Niennor
Pornorroleador en sequía
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Violeta… así la llamo su madre cuando nació… violeta como las pequeñas flores que a veces adornaban loo bosques que rodeaban la ciudad de la moneda. Aunque no todas las violetas tienen esa ventaja… algunas solo viven dentro de un tiesto con tierra insípida y agua monótona.
La mayoría de las violetas tenían tierra sabrosa… variada… que cambiaba mil veces a lo largo de un día. Sus raíces no tenían objetivos… crecían simplemente con el infinito como único impedimento. La lluvia y el viento cantaban para ellas, y las gotas traían noticias de todos los lugares que las pequeñas flores chismorreaban entre ellas agitándose poco a poco con la brisa.
Violeta no era una de esas flores… era de la otra especie.
Una especie condenada a vivir en una maceta con tierra aburrida, siempre la misma, envejeciendo una y otra vez. La lluvia no llegaba nunca a ella… simplemente, más o menos a la misma hora, un chorro de agua tan limpia y pura (que hasta el sabor y la belleza la habían arrebatado) se precipitaba sobre la tierra humedeciéndola completamente.
No había emoción… las gotas no regaban toda su figura… ni cosquilleaban sus pétalos. Siquiera caía más o menos… siempre era la misma cantidad. Era lo que los humanos podrían llamar… el “Rancho” en una prisión.
Así vivía Violeta. Su madre era incapaz de cuidarla, y solo encontró una solución. Poner a su hija como sirvienta de una familia rica y poderosa. Una de las múltiples soluciones que solían traer la felicidad a las pequeñas… mejor que abandonarla en el hospicio o hacer que sirviera como una vulgar ladrona en los Bajos… quizás algo peor.
Afortunadamente tenía contactos, no resulto difícil colocarla en una buena familia o al menos… agradable. Conocidas, limpiadoras, amas de llaves y otras sirvientas abrieron ese camino para que la desamparada pequeña tuviera algo que pudiera llamar un hogar. Al menos… en lo que a un cobijo se refiere.
En verdad… había sido arrancada del bosque y colocada en un estrecho jarrón.
El tiempo pasaba lento y cauto… a pasos cortitos para no dejar a ninguna criatura atrás. Y la pequeña Violeta llevo una vida buena. Tenía comida, techo, ropa… todo lo que podía desear una campesina. No salía de la enorme mansión nunca… era demasiado joven y se dedicaba a tareas de limpieza o enviar mensajes entre los ocupantes de la casa y el servicio. No era un trabajo demasiado duro pero… tampoco que digamos la hiciera sentirse orgullosa.
A la edad de 12 años… la pequeña empezó a hacer recados fuera de la enorme casa. Su tarea principal era la de conseguir del mercado los alimentos gracias a las buenas relaciones entre la señora y una vendedora. La comida llegaba al gusto de la noble, sabia que aun mandando a una niña su amiga siempre la trataría con mimo para evitar perder tan importante fuente de ingresos.
Violeta solo tenia que llevar un pergamino con una lista… entregarlo… y recoger los bultos para devolverles a casa. Simple… aburrido pero simple. El resto de las sirvientas ya eran demasiado viejas… y las jóvenes la mangoneaban con facilidad. La pobre niña solo podía hacer una cosa… agachar la cabeza y obedecer.
Un día… curioseando la lista y sus ingredientes se dio cuenta de algo. En la parte de abajo del pergamino parecía que estaba escrita la palabra “Setas” y se la ocurrió una idea.
Rompió el pergamino en dos… uno grande con toda la lista… y otro mas pequeño con la palabra “Setas” que rápidamente hizo desaparecer en mil pedazos.
El plan era perfecto… compraría todo y recogería las setas del bosque… eran muy parecidas y eso la permitiría quedarse quizás con algunas monedas. Con esas monedas podría comprar algo, algo que la gustara… algo bonito quizás incluso un vestido!
Rápidamente compro todo lo necesario y se interno en el bosque… ajena a todos los males que lo recorrían. Paso bastante tiempo buscando, cuando al fin, en un claro, encontró un circulo de rojas setas moteadas de buen tamaño que crecían formando un circulo
Sin pensarlo dos veces… la joven empezó a recogerlas y colocándolas en la misma cesta. No tardo mucho en escuchar un carraspeo que venia de su espalda.
