*Any recostada en un arbol saca un papel y carboncillo dispuesta a escribir a su maestro*
Querido Maestro:
Ya llevo unos meses por Amn, donde me has enviado para continuar con mi aprendizaje, ¿y sabes a quien me he encontrado? A Yol, aquel joven que ayudamos por los bosques de Bosque Alto ¿recuerdas?
Ahora es todo un hombre y hasta le han salido escamas por el cuerpo, dice que es un pequeño dragoncito, pero aún es aquel batidor que de vez en cuando se perdía detrás de un árbol, aunque ahora parece que se pierde menos y ayuda a otros a no perderse por los caminos.
El y yo ahora estamos en un pequeño círculo que protege el equilibrio y cuidamos que este no sea perturbado, un grupo variopinto de criaturas que luchamos por algo en común.
También e entablado amistad con los maeses de las nieves, una ciudad fortificada en lo alto de unos caminos nevados, un lugar apacible y tranquilo donde he conocido a Dainn Negrasima, manodezh de la guardia de Kazad, y aunque va de duro, es un maese en el que confiar.
Me he convertido en la guardiana de las nieves, cuidado y custodiando el equilibrio de la zona que les rodea.
Aunque me he acostumbrado al frío a veces me gusta bajar a las ciudades a comprobar su estado y su crecimiento, así como bosques cercanos.
Espero maestro que os pueda llevar más buenas noticias de la zona y mis aprendizajes
*Any se recostó junto a unas rocas mientras esperaba a la noche para poder recolectar sus valiosos cactus*
Querido Maestro:
Hoy vengo a contarte algo que nos ha ocurrido hace poco a Dainn y a mi.
Supimos de un grupo que alteraba el camino de la carretera que cruza las montañas nevadas y decidimos investigar por zona, tras unos días dimos con un pequeño grupo de humanos vestidos de negro y tapados, algo incoherente si pretendían camuflarse en la nieve.
Hablaban sobre los asaltos que hacían y que querían provocar inestabilidad en una de las ciudades cercanas, Nashkel, comentando que si ponían un alcalde nuevo quizás ellos ganarían más, aunque no llegué a entender.
Unos pocos fuimos a hablar con el alcalde, tuvimos muchas reuniones, tediosas e de decir, a veces no parecían ponerse de acuerdo, pero al final cooperaron para un bien mayor.
Poco podía ayudarles, pues mis dones no estaban echos para lo que se debía hacer, pero me ofrecí a vigilar las zonas.
Tras ponerse todos de acuerdo unas caravanas como cebo consiguieron atrapar a aquellos que las asaltaban, yo sobrevolaba las caravanas para ayudar desde las alturas, pero maestro, poco pude aportar aquella vez.
Espero que estos sean casos aislados de la zona, pero parece que hay problemas que solventar por la zona.
*Any sacó un pequeño papel y carboncillo, dejando su bastón a un lado y acurrucándose en la rama de unos arboles altos, se dispuso a escribir una carta*
Querido Maestro:
Hace unos días, ayudé a Kazad a recuperar un reino que perdieron hace mucho.
Comentan los enanos, que hace muchos años, un antiguo reino enano en la zona de Shanatar ocupaba desde el norte de Amn hasta más allá de Calimsham, ¿grande no? Pues me contaba Dainn que ese reino pertenecía antiguos enanos que vivían en las cuevas subterraneas.
Conocí a una de ellas llamada Erika que dice que es la princesa del reino de Xothaerim, legitima heredera.
Dainn hace mucho me contó que quería recuperar ese reino para sus hermanos, con la ayuda de Erika, parece que la recuperación se puso en marcha.
Los enanos tienen un ímpetu increíble con sus raíces, hasta el punto que parece que algunos se olvidan de cuanto es el peligro que puede conllevar a los que le siguen, como nos pasó a la hora de intentar recuperar la zona.
Muy abajo de las cuevas, laberintos y criaturas de la oscuridad que nos íbamos encontrando por el camino.
