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La transformación del danzarín

Crossus

Zapatillas de osito de Shama
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-¡Una carrera entre las calles!, por una maldita vez que se me ocurre seguir a alguien y tiene que caerse uno de esos adoquines, esto se tiene que deber a que Tymora piensa que le estoy pagando poco.


Seguía corriendo buscando una forma de escabullirme o salir del radio de acción mágica para poder utilizar cualquier ardid para huir de mi perseguidor.

Pero el bastardo que me seguía a escasos pies parecía que aun no se lo iba a dejar escapar, no señor, y mucho menos, cada momento lo notaba más cerca.

-Ven aquí y me dirás que hacías detrás de mi…-Grito dando un zarpazo al aire que paso a escuetos milímetros del corredor-Rata, te has encontrado con la horma de tu zapato…

Y en lo que fueron segundos, pero parecieron años vi mi salvación y salte hacia ella sin pensárseme lo dos veces, una trapa de alcantarillas semiabierta. Cuando caí en ella me di cuenta el porque esos lugares no eran conocidos con tanta estima como con otros ocurre, y la principal razón que su acompañante no saltara tras de mi.

Me faltaron segundos para mirar alrededor y ver el filo de las hojas que se aglutinaban a cinco o seis metros, la mente escurridiza debía maquinar algo y debía ser más rápido que el tiempo que tardaran aquellas cuchillas en hacerme una mella en el cuerpo que nadie pudiera cerrar.

-Chicos…, tranquilizaos…, soy del gremio…, estoy con vosotros y seguro que llevo algo en los bolsillos que puede serviros…

Se escucho una sonora risotada y uno de ellos se adelanto un par de pasos.

-¿Parece que no sabes quienes somos verdad? Nosotros somos los que gobernamos aquí, los exilios de incluso los ladrones.


-Vaya, mira que es una pena no haberlo sabido antes, seguro que hubiera traído algo para picar.-Sabia que eso podía hacerme perder el cuello, pero que otra posibilidad tenia-Si queréis, puedo ir un momento arriba, traigo lo que sea y luego seguimos con la animada charla.-Mientras me levantaba lentamente e intente dar dos pasos.

-Tsh…, chico esto no funciona así-Concluyo el asaltante.

Y lo peor, es que lo sabia, ahí es donde mi plan seguía y donde tendría que funcionar bien o acaba de estar muerto.

-Ahora nos darás todo, y si nosotros queremos vivirás

Una sonrisa se dibujo debajo de la cantidad anormalmente grande de vendas que portaba el hombre tapándole la cara.

-Por supuesto, no me negare a cumplir los deseos de tan ilustres huéspedes, y si me lo permitís, primero me os daré esto…
Con un leve movimiento de muñeca la varita se desprendió del cinto y cayó directamente en mi mano, de ahí las palabras brotaron casi solas y acto seguido una explosión de luz partió hacia el cabecilla de los maleantes dejándolo en el suelo sin vida y al resto de sus secuaces atónitos.

Tras el pequeño truco aproveche y seguí corriendo, sabia que correr tal vez no seria la mejor táctica, pero me serviría para ganar tiempo hasta que tuviera una buena.

-Aggg…

Lo que temía, mis ojos raudos se posaron sobre mi pierna izquierda y encontré el causante de mi dolor

-¡Una puta flecha!


Y lo peor, había dado de pleno en el músculo o el nervio, ya que note como me desmoronaba y caía de forma torpe al suelo. Ya solo me quedaba apartarme del radio de disparo, y rezar para llevar algo para poder retrasarlos o al menos de darme una muerte rápida a mi mismo.

Me arrastre un par de metros lo más raudo que pude a una esquina y abatí a otro de los bandidos con la varita que ya había gastado antes.

-¡Bastardos!, tengo bastante para poder mataros a todos, así que será mejor que os larguéis de aquí.

Lamentablemente, sabia que no tendría para más que un rayo o dos, y habían visto la pierna sangrante, así que como hienas esperarían a que me desangrara para ir a por su carroña y aun no era momento de que me convirtiera en el plato del día.

-¡Ja! ¿No os lo creéis?-Mientras contemple horrorizado como un valiente se aventuraba a acercarse, por suerte mi puntería no era mala y con un par de descargas cayo muerto- ¡Veis cerdos! ¡Tengo para mataros a todos!- Tymora en ese momento había dejado de sonreír y la varita no era mas que un palo tieso, aunque un palo tieso que aun podía hacerme ganar unos segundos debido al miedo.

Busque como un loco entre el resto de varitas y empecé a gastar las que tenia encima, sin saber muy que hacían.

-Ajá-Y la punta se envolvió en una potente luz-¡Maldita sea!, ¡esta no! Y porque llevo una de estas-Lanzándola a la otra parte del pasillo como una especie de señalizador para ver si alguno se acercaba.

-¡Dame un siete y hazlo rápido!-Emulando a un jugador de dados histérico-¿¡QUE!?-Con cara de idiota al ver como la varita se doblaba por la mitad y comprobaba que no era más que una simple imitación que estaba en su mochila por cosa del azar.

Resoplo nervioso y miro otra de las que quedaban, tres solo y habría que esperar que alguna de ella hiciera algo más que alumbrar.

-Por una vez Tymora, te juro que donare lo que me pidas si esta varita hace algo útil.-Haciendo el movimiento habitual y viendo como la varita se desintegro en sus manos.

-Estoy muerto-Me deje caer ya completamente rendido y debido a la falta de sangre que brotaba de la pierna-Que vengan y acaben conmigo si quieren.

Cuando volví a abrir uno de los ojos todo había cambiado, la luz de la varita no funcionaba, y mi herida, parecía como si me doliera ya poco o nada. Todo envuelto por sombras, y nada se veía más allá de mis manos las cuales estaban extendidas por si notaba el filo hincado en mi cuerpo, pero para sorpresa para mi, no había nada, ni un solo corte excepto el de la pierna.

-¿Qué es esto? ¿Dónde estoy?-Pase las manos por las gafas que tan buen uso me hacían en la oscuridad y vi a unos metros de mi unas sombras las cuales estaban como danzando.

Mis ojos se quedaron quietos mirando e intentando moverse a su compás, de forma involuntaria y sin notar el dolor de la pierna. Al cabo de un rato, mi cuerpo parecía más liviano, y casi podía notar algo extraño, algo, como si fuera una sombra.

Volví a parpadear y aparecí en las alcantarillas, las mohosas alcantarillas con su olor nauseabundo.

Y ante mí, uno de esos asquerosos bandidos, pero ante mi mayor sorpresa miro hacia donde estaba yo y continuo, como si no hubiera sido capaz de verme.

Mi cerebro decía que no debía de moverme, pero la pierna solo pedía que cogiera otra de las varitas que tenia al lado y la gastara, ya que era la marcada con la cinta azul, así que debería de cerrar la herida o al menos cortar la hemorragia, lo cual hizo de forma rápida y sin causar mucho ruido.

-¿Dónde se ha metido el asqueroso ese? ¡Como lo coja le colgare las tripas de las paredes y las usare como cinturón!-Se escuchaban lo gritos en los pasillos, pero todos pasaban por la zona y yo aun seguía allí, donde ellos miraban y era algo que me sorprendió y agrado a la vez.

Al cabo de algunas semanas, mi pierna estaba como nueva, y poco a poco esos movimientos aprendidos de sombras, eran como mi forma de vida, como mis pasos habituales, era un nuevo dogma.

El dogma del espía, el dogma del superviviente, mi dogma.
 
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