- hum… espero que no sean para comer pequeña… no te sentaran bien.
Se giro y vio a una elfa de extraños ropajes, una túnica de verdes hierbas trenzadas, un retorcido bastón lleno de runas extrañísimas que brillaban como pequeñísimos y delicados soles. Parecía ir descalza… moviendo los deditos en contacto con la hierba mientras en su regazo había un buen montón de planchas pequeñas de madera… como si fueran casi de papel.
La druida la miraba con unos ojos negros casi carentes de vida… salvo por un pequeño brillo en el fondo de los mismos, una sonrisa sincera con los ojos entrecerrados en una jovial e infantil mueca, y el extraño pelo cubierto de flores de miles de colores entre las que volaba una pequeña mariposa.
Parecía una de esas criaturas del bosque… aunque a simple vista solo pareciera una insignificante elfa… en el fondo de sus ojos había algo que la daba miedo. Como un precipicio… un enorme secreto… o quizás… un peligro
- y bien?... son para comer?- pregunto la elfa
- oh… si señora… son para comer – respondió rápidamente Violeta
- hum… si las cocinas bien te dolerá mucho el estomago… y si la cocinas mal seguramente acabarías muerta – confeso la elfa mientras seguía grabando extraños dibujos en las planchas de madera.
- venenosas?
- así es – soplo la elfa para eliminar algunas virutas
- oh… no… y que hago ahora?
- te aconsejo buscar algunas mas pequeñas y de un color gris piedra… es difícil que sean venenosas
- huh… y como lo sabes tu?
- bueno… cuando vives aquí aprendes un par de trucos para mantenerte a salvo no crees?
La elfa sonrió a la pequeña de manera maternal mientras seguia su tarea. Violeta no pudo evitar la curiosidad y se acerco a la mujer para mirar lo que hacia
- y… que haces?
- yo?... fabrico unas cartas
- Unas cartas? Para jugar?
La elfa negó con la cabeza lentamente
- Para que me digan cosas
- eres una adivina?
- digamos que… se adivinar cosas… pero no soy una adivina
- si adivinas cosas tienes que ser una adivina no?
- supongo que… de la misma forma que si tu sabes nadar tienes que ser una trucha – dice la elfa riéndose divertida
La joven no parecía contenta con el apodo… ella no era una vulgar trucha…
- hum! Entonces… como funciona esto? – pregunto con curiosidad
- es fácil… hay varios métodos… pero solo se dos maneras de interpretarlas de momento
- si?... que dos maneras?
- aun solo uso las cartas mas poderosas… que son estas – la elfa muestra unas cartas… unas pocas… menos de la mitad
- huh? Esas son las mas poderosas?
- así es… son 22 cartas que representan a los dioses, las videntes los llaman… Arcanos Mayores. Yo les llamo Runas Mayores
- y las demás?
- Los Arcanos menores o runas menores… representan árboles y plantas poderosas… hay 4 copias de cada una
- cuatro copias?
- claro… ya que los árboles cambian en cada una de las estaciones… no son iguales en todas ellas verdad?
- hum… puede ser…
La elfa rió alegremente y continuo con su tarea
Primeramente tomo las cartas barajándolas bien… colocándolas en el medio de una tela de seda limpia y suave. En un lado… dejo un montoncito de piedras, en otro encendió un pequeño palo de incienso, también encendió una vela y coloco un pequeño cuenco con agua que pareció brotar de sus manos
Luego cerró los ojos fuertemente mientras se concentraba
La niña observo el mecanismo de la druida… miro la baraja… el cuenco… las piedras… la vela… y el incienso. Al cabo de un rato volvió a mirar la baraja con fijación, y en un reflejo paso de nuevo la mirada por todos los elementos que la rodeaban.
El cuenco de agua estaba vació…
La vela apagada…
El incienso no arrojaba ni humo ni aroma…
Y las piedras se habían convertido en polvo que el viento arrastraba
La muchacha miro a la elfa algo asustada
- bien – hablo la elfa de pronto – ahora esta es mi baraja
- que hiciste?
