Novedades

[Las Brumas] Entre Bosque y Montaña

Estado
Cerrado para nuevas respuestas.

DM Nazgul

Dungeon Master
Registrado
13/10/25
Mensajes
1,211
7BcnU8o.jpeg


Las primeras señales llegaron con el viento.
No fue una tormenta, ni una nube baja arrastrándose entre los picos.
Fue algo que descendió desde lo alto de la montaña, como si la propia cordillera hubiese exhalado un suspiro gris que llevaba siglos contenido en sus entrañas.

Los exploradores del Enclave Élfico fueron los primeros en verlo.
Una bruma espesa comenzó a derramarse por las laderas de los Picos de las Nubes, filtrándose entre las raíces del nuevo bosque, extendiéndose lentamente por el Bosque de Tethir como un río silencioso.

Al principio parecía inofensiva.
Pero no tardaron en comprender que no era una niebla natural.

Las hojas no se movían dentro de ella.
Los sonidos se amortiguaban.
Y la luz del día parecía morir antes de tocar el suelo.


Cazadores humanos de las lindes y clanes como los Redhed juraron haber visto figuras élficas entre los árboles.
fcUZfy8.png

Mas no hallaron ni huellas, ni rastro. Solo el eco de un susurro.
Demasiado cerca del corazón del enclave élfico como para ser humanos, seres de piel cenicienta y ojos opacos caminaban entre los árboles como si pertenecieran al lugar desde siempre. Algunos gentiles al mirarlos perdían todo ánimo, caían en una ensoñación forzada y despertaban entre lamentos y lágrimas.

Dolor. Sufrimiento. Recuerdos ahogados.

Elfa dijo:
Vi la hermosa torre blanca de Suldanessallar... raíces negras enroscándose sobre la torre del arte. Desde su cúspide se precipitaba el cuerpo inerte del Mago Real.

Los elfos comenzaron a temer la noche.
Durante el trance, muchos de ellos empezaron a ver los mismos recuerdos.
Sombras arrastrando a los desaparecidos hacia una versión torcida del bosque.

Los druidas del Enclave Esmeralda notaron primero que las raíces se estaban moviendo. No creciendo: moviéndose. Excavando bajo la tierra como serpientes dormidas. Nadie notó nada... Hasta que desapareció el primer explorador.

Las raíces se cerraron sobre su pierna como dedos. No gritó mucho tiempo.

Dos centinelas Velarh, habían regresado tarde de una patrulla hacia los lagos. La bruma estaba espesa sobre el agua.
El elfo afirmó haber reconocido a su amada entre los árboles.

Elfo Velarh dijo:
Ella se acercó caminando lentamente sobre la orilla. No habló. Solo sonrió. Me abrazó y besó, pero su piel estaba fría. Cuando se apartó de mí, vi sus ojos. Su cuello se torció completamente hasta invertirse, su rostro de deformó en algo imposible, con los ojos hundidos y la boca abierta en un grito de ultratumba. Y entonces desapareció de la bruma.

Con el pasar de los días, más árboles extraños y oscuros aparecían donde antes no estaban, como si aguardasen un despiste o pérdida de atención para retorcerse sigilosamente al paso de la bruma.

Y entonces ocurrió.

Era un guerrero de la horda, uno de los que había sobrevivido a innumerables escaramuzas contra bestias, hombres y elfos. Un bruto orgulloso de su hacha, convencido de que todo enemigo podía partirse en dos si el golpe era lo bastante fuerte. Y él con su sangre de gigante, sin duda era lo bastante fuerte. Parecía confundido.

Entre las piedras y los riscos comenzaron a aparecer árboles.
No los pinos escasos que a veces crecen en las grietas de la roca, sino troncos retorcidos, oscuros y torcidos como garras que emergían del suelo pedregoso donde nunca debería crecer nada.

Gigante dijo:
Montaña estar convirtiéndose en bosque.

Las ramas se cerraban por encima de su cabeza formando un techo de hojas negras. Los árboles habían cambiado de sitio.
El guerrero intentó regresar sobre sus pasos, pero el sendero ya no estaba donde lo recordaba.
Las raíces surgían entre las rocas como serpientes, enroscándose alrededor de las piedras. Algunas parecían moverse cuando no las miraba directamente.

si8UIyW.jpeg


Una mujer élfica estaba de pie entre los árboles. No llevaba armas. Solo lo miraba. El guerrero gruñó y avanzó hacia ella, levantando el hacha. Pero antes de llegar, la figura se desvaneció, en su lugar quedó un árbol torcido que no recordaba haber visto antes.

La congoja comenzó a apretarle el pecho.

Pocos días más tarde, dos informes muy distintos llegaron al Enclave de Tezhir:

Centinelas del narraron haber visto rastros de orcos, trasgoides y algún ogro en los bosques. Las flechas silbaron entre los árboles, hallando tras la escaramuza una piedra tallada en gigante, "Gran Guardián de Murannheim".

Una presumida elfa solar se asomaba a la Plaza del Mercado del Enclave desde su casa sobre un árbol, dispuesta a buscar una nueva arpa con la que deleitar a su esposo. Ahí se encontró, entre la bruma densa de esa mañana que no permitía vislumbrar más allá que las luces difuminadas, una figura ceniza de orejas picudas como las suyas, girándose para atravesar a un comerciante tel'quessir con su filo y desvanecerse después en la niebla.

La bruma extinguió sus gritos.
 

Loreliel

Pirata sin barco
Registrado
25/9/11
Mensajes
2,498
Edad
37
1000554254.jpgY aconteció en aquellos días que una inquietud se extendió por las tierras del reino de Amn, pues extrañas brumas, jamás vistas en edades anteriores, comenzaron a levantarse desde parajes desconocidos. Lentamente se arrastraban sobre campos, ríos y bosques, y en su avance traían consigo un presentimiento oscuro que perturbaba los corazones de hombres y guardianes por igual. Los Guardianes del Enclave Esmeralda, cuya vigilia protegía las sendas y fronteras de aquella nación, habían comenzado ya a observar con creciente atención los límites del país. Muchos rumores habían llegado hasta ellos: relatos de aventureros errantes y compañías de mercenarios que hablaban de neblinas inquietas, de sombras que se movían donde no debía haberlas, y de silencios demasiado profundos en los caminos del mundo.

Así fue que Boti el Alfa, Loreliel la Plateada y Fanrin marcharon hacia los humedales, donde las aguas quietas reflejan cielos antiguos, para indagar si la bruma hallaba allí su morada o su senda. Entretanto, Zentakord el Sabio, partió hacia el sur acompañado por Radix, el Jinete Furioso y convocando a Adrie, explorando las tierras cercanas a Purskull, donde los caminos del comercio y la guerra se entrecruzaban.

