio de hechizos. Su familiar mágico, en el silencioso vínculo telepático que compartían, se lo hizo saber a distancia:
<<Aquí. Están.>>
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Kaelith alzó la mirada del grimorio y se fundió en la nada.​

¿Tan pronto? ¿El tiempo había pasado más rápido de lo que pensaba? <<¿Estoy preparada?>> No dudaba de sus capacidades, pero esto… esto era distinto. Ya era una thayina, pero seguía siendo una aprendiz… ¿sería reconocida por quién estaba a punto de llegar?

Una media sonrisa se dibujó en su rostro, oscurecida por la fatiga reflejada en su mirada. Una sonrisa en la que se mezclaban el entusiasmo, el miedo y esa curiosidad superior que siempre la dominaba. Inspiró hondo y continuó con sus preparativos.

Lo que venía, lo afrontaría de frente...


 

Teiglin

Adorador reciente de Talona
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Obara contemplaba el avance de las obras en el Enclave de Athkatla. Albañiles, carpinteros, herreros y artesanos, llegados de todos los rincones de Amn, trabajaban codo a codo con los operarios thayinos para transformar la fortaleza. Bajo su mandato, el Enclave no solo debía crecer en opulencia y majestuosidad, sino también reflejar la armonía, el orden y la perfección que la cultura thayina exigía. La ley de la soberanía debía manifestarse en piedra y acero, impresa en cada estructura, en cada detalle.

El símbolo del Clan Alghul ''el cuervo de sangre con las alas extendidas sobre el fondo carmesí de Thay'' dominaba ahora los muros y estandartes, reemplazando la vieja rodela de Zalethra Verthorian, su predecesora. Cerca de él, Vraska Alghul, su primera aprendiz y reputada Maga Roja, observaba junto a los demás: Shazzar, Kaelith y Amon Saj, figuras clave en los planes del futuro.


Pero la llegada de M'weru podría cambiarlo todo. Décadas de esfuerzo y conspiraciones estaban a punto de dar fruto. Si la jugada salía bien, el nombre Alghul se elevaría, consolidándose entre la nobleza thayina y abriendo las puertas, al fin, al Zulkirato.

Sin embargo, para gobernar, primero hay que saber servir.

Todo estaba dispuesto. El futuro, al alcance.




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DM Kapillo

Sombrero perdido de Astrid
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Se dice y se cuenta que una poderosa Zulkir ha llegado a Athkatla, venida desde Thay, sus imponentes barcos thayinos atracando en el puerto del distrito de la armada con la solemnidad de un presagio.

En los muelles, el aire estaba cargado de expectación y misterio, mientras miembros de las fuerzas armadas mantenían una formación impecable, sus miradas afiladas bajo las estrictas órdenes de su capitán, Ewan.

Entre ellos, magos encapuchados se deslizaban en disciplinada sincronía, velando por el cumplimiento del tratado con los Magos Rojos y, sobre todo, asegurando que la Bula Arcana fuera respetada sin excepción.


A la espera de la ilustre visitante, el senescal el señor Kerloch se mantenía erguido, su semblante inescrutable. Entre la multitud congregada, destacaba la presencia de la magistrada y sacerdotisa de Waukeen, Arianne Brillalba, flanqueada por su fiel escolta, la capitana Aurea del Zenit Dorado, Samantha Vellamorte.

Junto a la comitiva, avanzando con pasos firmes, se reconocía la figura de Alian Demodred, veterano de guerra, su porte curtido por incontables batallas junto a sus compañeros de armas con el Capitán Ewan al frente.

Tampoco pasó desapercibida la imagen de una mujer que alzaba con firmeza un estandarte singular acompañada por un enano, cuyo estandarte portaba la simbología de la figura de un perro.

La marcha continuó por las calles del distrito gubernamental hasta que las imponentes puertas del enclave thayino se cerraron tras ellos, con el Clan Alghul y su séquito aguardando en su interior para recibir a la ilustre huésped.

Lo que se discutió tras esas puertas, la verdadera razón de su visita, sigue siendo un secreto guardado con celo, accesible solo para unos pocos elegidos… quienes, tal vez, algún día decidan revelarlo, o llevarlo consigo a la tumba.
 