- sencillo… la hice mía… ahora solo me obedecerá a mi y me mostrara lo que la pida
. y que vas a preguntarla?
- yo? – se señalo la elfa – nada
- nada? – replicó sorprendida la niña – entonces? Para que la quieres?
La elfa tomo aire e hizo un gesto a la niña para que se acercara
- No puedo preguntarles nada… porque ellas reciben su poder de mi misma, si usaran ese poder para ayudarme… no tendrían efecto. Además… podrían llegar a corromperse… y son difíciles de purificar.
- Corromperse?
- claro… las cartas necesitan algo de ti… parte de ti para funcionar… una intención, algo de fe en ellas, cualquier cosa… pero es algo que no devuelven completamente… digamos que esas sensaciones dejan… restos
- y esos restos son malos?
- no tiene porque… simplemente son… engorrosos… si las cartas se llenan de esos sobrantes… dejarían de funcionar pues lo que llegara a ellas de nuevo se mezclaría y darían predicciones poco fiables
- y como se purifican?
A elfa rió con fuerza y revolvió el pelo de Violeta
- El bosque pequeña… el bosque se encarga de eso – la aclaro la extraña elfa – el bosque se encarga de limpiarnos a todos, tomando todo lo que nos sobra y cambiándolo
La niña asintió y sonrió animada. No conocía a esta mujer… pero el mero tacto o escuchar su risa era agradable y reconfortante, observaba a la mujer trabajar, crear las extrañas cartas o decorarlas con trazos. Estuvo muchas horas junto a la druida… hasta que se decidió a preguntarla.
- dejarías que las Runas me dijeran mi futuro? – pregunto algo dubitativa
- hum… eso depende – la druida parecía meditar
- de que?
- tienes algo con lo que pagarme?
Pagarla… no se había dado cuenta… una persona siempre esperaba dinero para realizar su trabajo, no supuso que ella fuera distinta. Pero no tenia nada, unas pocas monedas que no la pertenecían. ¿Qué haría ella?
- No puedo pagarla señora… - agacho la cabeza y se levanto – lo siento… no tengo nada
- Huh?... que raro… yo veo que tienes muchas cosas – la elfa entrecerró los ojos mirando a la niña
- bueno… solo soy una sirvienta de buena familia… pero temo no recibir nada a cambio de mis servicios
La niña se levanto y la druida la siguió con una mirada severa mientras tomaba un pequeño número de cartas barajándolas. Violeta marchaba… pero a los pocos pasos se dio cuenta de algo. Se dio la vuelta y miro a la joven elfa de nuevo.
- y bueno… me llamo Violeta… fue un placer conocerla - inclino la cabeza y sonrió algo mas feliz
- el placer fue mió… yo soy Niennor – hizo el mismo gesto con la cabeza
- Niennor?... Niennor de los Paramos?... la druida? – la niña parecía sorprendida
- así es… uno de mis nombres
- oh… vaya… nunca vi ningún druida y menos… bueno…
- y menos?
- bueno… dicen que es mas vieja que el mismo bosque.
La druida arqueo las cejas sorprendida ante… el comentario.
- hum… supongo que en parte tienen razón
- oh… vaya… pues parece muy joven
La elfa empezó a reír con suavidad y palmeo en el suelo
- no hace falta que me halagues para que te lea el porvenir pequeña… ya me has pagado
- que te he… pagado?
La elfa asintió
- así es… me pagaste con algo que era tuyo, solo tuyo… algo que te otorgaron para ti… solo para ti – la elfa sonrió mientras observaba a la muchacha sentarse de nuevo – algo que conozco que guardo y que respeto.
La niña asintió y se sentó rápidamente dando palmadas ilusionada. No tenia ni idea de lo que la Druida la contaba… pero iba a ver la magia de las cartas y realmente la intrigaban.
- bien… veamos… que deseas que haga?
- pues… leerme el porvenir
- el porvenir es muy amplio… y mi poder con estas cartas no… deberás elegir
- entre que?
- “Los Deseos Cumplidos” tomaremos una Runa mayor coherente con uno de tus deseos y la cargaremos con tu energía… después veremos cuanto tiempo tardara en ocurrir ese deseo, si ocurre… claro.
