Poisoned
El que aplaude en los discursos Zhent
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I.
¿Cuántos años han pasado? Es difícil de saber. Un día miras atrás y ves todo lo que has recorrido, preguntándote: “¿De verdad pasé por todo eso?”. En Amn, te duermes siendo una persona y al despertar ya eres otra. El tiempo es tirano, dicen, y hay que tener cuidado con dormirse en los laureles.
Recuerdo mis primeros pasos en la capital, mis intentos por ganarle a la sociedad Amniana, de anteponerme a mi pasado y superar mi origen. Quien crea que el odio no es útil, no le corre sangre en las venas. Para mí, el odio por esta sociedad fue lo que me motivaba a superarme cada día.

Hice muchas cosas en mis comienzos, algunas más honestas que otras. Normalmente, centro mi atención en mis objetivos personales, aquellos que hacen que yo siga respirando. Ganarle a Amn no es fácil, pero así es la vida, ¿no? Un obstáculo tras el otro y tú avanzando, cayendo y levantándote, mientras escupes al destino y tomas tu propia fortuna. Al menos, así me gusta imaginarme.

Mis primeros pasos fueron humildes, acordes a la imagen que pretendía ofrecer al mundo. Era una joven de tan solo 16 veranos, sin familia, sin amigos y con un pasado que era mejor olvidar tras capas de mentiras e inocencias apagadas. Pero, me salió todo medianamente bien. Mejor que a la mayoría de las personas que compartieron mi pasado.

Fui desde copera personal hasta camarera en eventos privados o públicos. A veces trataba con personas importantes, conocidas o reputadas de Amn. Aunque era una simple plebeya, pude rodearme de gente interesante y prestigiosa -Además de ganar buenas pagas- El primer cliente que tuve fue el duelista Hernán de Los Saldivar. Lo conocí en los caminos, siendo al primero que le ofrecí mis bebidas. Debo admitir que me causaba cierto rechazo su actitud “Amniana”, pues representa todo lo que detesto, pero mi contradictoria naturaleza hace que también aprecie los danteres que me hizo ganar al principio.
Adquirí socios y aliados para mis pequeños emprendimientos, lo que me permitió ampliar mis servicios y ganancias, además de ganar contactos y oportunidades comerciales. Todo en la línea “humilde” e independiente que me caracterizaba. Supongo que mi objetivo, por aquel entonces, era destacar lo justo y necesario, siendo prioritaria la recaudación de contactos más que la fama o notoriedad. Era muy joven después de todo y veía las cosas con otro prisma, supongo.
Recuerdo mi particular gusto por la cultura Karaturense y su exótica bebida. Tengo la regla de no encariñarme con mis productos o enamorarme de mis inversiones. La mente fría es importante para minimizar las potenciales pérdidas. Pero, supongo que me obsesione un poco con el Sake. Tanto, que busque la forma de realizar tratos con la compañía Amniano-Karaturense de Athkatla.

Fue realmente un éxito para mí. Aun siendo una simple comerciante en ciernes, llegué a un trato con dicha compañía reputada. Fue breve, pero lucrativo en aquel entonces. Sin duda me gustaría volver a tratar con ellos.

Si bien centro todo mi esfuerzo en mis emprendimientos y crecimiento económico, mis pasos me llevaron a conocer personas interesantes. Algunos clientes, otros amigos y aliados valiosos. Aprendí en estos años un montón de cosas, no solo de comercio -aunque es lo único que me importa-

Y a pesar de que lo que ocupa mi mente son solo los posibles negocios y ascender en esta sociedad que me vio nacer, también di lugar, en menor medida, a otras actividades. Aprendí a defenderme, a luchar con las armas y adquirí cierto gusto por las aventuras.

Navin “el gris”, soldado Amniano, guardia y hombre de honor, fue uno de mis maestros en cuanto al combate. Si bien su estilo es totalmente distinto al mío, además de que su rígida ideología está totalmente en contraposición con la mía, aun así desarrollé cierta amistad con él. Recuerdo la primera vez que lo conocí. Yo aún estaba en mis primeros pasos en la capital y ya me habían atacado en los caminos unos bandidos, kobolds y hasta lobos, menuda suerte la mía. En mi momento más crítico, aparece este peculiar sujeto y curo mis heridas sin pedir nada a cambio y sin conocerme. No comparto nada de sus ideales ni estilo de vida, pero aun así lo respeto.