Mas no esperaban los guardianes que desde las montañas heladas del Norte, donde el viento habla conrŕ voces antiguas, descendieran densas mareas de niebla. Como un río silencioso de sombra se precipitaron hacia el Bosque Álandor, cubriendo sus senderos y raíces con un velo espeso y ominoso. Entonces la alarma fue levantada sin demora.
Y en el claro sagrado de Eldath, donde los árboles más antiguos del bosque inclinan sus copas como testigos de los juramentos de antaño, fueron convocados todos los protectores del Enclave Esmeralda.
Allí habló Loreliel con voz firme que resonó entre los troncos del bosque:

—Hermanos guardianes —dijo—, nos enfrentamos ahora a aquello que aún no comprendemos. Pues el enemigo que se aproxima no tiene forma ni carne, y sin embargo trae daño consigo. Guardemos, pues, nuestros pasos y afiancemos nuestra vigilancia.

Y alzando la voz para que todos oyeran, añadió:
—Que nadie se interne en los lugares donde la bruma sea más densa, ni confíe del todo en aquello que sus ojos crean ver. Pues en tiempos de sombras, incluso la mirada puede ser engañada.
—Cuando sepamos más de este mal que se levanta, entonces os llamaremos nuevamente para decidir el camino que habremos de seguir.

Entonces los guardianes verdes escucharon aquellas palabras con gravedad en el rostro. Y desde aquel día redoblaron su vigilancia en todos los confines del bosque y las tierras cercanas, manteniendo alerta sus sentidos mientras las brumas continuaban extendiéndose lentamente sobre el mundo.
Y así comenzó aquel tiempo incierto.


1000468410-removebg-preview.png
 
Última edición:

ELLOESO

Perro de Dan
Registrado
14/9/18
Mensajes
1,065
Edad
40
Las garras se ceñían invisibles, rodeando su corazón, mientras el frío y la mortal certeza invadían hasta el último rincón de su alma y terminaciones nerviosas. La presión era sutil, crecía, buscando robarle nuevamente el calor, la serenidad, la calma... ahora, más que nunca, no podía huir, no iba a huir... pero la tenaza prosiguió, acompañada de esos susurros hirientes, íntimos, tan próximos a quebrarla, incitándola a aceptar el abrazo que esa garra prometía...

Un grito rompió la quietud de la tienda donde descansaba. El cuerpo cubierto de un pegajoso y frío sudor que la recubría por completo, había sido una pesadilla. Pero esa sensación no desaparecía, el calor no volvía a su cuerpo, adormecido, dolorido, mientras avanzaba al exterior de la tienda para constatar con sus ojos la bruma que cubría su refugio.

La pesadilla no había terminado, sólo era el comienzo. La niebla cubría el Claro del Eldath, lugar de imperecedero refugio para aquellos errantes, aquellos que no encajaban quizás en el mundo; ahora permanecía ultrajado por esa nueva realidad, una realidad emponzoñada y que hundía sus raíces en el terreno mismo de la realidad y en el recuerdo de las desdichas pasadas. Un mal más allá de la comprensión se cernía sobre la Tierra de Intrigas, arrastrando viejas ofensas, enemigos, maldiciones para quebrantar el bosque floreciente.

Los ojos apagados de la Iluskana observaban por el rabillo del ojo como la realidad misma parecía distorsionarse en el límite justo de su campo de visión. El frío no la abandonaba, hundido en sus huesos como una daga emponzoñada; pero no era lo único que no la abandonaba, los susurros seguían, distantes y difusos, pero, por latidos, claros y cercanos, provocando que su corazón brincase al límite del colapso.

La prevalencia, era lo que les quedaba, la rendición nunca es una opción. Mantenerse de pie, enfrentar, defender... ¿una cáscara vacía que sujetaba un filo y un escudo? Si conseguía defender lo que amaba, así sería, a pesar de los recuerdos de esos susurros y la cruda realidad que exponían, a pesar de las promesas que esa niebla traían sobre el mundo que había vuelto a apreciar y atesorar.

El desarraigo, la falta de pertenencia, la discontinuidad de una senda errante que antes era clara... nunca se había rendido y hoy no sería el día. La pesadilla no había hecho más que comenzar.
 

DM Kapillo

Sombrero perdido de Astrid
Registrado
24/1/25
Mensajes
2,688


En los anales cantados por bardos, se recuerda la noche del Concilio de Gambiton como el momento en que el destino del pueblo élfico cambió para siempre.

Todo comenzó cuando un águila descendió desde los cielos, irrumpiendo entre los reunidos. Sus alas agitaban el aire con urgencia y su grito no era un simple chillido de ave: era una súplica. Los druidas presentes, atentos a los leng
uajes de la naturaleza, lograron comprender el mensaje oculto en aquel clamor.

El pueblo élfico estaba en peligro.

Sin perder tiempo, miembros del pueblo élfico y aliados partieron con premura hacia las llanuras verdes y los bosques. Allí descubrieron el origen del presagio: la Bruma.
El fenómeno antinatural de los últimos tiempos que se extendía lentamente, como una herida abierta sobre la tierra. Donde tocaba, marchitaba la vida, apagaba la luz de las hojas y convertía los prados en ceniza gris y algo se movía dentro de ella.

De aquella neblina enfermiza comenzaron a emerger formas deformes. Criaturas sin nombre. Sombras con garras. Los defensores del bosque respondieron con flechas y acero, luchando contra aquellas apariciones. Pero cada enemigo abatido parecía dar paso a dos más.

Y entonces apareció el horror más grande.

Entre la bruma se distinguieron espectros con rostros élficos… o lo que quedaba de ellos.

Aliados de muchos pueblos acudieron al llamado: guerreros, magos y aventureros de renombre. Pero cuando la Bruma finalmente tomó forma y avanzó hacia el enclave élfico, la realidad misma pareció quebrarse.

En un parpadeo, los presentes fueron arrastrados a otro lugar.

Un reflejo distorsionado del Enclave de Tethir:
árboles muertos, una bruma roja flotando como sangre suspendida en el aire, y el eco de un mundo que no pertenecía del todo al plano material. Allí fueron rodeados por espectros y aberraciones que atacaron con una violencia indescriptible.

Por un momento pareció que murieron allí… pero un destino peor les aguardaba...

Cuando los supervivientes abrieron los ojos, despertaron en otro dominio.

Un páramo desolado y árido.
Un cielo negro desgarrado por relámpagos.
Murallas hechas de piedra oscura donde rostros élficos estaban atrapados, congelados en un eterno grito de dolor.

Y sobre todo aquello… Un trono de obsidiana...


En él se sentaba aquel que fue exiliado del pueblo élfico hacía siglos, un nombre que los ancianos preferían no pronunciar. Ahora, con un dominio de terror tejido a partir de la Bruma, había encontrado su oportunidad de ejecutar una venganza largamente aguardada.



Los héroes capturados aventureros influyentes y famosos en las Tierras de la Intriga quedaron atrapados en su reino, destinados a convertirse en las nuevas marionetas del Regente de la Bruma.

Pero incluso en el corazón de la oscuridad surgió una grieta de esperanza.