La niña empezó a pensar
- o “El Geis del Guerrero” se dice que las cartas pueden decir que eras en la otra vida… que serás en la siguiente… y que estas destinada a ser en esta.
- “Los deseos cumplidos”! eso quiero!
La elfa asintió
- y cual es tu deseo?
- volver a vivir con madre…
- hum…. Bien… entonces “Belenos” será la Runa que utilizaremos.
La elfa tomo una carta y cerro los ojos, la runa en ella brilla un instante para después apagarse. Con rapidez la hunde entre las demás cartas y las barajea. Después las extiende sobre el paño y las revuelve… haciendo girar las cartas de manera caótica en sentido del sol la luz solar.
- pequeña… es tu turno… tendrás que ir cogiendo runas hasta que encuentres la tuya… - la explico la elfa – de una en una… con la mano izquierda. La mano más cercana al corazón, la mas pura e intensa.
La niña asintió y comenzó a buscar… las runas eran bonitas y estaban decoradas cuidadosamente. Tomo una, dos, tres… cinco… ocho… doce…
Tardaba demasiado… la carta parecía no salir… cuando a la quinceava tomo una carta que la dio una pequeñísima descarga. Era esa! Sabia que era esa! Rápidamente se la enseño a la druida que cambio su semblante a uno triste y negó levemente
- que ocurre?
- No… tu deseo no se cumplirá de momento
- Pero… pero…
- es muy probable… que no vuelvas a vivir con tu madre permanentemente… quizás una temporada… quizás. Pero no estés tan segura
La niña… perdió de pronto la ilusión… se levanto pesadamente y empezó a marcharse
- Gracias por todo… Niennor… - se despidió con la manita y se fue
- Cuídate Violeta
La niña marcho y la druida quedo en el claro mirando la carta con ceño fruncido.
- Las cartas hablan… las cartas cuentan… las cartas dicen… las cartas relatan – suspiro profundamente – pero las cartas no obligan, no impiden, no aseguran… siquiera tienen porque tener razón.
La druida se levanto tomando las extrañas cartas y colocándolas en su cinto cuidadosamente en un pequeño bolsito en el. Después volvió a mirar por donde la pequeña se marcho.
- De ti depende… Violeta… ahora de ti depende.
Luego marcho perdiéndose y desapareciendo en el bosque.
La mayoría de las violetas tenían tierra sabrosa… variada… que cambiaba mil veces a lo largo de un día. Sus raíces no tenían objetivos… crecían simplemente con el infinito como único impedimento. La lluvia y el viento cantaban para ellas, y las gotas traían noticias de todos los lugares que las pequeñas flores chismorreaban entre ellas agitándose poco a poco con la brisa.
Violeta no era una de esas flores… era de la otra especie.
Una especie condenada a vivir en una maceta con tierra aburrida, siempre la misma, envejeciendo una y otra vez. La lluvia no llegaba nunca a ella… simplemente, más o menos a la misma hora, un chorro de agua tan limpia y pura (que hasta el sabor y la belleza la habían arrebatado) se precipitaba sobre la tierra humedeciéndola completamente.
No había emoción… las gotas no regaban toda su figura… ni cosquilleaban sus pétalos. Siquiera caía más o menos… siempre era la misma cantidad. Era lo que los humanos podrían llamar… el “Rancho” en una prisión.
Así vivía Violeta. Su madre era incapaz de cuidarla, y solo encontró una solución. Poner a su hija como sirvienta de una familia rica y poderosa. Una de las múltiples soluciones que solían traer la felicidad a las pequeñas… mejor que abandonarla en el hospicio o hacer que sirviera como una vulgar ladrona en los Bajos… quizás algo peor.
Afortunadamente tenía contactos, no resulto difícil colocarla en una buena familia o al menos… agradable. Conocidas, limpiadoras, amas de llaves y otras sirvientas abrieron ese camino para que la desamparada pequeña tuviera algo que pudiera llamar un hogar. Al menos… en lo que a un cobijo se refiere.
En verdad… había sido arrancada del bosque y colocada en un estrecho jarrón.