Elrid “El peliblanco”, fue otro de mis instructores de defensa personal. Este férreo guerrero también se volvió mi socio y amigo. Me enseño lo básico del combate, pero la mayor parte del tiempo me la pasé hablándole de posibles negocios, colaboración en oficios y ofreciéndole tratos lucrativos. Mi problema, por aquel entonces, era que perseguía muchos frentes, muchas ideas que no terminaban de materializarse o que quedaban en eso, ideas, posibilidades y nada más. Si hubiera tenido más tiempo, sin duda hubiera logrado mucho con él, una pena que el tiempo sea tirano.

Rode “la exploradora”, nunca supe qué fue de ella. Lo que sí, disfruté de su compañía el tiempo que pude. Además de sus habilidades, las cuales encontraba muy convenientes para mí, me ayudó bastante a asentar ciertas ideas de negocios futuros. Fue otra socia y también amiga, muy útil y valiosa. En el fondo se lo fría que puedo llegar a ser, aunque muestre una máscara de amabilidad y calidez, sé que soy. Pero con ella no fingía. Supongo que me recordaba a una versión más luminosa de mí o no sé. Nunca lo descubriré, pues dejé de verla hace tiempo. Una pena, además de amiga, era una excelente cliente -le encantaba el vino-
Miro atrás y solamente veo una cosa. El rastro de monedas que perdí, posibilidades que no fueron y objetivos que no pude cumplir. Alguien sabio, en su mejor intención de consuelo, me diría -"no seas estúpida y disfruta de tus logros". Puede que tenga razón, pero mi objetivo no es la comodidad, la felicidad o la complacencia. Sé que empiezo de abajo y que la humildad, falsa a veces, real en ocasiones, me caracteriza. Pero eso no detiene mi ambición y hambre, aquella hambre que carcome mi pragmática alma...
¿Cuántos años han pasado? Es difícil de saber. Un día miras atrás y ves todo lo que has recorrido, preguntándote: “¿De verdad pasé por todo eso?”. En Amn, te duermes siendo una persona y al despertar ya eres otra. El tiempo es tirano, dicen, y hay que tener cuidado con dormirse en los laureles.
Recuerdo mis primeros pasos en la capital, mis intentos por ganarle a la sociedad Amniana, de anteponerme a mi pasado y superar mi origen. Quien crea que el odio no es útil, no le corre sangre en las venas. Para mí, el odio por esta sociedad fue lo que me motivaba a superarme cada día.

Hice muchas cosas en mis comienzos, algunas más honestas que otras. Normalmente, centro mi atención en mis objetivos personales, aquellos que hacen que yo siga respirando. Ganarle a Amn no es fácil, pero así es la vida, ¿no? Un obstáculo tras el otro y tú avanzando, cayendo y levantándote, mientras escupes al destino y tomas tu propia fortuna. Al menos, así me gusta imaginarme.

Mis primeros pasos fueron humildes, acordes a la imagen que pretendía ofrecer al mundo. Era una joven de tan solo 16 veranos, sin familia, sin amigos y con un pasado que era mejor olvidar tras capas de mentiras e inocencias apagadas. Pero, me salió todo medianamente bien. Mejor que a la mayoría de las personas que compartieron mi pasado.