El Rothormir, junto a sus Pastores de Árboles, logró abrir una fisura en aquella realidad retorcida. Un instante de aire puro dentro de un reino de pesadilla. Gracias a ello, algunos pudieron escapar… ganando apenas unos momentos antes de que el dominio volviera a cerrarse.

Sin embargo, durante aquel breve instante en que la Bruma unió su dominio de terror con el Enclave, el Regente logró apoderarse de algo perteneciente al pueblo élfico.


Un secreto...Un legado...
Qué es exactamente… solo lo sabe el Pueblo Gentil.
Y para qué lo quiere… ni siquiera el Seldarine parece conocerlo.

Pero una cosa es segura...

La Bruma volverá a extenderse.
 

Velo

El que aplaude en los discursos Zhent
Registrado
10/11/21
Mensajes
186

Tras la caída del Enclave de Tezhyr a manos de aquella kalrenlobrego.pnghorda de sombras, ilusorias o no, el grupo despertó en un lugar incierto, un páramo árido y gris, desaturado de cualquier viveza en su entorno.

Aquella atmósfera inhóspita y lúgubre mantendría confuso a cualquiera. A cualquiera salvo a Kalren. Al elfo aquel ambiente le resultaba tristemente familiar, y sus estigmas vinculados al Shadowfell —cicatrices de la aflicción arcana que padecía— eran buena cuenta de ello. Resonaban con un brillo impropio para aquel lugar, pero ya no le oprimían ni intentaban llevárselo a ninguna parte. Ahora estaban en casa.

Para el Solar maldito aquel lugar era pues inequívoco. Se encontraban en el Páramo Sombrío.

Aún desorientados a pesar de ello, el grupo avanzó a la búsqueda de más respuestas y lo hizo, como luciérnagas a la luz, hacia lo único que llamaba su atención en aquel sombrío desierto. Seguían la luz negra de unas llamas que no deberían crepitar, preparadas con cuidado para llamar su atención.

Y ahí fue donde lo vió por primera vez. Irenicus, el elfo Exiliado de la antigua Suldanesselar se personaba en su trono, observándoles con altanería; saboreando los primeros instantes de su obra, de su obra de venganza. La esplendorosa ciudad élfica del corazón del Weldath construida entorno al Árbol de la Vida, palidecía ante los subterfugos asaltos de quien una vez fuera ilustre ciudadano de la misma, pues Irenicus arremetia desde sus dominios sombríos, haciendo que sus ataques fueran impredecibles e inevitables, diezmando así sin remedio el pueblo Tel'quessir.

La supervivencia de la vieja ciudad élfica reposaba sobre un reducto de elfos que lograron abandonarla y trasplantar la semilla del Arbol de la Vida en lo que hoy se conoce como el Enclave de Tezhyr. Pero la jóven simiente del árbol sagradp necesitaba tiempo para hospiciar un contra-ataque, y Joneleth —el nombre al que aquel elfo corrupto respondía en vida— no parecía dispuesto a dárselo.

Les había descubierto y les demostró cuan insignificantes eran frente a él, incluso juntos, mostrándoles como era capaz de arrasar su hogar sin dificultades y, ahora que les tenía frente a sí, no pretendía aflojar la humillación a la que les estaba sometiendo.

- Conmigo o contra mí - Inquirió como última oportunidad para sobrevivir al inevitable desenlace. Aquellos que quisieran mantenerse con vida deberían permanecer atados allí para siempre, con el resto de hermanos secuestrados en Suldanesellar.

1773421340966.png

Kalren dudó, pues de algun modo Irenicus le parecía alguien aquejado por si misma dolencia y se preguntaba si terminar como él era algo inevitable. Sin embargo para el resto de la mesnada élfica aquello no era una opción. La sacerdotisa de la luna, quien sufria el dolor de su pueblo como si fuera propio, confrontó a Irenicus y este, como si lo estuviera desenado, demostró una vez más su superioridad. Conjuró una ondana de manos esqueleticas se avanlanzaron sobre el grupo. Kalren intentó interponerse, pero fue imposible. Aquel conjuro les retuvo sin contestación para desmostrarles el funesto desenlace de aquello por lo que habían luchado todo ese tiempo.

Sin embargo, cuando todo parecia perdido, una vieja figura rasgó el velo sombrío perpetrando los dominios del terror de Irenicus sin su permiso. El Portavoz de los Árboles había llegado para dar un soplo de esperanza al futuro de sus congéneres. Su poderosas artes, para sopresa del Pueblo Élfico congregado allí en contra de su voluntad, demostraron ser capaces de rivalizar con Joneleth incluso en su terreno. Las abjuraciones del Rothomir y su sequito les entregaban una nueva oportunidad si lograban alcanzar el portal verdeante que el veterano elfo habría dispuesto para su huída.

Todos los elfos fueron salvados aquella fatídica noche para lugar en las que estarían por venir. Todos... salvo uno.

Las dudas de Kalren habían rezagado su paso:

- ¿Puedo detener la locura de Irenicus si me quedo aquí? - Pensaba.

Aviel le observó titubear y le despertó de su trance, empujándole al portal que amenazaba con cerrarse para siempre y cubriendo su retirada.

Kalren apareció con el resto del grupo en el patio de armas de la Torre del Pueblo, pero cuando trató de volver a por aquella antigua Velarh el portal se cerró en sus narices, llevándosela consigo para siempre o... hasta que acabara aquella cruzada.

 
Última edición:

Loreliel

Pirata sin barco
Registrado
25/9/11
Mensajes
2,498
Edad
37

Del Retorno desde la Bruma y la Vigilia del Enclave Esmeralda

A6I6xbt.png
Y así fue que, en aquel mundo de sombra torcida, ante el trono del Regente de las Brumas, no sólo se hallaban los hijos del Pueblo Gentil y sus aliados, sino también los guardianes del Enclave Esmeralda: Boti, Radix, Fanrin, Adrie y Loreliel; pues desde la Gran Migración, cuando la oscuridad de Weldazh se alzó como un velo sobre las tierras, habían compartido con los elfos del Enclave de Tezhyr la custodia del Bosque Álandor y de todos sus senderos ocultos.

Mas en aquella hora aciaga, Boti había sido alcanzado por la maldición de la Bruma, y su espíritu fue invadido por sombras que no concedían descanso, llenándolo de tormento y visiones sin fin. Así cayó, no por herida de acero, sino por veneno del alma. Y Loreliel lo sostuvo entre sus brazos, guardando su aliento, mientras alzaba la mirada hacia Radix, el llamado Jinete Furioso; y en sus ojos había firmeza, y un mandato silencioso: que no cediera a la ira ni buscara venganza en aquel lugar de perdición.
Y cuando todo parecía perdido, y ningún camino de retorno era visible entre las sombras, aconteció un hecho digno de memoria en los cantos de los sabios.

Pues llegó Rothormir, Señor de antiguas historias, acompañado de su corte feérica y de los espíritus guardianes de lo vivo. Y la magia que él alzó fue como el brotar de la primavera en tierras marchitas, y chocó contra el poder oscuro del Regente; y de aquel encuentro surgieron remolinos de luz y penumbra, centelleantes como estrellas en guerra.