El Espino Blanco

Repetidor de la Myrdon
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- Samantha...Solo nos queda esperar y ver que planes tienen para Amn. ¿Vendrán a darle un tirón de orejas a Obara o a darle la enhorabuena? Lo que es seguro es que van a calcular daños y hacer cuentas. ¿Arrojaran un saldo en rojo? - Sonrió divertida por su ocurrente broma - ....¿Saldo en rojo?...Ya sabes, magos rojos...Bah, da igual.

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DM Kapillo

Sombrero perdido de Astrid
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Una nueva figura asciende como Khazark, máximo dirigente del enclave de Thay en Amn. Con su nombramiento, los emblemas del Clan Alghul han comenzado a proliferar, decorando verjas, puertas y balcones a lo largo y ancho del enclave, símbolo inequívoco del nuevo orden que se impone.

La Zulkir M'Weru, tras evaluar rigurosamente tanto a los aprendices del Clan Alghul como la gestión del autoproclamado Khazark en funciones, se retira del enclave acompañada por su séquito. Su partida marca el cierre de una etapa de transición y el inicio de una era de consolidación. Los barcos parten de nuevo, y los soldados thayinos marchan en formación perfecta, firmes, disciplinados y leales hasta la médula. Todo el contingente es escoltado por la Guardia de Athkatla, evidencia palpable del acuerdo tácito entre ambos poderes.

Mientras tanto, en las calles, una minoría de disidentes intenta manifestarse contra la presencia de Thay. Sus voces, sin embargo, son rápidamente silenciadas por la eficiente respuesta de las fuerzas armadas. El orden se mantiene... aunque algunos aún dudan de su permanencia.

Y entre los susurros del enclave, comienza a resonar con fuerza otro nombre: Debacle. Maga roja, discípula destacada y heredera del legado Alghul. Su ascenso ha sido meteórico; su ambición, desbordante. Su poder, dicen, apenas ha comenzado a manifestarse. Muy de cerca le siguen Kaelith y Shazzar, quienes, según habladurías, serán los instrumentos de la voluntad de Thay… cueste lo que cueste.
 

Kcayzer

Karonte está escribiendo...
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Al cabo de un par de días, Cythera Greyfax se apersonó en las puertas del enclave con su mochila, llena de herramientas y emblemas del Clan Alghul, junto a la prospecto de maga roja Kaelith.
Ante el arco del enclave, la herrera se detiene un momento contemplando el lugar soltando un largo suspiro, no es la primera vez que entra y espera que no sea la última que le parezca extraño, acto seguido da pasos al ajeno lugar donde su compañera la espera, entrando a las tierras de Thay.
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Ya dentro, charla un momento con su guía, charlan los detalles del encargo del mismo Khazark, quitar los emblemas viejos y colocar los nuevos, ya encargados y manufacturados con una maestría sin igual por la propia herrera, unas piezas dignas de leyendas.

El trabajo es arduo, pero gracias a la ayuda de la discípula de maga roja, con su conjuro horda de sirvientes, logra trabajar eficientemente. La artesana va de reja en reja, ventana a ventana, dando órdenes al aire, que se traducen en un sobrenatural baile de herramientas, escaleras y un crisol de hierro fundido que viaja de la fragua a sus manos y de vuelta. El trabajo es simple, se retira el emblema antiguo, el nuevo se posiciona entre los barrotes. Las salientes de estos se amoldan golpe tras golpe de martillo, quedando fijos entre los barrotes, para finalmente sellar con una pinta de hierro fundido, del crisol que viaja desde la fragua por el barrio a mano de los sirvientes invisibles, sobre cada uno de los agarres, quedando por siempre firme en el lugar.
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La sesión de trabajo son 12 horas con los sirvientes, más unas cuantas en trabajos menores sin ellos, que junto al descanso terminan gastando todo el día. Ya son 3 días y el barrio no tiene rastro de los viejos emblemas, ahora desde cada esquina se ve el emblema Alghul.

El tiempo olvidará el nombre del antiguo regente, el viejo hierro de los emblemas se transformara en espadas y el tiempo seguirá su rumbo. Con Obara Alghul no, las leyendas hablan de su inmortalidad, pero todos son reclamados por sus dioses, pero él perfectamente labrado emblema que adorna el barrio será rescatado en el momento que sea necesario y el cuervo de sangre con las alas extendidas sobre el fondo carmesí de Thay de los Alghul se guardará en la historia junto al nombre del actual Khazark Obara Alghul.
 
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