Supervivencia y llegada a los Barrios Bajos
En estas primeras cinco líneas temporales, se habla de sus inicios tras llegar a la capital junto a su compañero Sigmund. Juntos y reunidos en un viaje que nace cerca de Candelero y que les trae hasta la promesas de prosperidad que emanan siempre desde Athkatla y por todo Amn.
Sus primeros tiempos son poco relevantes y de mera supervivencia, pero cobrarán una intensidad importante cuando los dos chicos deciden emprender por los peligrosos y sombríos Barrios Bajos del Distrito del Puente en Athkatla. Es ahí, después de duras penas y esquivando distintos puñales de supuestos amigos y ocultos enemigos, donde se asentarán por mucho tiempo. Será el comienzo de una terrible historia en la que compartirán viaje con nombres como Martillo, Al’Rath, Reliquia, Pulga, Azzo, Dazai y por supuesto por encima de todos y de todo: Elvira Kontos Carroña. Además, se relatan lugares y sus realidades en aquellos tiempos de estos nombres mencionados.
Se describe brevemente, con mucho menos detalle y decoro de lo que merece, la creación de un nexo de tal preeminencia, que a pesar de retorcerse con el paso de los años y los acontecimientos, es posiblemente el mayor pilar en la historia completa del sacerdote.
1
Alaín llegó a Athkatla por primera vez siendo poco más que un niño y se instaló cerca de los Barrios Bajos de la capital, dentro del distrito del Puente, junto a Sigmund Stanton, quien ya en el viaje desde Candelero hasta la capital amniana, se había convertido más que en un compañero, en un hermano. Fueron tiempos difíciles para ambos, que tras muchas disputas con otros grupos o bandas de muchachos y muchachas, han de marcharse a vivir al puerto por su propia supervivencia. Tuvieron que ganarse la vida limpiando barcos y haciendo tareas, que solo las pequeñas manos de unos infantes podían realizar.
Ambos tuvieron que convivir unos años entre la peor calaña del puerto. Sufrieron duras vejaciones, maltratos e importantes humillaciones en esa época, pero para mal de muchos de los que se las impartieron, los niños sobreviven. El corazón de Alaín, como un Crisol que va forjándose muy despacio, toma la forma que le van dando los golpes que el pobre muchacho va recibiendo a esa edad en la que todo en nuestra mente, en nuestro cuerpo y nuestro espíritu, se va formando y va alcanzando su propia profundidad.
Masticando con rabia las penurias que hubieron de asumir, los dos muchachos abrazaron con fuerza la fe de la ambición. Aquella oscura esperanza, fue la única ventana por la que lograron respirar un aire libre y fresco que les permitió seguir adelante hacía sus destinos.
2
La vida en el puerto se hizo realmente complicada y dura, para dos chicos que cada noche que pasaban, era exactamente como la otra noche anterior que ya había pasado y esta, anunciaba otra noche idéntica que habría de pasar. Cada vez eran más como animales, más como herramientas y más tribulación. Algo tuvo que cambiar para ellos o estas líneas no habrían existido.
Sigmund convenció a Alaín para que se alistasen en la Guardia de Amn. Donde es cierto que se jugaban el pellejo, pero maldita sea, comían caliente todos los días. Ambos pasaron un tiempo de reclutas, aunque es verdad que sin mucha demora, lograron ser guardias con pleno derecho. Las peores situaciones que normalmente digerían los guardias en esa época, eran paseos sencillos y divertidos para quienes venían de vivir como ratas y con menos facilidades que estas mismas.
En la guardia descubrieron por fin el camino lucroso de la extorsión y el chantaje, deliciosa e inolvidable sorpresa para ambos. Se dedicaron entonces al pillaje y a robar amenazando con sanciones o arrestos a todo el que podían. En sus guardias por ciertos distritos de la capital, se les pagaba o se les pagaba, ya que nadie quería recibir una paliza de la guardia, que además te arrestarían y te acusarían de cualquier pequeño delito que se les ocurriera. En esos meses eran ellos quienes abusan de todo el que se dejaba, pero estos jóvenes atrevidos y descarados torpemente comenzaron a llamar demasiado la atención.
Un importante sargento de la guardia llamado Dazai, les reclama y acoge bajo su control antes de que sus fechorías fuesen a mayores. Este les alecciona sobre cómo manejar mejor las cosas para que puedan seguir lucrándose sin arriesgarse más de la cuenta. La mente de Alaín comienza a hilar y a enlazar nombres y relaciones, que hasta años después no podría atar de ningún modo. Dazai, sería sin duda una pieza importante en su viaje de ascensión.
3
Una encapotada y desafortunada tarde de otoño, Alaín y Sigmund volvieron a elegir mal a quienes iban a robar, esta vez en el puerto de Athkatla. Usando su posición de guardias, trataron de chantajear a una tal Elvira Kontos y a otro tipo de nombre irrelevante que viajaba con ella. La jugada obviamente les salió mal y la mujer rápidamente mentó a Dazai, lo que les hizo pensar a ambos que se les acabaría el juego, pero la mujer en cambió, les ofreció la posibilidad de buscar un trabajo más lucrativo en la Corona de Cobre.
Alaín queda marcado por la imagen de una elaborada empuñadura de madera, que presidía una de las dagas que la mujer llevaba en su cinto: tres lágrimas ambarinas sobre un triángulo púrpura. Diestro en ciertas habilidades por destino, el joven Alaín buscó y consiguió en el barrio Thayno un poderoso y exclusivo veneno, que portaría como quien lleva unas hermosas y coloridas flores a una primera cita, para cuando los dos cyricistas acudieron a la Corona de Cobre a buscar un trabajo notablemente bien pagado y recomendado por aquella mujer mencionada.