Entonces fue dado el momento de huir.

Los Ents y las dríadas, fieles a la voluntad de Rothormir, guiaron a los supervivientes a través de senderos ocultos hasta un portal inestable, tejido en los límites del tiempo y la materia. Y no hubo demora, pues la grieta no habría de perdurar.

Un fulgor cegador los envolvió.

Y cuando de nuevo abrieron los ojos, ya no estaban en el dominio de la Bruma, sino en el Bosque Álandor, junto a las murallas que resguardan la Zona de Conflicto. Allí aguardaban otros aliados, entre ellos Zentakord, sabio de las raíces profundas, quien contempló con asombro la súbita aparición del grupo.

Radix portaba aún a Boti, cuyo espíritu seguía atrapado en sombras, mientras Loreliel, vigilante, contaba a los presentes con creciente inquietud. Y entonces el temor se hizo certeza:

faltaban dos.

Aviel, antaño guardiana Esmeralda, y Kerym, guerrero del pueblo élfico.
Y Loreliel, abatida pero firme, golpeó la tierra y alzó su voz:

—¡Maldición! Aviel… te vi ser la última, velando por todos. ¿Acaso quedaste atrapada en aquel mundo de sombras?

Mas no hubo respuesta. Ni Rothormir ni los perdidos regresaron de aquel reino quebrado. Y en medio de la aflicción, los presentes inclinaron la cabeza, y en silencio elevaron plegarias a los poderes que aún velan sobre el mundo, esperando que no todo estuviese sellado por la oscuridad.

Entonces Loreliel suspiró, y apartando el dolor, tomó el camino del deber. Junto a Radix y Zentakord, llevaron a Boti hasta la sede del Enclave Esmeralda. Allí, el sabio de las raíces lo atendió con hierbas antiguas y cánticos en lengua primigenia, durante largas semanas en las que el herido no halló reposo ni en sueño ni en vigilia, atormentado por ecos de la Bruma que aún persistían en su espíritu.

Fueron días de prueba. Mas Loreliel no se apartó de su lado, y su constancia fue como ancla en medio de la tormenta. Y con el tiempo, las artes druídicas surtieron efecto, y poco a poco Boti fue restaurado, aunque las sombras de su experiencia no se desvanecieron del todo.

Y así, tras aquellos acontecimientos, los guardianes del Enclave Esmeralda permanecen vigilantes. Dispersos entre los senderos del Bosque Álandor, atentos a todo susurro y a toda sombra que no deba estar allí, guardan en silencio los límites de su dominio.

Porque saben lo que ha despertado.
Y saben también… que la Bruma volverá.


G5wUQNP.png
 
Última edición:

DM Nazgul

Dungeon Master
Registrado
13/10/25
Mensajes
1,211
N11cnrh.jpeg


La Bruma se esfumó del Bosque Tezhir en mayor medida, dirigiéndose hacia el Sureste del Enclave Élfico. La misma dekhana hubo informes de desapariciones de patrullas a lo largo de los Dientecillos. Un gigante de las colinas regresó de su guardia y se quejó de haber avistado elfos y árboles cinco veces más altos que él en sus territorios, cosa poco creíble porque no sabía contar hasta tanto, y menos todavía porque en toda la Cordillera de escarpados picos, se podrían contar con los dedos de las manos el número de árboles tan longevos y elevados. En su muslo había algunas flechas de pluma verde y madera buena sin embargo, que sí que resultaban un poco más creíbles.

La niebla llegó la mañana siguiente opacando toda existencia de Sol o constelaciones en el firmamento, abalanzándose entre la Ciudad de las Bestias como un rival que ninguna raza antigua podía detener con sus portentosos físicos de fuerza bruta. Apenas dos horas después, el terror inundó las calles del puerto. Alaridos de terror, sollozos, gritos ahogados con la extinción de la vida.

Como una plaga veloz, extendiose desde los túmulos pegados a la Torre Negra hacia las calles más decentes y menos hediondas. Bruma seguida de hambre voraz: hordas de ghuls atacando a todo ser vivo. La traición de los muertos sobre los vivos, apoderándose de la ciudad-puerto.

No tardó demasiado en extenderse el caos hasta preocupar con avistamientos de figuras élficas con alabardas o disparando flechas dentro del mismo imperio. Si el corazón del Murkulato era atacado por fuera, los muros espinosos y las catapultas podían detenerlo. Mas cuando elfos matan bestias dentro de sus mismas calles... ciudadanos y comercios manchados de sangre exigen socorro golpeando con dureza las puertas del Palacio del Murkul.

El refugio de los Oni y las razas gigantes abrió sus puertas, y la mismísima guerrera legendaria Cyrisvinea, Consorte del Murkul de Murannheim, tomó el mando con su pesada guardia imperial en la plaza de la nobleza de Jotunheim.

El clan Crujecráneos, si bien había permanecido temporalmente solo por obligación impuesta de la bruma en Murann, no hizo muchos amigos. Más bien al contrario por el carácter subyugador, caótico y abusón de sus guerreros de élite. En esta ocasión sin embargo, el Pueblo de Murann reconoce su fuerza por haber tomado el control de la defensa de Jotunheim aniquilando ghuls por doquier.

Personajes importantes del Imperio recibieron la orden de Cyrisvinea de averiguar lo que estaba pasando y por qué los ghuls se habían vuelto contra ellos. Se abrieron paso entre extraños árboles oscuros, elfos, perros sarnosos no-muertos y ghuls de apetito voraz y consciencia nula. Incluso lograron detener -no sin algunos daños- a la abominación experimental fugada, "El Carnicero".

Según los rumores, nigromantes del Cónclave Negro socorrieron las calles y al ejército sometiendo y controlando ghuls para hacerlos regresar bajo el yugo del Rey de la Horda, Uglok.

pUP7PwX.jpeg


Algunas voces más sosegadas y difíciles de escuchar incluso entre el Imperio, relatan una épica lucha de poderes en una batalla campal en el Ágora de la Torre Negra, donde el mismísimo Shangalar El Negro y sus maestros liches se enfrentaron a Jonaleth Irenicus y sus elfos.

Como sea... lo único cierto es que toda la ciudad de Murann ha sido empapelada con carteles de busca y captura, los controles se han hecho más fuertes, y las patrullas más frecuentes.


aDPD0Du.jpeg


El Palacio del Murkul y la Torre Negra permanecen cerrados y en silencio, por ahora.
 

DM Kapillo

Sombrero perdido de Astrid
Registrado
24/1/25
Mensajes
2,688

El bosque del Alandor y las tierras élficas se cubre nuevamente de niebla, y esta no es la bruma común que envuelve los senderos. En los últimos tiempos habitantes de las tierras élficas hablaban de una niebla capaz de tomar formas amorfas, engañar a los viajeros e incluso atraer a espíritus de elfos corrompidos, arrastrando a sus descendientes hacia una eternidad de terror. Pero ahora… se ha vuelto aún más perturbadora.

La bruma avanza con intención propia. Ya no solo nubla la mente de quienes se adentran en el bosque, provocando apatía y desorientación; en su seno se perciben presencias tan antiguas como la misma noche. Criaturas cuya sombra perturba incluso a los más valientes. Velahrs desaparecen, druidas son cazados como cervatillos despistados, y las patrullas que se atreven a investigar solo encuentran cuerpos mutilados con mordeduras precisas en el cuello, marcas de un depredador meticuloso.

Habladurías del bosque susurran que estas entidades han empezado a mostrarse porque buscan algo más que alimento. La niebla es su aliada, su coto de caza y su refugio, pero también parece liberar sus más macabros fetiches con alevosía hacia quienes todavía recuerdan la luz de las tierras élficas.

Lo que trama la niebla sigue siendo un misterio. Ahora, en lugar de vida y fertilidad, tanto la hierba del Claro de las Hadas como la del Claro del Eldath se cubre de un moho de podredumbre. Algunas flores se marchitan antes de tiempo, mientras una fina capa de ese moho comienza a extenderse sobre las rocas, los altares y algunos simbolos sagrados. Todo el bosque parece contener la respiración, como si aguardara el siguiente paso de aquello que acecha en la niebla…



Offtopic :

Normas:
Habrá varias ambientaciones por el lugar debido a los últimos sucesos. Luego se desarrollará una escena de PVP con 8 PJs, siendo requisito pertenecer al enclave de Tethyr o al enclave Esmeralda. En caso de que se quiera introducir a alguien ajeno a estas dos facciones, se deberá indicar el motivo de los roles y que tenga coherencia.

Consecuencias:

-Si gana un bando u otro se informará de forma privada del premio.
-Si perdéis no hay Mps, ni perdidas de identidad, tan solo un buen rato, una pachanguita como quien juega al futbol un domingo por la tarde, rol de conflicto , crear roles de antagonismo, rol de intriga en los roles de la intriga, etcétera..
-Enviadme por MP los equipos.

 

Loreliel

Pirata sin barco
Registrado
25/9/11
Mensajes
2,498
Edad
37

Y63K3ci.png
—No responde… ya no tiene pulso.

Así habló Loreliel, hija del Enclave Esmeralda, ante los guardianes que con ella patrullaban los senderos sombríos del Bosque Álandor. Y mientras sus manos buscaban en vano el latido de la vida en el cuerpo de un druida caído, sus ojos percibieron lo que las palabras aún no habían declarado.

Pálido estaba su rostro, como hoja marchita bajo escarcha, y en su cuello se marcaban las huellas de una muerte más oscura que la espada. Entonces comprendieron. Y no hubo duda entre ellos: obra de vampiros era aquello.

Con reverencia y tristeza, llevaron al caído a su descanso. Fue enterrado según los ritos antiguos del Enclave Esmeralda, y sobre él fueron entonados cánticos que hablaban del retorno a la tierra y del ciclo eterno de la vida. Mas los corazones de los presentes no hallaron consuelo, pues sabían que aquello no era un final natural.

Y cuando el último de los cantos se desvaneció, los guardianes se miraron unos a otros, y en sus rostros había gravedad, y en sus pensamientos, presagio de guerra.


60123.webp
No mucho después, los cuernos resonaron. Profundos y terribles, atravesaron el Bosque Álandor como un viento de alarma, y su eco se extendió más allá de los claros y los ríos, llevando consigo el anuncio de que algo había cambiado. Y el rumor se propagó por las tierras de AMN, como sombra que corre al caer la noche.

Era el llamado de los Guardianes Esmeralda.

Y así acudieron, dejando atrás sus puestos, hasta reunirse en el Claro de Eldath, que en otro tiempo fuera lugar de paz, pero que ahora yacía enfermo bajo la corrupción de la Bruma.

Allí se alzó Loreliel la Plateada, y su voz fue como hierro en la tempestad:

—¡Escuchad, hermanos guardianes! La vigilia ha terminado. La Bruma ya no es sólo engaño ni ilusión, sino que ha tomado forma en carne y sombra. Entre nosotros caminan los alzados… y los vampiros. Los informes traen dolor: Velhars élficos han caído, y también algunos de los nuestros.

Calló un instante, y en su silencio ardía la furia contenida. Apretó los puños, y su mirada se tornó dura como la piedra antigua.

—Nuestra vigilancia ha de cambiar —prosiguió—. Desde este día, nadie marchará en soledad. Siempre en compañía, siempre en guardia. Y si la oscuridad os sobrepasa, retroceded; pues no es cobardía preservar la llama para otra batalla.

Y alzó el puño en señal de mando:

—Hay voluntad detrás de esta plaga. Un liderazgo entre los alzados. A ese enemigo buscaremos y destruiremos. Radix, Boti, Zentakord, Fanrin, Velatha… y yo misma encabezaremos la caza, junto a los veteranos del pueblo élfico.

Así fue decretado. Y los guardianes más experimentados del Enclave Esmeralda se prepararon para la guerra. Encendieron sus armas en fuego purificador, las consagraron con aguas benditas y alzaron cánticos en la lengua silvana, invocando las fuerzas antiguas de la naturaleza para oponerse a la muerte que camina.

Y el rumor de lo ocurrido se extendió por todo Álandor como chispa en bosque seco.

Pues la guerra ya no era un presagio.
Había comenzado.


G5wUQNP.png
 
Última edición:

Loreliel

Pirata sin barco
Registrado
25/9/11
Mensajes
2,498
Edad
37


De la Batalla en la Noche Infinita


yvnyqxb.png

En aquella noche sin luna, cuando el aliento del mundo parecía haberse detenido, la Bruma se alzó con mayor poder que nunca antes. Oscureció por completo el Bosque Álandor, y bajo su manto descendió la muerte que camina. Mas no todo estaba aún perdido, pues en los dominios consagrados a las energías antiguas y benditas, la corrupción no podía aún penetrar del todo; y tales lugares se erguían como baluartes de luz frente a la marea creciente de sombra.

Pero la voluntad de la Bruma era persistente.

Durante días, su pestilencia enfermiza se arremolinó sobre las copas de los árboles, hasta que finalmente descendió como una cascada de corrupción. Y con ella vinieron las hordas: legiones de la muerte viviente, divididas en tres grandes huestes, cada una guiada por un señor vampírico de porte terrible, cubierto en armadura oscura y portador de un estandarte teñido de rojo como sangre antigua.

Y así marcharon hacia la frontera élfica donde las tierras aún eran sagradas y una edificación marcaba el límite.

Los defensores de aquel límite sagrado contemplaron desde sus puestos el avance de la oscuridad, y sintieron en sus corazones el peso de un destino incierto. Pues la Bruma no sólo traía enemigos, sino desesperanza. Y algunos pensaron en silencio:

La esperanza se desvanece… no resistiremos mucho más.

Mas no estaban solos.