El tiempo pasaba lento y cauto… a pasos cortitos para no dejar a ninguna criatura atrás. Y la pequeña Violeta llevo una vida buena. Tenía comida, techo, ropa… todo lo que podía desear una campesina. No salía de la enorme mansión nunca… era demasiado joven y se dedicaba a tareas de limpieza o enviar mensajes entre los ocupantes de la casa y el servicio. No era un trabajo demasiado duro pero… tampoco que digamos la hiciera sentirse orgullosa.
A la edad de 12 años… la pequeña empezó a hacer recados fuera de la enorme casa. Su tarea principal era la de conseguir del mercado los alimentos gracias a las buenas relaciones entre la señora y una vendedora. La comida llegaba al gusto de la noble, sabia que aun mandando a una niña su amiga siempre la trataría con mimo para evitar perder tan importante fuente de ingresos.
Violeta solo tenia que llevar un pergamino con una lista… entregarlo… y recoger los bultos para devolverles a casa. Simple… aburrido pero simple. El resto de las sirvientas ya eran demasiado viejas… y las jóvenes la mangoneaban con facilidad. La pobre niña solo podía hacer una cosa… agachar la cabeza y obedecer.
Un día… curioseando la lista y sus ingredientes se dio cuenta de algo. En la parte de abajo del pergamino parecía que estaba escrita la palabra “Setas” y se la ocurrió una idea.
Rompió el pergamino en dos… uno grande con toda la lista… y otro mas pequeño con la palabra “Setas” que rápidamente hizo desaparecer en mil pedazos.
El plan era perfecto… compraría todo y recogería las setas del bosque… eran muy parecidas y eso la permitiría quedarse quizás con algunas monedas. Con esas monedas podría comprar algo, algo que la gustara… algo bonito quizás incluso un vestido!
Rápidamente compro todo lo necesario y se interno en el bosque… ajena a todos los males que lo recorrían. Paso bastante tiempo buscando, cuando al fin, en un claro, encontró un circulo de rojas setas moteadas de buen tamaño que crecían formando un circulo
Sin pensarlo dos veces… la joven empezó a recogerlas y colocándolas en la misma cesta. No tardo mucho en escuchar un carraspeo que venia de su espalda.
- hum… espero que no sean para comer pequeña… no te sentaran bien.
Se giro y vio a una elfa de extraños ropajes, una túnica de verdes hierbas trenzadas, un retorcido bastón lleno de runas extrañísimas que brillaban como pequeñísimos y delicados soles. Parecía ir descalza… moviendo los deditos en contacto con la hierba mientras en su regazo había un buen montón de planchas pequeñas de madera… como si fueran casi de papel.
La druida la miraba con unos ojos negros casi carentes de vida… salvo por un pequeño brillo en el fondo de los mismos, una sonrisa sincera con los ojos entrecerrados en una jovial e infantil mueca, y el extraño pelo cubierto de flores de miles de colores entre las que volaba una pequeña mariposa.
Parecía una de esas criaturas del bosque… aunque a simple vista solo pareciera una insignificante elfa… en el fondo de sus ojos había algo que la daba miedo. Como un precipicio… un enorme secreto… o quizás… un peligro
- y bien?... son para comer?- pregunto la elfa
- oh… si señora… son para comer – respondió rápidamente Violeta
- hum… si las cocinas bien te dolerá mucho el estomago… y si la cocinas mal seguramente acabarías muerta – confeso la elfa mientras seguía grabando extraños dibujos en las planchas de madera.
- venenosas?
- así es – soplo la elfa para eliminar algunas virutas
- oh… no… y que hago ahora?
- te aconsejo buscar algunas mas pequeñas y de un color gris piedra… es difícil que sean venenosas
- huh… y como lo sabes tu?
- bueno… cuando vives aquí aprendes un par de trucos para mantenerte a salvo no crees?
La elfa sonrió a la pequeña de manera maternal mientras seguia su tarea. Violeta no pudo evitar la curiosidad y se acerco a la mujer para mirar lo que hacia
- y… que haces?
- yo?... fabrico unas cartas
- Unas cartas? Para jugar?
La elfa negó con la cabeza lentamente
- Para que me digan cosas
- eres una adivina?
- digamos que… se adivinar cosas… pero no soy una adivina
- si adivinas cosas tienes que ser una adivina no?
