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La vida en Amn

DolceVita

Niño sin padres ni hospicio
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12/12/11
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Llevaba ya un par de días por la zona, conociendola con algunos paseos, mientras trataba de habituarse al ritmo de vida del lugar. Sin duda, no estaba acostumbrada a tanto ajetreo, y eso la sorprendía.

"Llevo viajando 3 años y aún me cuesta adaptarme... supongo que estar de un lado a otro sin parar no ha ayudado, espero que ahora que me quedaré por aqui un tiempo, pueda habituarme..."
pensaba para si misma, viendo como los mercaderes llamaban a la gente con sus precios, y trataban de vender todo lo que pudiera.

Salió del mercado y caminó hasta las afueras de la ciudad, donde había varios grupos charlando. Todos tenían algun tipo de arma, parecía que era habitual en el sitio.

Se sentó sobre uno de los bancos, y sacó un libro, con letras orientales en su tapa. Pasó los dedos por este y lo abrió, pasando páginas con lentitud. Sus ojos vagaban por todos los nombres que veía, de sitios que había visto.

"Un largo viaje, sin duda..." pensaba mientras llegaba hasta una página en blanco, y sacaba una pluma, con la escribió algunas cosas.

Espero que mi estancia en esta ciudad sea favorable, me he cansado de vagar por ahí, sin hablar con casi nadie... No se que haré el día de mañana, pero de momento, estaré por esta zona.

Es bastante distinta a lo que estoy acostumbrada de Kara-Tur, aunque con 3 años de viaje ya, deberían no sorprenderme algunas cosas. Supongo que el haber estado sola no ayudó a adaptarme, pero bueno, no puedo lamentarme, sino mirar al frente y aprender. Si las arenas de Mulhorand no pudieron pararme, no lo hará esto.

Lo que no llevo muy bien es que se me queden mirando, a mi o a mi ropa. Se que es distinta a la que hay por aquí, pero que te miren fijamente... no me gusta.
Siguió escribiendo hasta que escuchó unas palabras, en un idioma muy conocido. Alzó la mirada y vio a un hombre, con rasgos orientales, pero no muy marcados. Dejó a un lado su libro y se incorporó, juntando las palmas e inclinandose un poco en su dirección.

No pensó que fuera a encontrar a mas gente de Kara-Tur por la zona, por lo que tenía una mezcla de sentimientos, entre alegría y algo de temor. Alegría por saber que había mas gente de su hogar, temor por un posible rechazo debido al motivo de su viaje. Pero no lo exteriorizó.

Charló unos minutos con él, el cual se presentó como Heishiro, de Kozakura. Tras esto, se fue, y Xiao se sentó de nuevo en el banco, mientras volvía a sacar su diario y escribía algo mas en él.

Bueno... espero que todo vaya bien
Tras esto, se incorporó, junto ambas mangas frente a ella, y fue a conocer un poco mas de los alrededores.

Un sitio muy diferente, sin duda.
 

Felix_SR

Sexta identidad de ladrón cofrade
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Es curioso que sea con Heishi con el primero que habló en el server :D Un abrazo y sigue así!
 

DolceVita

Niño sin padres ni hospicio
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La joven oriental se encontraba en la posada de los llanos de la Ciudad de la moneda, mientras una taza de te humeaba frente a ella, pensando en algo que había visto ese mismo día, y algunos anteriores. Era algo muy distinto, y por ello, decidió escribirlo en ese diario de viaje que llevaba desde que salió de Kara-Tur.

Sacó su libro y su pluma, mientras escribía con calma sobre las hojas. sus sentimientos fluían sobre el papel, que se iba plagando de letras orientales.

Siempre escribía en Shou, no quería olvidar su idioma natal y sabía que esa era una buena manera.

Me resulta raro, no puedo evitarlo. El trato aqui entre la gente es tan distinto a lo que he visto antes que me cuesta ver que aqui es distinto, aunque cada día aquella diferencia me rodea.

Lo noto en el ambiente, la gente aquí se trata de forma distinta. Puedo ver la educación habitual en mi tierra, pero también formas de saludarse que creo que nunca había visto.

Y me dan envidia...

Tengo una forma de saludar, y eso no lo cambio, pero esa amistad que se ve entre dos personas, quienes nada mas verse se estrechan en un abrazo o rien con ganas.... eso me da envidia.

Quiero aprender eso, quiero tener a gente con la que reir nada mas verlos, y sentir ese lazo, esa cercanía con la gente, poder charlar de lo que sea con ellos y que me hagan reír por cualquier cosa...

Tras ver su escrito, sopló con cuidado sobre la hoja, secando la tinta, y cerró el libro, pasando los dedos con cuidado por su tapa. Tras unos momento, lo guardó en su mochila y suspiró.

Tendría que dejar de lado la timidez si quería lograr lo que sus sentimientos habían dejado plasmado en el papel.

Tomó un sorbo de aquel te, mientras pensaba como podría hacerlo. No sería fácil, pero eso no era algo que ya la preocupara.
 

DolceVita

Niño sin padres ni hospicio
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La brisa marina le agitaba el pelo, mientras le rozaba la piel y miraba a la inmensidad del agua, un horizonte que no lograba dislumbrar. Su mochila se encontraba sobre la arena, a su lado, mientras la katana era sacada de su vaina.

La dejó a un lado de su cuerpo, mientras su mano agarraba el mango, con suavidad.

Y con calma absoluta, se centró, en si misma, en la energía del cuerpo, logrando una paz para empezar con su entrenamiento. Sabía que tenía una formación incompleta, pues no había podido terminarla, pero eso no le hacía sino querer mejorar mas aún, demostrar que podía lograrlo, que podía encontrar su modo de combate.

Centrada en ella y el ambiente, empezó algunos movimientos con la katana, recordando lecciones aprendidas y adaptándolas a su modo, a su forma mas cómoda de lucha.

El tiempo pasaba, mientras el cuerpo se le iba cansando del ejercicio, mas no paraba, estaba centrada en ello, hasta que viera que era suficiente.

Y paró, de un movimiento, que quedó en equilibrio. Bajó la katana de nuevo a un costado, mientras alzaba sus rasgados ojos al cielo. La luz del día había dado paso a la oscuridad de la noche, solo iluminada por la pequeña hoguera del campamento de la cala.

Viendose sola en el lugar, dada la tardía hora, se despojó de su ropa, la dejó a un lado, junto con su mochila, y se adentró en las frías aguas del mar, que le pusieron los vellos de punta.

Pero, dado el entrenamiento, ese baño le supo a gloria, y se dijo que vendría mas al lugar a entrenar.

Una sonrisa asomó por su cara, cerrandole mas aún los ojos, mientras veía como su camino se iba abriendo al aprendizaje de la katana.
 
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