Pasamos varias semanas de viaje, encontrando una antigua villa llamada Thar Kuldir, parecía desolada y quemada por la lava y el fuego que emanaba la tierra, llena de aguijoneadores que nos entorpecían el paso.
Tras pasar algunos días, agotados, con mucho calor, volvimos a la superficie en busca de ayuda.
Erika y Dainn llamaron a su ejercito para recuperar el reino, con ello volvimos a bajar, en varios grupos separados para abarcar más zonas.
Nuestro grupo consiguió liberar la villa de Thar Kuldir, no sin tener muchas bajas en los grupos que fueron a ayudar.
Mis sentidos con los maeses por aquellos que perdieron, pero la muerte no es otro estado más que proclama el equilibrio, pues todos llegaremos a ello y nuestro camino será el que nos defina.
*Any se recuesta junto a Dainn tras el largo viaje de fuego y hielo, descansando ambos, ella se propuso escribir la carta a su maestro*
Querido Maestro:
Quiero contarte lo que me ha pasado estos días en mis aprendizajes por Amn.
Yol y Dainn uno buen amigo y mi compañero de vida, quisieron escuchar mi historia sobre un bastón de hielo blanco que decían que ayudó a mujer a ser sobrevivir después de ser sepultada por un alud en las nieves.
Cuenta el cuento que la mujer ayudaba a los viajeros a atravesar las montañas hiciese el tiempo que hiciese, ya hubieran tormentas, nevadas o hiciera un buen día. Un día de tormenta, como de costumbre la mujer ayudaba a unos caminantes a atravesar las montañas de nieve, pero ese día la suerte le falló y un alud la sepulto bajo la nieve mientras los caminantes pudieron huir.
La mujer rezó y rezó hasta que de un haz de luz un bastón blanco como la nieve apareció y tirando de ella salió del alud.
No se sabe que ocurrió después, mi maestro nunca me cuenta el final de la historia.
Pero se me ocurrió investigar ¿Y si existía de verdad? ¿Y si no es un cuento y quizá algo así pudiera estar en nuestro mundo?
Así nos pusimos en camino primero al templo de Auril, quizás alguien así sabría si ese bastón existe, aunque ella nos contó una historia diferente:
Ella nos contó que ese bastón le apareció a un sacerdote de Auril después de que este le implorara ayuda para sobrevivir a unos gigantes de hielo que le atacaban.
Con este pequeño dato a Yol se le ocurrió ir a hablar con el gigante de hielo de las forjas, viaje muy largo e de decir, pero pudimos hacerlo sin problemas, una vez llegamos a la forja de las nieves este nos contó una versión diferente de estos cuentos.
Doimal, que así se llama el gigante de las forjas nos contó que ese bastón fue forjado por su padre para dárselo a su hermano Enver, ese bastón tenía de nombre Roblefrío, el cual iba a ser un regalo para Eyota, hermano de Doimal.
Un gigante traidor les robó a Roblefrío y se lo llevo a los montes de Kossut, un volcán situado cerca de una de las ciudades de Amn
¿Te lo puedes creer maestro? ¿Un bastón con un poder inconmensurable en un lugar lleno de fuego? Eso podría perturbar el equilibrio, sin contar que era una reliquia robada a un guardian.
Dicho esto, un grupo de guardianes del equilibrio quisieron gustosos ayudar a recuperar la reliquia, este grupo se ha convertido en mi familia, Loreliel, una loba salvaje y peligrosa; Yol, un dragoncito volador, Dainn un enano guardian de sus costumbres, Lux y sus discípulos Ripacurtia grandes guardianes, Selise una sacerdotisa de Selune que nos salvó la vida, Ecthelion un soldado de luz que nos protegia a todos, Phay, una gran exploradora pero algo tímida, todos ellos y yo como guardiana de las nieves, sin pensarlo fuimos al volcán denominado por Kossut, su santuario.