- supongo que… de la misma forma que si tu sabes nadar tienes que ser una trucha – dice la elfa riéndose divertida
La joven no parecía contenta con el apodo… ella no era una vulgar trucha…
- hum! Entonces… como funciona esto? – pregunto con curiosidad
- es fácil… hay varios métodos… pero solo se dos maneras de interpretarlas de momento
- si?... que dos maneras?
- aun solo uso las cartas mas poderosas… que son estas – la elfa muestra unas cartas… unas pocas… menos de la mitad
- huh? Esas son las mas poderosas?
- así es… son 22 cartas que representan a los dioses, las videntes los llaman… Arcanos Mayores. Yo les llamo Runas Mayores
- y las demás?
- Los Arcanos menores o runas menores… representan árboles y plantas poderosas… hay 4 copias de cada una
- cuatro copias?
- claro… ya que los árboles cambian en cada una de las estaciones… no son iguales en todas ellas verdad?
- hum… puede ser…
La elfa rió alegremente y continuo con su tarea
Primeramente tomo las cartas barajándolas bien… colocándolas en el medio de una tela de seda limpia y suave. En un lado… dejo un montoncito de piedras, en otro encendió un pequeño palo de incienso, también encendió una vela y coloco un pequeño cuenco con agua que pareció brotar de sus manos
Luego cerró los ojos fuertemente mientras se concentraba
La niña observo el mecanismo de la druida… miro la baraja… el cuenco… las piedras… la vela… y el incienso. Al cabo de un rato volvió a mirar la baraja con fijación, y en un reflejo paso de nuevo la mirada por todos los elementos que la rodeaban.
El cuenco de agua estaba vació…
La vela apagada…
El incienso no arrojaba ni humo ni aroma…
Y las piedras se habían convertido en polvo que el viento arrastraba
La muchacha miro a la elfa algo asustada
- bien – hablo la elfa de pronto – ahora esta es mi baraja
- que hiciste?
- sencillo… la hice mía… ahora solo me obedecerá a mi y me mostrara lo que la pida
. y que vas a preguntarla?
- yo? – se señalo la elfa – nada
- nada? – replicó sorprendida la niña – entonces? Para que la quieres?
La elfa tomo aire e hizo un gesto a la niña para que se acercara
- No puedo preguntarles nada… porque ellas reciben su poder de mi misma, si usaran ese poder para ayudarme… no tendrían efecto. Además… podrían llegar a corromperse… y son difíciles de purificar.
- Corromperse?
- claro… las cartas necesitan algo de ti… parte de ti para funcionar… una intención, algo de fe en ellas, cualquier cosa… pero es algo que no devuelven completamente… digamos que esas sensaciones dejan… restos
- y esos restos son malos?
- no tiene porque… simplemente son… engorrosos… si las cartas se llenan de esos sobrantes… dejarían de funcionar pues lo que llegara a ellas de nuevo se mezclaría y darían predicciones poco fiables
- y como se purifican?
A elfa rió con fuerza y revolvió el pelo de Violeta
- El bosque pequeña… el bosque se encarga de eso – la aclaro la extraña elfa – el bosque se encarga de limpiarnos a todos, tomando todo lo que nos sobra y cambiándolo
La niña asintió y sonrió animada. No conocía a esta mujer… pero el mero tacto o escuchar su risa era agradable y reconfortante, observaba a la mujer trabajar, crear las extrañas cartas o decorarlas con trazos. Estuvo muchas horas junto a la druida… hasta que se decidió a preguntarla.
- dejarías que las Runas me dijeran mi futuro? – pregunto algo dubitativa
- hum… eso depende – la druida parecía meditar
- de que?
- tienes algo con lo que pagarme?
Pagarla… no se había dado cuenta… una persona siempre esperaba dinero para realizar su trabajo, no supuso que ella fuera distinta. Pero no tenia nada, unas pocas monedas que no la pertenecían. ¿Qué haría ella?
- No puedo pagarla señora… - agacho la cabeza y se levanto – lo siento… no tengo nada
- Huh?... que raro… yo veo que tienes muchas cosas – la elfa entrecerró los ojos mirando a la niña
- bueno… solo soy una sirvienta de buena familia… pero temo no recibir nada a cambio de mis servicios
La niña se levanto y la druida la siguió con una mirada severa mientras tomaba un pequeño número de cartas barajándolas. Violeta marchaba… pero a los pocos pasos se dio cuenta de algo. Se dio la vuelta y miro a la joven elfa de nuevo.