Tuvo que ocultarlo un tiempo pues no dieron con la Talonita en su primera entrada, si no con otras sombras peores en imagen y en intenciones. Pobres insensatos fueron nombres como Alondra y Hakkael, que trataron de humillar y machacar a los dos cyricistas recién llegados durante aquella época, pero que años después al igual que otros tantos, además de postrarse, fueron consumidos por las sombras y por el olvido, del que en estas líneas les rescato para volver a pisar sus vergonzosos nombres.
Los dos jóvenes indignos, consiguieron en cambio audiencia con una sombra de renombre: Azzo el Conseguidor. Este tipo les demandaría un trabajo sencillo a modo de prueba allá por Crimmor. Los cyritas cumplieron con creces y prendieron una de las laderas del río, aunque para sorpresa de todos además, lograron hacerlo escapando. Siempre pensaron que habían tratado de venderles y eliminarles más que de probarles. Porque cuando días después volvieron a buscar a Azzo a la taberna Corona de Cobre, este habría desaparecido sospechosamente. Al menos, el hecho de mentar que trabajaron para él, hizo que no les rajasen y lograron tener por fin audiencia con una tal Carroña.
En esos tiempos, Alaín y su elegido hermano Sigmund, logran ya con salmos al Uno, manejar levemente supercherías divinas. En torno a estos dos jóvenes aspirantes a ladronzuelos, empezaron a agruparse otros muchachos de su edad, que ambicionaban esas minúsculas proezas; que hicieron que fuesen especiales a sus ojos. No era común articular una oración y hacerse invisibles a simple vista la verdad.
4
Los dos guardias noveles, sin uniformes y con los rostros cubiertos desastrosamente con pobres embozos, volvieron días después a la taberna de la Corona tratando de encontrar a la Talonita llamada Carroña. En su lugar, ya que de nuevo no dieron con ella, les atendió esa vez un mediano silente y sombrío, que desconociendo el motivo en aquellos momentos, tenía el respeto absoluto de todo el que allí se encontraba. Este mediano al que conocían como Pulga, se encargó esa noche de dos cosas importantes: la primera de conseguirles el modo de dar con Carroña, y la segunda, de advertirles de que ocultaran si querían salvar sus vidas, su fe en Cyric. Fue la primera vez que descubrieron que los cyricistas estaban prácticamente prohibidos entre las sombras que dominaban la taberna y esa zona de los Barrios. Esto se grabó a fuego en la mente de Alaín y fue uno de los más severos golpes sobre el Crisol que seguía forjándose en su corazón.
Pasaron semanas en las que tuvieron que aplicarse en plenitud para seguir viviendo, pues habían llamado la atención de otros rateros y estos, no iban a dejar que los dos jóvenes desconocidos les robaran parte del pastel. Se reunieron con los muchachos que les seguían a sabiendas de sus capacidades por los rezos a Cyric, y dolorosamente les asesinaron a todos a sangre fría. No podían dejar lastre que les impidiera adentrarse entre las sombras del barrio y debían ocultar su fe y su sacerdocio. Posiblemente esta traición provocada por sus ambiciones, fue otra de las motivaciones por las que lograron seguir creciendo en el poder de sus rezos. Se quedaron solos, pero sus oraciones ahora provocaban desencadenantes terribles, así que fue un precio de bajo coste para ellos si lo revisamos bien.
Pasaron duras dekhanas hasta que regresaron cuando el mediano Pulga les propuso, para poder comenzar sin saberlo en esos momentos, el mayor y más relevante viaje de sus vidas, hacia el terrible futuro que inevitablemente les aguardaba.
5
Por fin Alaín logró personarse ante la sombra femenina que todos llamaban Carroña. Utilizó como presente el veneno que había conseguido gracias a los Thaynos, para mostrar su habilidad y su sincero respeto. Inexorablemente, a la par que de forma enigmática, se abrió en una primera y única mirada, una puerta hacia el macabro destino de ambos y sus entornos. Aunque pudo sentir como atravesaba su inexistente corazón, desconocía que había nacido un vínculo inquebrantable con esa temible mujer, a la que gravemente seguiría atado por siempre.
Es de justicia reconocer que esta atadura, sería la verdadera forja en la que tomó forma la desgraciada creación de este indeseable sacerdote.
Carroña lideraba secretamente a una cofradía de cuatreros y matones llamada la Daga Oscura. Secretamente por que el mediano llamado Pulga se pensaba que era él, pero cualquiera que respirase el aroma de su entorno, sabía que esa talonita lo gobernaba absolutamente todo.
Sigmund fue acogido y apadrinado por un secuaz de la Daga Oscura a quien llamaban Rata. Un hábil asesino que seguía la fe de la talonita y también como no, cumplía sus órdenes. Este habilidoso ladrón de vidas, fue clave en la protección de los cyricistas y en la formación de estos mismos.
Solo el poder mayor del propio Cyric fue quien decidió que Carroña asumiera ser personalmente la valedora, la protectora y la madrina de Alaín. Si los corazones oscuros, las mentes perturbadas y las almas infectas; tuvieran algún modo o forma para definir el amor entre ellos, os prometo sin lugar a dudas, que no hubo nada más poderoso ni de mayor tamaño en toda la costa de la espada, que el innombrable amor entre aquella venenosa madrina y su ahijado.
Al poco tiempo, los altivos Zhentarim de Bane visitaron los Barrios Bajos para dar caza a unos cyricistas sobre los que se rumoreaba. Carroña y su grupo les disuade y les convence sobre que los rumores son falsos. La persecución hacia los acólitos de Cyric se hace más visible desde dentro y fuera de esa zona de cofradías. Esta fue la última vez que los Zhentarim se atrevieron a cruzar los barrios bajos con el más mínimo aire de autoridad, gracias al triunfo años después del único camino verdadero.