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La precisión es un don que no todos tienen...

Alexander901

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La noche había llegado a Amn. El arquero se aposentaba junto a un árbol a pocos metros del puesto de avanzadilla. Tres guardias y un general conversaban comentando las nuevas. La guerra era su conversación principal, pero algunas otras salieron de sus bocas cuando algunos de los soldados intentaban cambiar de tema para relajar el ambiente.

¿Habéis oído lo que hay por el sur? - Dijo uno.

¿El qué? - Preguntó otro.

Sí sí, eso de los sauriones. Parecen que han aparecidos grupos por la Costa Sur. - Respondió el primero.

¿Sauriones? ¿Esos lagartos? No estarán causando problemas, ¿no? - Preguntó un tercero.

Pues lo intentaron, pero unos aventureros les obligaron a retirarse a los bosques. - Volvió a responder el primero.

Los guardias se giraron hacia la ladera, pero el arquero ya había marchado de allí.

Llegando raudo a los llanos entre arbustos y árboles, pudo ver a Ander sentado desde la distancia. Bajó hasta estar detrás de él y escuchó unos segundos la conversación que tenía con una mujer. Después decidió intervenir.


Ander. - Dijo el arquero.

Ah, hola, Ath. - Respondió Ander saludándole con una sonrisa.

Ven, hay trabajo que hacer. - El arquero se mantenía serio y comenzó a caminar dirección a la Costa Sur.

Ambos exploradores iban dirección al sur, cruzando el puente y evitando en todo momento tener que combatir contra los lobos. Pocos metros más allá un tipo apareció de detrás de unos árboles diciendo tan sólo que siguieran a lo suyo al haberse girado ambos a mirarle. Asintieron y observaron unas huellas que torcían su camino hacia la izquierda. Las siguieron saliendo del camino principal. Gritos se escuchaban metros más allá y más alto según se acercaban al sureste. Había un grupo de seis sauriones más su capataz, algo imposible para ambos exploradores.

Iré a buscar ayuda. - Dijo Ander.

Yo me quedaré por si deciden marcharse, así sabremos por dónde han ido. - Respondió el arquero.

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Ander asintió y marchó por el camino que habían venido. Athaen se acercó más, ocultándose entre los arbustos y observando los movimientos de los sauriones. Dos de ellos hacían ronda por las cercanías, siempre haciendo el mismo recorrido, recorrido que Athaen pudo memorizar para planear una estrategia de ataque. Se acercó a uno de los árboles más altos y cercanos, de forma lenta para evitar hacer ruido. Desde arriba observó las posibilidades que tenía. Si quería que los otros no se enteraran, tenía que producir dos golpes directos y secos, sin darles tiempo a reaccionar. Extrajo dos flechas de su carcaj y los colocó sobre el arco. Tensó la cuerda. Grandes gotas de sudor caían por su rostro mientras aguantaba la tensión del arco y del momento esperando la ocasión perfecta para disparar. Jamás había probado a disparar dos flechas a la vez, estaba acostumbrado a utilizar sólo una, pero esa vez era necesario, tenía que hacer caer a los dos de una forma silenciosa y simultánea. Y ese momento llegó, los sauriones se pararon unos segundos, como en cada ronda. Y disparó, disparó rápido, y por ello falló, se había anticipado al momento y falló. Las flechas silbaron en el viento y los sauriones se pusieron en alerta. Gritaron y gritaron, llamando a los demás, que corrieron hasta ellos.

Athaen se encogió en el árbol, intentando no ser descubierto por los sauriones. Rebuscaron por toda la maleza que había cerca, pero no miraron arriba, no miraron hacia los árboles. Athaen respiraba aceleradamente mientras los sauriones gritaban a la vez que rebuscaban por el lugar, pero algo les hizo parar. Un bárbaro montado a caballo llegó ferozmente y comenzó a acabar con gran parte del grupo de sauriones. Ellos caían bajo su arma de doble filo como si fueran apenas mosquitos. El líder de los lagartos huyó, adentrándose en las profundidades del bosque, momento que Athaen escogió para bajar del árbol y observar al bárbaro. Ander llegó tras el bárbaro, parecía que había encontrado ayuda, y en el momento justo.


Eh, lo has hecho huir, ¿eh? Sigámoslo. - Dijo el bárbaro.

Has sido tú quien lo ha hecho huir... Si quieres seguirlo, deberás dejar el caballo aquí. - Respondió el arquero.

Lo llevaré a un sitio más seguro. - Mientras se marchaba galopando para volver después.

Sea pues...

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El trío de hombres se adentró entre la maleza, cada vez más sudorosos debido a la humedad que había allí y que cada vez era mayor. Atravesaron el bosque durante más de media hora a pie, con armas en mano y siguiendo el rastro del lagarto que había huido. Sus pies se empaparon al llegar a una especie de ciénaga en la que había construida puentes, casas y otros tipos de edificios. El lugar estaba plagado de sauriones separados mayormente en grupos. El más cercano estaría a quince metros y aún no les habían visto. Ambos exploradores colocaron una flecha en sus respectivos arcos y tensaron la cuerda, esperando la señal del bárbaro. Éste entonó unos cánticos y se lanzó al ataque a la vez que las flechas silbaron en el aire, llegando a impactar en dos sauriones que cayeron abatidos. El bárbaro hizo de las suyas y decapitó, arrasó y descuartizó a varios sauriones con su espada de doble hoja mientras los arqueros le cubrían de los disparadores enemigos.

El grupo hostil de sauriones fue abatido rápidamente y el trío siguió cruzando por los puentes. Encontraron unas cajas y unos cadáveres humanos que estaban siendo cocinados. Saquearon todo, aunque Athaen se mantuvo apartado en estos momentos, y siguieron caminando por el lugar. Yendo por la zona este, llegaron hasta lo que parecía ser un cuartel de instrucción de los sauriones.


Si acabamos con los que haya ahí, sus fuerzas se verán muy mermadas. - Dijo Athaen.

Bien, ¿algún plan? - Preguntó Ander.

Eskol, ve al puente invisible y tapónalo para que no pueda escapar ninguno, nosotros te cubriremos de los que salgan con los arcos desde aquí. - Respondió Athaen.

¡Bien, acabemos con todos! - Exclamó el bárbaro, que utilizando unos utensilios se hizo invisible y fue hasta el puente, colocándose en la posición asignada.

Las primeras flechas volaron como señal y la batalla comenzó. Había dos grupos fuera, que iban cayendo uno tras otro, y otro grupo dentro que salió al poco de escuchar los gritos. Eskol decapitó a una gran cantidad mientras los arqueros abatían a otros cuantos desde una posición bastante segura. Cuando el cuartel fue limpiado, se juntaron en uno de los puentes. Eso habría reducido en una gran cantidad las fuerzas del lugar, que al parecer eran muy disciplinados. Siguieron recorriendo las maderas hasta encontrar otro grupo frente a ellos, que asaltaron a base de flechas cuando el bárbaro dijo estar listo. Pero el ruido fue tal que varios grupos, entre los que se incluían los tres líderes de los lagartos, escucharon el jaleo y corrieron a socorrer a los suyos enfretándose al bárbaro. Los arqueros fueron heridos de gravedad, aunque pudieron sanar sus heridas mientras Eskol les cubría, aunque él también había sido herido. A base de madera y hierro, los grupos de sauriones cayeron y el grupo caminó hasta la entrada de un extraño templo, de posiblemente una deidad olvidada a la que sólo esos lagartos adoraban. Abrieron sus puertas y entraron.

Allí encontraron pinturas de cosas que ningún comprendió. Según parecía los lagartos se reunían y ofrecían todos sus huevos a un lagarto aún mayor. El suelo estaba cubierto por un manto de sangre verduzca procedente de los lagartos que habían sido asesinados. Un cofre, lleno de riquezas, fue abierto por Ander y Eskol, aunque Athaen se negó a obtener nada; él no había venido a robar. Aún así, ambos cogieron el contenido del cofre y juntos salieron del templo.

Conversaron, dudando y discutiendo qué debían hacer. Uno decía de marcharse ya, otro de arrasar todo el pueblo y otro de seguir para coger todo lo que tengan. No se decidían hasta que observaron nuevas huellas que se perdían unos metros más allá, en el agua. Y delante, una gran torre. Se acercaron y subieron una cuesta que les impedía llegar hasta la puerta. Allí observaron el tapón mágico de metal que les impedía entrar. Eskol intentó tirar la puerta abajo a base de fuerza, pero no sirvió. En cambio provocó que a la calavera que estaba formada en la puerta se le iluminaron los ojos y que ésta comenzase a hablar.


¿Quiénes sois? - Dijo la puerta con una voz serpentina.

Venimos a recobrar la paz de este lugar... - Respondió Athaen. El bárbaro sonrió al escucharle.

¿Paaz? No traéis paz, habéis traído la guerra. - Exclamó la puerta.

No, venimos a ofrecerte tus huevos, alguien asaltó tu campamento y nosotros los hemos salvado. - Dijo el bárbaro intentando engañar a la puerta mágica.

¡Mientes! ¡No tienes los huevos contigo!

Un lagarto de más de dos metros asomó en lo alto de la torre y comenzó a conjurar. Athaen rápidamente extrajo una flecha de su carcaj y la colocó en el arco, tensando la cuerda y disparando. Una vez más debía confiar en su precisión. Dejar todo en esa flecha para impedir que la criatura pronunciara el conjuro por completo. Volaba, volaba hacia el lagarto. La flecha volaba como un ave atravesando el aire en pico... Pero la flecha golpeó en una almenara, no había acertado, había fallado una vez más. Suspiró y cerró los ojos, mirando al cielo. De mientras, Ander empujó con su escudo a Eskol para quitarle del área del conjuro. Un lobo de gran tamaño apareció a las puertas de la torre al cual el bárbaro atacó tras ofender al lagarto con insultos para que bajara. El lobo cayó y un jabalí, también de impresionante tamaño, hizo aparición, aunque Eskol no le permitió apenas moverse. Un conjuro de oscuridad cubrió el lugar y los tres se lanzaron a por el lagarto que ya había bajado, dejándole gravemente herido, pero para cuando la oscuridad se agotó, el lagarto desapareció. Miraron a todos los lados buscándolo, pero nada encontraron. Se escuchaban los salmos del lagarto por todo el pantano y tras unos segundos éste atacó al grupo, totalmente protegido por conjuros muy poderosos y lanzando algunos otros bastante destructivos. El grupo cayó sin apenas poder hacer casi nada al lagarto que había obtenido un poder increíble. Éste se retiró a la torre al pensar que todos habían muertos, pero Eskol se levantó, aún vivía, y ayudó a sus dos compañeros a recuperarse antes de que la muerte los llevará consigo. Entonces el lagarto se dio cuenta y entre gritos comenzó a conjurar de nuevo tras el grupo, que decidió rápidamente escapar del lugar mientras los conjuros del saurión caían tras ellos.

Varios minutos tuvieron que correr para que el rango de poder del saurión no llegara para conjurar sobre ellos, llegando hasta uno de los lindes de la Costa Sur. Agotados y heridos tomaron algunas bayas y pociones para recomponerse y ser capaces de volver a la Ciudad de la Moneda. Athaen se separó de ellos, yendo hacia otro camino. Cuando se quedó solo, comenzó a trepar por un árbol. Era de noche y él se quedó mirando la Luna llena. Se agarró a una rama, suspiró y cerró los ojos.
 

Nym

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Muy bien Athaen, me ha gustado mucho.

Aunque pobrecito, ahora entiendo lo de la depre xDD.
 

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