Aquel lugar escondía terror, calor, apenas respirábamos, pero tras unas subidas de escaleras pronunciadas, batallas con elementales de fuego que protegían su lugar, llegamos a lo alto de la montaña donde una puerta emanaba vapor y sin más, entramos por miedo a que rocas ardientes cayeran sobre nuestras cabezas.
Y allí estaba el bastón, custodiado por elementales de hielo y guardianes de Roblefrio.
El traidor sentado en un trono con aquel bastón tan imponente partido en dos, su poder se desató y Dantfire, el traidor, no supo controlarlo, el equilibrio se había roto, había que restaurarlo.
Cogiendo los trozos de bastón el equilibrio parecía retornar a su forma, donde antes había hielo, el fuego volvía a su hogar, lo que hizo que todos tuviéramos que salir corriendo, posible gracias a Selise y Lux que nos llevaron sanos y salvos fuera del volcán.
Unos pocos volvimos a la forja de las nieves, donde Doimal nos esperaba, observando como habíamos podido conseguir el bastón, y devolverlo donde debía estar, con su familia.
¿Has visto maestro? Pudimos hacerlo, los compañeros unidos pudimos devolver el equilibrio robado y Silvanus de nuestro lado nos ayudó a superar el calor de los templos del fuego.
Hubiese querido haberte escrito antes, pero sucesos actuales hacen que me mantenga ocupada.
A veces no se como actuar, no se como puedo ayudar e intento tomarme momentos de meditación como me enseñaste.
Intento seguir con mi aprendizaje, estudiando venenos de criaturas y flora que vive en Amn y así en futuro poder hacer antídotos eficaces que podrían ser útiles en caso de necesitarlos.
Continuo ayudando a aquellos que lo necesitan, llevando mis pasos incluso a laberinticos túneles, donde he visto criaturas, contempladores, constructos, criaturas haciéndose pasar por otras.
Luchamos con aquello que nos atacaba, el respirar se nos hacía casi imposible.
Te dibujo un contemplador, por si nunca has visto ninguno.
*Any dibuja malamente lo que vendría ser un contemplador a sus ojos, o quizás está muy cansada como para meditar el dibujo*
Están siendo unos días difíciles en Amn, pero sobrevivimos como bien nos han enseñado, todos sabemos como actuar.
He hecho buenas amistades, maestro.
Espero que puedas ver a papá y decirle que estoy bien, quizá haga un viaje a veros cuando los problemas estén más controlados.
En nuestro último viaje a casa observé que papá aún conservan objetos de cuando era pequeña.
Ya hace un tiempo que volví a tierras de Amn con Dainn, se que al principio no te gustaba que fuera un enano, pero se que con el tiempo le apreciarás como yo lo hice, tu me enseñaste a no juzgar una raza.
*Any se toma un tiempo apoyada en el tronco mirando al cielo estrellado jugueteando con el carboncillo, Dainn a su lado roncando mientras duerme, le mira con una dulce sonrisa, le acaricia la cresta antes de volver a escribir*
Como te dije en otras ocasiones, pertenezco al grupo llamado Acero Argenteo. Todos los miembros tienen sus pecualiaridades, pero son como una familia bien avenida.
No hace mucho tuvimos una reunión.
Mientras Dainn y yo nos dirigíamos hacia su sede en el camino nos encontramos un oso malherido, me costó un poco hacerme con la simpatía del animal, pero poco a poco y con paciencia conseguí curarle varias heridas y quitarle flechas incrustadas en su cuerpo.
Los cazadores cada vez son más visibles, aunque a juzgar por los cadáveres que encontramos el oso hizo buena cuenta de ellos. No es que me alegre, pero ellos encontraron su destino en esta tierra.
Al cabo de unas horas, pudimos continuar con el viaje sin mucho problema.
*Any de nuevo vuelve a mirar al cielo mientras acaricia la barba de su marido, pensativa en todo lo que está por llegar y todo lo que ha sucedido*
Espero que estas palabras te encuentren en paz y rodeado de los sonidos del bosque que tanto amas.
Te escribo desde el Paso de los Colmillos, con el corazón ligero y lleno de emoción por las maravillas que encontré en este rincón del mundo.
Este lugar, maestro, es un regalo para los sentidos. Las montañas se alzan majestuosas, cubiertas de un manto blanco que parece ondear con el viento, arroyos que serpentean entre las rocas y los árboles aquí parecen guardar secretos antiguos, pero no con recelo, sino con el cariño de un sabio que disfruta compartiendo historias con quien quiera escucharlas.
Hace unos días, encontré una manada de lobos invernales cerca de una cueva escondida entre las raíces de un viejo abeto. Su compañía fue un regalo. Los lobos me observaban entre ellos siempre manteniendo una distancia que no les perturbara.
Pasé toda la tarde siguiendo sus pasos, observando cómo se movían con una gracia y una camaradería que me recordaron las lecciones sobre la armonía que aprendí de ti.
Incluso me atrevo a decir que compartieron conmigo parte de su espíritu: el aullar que entonaban bajo la luz de la luna, sentí como si el bosque entero respondiera.
El Paso de los Colmillos está lleno de vida. He visto búhos surcando los cielos con una majestuosidad que me dejó sin palabras, y ciervos que se detuvieron a mirarme con curiosidad antes de desaparecer entre la maleza.
Incluso las plantas que crecen entre la adversidad del frío parecen más vibrantes, como si bebieran directamente de la energía que fluye por estas tierras.
Aunque hay viajeros que cruzan el paso con intenciones más mundanas —mercaderes y aventureros con sus propios asuntos—, la mayoría parecen ser respetuosos con la naturaleza que los rodea. Algunos incluso se han sentado conmigo a compartir historias frente al fuego, y he aprendido de ellos tanto como ellos de mí.
Es un recordatorio de que incluso los caminos más transitados pueden ser lugares de conexión. Sin embargo, lo que más me llena de alegría es sentir que todo aquí tiene un propósito, un equilibrio perfecto entre lo salvaje y lo sereno.
Me he sentido más conectada que nunca con Silvanus y con la vida que fluye por estas tierras.
Si alguna vez tienes la oportunidad, maestro, te invito a venir y ver este lugar con tus propios ojos.
Estoy segura de que te robaría el aliento como lo ha hecho conmigo.
Que los vientos te lleven mi cariño y gratitud por todo lo que me has enseñado.
Aquí, en el Paso de los Colmillos, siento que tus lecciones cobran vida de formas que nunca imaginé.
Hace unos días ocurrió un suceso extraño.
Un portal en un camino nos absorbió a mí y a un grupo de guerreros a un bosque mágico, por lo visto llamado Feywild.
Dentro se respiraba la magia, la naturaleza y sus criaturas, de las cuales habían muchas y variopintas.
Una pixi vino a recibirnos, comentando que teníamos que pasar la prueba para poder seguir. El grupo entre tanto seguía sin saber muy bien que hacíamos ahí y como habíamos llegado.
La pixi nos miró y dijo que teníamos que acertar unas adivinanzas en un tiempo, primero fui yo, luego otros dos y cada vez con menos tiempo pero conseguimos acertarlas todas y así poder seguir el sendero que teníamos delante.
Tras un rato un sátiro que también nos hizo hacer una prueba, está vez de baile y por lo visto, nos se nos dio nada bien por qué de repente unos gnomos de gorro rojo empezaron a atacarnos, así como parecía que unas setas soltaban unas esporas que nos hacían toser.
Tras la pequeña pelea pudimos seguir, curándonos algunas heridas.
