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La Melodía Incompleta - [Finalizado]

DM Apofis

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*Se dice en los mercados y posadas más alejadas, apenas en voz baja, que algunos espejos olvidados empiezan a temblar con melodías que nadie debería poder recordar. Antaño, cuentan los ancianos, una maldición silenciosa calló los cantos y las nanas de los pueblos: los corazones se cerraron y las voces se apagaron.
Ahora, sin que nadie sepa por qué, algunas ancianas y ancianos han vuelto a murmurar canciones antiespejo roto.pngguas, suaves y quebradizas, que parecen surgir de los cristales mismos. Algunos creen que la maldición, ese hechizo que robó la alegría y la memoria de las voces, está empezando a romperse, aunque nadie se atreve a asegurar si es milagro o peligro.
Quien escucha demasiado siente un frío extraño, como si los reflejos guardaran secretos antiguos, y algunos aseguran que los fragmentos de vidrio más viejos se agrietan solos, como si quisieran liberar lo que habían contenido durante siglos. Pero tal vez todo sea invención… o tal vez, el silencio de antes comienza a ceder ante la música olvidada.*
 

Nyra

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*Kriell les enviaría una nota de lo qué encontraron entre Gwen y ella respecto al tercer Eco a buscar.*

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"En lo alto de un balcón de roca, entre los Picos de las Nubes, donde el viento arranca susurros de las piedras, yace la morada de la Dama.
Al norte de las tierras de Amn, no lejos del angosto paso que conduce a Nashkel, se alza el edificio, cubierto hoy por velo de nieve y escarcha.
A sus pies, un precipicio sin fondo guarda una cascada que, en los meses de hielo, queda inmóvil, convertida en cristal por el aliento del invierno.
Mas en las pinturas de antaño, cuyos colores aún resisten el desgaste del tiempo, la casa reposa bajo cielos despejados, rodeada de praderas verdes.
Qué mano o qué maldición torció aquel paisaje, nadie lo sabe; solo queda el frío perpetuo y un silencio que ni el eco osa quebrar."


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Offtopic :
Información qué nos pasó Apofis por anteriores investigaciones <3 Por si alguien quiere intentar investigar algo más antes de fechar próxima escena. Qué lo pondré entre hoy y mañana la votación.
 

Quetzalcoatl

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*Madeleine ha podido ser vista en el templo de Oghma durante varios días. Una misiva con nuevas informaciones sobre los Ecos llega a manos de todos los interesados.*​

Era de buena mañana cuando Madeleine cruzaba el puerto de Athkatla en busca del puesto de Seraphine, la mercader de mapas, cuya fama se extendía más allá de las murallas de la ciudad. La tienda de la marinera se hallaba en un callejón bien iluminado. Madeleine pidió todo lo referente a los Picos de las Nubes, tanto de tiempos presentes como de eras olvidadas. Seraphine únicamente solicitó como pago las historias de las aventuras a las que esos mapas la conducirían.

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Con el tesoro de pergaminos bajo el brazo, Madeleine puso rumbo al templo de Oghma. Los muros blancos del templo reflejaban la luz de las antorchas y los monjes la condujeron hasta el altar del Señor del Conocimiento. Allí se arrodilló. Sus labios entonaron una plegaria breve, pero intensa, pidiendo claridad en su búsqueda. El aire se volvió más ligero y sintió una vibración suave en su interior. Una señal de bendición. Madeleine supo entonces que no caminaba sola.

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Con el permiso de los guardianes del templo, accedió a la vasta biblioteca. Las estanterías se alzaban como torres de madera repletas de códices en decenas de lenguas. Ella no descartaba ninguno.

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Buscó sin ayuda primero, después la solicitó. Usó sus dones bárdicos y reunió tratados de geografía de Amn, crónicas de exploradores de las montañas, leyendas en verso que hablaban de nombres prohibidos entre los Picos de las Nubes, libros sobre sucesos mágicos o maldiciones en las montañas... Extendió los mapas adquiridos sobre una mesa, cotejándolos con los relatos escritos.

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Una vez concluida su labor, Madeleine enrolló los mapas, cerró los códices y, con una reverencia silenciosa al altar de Oghma, se dispuso a entregar a sus compañeros de viaje el conocimiento con el que, quizás, el Atador había alumbrado la mente de la bardo.

Tiradas
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*Madeleine avanzó entre los pasillos silenciosos, sintiendo que cada sombra de las estanterías guardaba un secreto. Las tablas de roble estaban abarrotadas de volúmenes encuadernados en cuero, tablillas enceradas y rollos que aún conservaban el olor a resina.
Pidió a los monjes permiso para consultar los fondos más antiguos, aquellos que rara vez se abrían porque sus lenguas se habían perdido con el tiempo. Con manos cuidadosas, fue extendiendo pergaminos sobre una mesa iluminada por lámparas de aceite.

