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La toma de la Fortaleza Oscura

Vashard

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18/1/09
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//Bueno, aquí va mi visión del bando verde y su papel inicial, disculpad si tiene alguna inexactitud pero... éramos mucha gente y no saqué capturas apenas! ¡Gloriosa quest, por cierto! ¡Felicidades a los dms si han sobrevivido también!
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Los tambores batían rítmicamente, enardeciendo lentamente los ánimos de las tropas. Múltiples estandartes ondeaban, diferentes culturas, razas, credos y clases se congregaban contra un enemigo común. Acorazados enanos deambulaban con su metálico rechinar, revisando virotes para sus recias ballestas, comprobando sus hachas y martillos, dispuestos a enarbolarlas con jubilosa furia. Soldados de la Legión Férrea marchaban capitaneados por la dama Coria, su porte marcial indicaba su disciplina y organización metódica, propia de soldados consumados. Por otro lado, radiantes paladines centelleaban con un halo de seguridad. Suya era la gracia capaz de infundir el terror en el corazón de muchos seres de las tinieblas y por su fe que iban a hacer gala de ella. En oscuro contraste, los combatientes del Azote semejaban un reflejo siniestro de los santos luchadores. Ropas de tonos azabaches, gestos austeros y portes sobrios que aún así enfatizaban sus miradas decididas. Llegaba el momento.

-Comandantes de los bandos, acudid, por favor- clamó Inus, el llamado Espectro Pálido.

Vashard desvió la mirada hacia el líder del Azote, viendo cómo diversos dirigentes acudían a la llamada. Con un rápido vistazo alrededor pudo ver a los hijos del bosque allí congregados. Casi una decena de valientes, dispuestos a darlo todo en la lucha, al igual que el resto de personas que les rodeaban. Fue Niennor la que se adelantó en pos de Inus para comentar la estrategia a seguir. Mientras, Delom repartía hierbas de última hora entre los presentes a fin de potenciar algunos de los conjuros que emplearían. Cerca de él, Duna repasaba sus flechas y comprobaba el estado de la cuerda de su arco, acaso tratando de centrarse en algo y refugiarse así del caos que reinaba alrededor. Fenia aguardaba inquieta, la espera resultaba realmente agotadora por la tensión que se mascaba en el aire. Balmor comprobaba el estado de sus armas, bien dispuesto a darles un justo uso en la lucha. Eámanë permanecía silenciosa, con la mirada atenta en torno suyo, vigilante. Y, por último, Xiana se encontraba en pie junto al explorador, con una terrible mezcla de sentimientos en su interior mas por una vez… el coraje guiaba claramente sus pasos, acallando cualquier atisbo de miedo que pudiera clamar en su corazón.

-La organización estratégica prefiero dejarla en manos de Vashard, él se defiende mejor con estas cosas- fueron las palabras de Niennor las que atrajeron la atención del hombre.

Sin dilación alguna, el explorador acudió ante el resto de comandantes, terminando de aclarar los puntos del asalto inminente. La expectación ante la batalla mantenía sus sentidos atentos, casi con un aire de siniestra familiaridad ante lo que se les venía encima.

Xiana pudo verle conversar con el resto de líderes durante unos minutos para finalmente regresar con el grupo a continuación. Hubo un recuento de los presentes y los que estaban de camino así como un repaso del plan general. Tras el ritual inicial se abrirían en tres grupos, cada uno tratando de custodiar las catapultas y avanzar en retaguardia, cubriendo la segunda fila del asalto.

-Delom… Duna… vosotros os encargaréis del flanco derecho, marcharéis con los caballeros y paladines- dispuso el explorador- Balmor, Noril y Eámanë iréis en el flanco izquierdo, con la Legión. Fenia, Xiana y yo marcharemos en la falange central, con los enanos. Recordad que tenemos que hacer esto juntos, hermanos, nos necesitamos todos mutuamente.

Todos asintieron al unísono, no hubo quejas o lamentos. Aunque a decir verdad tampoco hubo tiempo para mucho más. Ellos tendrían que moverse de los primeros. Cuando Niennor volvió con ellos lo hizo en compañía de Claunys, algo desorientado al comienzo pero dispuesto a luchar por la tierra que pisaba como el que más, sumándose a la comitiva.

