Silmëwen de Lotar
Pirata sin barco
- Registrado
- 13/10/09
- Mensajes
- 2,516
Con un suspiro, mezcla del agotamiento y el tedio, bajó el libro hasta su regazo colando su mirada por la ventana del flat. Acostada en el diván, podía sentir el sol darle de lleno en su rostro mientras contemplaba el eterno horizonte verde y los picos de las Montañas Estriral desde las alturas de Suldanessalar.
Saboreó de nuevo el dulzor del zumo de uva y pera, y una tonta carcajada salió de sus labios con entusiasmo y nerviosismo. Había dejado todo listo para emprender su viaje a Amn al anochecer. Tomaría la caravana que se dirigía hasta el bosque de Eldat, y dejaría por primera vez atrás los lindes del Weldath.
Se debatía entre la comodidad de sus aposentos, y la curiosidad y sed de conocimiento fuera de la ciudad.
Los recuerdos de sus padres sobre Siempreunidos le hacían iluminar el rostro cada vez que les escuchaba durante las tertulias, pues su recuerdo parecía difuminarse en las costas blancas de la Isla Verde, o las innumerables anécdotas en la frontera con Caravasar con el resto de razas. Todos entre los Molfálar parecían haber vivido más allá de los libros, los tapices que colgaban de los muros, y las copas eternas de los bosques, habiendo desarrollado una red mercantil por toda la zona cercana al Bosque de Tethir.
Volvió a tomar el libro de geografía amniana, repasando cada una de los mapas donde figuraban las ciudades humanas. Athkatla, Crimmor, Amnagua o las ciudades que rodean el Lago Weng, y volvió a sentir el empuje de la aventura.
Desde la ventana pudo contemplar uno de tantos Concilios de la Primavera. Lo había visto tantas veces, que se había acostumbrado a ellos. Del debate y el foro entre los elfos compartiendo y discutiendo puntos de vista dispares. La guerra con Murann se mantenía viva y fresca, y las nuevas de Cabo Velen formaban parte del debate diario. Con el tiempo, se había cansado de escuchar los mismos temas, pero el nombre de Amn y la corte de Tethyr, siempre parecían tomar relevancia.
Se levantó del diván, y se dispuso a terminar el resto de su equipaje. Libros y más libros en verdad, pocos enseres, y algún vestido que llevar durante su estancia. Sería breve, tan solo un par de dekhanas, para volver a Suldanessalar y ahondar sus próximos estudios en los tomos de Nigromancia.
Había escuchado innumerables historias de Amn. Guerras, monstruos, clanes vampíricos, ataques demoníacos. Todo cuanto contaran los libros de historia, bien podría resumirse en la tierra de Amn, casi elegida como campo de juego de los propios dioses.
Todas estas historias, le hacían desear poner en práctica todo cuanto aprendió sobre la magia, y perseguir un poder superior que creciera en sus manos para más adelante poder ponerlo al servicio del pueblo Tel’quessir.
Saboreó de nuevo el dulzor del zumo de uva y pera, y una tonta carcajada salió de sus labios con entusiasmo y nerviosismo. Había dejado todo listo para emprender su viaje a Amn al anochecer. Tomaría la caravana que se dirigía hasta el bosque de Eldat, y dejaría por primera vez atrás los lindes del Weldath.
Se debatía entre la comodidad de sus aposentos, y la curiosidad y sed de conocimiento fuera de la ciudad.
Los recuerdos de sus padres sobre Siempreunidos le hacían iluminar el rostro cada vez que les escuchaba durante las tertulias, pues su recuerdo parecía difuminarse en las costas blancas de la Isla Verde, o las innumerables anécdotas en la frontera con Caravasar con el resto de razas. Todos entre los Molfálar parecían haber vivido más allá de los libros, los tapices que colgaban de los muros, y las copas eternas de los bosques, habiendo desarrollado una red mercantil por toda la zona cercana al Bosque de Tethir.
Volvió a tomar el libro de geografía amniana, repasando cada una de los mapas donde figuraban las ciudades humanas. Athkatla, Crimmor, Amnagua o las ciudades que rodean el Lago Weng, y volvió a sentir el empuje de la aventura.
Desde la ventana pudo contemplar uno de tantos Concilios de la Primavera. Lo había visto tantas veces, que se había acostumbrado a ellos. Del debate y el foro entre los elfos compartiendo y discutiendo puntos de vista dispares. La guerra con Murann se mantenía viva y fresca, y las nuevas de Cabo Velen formaban parte del debate diario. Con el tiempo, se había cansado de escuchar los mismos temas, pero el nombre de Amn y la corte de Tethyr, siempre parecían tomar relevancia.
Se levantó del diván, y se dispuso a terminar el resto de su equipaje. Libros y más libros en verdad, pocos enseres, y algún vestido que llevar durante su estancia. Sería breve, tan solo un par de dekhanas, para volver a Suldanessalar y ahondar sus próximos estudios en los tomos de Nigromancia.
Había escuchado innumerables historias de Amn. Guerras, monstruos, clanes vampíricos, ataques demoníacos. Todo cuanto contaran los libros de historia, bien podría resumirse en la tierra de Amn, casi elegida como campo de juego de los propios dioses.
Todas estas historias, le hacían desear poner en práctica todo cuanto aprendió sobre la magia, y perseguir un poder superior que creciera en sus manos para más adelante poder ponerlo al servicio del pueblo Tel’quessir.
Última edición:
