"Usted"
Orco del Desolado
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“Algunos predican la justicia como si fuera una antorcha que ilumina el camino. Yo la conocí como una cadena.”
I. Un Dogma Corrompido.
Hablan de justicia como si fuese una virtud limpia. Como si bastara con seguir un código, repetir unas palabras, levantar el acero sólo cuando el enemigo no tiene rostro. Dicen que es noble, que redime. Que enseña. Que salva.
Mentiras. Todas ellas.
La justicia real no reluce. No se viste de oro ni lleva nombres de santos. No espera el arrepentimiento de quien ya eligió su camino. No da segundas oportunidades a manos que sólo saben apuñalar.
La justicia, la verdadera, es sucia. Es amarga. Y a veces, huele a carne quemada y hierro oxidado.
Yo vi lo que hacen los que hablan de misericordia. Cómo dudan. Cómo permiten que el veneno crezca mientras debaten si puede volverse miel. Yo vi a los inocentes morir por el juicio lento de quienes creen que el perdón es más importante que la protección.
Y así, fui dejando atrás esa justicia que se arrodilla, que suplica al verdugo que cambie.
La abandoné, no por odio. Sino por claridad.
Ahora camino con la espada desenvainada y la sentencia ya dictada. No necesito pruebas cuando la sangre aún está fresca en sus manos. No necesito confesiones de quienes no conocen la culpa. No llevo balanza. Solo el filo.
Mi justicia no busca corregir. Busca prevenir. Extirpar. Sellar.
Y si para ello debo parecer monstruo ante los ojos de otros, entonces que así sea. Hay más verdad en el silencio de los huesos que en las promesas de los templos.
Yo la llamo Justicia Oxidada.
Porque fue forjada hace mucho. Porque carga el desgaste de todas las veces que la misericordia fracasó. Porque ya no se pule, no se muestra. Solo actúa.
Lenta, inexorable, incorruptible.
Muchos la temen. Otros la llaman crueldad.
Yo la llamo necesidad.