Novedades

La senda hacia la grandeza

Lord_Valanar

Orco del Desolado
Registrado
13/12/19
Mensajes
101
Edad
34
https://www.youtube.com/watch?v=2hRYRz-K6Po


Esta Historia empieza con una sangrienta batalla al pie de una de las montañas más altas y gélidas del mundo, La tribu Nidhogg enfrentaba a los gigantes de escarcha que les cerraban el paso, en su incansable travesía hacia la cima de la montaña que para ellos era sagrada. En el fragor de la batalla una hembra orco estando en cinta era herida brutalmente, y al terminar el combate fue tomada la dura decisión de salvar al retoño a expensas de la vida de la madre. Su padre no estaba presente siquiera pues fue fruto de una violación de su madre hacia un humano durante un saqueo, así pues el mestizo fue bautizado en la sangre de su madre muerta mediante un rito para que jamás olvidará su violento origen otorgando así un color rojo característico que le acompañaría para el resto de sus días.
En su niñez el mestizo fue creciendo en tamaño y su color rojo fue acentuándose, para cuando tenía quince años su estatura había superado a un hombre adulto con creces y sus músculos se habían desarrollado casi de manera sobrenatural, le otorgaron entonces por fin un nombre: Titanicus.
Durante el rito de mayoría de edad fue tatuado con diversas runas y grabados que simbolizaban las llamas y el fuego de la batalla, para su tribu pasaría a conocerse como el portador de la llama y sería entrenado en combate, sería preparado para ser un heraldo de la destrucción .



Lamentablemente esa misma noche el campamento de la tribu de orcos fue atacado por un enemigo peculiar y poderoso: Un dragón blanco, la tribu había cometido el error de quince años atrás cuando derrotaron a los gigantes, con ello habían acabado con los siervos del dragón y ocupado sus tierras mientras este permanecía aletargado durmiendo.

El combate fue terrible, las fuerzas de los orcos no eran rival para la antigua sierpe blanca que aún acabada de despertar exhalaba un aliento de muerte gélida por doquier, los orcos eran diezmados y esparcidos por la ladera de la montaña. la cosa empeoro cuando empezaron a llegar pequeños esclavos kobold del dragón los cuales le adoraban como a una divinidad, aunque pequeños y frágiles sus números eran algo a tener en cuenta.

Titanicus peleaba sin cesar con cada criatura que pasaba por su línea de visión y midiera menos de la mitad que él, su furia no tenía límites pues su único hogar y forma de vida que conocía hasta el momento estaba siendo asediada por una amenaza externa, lamentablemente ni toda la fuerza que disponía en ese momento fue suficiente y terminó siendo lanzado por los aires con un aleteo de la descomunal bestia blanca.

El semiorco tardó casi un día entero en despertar y para cuando lo hizo se encontraba desorientado, perdido completamente solo rodeado de cadáveres de los que como él cayeron montaña abajo y no había ni rastro de dragones, kobolds u orcos, así pues tomo la decisión mas dura de su corta vida y empezó el descenso de la montaña que para él había sido el único mundo que le era familiar

Se alimento de bestias salvajes y bebió de arroyos cristalinos aun así nunca paró de caminar y su cuerpo empezaba a desfallecer, no sabía cuánto tiempo llevaba con el descenso y aún cuando llegó a las bases de la montaña siguió caminando siempre hacia el sur sin descanso como si de un castigo se tratase, un castigo por no ser suficientemente fuerte como si todo aquello fuese su responsabilidad. Llegando por fin a unos caminos más transitables el desarrapado semi orco vistiendo solo pieles de animales fue interceptado por lo que parecían ser un grupo de cuatro humanos, a sus ojos solo eran hobgoblins lampiños, pues jamas había visto a ninguno.

Aquellos humanos movían sus labios y soltaban muchos sonidos incomprensibles, hacían gestos extraños y Titanicus entendió que querían que les diese algo pero no sabía muy bien el qué, así que les arrojó algo de carne que había cazado ese día y trato de seguir caminando, pero cuando trato de seguir con su peregrinación auto impuesta ellos sacaron sus armas y se pusieron hostiles hacia el, Titanicus no estaba de humor así que cinco minutos después, el lugar que dejaba tras de si era una escena dantesca.

Al final cayó al suelo herido cansado, a las puertas de la muerte sin ningún tipo de esperanza, pero fue rescatado a tiempo por una de esas criaturas que más tarde aprendería que se llamaban humanos, una paladina de Kélemvor llamada Lilith.

Han pasado seis meses y el semi orco llamado Titanicus ha sido enseñado en lo básico de la sociedad humana, llevado hasta un hospicio donde se le sano, educo y civilizo en cierto punto, empezó a interesarse por los dioses, quizás alguna de esas criaturas divinas que eran adoradas podría algún día otorgarle el favor divino para lograr el nuevo objetivo que se había marcado la reconquista de sus tierras natales la montaña nevada del norte.

A los dos años cumpliendo su decimoctavo cumpleaños Titanicus se había convertido en un fiel devoto de la palabra y acciones de Tempus, su filosofía de guerra pero honorable le habían cautivado lo suficiente para superar sus límites y esforzarse día a día, tratando cada vez de hablar un poco mejor la lengua humana a pesar de que apenas sabía leerla o escribirla por ahora.

Su camino le llevó a la ciudad de Athkatla una ciudad de comercio y oportunidades, oportunidades de formar un grupo mercenario que algún día pudiera ayudarle con su objetivo, sabía que el camino será duro pero hasta la más gloriosa de las sagas debían empezar por el paso más simple, así pues los rumores acerca de un lobo llamado Devorador llegaron a sus oídos pero como suele decirse, eso ya es otra historia.
 

Conectados

Arriba