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La puerta al abismo.

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La puerta al Abismo:

Habían partido el acolito y el siervo de la Señora de las Estancias Superiores hacia la capilla Secreta. Ya todo estaba preparado. Los componentes habían sido enviados con una escolta Ghul la tarde anterior. El ojo, el tarro con la sangre de sapo, la capa oscura, la daga que se usaria para desangrar al sacrificado y el mismo sacrificado. Un mozo fuerte, uno de los muchos bandidos humanos que se esparcen por las alcantarillas de la Ciudad capital.

Los hombres “santos” se encaminaron ataviados con las ropas ceremoniales hacia el templo subterráneo. El camino fue silencio, perdidos en las voluntades y senderos de la Diosa Oscura. Cruzaron las estancias repletas de zombies y esqueletos, hasta llegar a la zona asignada para las misas, sin inmutarse. Se podía ver en la oscuridad la silueta de la gran estatua pétrea de la Diosa con los brazos en cruz sosteniendo en cada mano el esqueleto ahorcado de un desdichado. En frente un altar con un incensario, un libro enviado con los ghuls y un cáliz más grande de lo normal fabricado en oro y decorado con piedras preciosas. Dos filas de bancos se abrían a cada lado del altar mirando a la estatua y entre ellas un círculo pintado en sangre con una estrella inscrita en su interior.

Los dos vampiros se detuvieron en la entrada de la capilla y dedicaron sendas reverencias a la estatua. Continuaron caminando mientras los hábitos rozaban el suelo hasta el símbolo demoniaco del suelo y repitieron las reverencias.

Los Ghuls se apartaron y arrodillados comenzaron a adorar la razón de su existencia frenéticamente. Otro Ghul, Vastian, más apartado portaba una bandeja con los objetos de la misa cuidadosamente colocados y tapados por la capa. Poco a poco comenzó a llegar gente, algún aliado o asociado y los demás miembros distinguidos de la corte. Y mientras el acolito esparcía el aroma mohoso del incensario por la cripta, el siervo de la Dama buscaba afanoso la pagina deseada en el libro para comenzar la celebración.

El clérigo mirando hacia la estatua de la diosa, el libro en alto entre sus manos enguantas y el acolito al lado del altar aun con el incensario de la mano. Así comenzó la misa impía. La voz fuerte del clérigo rasgo el silencio y comenzó a proclamar los deseos y deberes para con la Diosa impía. Recitaba verso tras verso del libro como si lo supiese de haberlo leído toda una vida.

El aire cargado y denso del subterráneo parecía juntarse haciendo más pesado y oscuro el ambiente si cabe. Una retahíla tras otras de deberes y obligaciones salía de la boca del clérigo de forma ceremoniosa, las obligaciones que la Señora imponía a sus elitistas miembros. Un ruido repentino hizo sobresaltar a todos los presentes de la celebración. La puerta que daba acceso a la sala donde se encontraban había sido abierta. Tensos todos los inmortales habían clavado la vista en ella rasgando con sus afilados sentidos la oscuridad. No sin embargo así el Clérigo, que manteniéndose de espaldas seguía proclamando la palabra de Shar hasta que el acolito le interrumpió señalándole la dirección de la entrada.

El clérigo se giro brusco y hostil, gritando con tono desagradablemente áspero. ¿Quién osa interrumpir esta ceremonia?- Dijo. Eran dos figuras que irradiaban poder. Una más baja y fuerte que la otra, que era alta y delgada. El clérigo se giro hacia el acolito, el designado por la Señora para proteger la orden clerical, y le dijo con desprecio.-Acabad con ellos.

Los ghuls fueron liberados de la voluntad que les retenía aun anclados al suelo. Se lanzaron como en un enjambre hacia los intrusos, corriendo torpemente hacia los extraños. Al mismo tiempo, los vampiros de la corte gritaban frenéticos de sangre por la intromisión y se lanzaban de igual modo hacia los desdichados aventureros. El clérigo sin embargo comenzó a rezar a la Señora de la Perdida, y esta allí, Ésta, lo escuchó. Poco duro la refriega, y pronto regresaron los señores de la corte con los cuerpos malheridos de los aventureros que fueron colocados en el centro del pentagrama.

Otro gran rato el clérigo se mantuvo agradeciendo a la Dama oscura la ayuda prestada para después retomar la misa en la misma frase donde se había detenido. Y continúo la celebración impía. Las voluntades de la Señora dieron paso a las plegarias oscuras. La primera fue hacia las tinieblas que deberían ocultar todos los pasos dados y se utilizó la capa negra. El segundo fue el destruir a los que intenten romper esas tinieblas otorgadas por la Diosa usando el ojo de orco. El clérigo indico al acolito que procediera a impregnar la daga con la sangre de sapo y sacrificar a los dos malheridos mortales a la Señora.

Pero el acolito intercambio unas palabras rápidas, apenas un murmullo.
-Seria mejor sacarles información y después ser sacrificados-dijo el encapuchado acolito.
-Sin embargo sabe vos ha de terminarse la celebración con el rito de la sangre.-contesto el vampiro que presidía la misa.
-Aun tenemos al prisionero designado para el oficio.-respondió el acolito.
-Prosigamos con el ritual entonces.- Y así continuo el ritual, con el mozo humano encadenado al suelo sobre el círculo profano. Se acercó el acolito con la daga impregnada de la sangre negruzca del sapo. Clavo la daga en el cuello del mortal mientras el clérigo sostenía el cáliz sobre sobre la herida de la que brotaba el continuo torrente de sangre que encharcaba el suelo. Palabras oscuras eran recitadas por el siervo de la Diosa mientras las fuerzas y la vida del mortal se iban consumiendo a la misma velocidad que se llenaba el cáliz de sangre.

El clérigo se giro hacia la estatua alzando el cáliz para recibir los favores divinos de la ceremonia. Se lo llevo a los labios y bebió un corto trago de esa sangre caliente recién arrancada de las venas del prisionero, y paso el cáliz al acolito que bebió otro corto trago.

Mientras las bendiciones oscuras y las plegarias impías inundaban la estancia procedentes de la boca del inmortal, el acolito pasaba a todos los miembros ilustres de la corte el cáliz maldito y bebían uno tras otro de él.

A continuación el Ghul encargado de las bandejas repartió un presente a todos los asistentes ya fueran mortales adeptos a la Señora que acudieron en una procesión constante o a los elegidos por la misma. El clérigo dijo las últimas palabras, cargadas con el odio y desasosiego, si no son corazones impíos los que las escuchan. Daba por terminada la ceremonia negra. La Corte, rápido designo a unos ghuls para que retirasen a los heridos a sus futuras acogedoras celdas donde serian torturados y doblegados a la voluntad de la Señora de la Perdida.


//Que os guste mucho(si algo no es asi...perdonadxD mi memoria tergiversa realidadesxDxDjajaja)
//Y mi reconocimiento a Liz y a Ian por su paciencia y comprension, que la muerte los lleve pronto.xDjjjaja
 
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