Seguimos de nuevo el sendero, el aire parecía algo cargado, al final y junto a una cascada una dríada se nos acercó y tenía otras pruebas para nosotros, "sabiduría, equilibrio y coraje" si no recuerdo mal.... *Any se queda pensativa durante unos instantes antes de continuar la carta*
Teníamos que levantar una pesada piedra, que pudo sin problemas un chico con buena complexión y no pareció costarle mucho, tras ellos había que cruzar un puente sin el uso de la magia, uno de ellos cayó al vacío pero por suerte de las cuerdas pudimos no tener que lamentar perdidas.
Tras poder cruzar, gracias a otro con mejor equilibrio, nos encontramos con un oso que parecía tener la rabia aunque no era más que estábamos invadiendo su territorio, como la anterior vez y con más esfuerzo, conseguí calmarlo, tras ello nos dejaron marchar. Pero aún nos quedan las dudas de como llegamos hasta allí, el por qué de las pruebas y sus habitantes que no respondían preguntas...
No se como acabará toda esta historia que se nos abre por delante, pero parece que algunos eventos que están ocurriendo tienen que ver con los portales.
*Any de nuevo mira a las montañas nevadas, mientras Dainn prepara su buen estofado de terrarón, suspirando ligeramente antes de volver la vista a la carta*
Me serías de gran ayuda aquí y ahora maestro...
Espero que nada de esto sea grave y simplemente sean pequeñas fisuras que la naturaleza pueda soportar.
Any Eivien - Guardiana de las nieves
PD: Los enanos de Kazäd Grômdal me han dado el honor de ser una de ellos.
*Any se sentó en su pequeño tronco sacando un papel y carboncillo, empezaría a escribir con cuidado las lineas de la carta*
Querido Maestro:
Espero que os encontréis bien, que papá esté descansando mucho y tu sigas en la tranquilidad de tus bosques.
Te escribo para compartir contigo una experiencia reciente que puso a prueba nuestro conocimiento y determinación como druidas.
Hace unas lunas, dos hermanos druidas, Zentakord, Lux y yo nos adentramos en un pantano enfermo, su tierra marchita y sus aguas turbias. Sabíamos que solo un gran esfuerzo podría restaurar su equilibrio, por lo que recurrimos al antiguo ritual del Baile del Unicornio. Con nuestras energías combinadas, invocamos las fuerzas de la naturaleza, llamando a la esencia pura de la vida para sanar la tierra.
Sin embargo, nuestra labor no pasó desapercibida. Apenas comenzamos el ritual, nos vimos atacados por unos hongos enormes. Criaturas sombrías que emergieron de la tierra, intentando detener nuestra danza sagrada.
Los guardianes nos protegieron en todo momento, sufriendo los ataques de aquellas malignas criaturas que no cesaban de salir de la tierra intentando impedir que ninguno de nosotros acabara el ritual. A pesar del peligro, los guardianes lograron repeler la amenaza y los druidas pudimos continuar con nuestro trabajo, aunque con gran desgaste.
*Un largo suspiro y tomándose un descanso, la druida dejaría un momento de escribir para mirar al cielo recordando el calvario que pasaron ese día tanto los druidas como los guardianes*
Creíamos haber completado el ritual, pero pronto nos dimos cuenta de que la corrupción persistía. Nos vimos obligados a repetir el Baile del Unicornio, cada vez con más esfuerzo, cada vez enfrentando nuevos peligros. La energía del bosque se resistía, como si una voluntad oscura se aferrara a él. Pero no cedimos. Una y otra vez, danzamos y canalizamos nuestras energías, restaurando poco a poco la vida hasta que, finalmente, la podredumbre comenzó a ceder.
Cuando todo terminó, el bosque respiraba con renovada vitalidad, y la luz del sol se filtraba entre las hojas con un brillo nuevo. Pero la experiencia nos dejó con un gran cansancio, muchos heridos que después debieron ser sanados y procurando descansar las siguientes horas.
Últimamente el bosque parece llorar por todos los rincones donde se fija mi mirada, y siempre somos suficientes para aplazar la amenaza.
Pronto te comunicaré novedades. Siempre tu discípula