En la fortaleza fronteriza se hallaba Olin Glisir, maestro arcano del ejército élfico, quien dirigía la defensa con sabiduría y resolución. Y hacia él acudieron los llamados al combate: desde el Enclave de Tezhyr, las sacerdotisas Sylwen y Elenya, las arcanas Yarthrea y Nyvara, y la guerrera alada Kyahel; y desde el Enclave Esmeralda, Boti el Alfa, Zentakord, sabio de las raíces profundas, y Loreliel, la Plateada, de paso veloz y mirada infalible.

Y reunidos en la fortaleza, habló Olin Glisir:

—Gracias sean dadas a los Seldarine, pues habéis llegado. Hemos resistido en desgaste constante, y los signos son claros: el ataque es inminente. Si fallamos en esta noche, la corrupción alcanzará el corazón del bosque y llegará hasta el Árbol de la Vida. Yo reforzaré los tejidos de defensa… mas necesito de vuestro valor para sostener la muralla.

Apenas hubo tiempo para más palabras. Pues los vigías clamaron desde lo alto:

—¡Ahí vienen! ¡La sombra nos alcanza!

Y como una marea oscura, las huestes de la Bruma chocaron contra las murallas.

Así comenzó la batalla.

La primera oleada llegó como tormenta: vampiros y tumularios, guiados por el primer capitán, cuyo estandarte rojo ondeaba entre la muerte. Las flechas de los arqueros élficos cayeron como lluvia de acero desde las alturas, mas no bastaron para detenerlos. Y cuando el gran portón cedió, Loreliel, Boti —en su forma de colosal elemental de piedra— y Kyahel se alzaron en el umbral, cerrando el paso en un estrecho de muerte.

Allí lucharon. Y con el apoyo de sus aliados, la primera hueste fue destruida, y su capitán abatido antes de cruzar la puerta.

Mas no hubo descanso.

La segunda oleada llegó con estruendo, y una explosión desgarró la muralla, abriendo brecha hacia el patio interior. Entonces la batalla se volvió caótica, y la muerte caminó entre los defensores. Zentakord alzó cánticos antiguos, invocando fuego que descendió como juicio sobre los enemigos; Yarthrea y Nyvara desataron artes arcanas que fulguraron como estrellas en guerra; Boti resistió como montaña viva; y Loreliel y Kyahel se movieron con velocidad imposible, segando a sus enemigos sin tregua.

Mas el segundo capitán entró en la contienda.

Y grande fue el daño que causó. Muchos cayeron heridos, al menos la mitad del grupo aun bajo las manos sanadoras de Sylwen y Elenya. Pero las dos guerreras —alada y lobuna— lo persiguieron y, tras feroz combate, lo abatieron.

Y aún así… la noche no había terminado. La tierra tembló.

Y un clamor de horror se alzó en la distancia.

—¡Una tercera oleada! —gritaron los vigías.

Y esta fue la más terrible de todas.

Caballeros malditos, más fuertes que los anteriores, y arqueros vampíricos de puntería mortal avanzaron bajo la Bruma. Las flechas envenenadas segaron a los defensores en las murallas, y los veteranos, ya exhaustos, apenas pudieron sostener la línea.

Uno a uno, fueron cayendo los héroes. Hasta que sólo quedaron en pie Kyahel, Elenya y Loreliel.

Y ante ellas se alzó el tercer capitán. La batalla fue desesperada. Y cuando todo parecía perdido, y la muerte alzaba su arma para dar el golpe final, se escucharon palabras de poder.

Era Olin Glisir.

Había completado el telar mágico. Y con un rayo de luz pura, golpeó al capitán vampírico y le arrebató la existencia en un instante. Entonces, privadas de su mando, las hordas se dispersaron como sombras al alba.

Y los elfos alzaron voces de júbilo.

—Habéis resistido —dijo Olin—. Y gracias a vosotros, la defensa está completa. La Bruma no avanzará esta noche.

Mas aún quedaba una tarea.

Los heridos fueron atendidos, y los caídos honrados. Y cuando los veteranos recuperaron aliento, se les encomendó una última misión: salir más allá de la fortaleza y acabar con los rezagados.

Y así partieron. Pero no hallaron a la horda.

Sólo silencio.

Y entonces… el peligro. Desde la Bruma emergieron otros enemigos, no nacidos de ella, sino antiguos adversarios de Amn: la Orden del Ébano, ocho en número, como ocho eran los defensores del bosque.

Y allí, en la oscuridad profunda, se libró la última batalla. Fue rápida y brutal.

Magia, acero y sangre se mezclaron en un solo instante. Boti resistió como roca inquebrantable que destempló el acero enemigo; Nyvara y Yarthrea desataron destrucción arcana especializada contra la muerte viviente; Zentakord invocó fuego y tormenta hasta que cayó vencido junto a Elenya quien hacía despliegues mágicos contra el enemigo; Sylwen sostuvo la vida entre los suyos; y las guerreras alada y lobuna lucharon sin dar tregua.

Y al final…

la oscuridad fue vencida. Así terminó la Noche Infinita.


ntSjrLu.png

Y por un tiempo, la Bruma retrocedió. Mas no fue destruida.

Y los sabios escribieron:

que aquello no fue el final,
sino sólo una victoria ganada
en la larga guerra contra la sombra.


G5wUQNP.png

Offtopic :
Muchas gracias a los jugadores que participaron y a los DM Kapillo y Nazgul por tan brutal ambientación.
Jugadores Alzados Caballero Ébano, Adry, Dama sombria, Galadriem, Braulio, Colmillo Sombrio , Marcus, no recuerdo bien sus apodos
 
Última edición:

DM Nazgul

Dungeon Master
Registrado
13/10/25
Mensajes
1,211
La mañana en Púrskul fue de lo más intranquila.

El Señor Ferm, granjero de toda la vida, daba gritos a sus mozos buscando a sus vacas. Si la bruma lo había vuelto algo irascible ya de por sí, el hecho de que sus cabezas de ganado no estuviesen en el granero (y que el propio granero se hubiese derrumbado como si un vendaval lo hubiera sacudido toda la noche con una violencia que ni Talos) tampoco ayudó en absoluto al humor de perros del pobre hombre.

Un molinero llegó a la taberna después de su jornada diciendo que a la mañana había visto un pájaro del tamaño de las aspas de su molino volar dirección Norte.

En Crimmor una sacudida dió la alarma: algo después del medio día, el tejado de un edificio explotó en un sonoro golpe y la madera crujió y estalló derrumbándolo. Mientras, el de su vecino ardió en llamas... las sospechas fueron tales por una posible disputa vecinal, que no se sosegaron en todo el día.

Un poeta aprovechó la noche en la taberna para cantar sobre dragones, jurando y perjurando haber visto uno volar en dirección Norte.

En Náshkel se esperaba un carromato de suministros. Sin embargo Lathander cayó dormido apagando la luz de sus rayos, y ningún guardia de la División de la Nube informó sobre su llegada.