La senda que siguieron se les antojó tan rápida que apenas apreciaron el paso, tal vez fueran los nervios, la expectación ante la tormenta que se avecinaba o un sinfín de sentimientos que golpeaban con fuerza en sus corazones. En cualquier caso pronto se hallaron envueltos en tinieblas, alguno de los presentes ya había estado en las inmediaciones del camposanto maldito que rodeaba al objetivo y aún así sentían ese escalofrío tan característico. A lo lejos, un lóbrego castillo se alzaba desafiante y ominoso, cual oscuro estandarte del poder que atenazaba esa tierra. Por encima de él y más allá de la comitiva druídica reinaba un manto de maléficas tinieblas, densas nubes apelmazadas que impedían la llegada de la luz del sol. Ese sería el objetivo del grupo.

Los olfatos de muchos se vieron asaltados por un hedor nauseabundo, la putrefacción se extendía a su alrededor, su presencia no había pasado inadvertida y no tardarían en dar cuenta de ella.

-¡Tenemos que comenzar el ritual, reuníos hermanos!- clamó Niennor.

Vashard pudo comprobar cómo la mayoría del grupo se concentró en torno a ella, unos hincando la rodilla en tierra, otros cerrando los ojos y algunos apoyando la palma de la mano en el suelo. Necesitaban ser capaces de purificar dicho lugar y tendrían que emplearse con todas sus fuerzas. Mientras, en pie quedaron unos pocos, cubriendo a sus hermanos en tan crucial trance. El explorador extendió el brazo, señalando con su maza un flanco para Claunys así como el otro para Xiana. Miradas decididas y breves asentimientos a modo de respuesta fueron la reacción, meciendo las armas con inquietud mientras los druidas se envolvían con protecciones y cánticos.

Inquietantes truenos retumbaron en los cielos, acaso sintiendo la perturbación provocada por los hijos del bosque, estremeciéndoles profundamente. Mas fue entonces cuando algo llegó a oídos del explorador. Rápidas pisadas, jadeos ahogados, gruñidos guturales que no presagiaban nada bueno.

-¡Allí!- gritó Xiana apuntando con su afilado estoque.

Tanto Claunys como Vashard desviaron las miradas hacia el lugar señalado, pudiendo comprobar su alarma. Un numeroso grupo de criaturas humanoides acudía a su encuentro, corriendo salvajemente a cuatro patas, algo más propio de bestias que de seres racionales.
Vashard golpeó la maza contra el escudo, tratando de contarlos con la mirada y agradeciendo que hubieran escogido una zona estratégica para la defensa del ritual. Claunys enarboló su cimitarra envuelta en llamas, colocándose en guardia y Xiana hizo saltar chispas al deslizar sus dos armas entre sí, apretando los dientes con fiereza.

-¡Cargad! ¡Que no pasen!- clamó el hombre lanzándose a interceptar a las criaturas que comenzaron a llegar en oleadas.

Sendos gritos de guerra se alzaron de las gargantas de sus camaradas, enzarzándose en cruenta lucha igualmente. Los seres que acudieron saltaron sobre ellos, agarrándose a las ramas de los árboles cercanos, buscando cómo flanquearles, tratando de rasgar sus armaduras con sus afiladas garras, ávidos de carne y sangre de los vivos. Pronto la lucha adquirió tal crudeza que hasta los druidas tuvieron que frenar el ritual para defenderse también. Flechas volaron por el aire así como lanzas, cimitarras y plegarias a la madre tierra, todo era poco para aquellos seres. Claunys luchaba salvajemente, repartiendo ardientes golpes de cimitarra por doquier y tratando de contener zarpazos con su escudo. Xiana danzaba con una agilidad innata, rodando por el suelo, saltando por encima de sus contrincantes, escurriéndose a su lado y propinando estocadas allá por donde pasaba, visiblemente frustrada al ver la resistencia al dolor de dichas criaturas. Vashard, por su parte, combatía con una siniestra sonrisa en sus labios. Empleaba su pesado escudo para literalmente aplastar a su rival contra otro o incluso contra el suelo y propinarle un demoledor mazazo a continuación. Los crujidos que brotaban de los cuerpos de sus enemigos no hacían sino motivarle a continuar moviendo sin cesar su brazo, arriba y abajo.

A espaldas del grupo de defensores, los druidas tampoco quedaban mancos. Torrentes de llamaradas abrasaban a tan inmundas criaturas, los propios árboles se retorcían a fin de ayudar a los hijos del bosque y ninguno dudaba en su afán. ¡La lucha sería sin cuartel!

Gritos de dolor y muerte se alzaron por doquier hasta que finalmente hubo un insólito respiro. Los vivos trataron de enderezarse, recuperando a duras penas el aliento, cubiertos de cortes y rodeados de pútridos restos de tan oscuras criaturas.

-¿Y… ahora…?- masculló Vashard entre dientes, con los pulmones ardiendo por la lucha.