Fui desde copera personal hasta camarera en eventos privados o públicos. A veces trataba con personas importantes, conocidas o reputadas de Amn. Aunque era una simple plebeya, pude rodearme de gente interesante y prestigiosa -Además de ganar buenas pagas- El primer cliente que tuve fue el duelista Hernán de Los Saldivar. Lo conocí en los caminos, siendo al primero que le ofrecí mis bebidas. Debo admitir que me causaba cierto rechazo su actitud “Amniana”, pues representa todo lo que detesto, pero mi contradictoria naturaleza hace que también aprecie los danteres que me hizo ganar al principio.
Adquirí socios y aliados para mis pequeños emprendimientos, lo que me permitió ampliar mis servicios y ganancias, además de ganar contactos y oportunidades comerciales. Todo en la línea “humilde” e independiente que me caracterizaba. Supongo que mi objetivo, por aquel entonces, era destacar lo justo y necesario, siendo prioritaria la recaudación de contactos más que la fama o notoriedad. Era muy joven después de todo y veía las cosas con otro prisma, supongo.
Recuerdo mi particular gusto por la cultura Karaturense y su exótica bebida. Tengo la regla de no encariñarme con mis productos o enamorarme de mis inversiones. La mente fría es importante para minimizar las potenciales pérdidas. Pero, supongo que me obsesione un poco con el Sake. Tanto, que busque la forma de realizar tratos con la compañía Amniano-Karaturense de Athkatla.

Fue realmente un éxito para mí. Aun siendo una simple comerciante en ciernes, llegué a un trato con dicha compañía reputada. Fue breve, pero lucrativo en aquel entonces. Sin duda me gustaría volver a tratar con ellos.

Si bien centro todo mi esfuerzo en mis emprendimientos y crecimiento económico, mis pasos me llevaron a conocer personas interesantes. Algunos clientes, otros amigos y aliados valiosos. Aprendí en estos años un montón de cosas, no solo de comercio -aunque es lo único que me importa-

Y a pesar de que lo que ocupa mi mente son solo los posibles negocios y ascender en esta sociedad que me vio nacer, también di lugar, en menor medida, a otras actividades. Aprendí a defenderme, a luchar con las armas y adquirí cierto gusto por las aventuras.

Navin “el gris”, soldado Amniano, guardia y hombre de honor, fue uno de mis maestros en cuanto al combate. Si bien su estilo es totalmente distinto al mío, además de que su rígida ideología está totalmente en contraposición con la mía, aun así desarrollé cierta amistad con él. Recuerdo la primera vez que lo conocí. Yo aún estaba en mis primeros pasos en la capital y ya me habían atacado en los caminos unos bandidos, kobolds y hasta lobos, menuda suerte la mía. En mi momento más crítico, aparece este peculiar sujeto y curo mis heridas sin pedir nada a cambio y sin conocerme. No comparto nada de sus ideales ni estilo de vida, pero aun así lo respeto.

Elrid “El peliblanco”, fue otro de mis instructores de defensa personal. Este férreo guerrero también se volvió mi socio y amigo. Me enseño lo básico del combate, pero la mayor parte del tiempo me la pasé hablándole de posibles negocios, colaboración en oficios y ofreciéndole tratos lucrativos. Mi problema, por aquel entonces, era que perseguía muchos frentes, muchas ideas que no terminaban de materializarse o que quedaban en eso, ideas, posibilidades y nada más. Si hubiera tenido más tiempo, sin duda hubiera logrado mucho con él, una pena que el tiempo sea tirano.

Rode “la exploradora”, nunca supe qué fue de ella. Lo que sí, disfruté de su compañía el tiempo que pude. Además de sus habilidades, las cuales encontraba muy convenientes para mí, me ayudó bastante a asentar ciertas ideas de negocios futuros. Fue otra socia y también amiga, muy útil y valiosa. En el fondo se lo fría que puedo llegar a ser, aunque muestre una máscara de amabilidad y calidez, sé que soy. Pero con ella no fingía. Supongo que me recordaba a una versión más luminosa de mí o no sé. Nunca lo descubriré, pues dejé de verla hace tiempo. Una pena, además de amiga, era una excelente cliente -le encantaba el vino-
Miro atrás y solamente veo una cosa. El rastro de monedas que perdí, posibilidades que no fueron y objetivos que no pude cumplir. Alguien sabio, en su mejor intención de consuelo, me diría -"no seas estúpida y disfruta de tus logros". Puede que tenga razón, pero mi objetivo no es la comodidad, la felicidad o la complacencia. Sé que empiezo de abajo y que la humildad, falsa a veces, real en ocasiones, me caracteriza. Pero eso no detiene mi ambición y hambre, aquella hambre que carcome mi pragmática alma...