Como sea, la desazón y esperanza, la tensión, los conflictos entre magos encapuchados y desviacionistas, entre ladronzuelos o maleantes violentos y guardias... continúan a la orden del día en Amn, la tierra del comercio "truncado" y las frustraciones.​

- ¿Es que Oghma nunca va a confesarnos qué es esta maldita niebla...?
 

Skotos

El cansino de los Siervos de Hueso
Registrado
4/7/07
Mensajes
2,258
gwenburned.pngSe dice que un grupo, agotado, conformado por Hijas de la Luna, Reghed y elfos, regresó a Náshkel envuelto en bruma y frío. Entre ellos se encontraba la Oráculo, quien cruzó las murallas con un gesto abatido y con la espalda completamente quemada y abrasada. Apenas tenía fuerzas para caminar y lo hizo a base de testarudez, mostrando una evidente cojera.

Los rumores comentan que marcharon a ritmo apresurado, buscando algo, tras reunirse con el alcalde Edwing Matanecrarios.

Por las expresiones en sus rostros, parecieron no haberlo encontrado... o quizás sí. Pero lo que quedaba claro es que ahora parecían ser plenamente conscientes del terror al que se enfrentaban: uno que sin duda requeriría los esfuerzos de no pocas almas nobles.
 
Última edición:

DM Nazgul

Dungeon Master
Registrado
13/10/25
Mensajes
1,211
oIIdGXt.jpeg


Como si el Astro Rey, Lathánder, el Cálido Amanecer, hubiera perdido toda potestad sobre aquellas tierras, los Picos de las Nubes quedaron súbitamente envueltos en bruma. La niebla avanzó en su tránsito sobre Náshkel y el Bosque de Tezhir, extendiendo a su paso desazón y terror, como si toda aquella oscuridad quisiera congregarse en un único lugar.

Más densa y más viva que en ningún otro rincón de Amn, aquella neblina parecía obedecer a una voluntad propia. Como si algo, o alguien, la estuviera llamando.

Las montañas heladas que marcaban la frontera entre Amn y el Norte adquirieron entonces un aspecto todavía más lúgubre. Sus raíces se retorcían bajo la piedra; las rocas, ya de por sí escarpadas, se afilaron como colmillos en las alturas cubiertas de nieve, convirtiendo cada paso en una trampa mortal. Entre valles y acantilados comenzó a alzarse, arrastrado por el viento gélido, un murmullo constante de desesperación: susurros de muerte, promesas de ruina.

Las profecías susurradas a unos, las promesas entregadas a otros, la curiosidad temeraria de los aventureros y la despreocupación salvaje de los intrépidos no dejaron lugar a dudas: algo estaba a punto de suceder en las tierras de las aldeas reghed. Tan evidente era la amenaza que incluso los Señores del Norte comprendieron la gravedad de lo que se avecinaba y ordenaron enviar fuerzas en auxilio.

Los robustos guerreros de Kazad Gromdal apenas pudieron aportar más que unos cuantos huryns y carretas cargadas de barriles de cerveza, pues sus propias guerras bajo la montaña reclamaban casi toda su atención.

Algo más numeroso fue el contingente enviado por la División de la Nube de Náshkel, bajo las órdenes del estricto Edwin Matanecrarios, siempre vigilante, siempre con la mirada puesta en el Norte.

Y, como no podía ser de otra forma, el conflicto, que había alcanzado como un dardo envenenado el corazón mismo del Pueblo Gentil, obligó también a actuar al Portavoz de los Árboles, que despachó varias tropas de élite. Tanto se había resentido el equilibrio natural que incluso los druidas y montaraces del Enclave Esmeralda abandonaron su cautela y marcharon hacia las montañas.

Pero no todas las fuerzas que ascendían por aquellas laderas lo hacían con estandartes al viento. Otras avanzaban en silencio, ocultas entre la bruma y la piedra. Entre ellas había aliados arpistas, discretos como sombras; y también enemigos desconocidos, cuyos propósitos eran aún más oscuros que la niebla que los amparaba.

Sobre todos ellos pesaba un mismo rumor.

El nombre de Jonaleth Irenicus volvía a pronunciarse en voz baja, como un mal augurio. Aquel que una vez puso en jaque a Amn y a Suldanessellar había regresado.

Y esta vez parecía dispuesto a cobrarse su venganza.

Offtopic :
Para los jugadores que se sientan identificados con los grupos mentados o la región, se habilitará un mapeado de aldea Reghed los próximos miércoles 29 de Abril, miércoles 6 de Mayo y miércoles 13 de Mayo.
Quien entre en ella estará participando, como de costumbre, en algo con potencial riesgo de MP o consecuencias severas impartidas por la vileza DM y el injusto Neverwinter. Ya sea en forma de 2-3 caídas o de acción de elevado riesgo como enfrentarse a Kronos o saltar un río de lava.
 
Última edición:

farraces

Bug de oscuridad
Registrado
19/9/06
Mensajes
591
* Los Rumores llegan a la Orden del Guantelete, ya ofreció ayuda al Norte y como tal así proceden, El Caballero Centinela Dick Cars escribe un pergamino y lo cuelga en los aposentos de los Ordenados*


dividerorden.png
Hermanos y hermanas del Guantelete,
Leed esto con atención. La bruma ha regresado y esta vez no es solo un fenómeno natural, es un manto de desesperación que busca ahogar nuestras tierras, desde los Picos de las Nubes hasta el corazón de Náshkel. El nombre que se susurra en el viento, ese nombre que creíamos enterrado en el pasado, ha vuelto a atormentar estas tierras, Irenicus.

No os voy a mentir, lo que nos espera en las montañas no es una escaramuza más. Es la oscuridad intentando ganar terreno, queriendo borrar el sol de Lathánder. Pero si algo aprendimos en Kazad, cuando la niebla maldita intentó devorarlo todo, es que la oscuridad solo se retira cuando encuentra a alguien dispuesto a plantarle cara.

Ya hemos tendido la mano al pueblo élfico y a las Damas de la Luna en Náshkel. Les hemos jurado que no están solos y ahora debemos honrar esa palabra con nuestro acero y nuestra fe.

El Enclave Esmeralda, los guerreros de la montaña y las fuerzas de la ciudad ya están en movimiento. Todos saben que si caemos, el resto será presa fácil.

No nos importa si el enemigo avanza en silencio o si se esconde tras una voluntad maligna. El Guantelete no retrocede. Somos el muro que protege a los débiles, la luz que rechaza la sombra. Aquel que crea que puede traer la ruina a Amn se ha encontrado con el grupo equivocado.

Preparad vuestras armas, revisad vuestras armaduras y sobre todo, fortaleced vuestros corazones. Mañana, cuando ascendamos esas laderas, no lo haremos como soldados que cumplen una orden, sino como la esperanza de quienes no pueden defenderse.

Que sientan el peso de nuestra determinación antes de que vean el brillo de nuestras espadas. Irenicus quiere venganza, pero nosotros le daremos justicia.

Nos vemos en la cima. Por el Guantelete, y por aquellos que esperan nuestra luz en medio de esta bruma maldita.