Acaso en respuesta a la pregunta, el suelo tembló con un estremecimiento, forzándoles a todos a afianzar sus pies. La tierra crujió y ante ellos una criatura colosal surgió desafiante. Una montaña de huesos tomó forma ante sus ojos, un verdadero titán con dos cráneos sobre sus hombros, tan alto como tres casas juntas.

La aparición de tan monstruosa criatura arrancó un grito a Xiana así como múltiples maldiciones de boca del explorador. Por un momento reinó un imponente estupor, frenándolos a todos. La sensación era la misma que cuando un plato caía al vacío pero aún no se había roto. Mas fue el gigante quién rompió ese momento. Un escalofriante sonido de ultratumba manó de su mandíbula, absolutamente sobrenatural, tal vez una sentencia de muerte para los pequeños seres vivos ante él. Y justo a continuación, el suelo tembló violentamente ante sus estremecedoras zancadas.

No obstante, los hijos del bosque no cedieron al miedo, alzando sus voces desafiantes cargando contra el coloso. Nuevos torrentes de llamas surgieron ante la llamada de los druidas, envolviendo en fuego a la criatura. Claunys surgió despedido ante la onda expansiva de uno de los puñetazos del titán de hueso, estrellándose aturdido contra un nudoso árbol. Xiana luchaba por asestar golpes en puntos clave, con escasos resultados ante su frustrada mirada. Vashard aprovechó cada ocasión en que la criatura se agachaba para propinarle un mazazo con todas sus fuerzas, haciendo saltar trozos de hueso a cada impacto. Tras ellos, el conjunto de los druidas alzó sus voces y con ellas la propia tierra tomó forma de elemental para cargar contra el enemigo.

Obrando como un conjunto, todos se abalanzaron sobre el coloso, fuera con cimitarras, estoques, mazas, flechas, llamas o tierra viva. Como una avalancha imparable, la bestia cedió ante el empuje, emitiendo un crujido estremecedor y cayendo desplomada bajo la lluvia de golpes, quebrándose en múltiples fragmentos.

Todos levantaron sus armas en señal de victoria, retomando aliento por unos instantes.

-¡Hermanos, acabemos aquello que hemos venido a hacer en este lugar!- dijo Niennor a los suyos, atrayendo rápidamente su atención.

Vashard sintió un estremecimiento a continuación, no viendo a Xiana por ninguna parte. Claunys se percató del detalle y entre ambos comenzaron a mirar por los alrededores.

-¡Aquí!- clamó el explorador, localizándola malherida entre una pila de huesos.

Entre ambos pudieron sacarla de tan siniestra montaña, atendiéndola por medio de pergaminos de sanación.

-Mmmf… déjame dormir un poco más…- farfulló ella al borde de la inconsciencia.

El hombre resopló y negó con la cabeza, sosteniéndola en su regazo mientras dejaba que el conjuro obrara su efecto. Claunys posó su mano en el hombro del explorador, atrayendo su atención tras él.

Allí, el conjunto de los druidas retomaba la parte final del ritual. Sus voces danzaron al unísono y el cielo se estremeció. A medida que aceleraban su cántico, las nubes parecían vibrar con mayor intensidad y, finalmente, en el cenit del rito, el denso manto que cubría el firmamento se quebró, dejando paso a los haces de la luz del sol, torrente imparable de esperanza para algunos y temor para otros. Como si un cauce de agua limpia se tratara, la luz barrió la capa de oscuridad, comenzando a disiparse y tornándose apenas jirones oscuros cual bandadas de pájaros perdidos. Las miradas de los allí presentes se iluminaron ante tal milagro y en sus rostros sucios y cansados se dibujaron amplias sonrisas.


Y, por primera vez en muchos años… aquella tierra volvió a ver la luz del sol.

-¡Ahora, hermanos… volvamos con nuestros compañeros, nuestra tarea principal ha tenido éxito pero el fin de la lucha aún está lejano!- se escucharon la voces de varios miembros de la comitiva.


Y así, la luz y la esperanza acompañaron a los hijos del bosque en su inminente lucha junto al resto de sus camaradas…

//Hala... ahí queda eso, por si alquien quiere coger el relevo! ;)
 

Vashard

Jugador de fichas de rol
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Y aquí un par de capturas, el tiempo y el lag no dejaron mucha más ocasión de posar! :eek:

Aquí la vista desde un lado...
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Y aquí la del otro, aunque algunos cuerpos ya se habían podrido...
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Xiana

Minsorrano sin caminos
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¡Faltó poco para morir!

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PD: *aplaude por el relato de Vashard con efectos especiales y todo, y a la templanza de todo el mundo tras una batalla tan cruenta y tan laaaaarga*
 
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