Alpha
Admirador del brazo de Sune
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Guiados por Grukthar el Voraz, conocido así por devorar a sus enemigos durante el combate. Llevan años recuperándose desde que fueron expulsados de una tribu aún más grande. Su nuevo líder fue el que dirigió aquella rebelión, pero pronto fueron expulsados, y se vieron obligados a huir a tierra inexplorada. Los Sangre Negra son conocidos así por pintar sus cuerpos con una mezcla de sangre y un mineral de aquella caverna, oscureciendo así la sangre y dándole un tono más arenoso.
Llevan tiempo a la espera de un movimiento significativo, de algún verdadero líder que pudiese ofrecerles gloria. Algunos, cansados de la humillación de tener que ocultarse, intentaron enfrentar a Grukthar, el cual acabó uno a uno con los que osaban desafiarle a un duelo, para después llegar a comérselos, sirviendo como ejemplo de lo que les pasaría al resto que no siguiera sus órdenes.
Los Sangre Negra llevaban tiempo como independientes, pues el orgullo de su actual líder les impedía agrandarse. Tiempo en el que Grukthar decía incluso ir en contra del Murkul, más esto pronto iba a cambiar...
El sonido de un cuerno de guerra retumbó por toda la cueva, junto a los gruñidos y gritos de emergencia en idioma orco.
Intrusos. Osaron enfrentar a la tribu y era hora de defenderla. Grukthar se sentó en su trono hecho de huesos y con un aspaviento mandó a que fueran a la entrada. Sin embargo, no tuvo en cuenta que aquellos visitantes no venían a por las riquezas, sino a por su cabeza.
Un pequeño, pero variopinto grupo, se presentó en la entrada de aquella cueva. Algunos de ellos reconocidos por ser algunos de los miembros del bajo consejo de Murann. El gran ogro hechicero, una drow de ropajes oscuros y dos Tanarukks: uno montado encima de un huargo, con un enorme espadón al hombro y una sonrisa macabra en el rostro, y el otro, con ropajes más ligeros y holgados, encapuchado y sin armas aparentes, pero su brillante mirada llena de misterio ya daba a entender que no era alguien al que se debiera subestimar.
Los Sangre Negra se mantuvieron expectantes, temerosos de la fuerza de los miembros del bajo consejo ¿Por qué habían acudido a ellos? ¿Sería para aniquilarles por las palabras de su líder? Pronto las dudas aumentaron cuando, en vez de ser uno de ellos el que hablara, apareció un humano de armadura oscura como el carbón, portando una espada larga y un gran escudo ennegrecido. El humano empezó a hablar en el idioma de los orcos, presentándose como Aryan Cremond y exigiendo ver a quien lideraba la tribu, pues era hora de que demostrara que era tan fuerte como decía ser como para mantenerse lejos del Imperio e incluso insultar al mismo.
Algunos orcos dudaron, no querían retroceder ante un humano, pero la presencia de aquellos que le respaldaban demostraba un gran respeto. Sin embargo eso no detuvo a uno de los orcos más grandes de la tribu. El lugarteniente de Grukthar. Se burló de las palabras del humano y respondió.
—Nosotros somos decenas, vosotros sois pocos... ¿Quién te crees, Humano, para exigir el paso a nuestro territorio, siendo escoltado por tus perros? Y tras escupir esas palabras en el idioma de los orcos, el lugarteniente dio la orden de ataque. Si bien no fue suficiente para envalentonar a todos, sí que los primeros guardias se abalanzaron contra los visitantes.
La Drow, Schezalle, con unos con unos ágiles movimientos, se deslizó por debajo de los brazos de uno de los orcos, acuchillándole sin piedad en las costillas y seguidamente en el cuello, segando su vida con facilidad mientras lo observaba con cierto desprecio. Un segundo orco que trató de atacar por la espalda a la Drow, fue detenido por el Tanarukk, Mordekul, haciendo que su huargo se abalanzara sobre él, tumbándolo y mordiendo ferozmente su cuello, mientras que el Tanarukk comenzó a cortar con agresividad excesiva al pobre orco que se volvió su objetivo, haciendo que alguna extremidad saliera volando al igual que partes de carne del orco. Otro de los orcos se acercó hacia el Tanarukk, Agaroth, siendo detenido por su poderosa magia, dejándolo paralizado, para después colocar sus manos en el orco, comenzando a absorber su energía vital hasta dejarlo totalmente seco, sin vida. El Humano, Aryan, no tuvo demasiado problemas en acabar con el primer orco que corrió hacia él con la guardia baja, pero seguidamente vino el lugarteniente de Grukthar. El humano alzó el escudo, deteniendo su avance, y fue en ese momento que una enorme espada rebanó prácticamente en dos al lugarteniente, la espada del temible Ogro Hechicero Sondakur.
—Abrid paso o seréis masacrados como la escoria que sois... El Ogro Hechicero gruñó al decir esas palabras, dejando que la sangre del lugarteniente partido en dos goteara de enorme espadón, mirando al resto de orcos mientras su paciencia comenzaba a escasear.
La demostración de fuerza del grupo fue suficiente para acobardar al resto de orcos, los cuales terminaron abriéndoles paso, decidiendo que sería el líder quien les enfrentaría. Uno de ellos presentaba una extraña deformación que le impedía mover su brazo derecho, siendo este extraño orco el que guiaría al grupo por los interiores de la cueva hasta el gran trono de huesos de Grukthar el Voraz.
Toda la tribu se había reunido, algunos armados, preparados para el combate, otros expectantes y asustados, temerosos de la fuerza de Murannheim.
Grukthar los observaba con clara soberbia mientras esperaba que hablaran. Fue nuevamente el guerrero el que avanzó y habló en un orco fluido.
—Grukthar, tu mandato termina aquí, pues yo, Aryan Cremond, he venido a reclamar tu cabeza en una demostración de fuerza, un duelo a muerte. — El guerrero alzó la espada, señalándole directamente. — Y una vez tu sangre empape mi espada y tenga tu cabeza en mi mano, Los Sangre Negra pertenecerán a Murann, guiados por mi... el futuro líder de la tribu. El guerrero dejó salir una risa floja y vaga, sin abrir los labios mientras decir eso último. Sentía una clara superioridad ante el gran orco, el cual se levantó de su trono, ofendido y furioso.
Varios de los orcos se alteraron al oír las palabras del humano, algunos incluso parecían emocionados por tal espectáculo. Rápidamente los más envalentonados fueron callados por el bajo consejo, los cuales se posicionaron a la espera de cualquiera que quisiera probar suerte con ellos.
Con el orgullo herido, Grukthar dio un salto desde su trono hasta la parte baja de los escalones que llevaban al mismo, armado de su gran doble hacha llena de decoraciones orcas.
—¡¿Enfrentarte a mi?! ¡Decoraré mi trono con tu piel, te devoraré parte por parte mientras aún sigas con vida! ¡¡Y VUESTRA SANGRE PINTARÁ NUESTRAS PAREDES!! Nada más terminar de hablar, Grukthar alzó su enorme hacha para atacar al humano.
Algunos orcos demasiado emocionados se armaron de valor como para empezar a atacar, otros vitoreaban y gritaban embriagados por la emoción del combate. Un gran combate se dio lugar en el interior de las cuevas. Aquellos fieles a Grukthar peleaban contra el Bajo Consejo, los cuales se esforzaban por repeler a las fuerzas de Grukthar en esa encarnizada batalla.
La magia de Agaroth haciendo brillar la cueva, la sangre derramándose, los gritos de guerra... Poco a poco parecía que el grupo se veía abrumado, aprovechando al gran muro que era el Ogro Hechicero para soportar a los orcos, pero pronto pudieron ver que no todos peleaban contra ellos. Hubo una minoría de estos que, cansados de la tiranía de Grukthar el Voraz, decidieron que era hora del cambio, aprovechando la oportunidad y comenzando a combatir contra aquellos que aún se mantenían fieles a él.
El duelo que tenía lugar entre Aryan y Grukthar tardó en terminar, aunque gracias a los esfuerzos del Bajo Consejo por mantener a raya a las fuerzas del Voraz el duelo no fue interrumpido. Finalmente los gritos se comenzaron a silenciar, deteniendo la batalla cuando todos vieron que en lo alto de los escalones se hallaba Aryan, con la cabeza cercenada de Grukthar agarrada por el pelo. El guerrero presentaba unas serias heridas por la enorme hacha del orco ahora muerto y parte de su casco había sido quebrado, lo que indica que no fue nada fácil y estuvo cerca de la muerte en varias ocasiones. La batalla segó muchas vidas, reduciendo considerablemente el número de orcos que quedaban con vida.
El destino de Los Sangre Negra era incierto, pero lo que estaba claro es que ahora tenían un nuevo líder, les guste o no, y eso marcaba una nueva etapa.
Offtopic :
Gracias a todos los que estuvisteis interesados, sus quiero mucho.