- y bueno… me llamo Violeta… fue un placer conocerla - inclino la cabeza y sonrió algo mas feliz
- el placer fue mió… yo soy Niennor – hizo el mismo gesto con la cabeza
- Niennor?... Niennor de los Paramos?... la druida? – la niña parecía sorprendida
- así es… uno de mis nombres
- oh… vaya… nunca vi ningún druida y menos… bueno…
- y menos?
- bueno… dicen que es mas vieja que el mismo bosque.
La druida arqueo las cejas sorprendida ante… el comentario.
- hum… supongo que en parte tienen razón
- oh… vaya… pues parece muy joven
La elfa empezó a reír con suavidad y palmeo en el suelo
- no hace falta que me halagues para que te lea el porvenir pequeña… ya me has pagado
- que te he… pagado?
La elfa asintió
- así es… me pagaste con algo que era tuyo, solo tuyo… algo que te otorgaron para ti… solo para ti – la elfa sonrió mientras observaba a la muchacha sentarse de nuevo – algo que conozco que guardo y que respeto.
La niña asintió y se sentó rápidamente dando palmadas ilusionada. No tenia ni idea de lo que la Druida la contaba… pero iba a ver la magia de las cartas y realmente la intrigaban.
- bien… veamos… que deseas que haga?
- pues… leerme el porvenir
- el porvenir es muy amplio… y mi poder con estas cartas no… deberás elegir
- entre que?
- “Los Deseos Cumplidos” tomaremos una Runa mayor coherente con uno de tus deseos y la cargaremos con tu energía… después veremos cuanto tiempo tardara en ocurrir ese deseo, si ocurre… claro.
La niña empezó a pensar
- o “El Geis del Guerrero” se dice que las cartas pueden decir que eras en la otra vida… que serás en la siguiente… y que estas destinada a ser en esta.
- “Los deseos cumplidos”! eso quiero!
La elfa asintió
- y cual es tu deseo?
- volver a vivir con madre…
- hum…. Bien… entonces “Belenos” será la Runa que utilizaremos.
La elfa tomo una carta y cerro los ojos, la runa en ella brilla un instante para después apagarse. Con rapidez la hunde entre las demás cartas y las barajea. Después las extiende sobre el paño y las revuelve… haciendo girar las cartas de manera caótica en sentido del sol la luz solar.
- pequeña… es tu turno… tendrás que ir cogiendo runas hasta que encuentres la tuya… - la explico la elfa – de una en una… con la mano izquierda. La mano más cercana al corazón, la mas pura e intensa.
La niña asintió y comenzó a buscar… las runas eran bonitas y estaban decoradas cuidadosamente. Tomo una, dos, tres… cinco… ocho… doce…
Tardaba demasiado… la carta parecía no salir… cuando a la quinceava tomo una carta que la dio una pequeñísima descarga. Era esa! Sabia que era esa! Rápidamente se la enseño a la druida que cambio su semblante a uno triste y negó levemente
- que ocurre?
- No… tu deseo no se cumplirá de momento
- Pero… pero…
- es muy probable… que no vuelvas a vivir con tu madre permanentemente… quizás una temporada… quizás. Pero no estés tan segura
La niña… perdió de pronto la ilusión… se levanto pesadamente y empezó a marcharse
- Gracias por todo… Niennor… - se despidió con la manita y se fue
- Cuídate Violeta
La niña marcho y la druida quedo en el claro mirando la carta con ceño fruncido.
- Las cartas hablan… las cartas cuentan… las cartas dicen… las cartas relatan – suspiro profundamente – pero las cartas no obligan, no impiden, no aseguran… siquiera tienen porque tener razón.
La druida se levanto tomando las extrañas cartas y colocándolas en su cinto cuidadosamente en un pequeño bolsito en el. Después volvió a mirar por donde la pequeña se marcho.
- De ti depende… Violeta… ahora de ti depende.
Luego marcho perdiéndose y desapareciendo en el bosque.