El primero hablaba de los Picos de las Nubes como una frontera entre mundos: allí, decían, la tierra respiraba. Otro códice, de escritura minúscula y casi borrada, relataba caravanas que nunca regresaron, salvo por rumores de ciudades de cristal ocultas tras la niebla. En un tomo encuadernado con hilo de plata halló una referencia aún más extraña: los mapas de esa región parecían cambiar cada generación, como si las montañas se moviesen lentamente.
Madeleine, consciente de la bendición recibida en el altar, notó que comprendía idiomas que nunca había estudiado. Allí donde otros veían trazos rotos, ella percibía significados completos. Palabras antiguas se desplegaban en su mente como si alguien las susurrara.
Las horas se convirtieron en días. En los márgenes de un manuscrito halló una anotación casi ilegible:
“Las sendas no se recorren con los pies, sino con la memoria de quienes las soñaron primero”. En otro, una advertencia: “Demasiada verdad quiebra el espíritu; guarda aquello que no estés dispuesta a perder”

No había respuestas definitivas, pero sí un patrón: cuanto más se investigaban los Picos, más incierta se volvía la verdad. Y, sin embargo, ese misterio no la desanimó. Con cada página comprendía que el saber mismo era el verdadero sendero: su búsqueda no sería un viaje de pasos, sino de palabras, memorias y relatos.*

*Desde Nashkell, si cierras los ojos y dejas que el viento te devuelva memorias que no son tuyas, el sendero hacia el último ECO empieza por un rumor: el agua de Silverrun que descansa en piedras pulidas, luego el susurro del Bosque Susurrante que parece repetir palabras antiguas que nadie pronuncia. No es un camino que se vea en los mapas comunes; se reconoce por señales de oído y por la fatiga de las hojas donde pasan los viajeros que no vuelven.
Más allá de la colina del Viento, cuando la niebla empieza a levantarse en velos finos, aparece el Pilar del Eco: una columna de piedra gastada por el tiempo y las voces. No es alta, pero su superficie está marcada con hendiduras que atrapan el sonido como manos viejas. El aire alrededor tiene una ligereza distinta; las piedras vibran apenas si acercas la oreja y, cuando lo haces, parecen devolver fragmentos de canciones que ya no existen. El último ECO no está sobre la cumbre, sino a la vera de una depresión cubierta por niebla, a pocas estaciones del Pilar, donde la tierra forma una cuenca que colecciona los latidos del mundo.
Allí la niebla no es solo vapor: se pliega, se oscurece en patrones y crea hendiduras como labios que exhalan un coro. Cuando el ECO despierta, la bruma se abre en un hueco vertical, como la boca de una grieta que respira al compás de algo antiguo. Desde fuera parece un objeto difuso, casi una ilusión; desde dentro, cada sonido queda comprimido y trasformado en memoria. El sonido no viaja igual en ese valle: se estira, se vuelve textura, a veces se convierte en palabra y otras en peso.
La Casa de la Dama del Silencio está oculta en el corazón de esa hendidura, como si la neblina la hubiera tejido para protegerla. No la verás hasta que la niebla te permita mirar; entonces descubrirás un tejado bajo hecho de losas cubiertas de líquenes negros y paredes tan lisas que rechazan la resonancia
Si te quedas fuera, en el Pilar, escucharás todavía ecos que vuelven como preguntas. Si entras, sabrás que la Casa no es una ubicación fija en el mundo: es un repliegue de la memoria. Encontrarla es más cuestión de silencio colocado con intención que de pasos. Cuando la niebla cede por un instante y te permite ver la rendija, sabrás que has llegado: el aire habrá perdido su rumor común y dentro de esa calma resonará —a modo de recompensa o de advertencia— el último ECO.*
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Quetzalcoatl

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*Dicen las voces que un variopinto grupo de conocidos viajeros y bardos se adentró en los Picos de las Nubes siguiendo los ecos de una Melodía Inconclusa. Cuentan que allí se toparon con un ser agotado, enfermo de olvido, al que solo una chispa musical podía encender de nuevo la llama escondida en su corazón. Dicen que la melodía se completó, la chispa prendió y que dos corazones volvieron a ser uno. ¿Será verdad o solo un cuento? Sea como fuere, parece que Tomás el Violinista colgó su arco porque no se le ha vuelto a escuchar por los caminos amnianos.*​
 

DM Apofis

Admirador del brazo de Sune
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*Cuentan los trovadores en sus susurros de fuego y vino que, cuando un grupo de aventureros halló su último aliento, los valientes rompieron el espejo donde la Dama del Silencio ocultaba su reflejo sin ira.*
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*Dicen que, al quebrarse aquel cristal maldito, las sombras huyeron y el mundo volvió a vestirse de canto, pues las canciones de antaño regresaron a la memoria de las gentes como si jamás hubieran sido olvidadas*

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Offtopic :
Trama finalizada, Gracias a todos por participar.
 

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