Dick Cars
Obispo de Ilmater

Caballero Centinela de la Orden del Guantelete
Picsart_26-02-24_20-06-36-137.png
 

Sariel

Enano sin acento ruso
Registrado
15/1/24
Mensajes
1,444
separador-luna-png.png
Desde hacía ya varias jornadas corría un nuevo rumor por las calles de Náshkel, en tabernas, mercados y junto a los pozos donde se reunía la gente al caer la tarde. Decían que los selunitas, asentados desde hacía largo tiempo en la ciudad, no habían permanecido ajenos a los presagios que descendían desde el Norte.

Quienes frecuentaban el lugar conocido como "El Santuario" aseguraban haber visto un inusitado ir y venir de acólitos, carretas y bestias de carga entrando y saliendo de sus patios. Bajo la luz de la luna, y también en pleno día, la Oráculo Gwenaelle se ocupaba personalmente de disponer cuanto fuese necesario para la ciudad y la marchas: víveres, mantas, ungüentos, aceite para lámparas, vendas, grano para los animales y barriles de agua limpia. Así como solia ser habitual se encargaba de templar el ánimo de los más temerosos o desconsolados.

Otros hablaban, en voz más baja y con mezcla de respeto y temor, de la otra figura que se había puesto en movimiento dentro de la iglesia: la Alta Sacerdotisa conocida como la Luna Sangrienta. Allí donde la Oráculo ordenaba suministros y traía calma, La Luna Sangrienta reunía acero y disciplina. En las cercanías del santuario podían escucharse los golpes acompasados de escudos, el resonar de armaduras ajustadas y las órdenes secas dirigidas a los caballeros consagrados de Selûne, que diligentemente seguían las instrucciones de la Iluskana peliblanca.

No sorprendía a los mejor informados. Era sabido desde hacía años que entre la iglesia de Nuestra Señora de Plata y los pueblos bárbaros de las montañas existía unión. Más de una vez habían jurado prestarse socorro cuando llegase la necesidad.

Se decía que la Luna Sangrienta preparaba un destacamento para marchar en auxilio de aquellos a quienes llamaban amigos, cumpliendo la palabra dada tiempo atrás a Halgar y Eir, actuales vocales del pueblo de la montaña. Si las nieblas traían conflicto, los hijos de la Luna no permitirían que los suyos lo afrontasen en soledad.

Sello_RosaDePlata.png
separador-luna-png.png
 
Última edición:

Loreliel

Pirata sin barco
Registrado
25/9/11
Mensajes
2,498
Edad
37
oIIdGXt.jpeg


Como si el Astro Rey, Lathánder, el Cálido Amanecer, hubiera perdido toda potestad sobre aquellas tierras, los Picos de las Nubes quedaron súbitamente envueltos en bruma. La niebla avanzó en su tránsito sobre Náshkel y el Bosque de Tezhir, extendiendo a su paso desazón y terror, como si toda aquella oscuridad quisiera congregarse en un único lugar.

Más densa y más viva que en ningún otro rincón de Amn, aquella neblina parecía obedecer a una voluntad propia. Como si algo, o alguien, la estuviera llamando.

Las montañas heladas que marcaban la frontera entre Amn y el Norte adquirieron entonces un aspecto todavía más lúgubre. Sus raíces se retorcían bajo la piedra; las rocas, ya de por sí escarpadas, se afilaron como colmillos en las alturas cubiertas de nieve, convirtiendo cada paso en una trampa mortal. Entre valles y acantilados comenzó a alzarse, arrastrado por el viento gélido, un murmullo constante de desesperación: susurros de muerte, promesas de ruina.

Las profecías susurradas a unos, las promesas entregadas a otros, la curiosidad temeraria de los aventureros y la despreocupación salvaje de los intrépidos no dejaron lugar a dudas: algo estaba a punto de suceder en las tierras de las aldeas reghed. Tan evidente era la amenaza que incluso los Señores del Norte comprendieron la gravedad de lo que se avecinaba y ordenaron enviar fuerzas en auxilio.

Los robustos guerreros de Kazad Gromdal apenas pudieron aportar más que unos cuantos huryns y carretas cargadas de barriles de cerveza, pues sus propias guerras bajo la montaña reclamaban casi toda su atención.

Algo más numeroso fue el contingente enviado por la División de la Nube de Náshkel, bajo las órdenes del estricto Edwin Matanecrarios, siempre vigilante, siempre con la mirada puesta en el Norte.

Y, como no podía ser de otra forma, el conflicto, que había alcanzado como un dardo envenenado el corazón mismo del Pueblo Gentil, obligó también a actuar al Portavoz de los Árboles, que despachó varias tropas de élite. Tanto se había resentido el equilibrio natural que incluso los druidas y montaraces del Enclave Esmeralda abandonaron su cautela y marcharon hacia las montañas.

Pero no todas las fuerzas que ascendían por aquellas laderas lo hacían con estandartes al viento. Otras avanzaban en silencio, ocultas entre la bruma y la piedra. Entre ellas había aliados arpistas, discretos como sombras; y también enemigos desconocidos, cuyos propósitos eran aún más oscuros que la niebla que los amparaba.

Sobre todos ellos pesaba un mismo rumor.

El nombre de Jonaleth Irenicus volvía a pronunciarse en voz baja, como un mal augurio. Aquel que una vez puso en jaque a Amn y a Suldanessellar había regresado.

Y esta vez parecía dispuesto a cobrarse su venganza.

Offtopic :
Para los jugadores que se sientan identificados con los grupos mentados o la región, se habilitará un mapeado de aldea Reghed los próximos miércoles 29 de Abril, miércoles 6 de Mayo y miércoles 13 de Mayo.
Quien entre en ella estará participando, como de costumbre, en algo con potencial riesgo de MP o consecuencias severas impartidas por la vileza DM y el injusto Neverwinter. Ya sea en forma de 2-3 caídas o de acción de elevado riesgo como enfrentarse a Kronos o saltar un río de lava.


NNFHSRE.png


Y así transcurrieron las semanas tras la Batalla de la Noche Infinita en el Bosque Álandor, y aunque los Guardianes del Enclave Esmeralda habían recobrado sus fuerzas, no cesaron en sus vigilias. Pues su deber no conoce descanso, y sus pasos continuaron marcando los senderos ocultos del bosque, siempre atentos a toda señal de sombra o desequilibrio.

Mas no tardaron en llegar nuevas de inquietud.

Desde el Norte Helado se alzaban rumores cada vez más oscuros: se decía que la bruma, aquella misma que había descendido como un mal sin forma sobre Álandor, se movía ahora con voluntad renovada, densificándose en torno a las tierras altas conocidas como los Picos de las Nubes, amenazando con quebrantar el equilibrio de aquellas regiones.

Entonces fueron alzados los cuernos del Enclave, cuyo llamado sólo los guardianes reconocen, y su sonido atravesó el bosque como un eco antiguo que no admite demora. Y todos acudieron al Claro de Eldath, donde los árboles guardan memoria de juramentos antiguos.

Allí se alzó Loreliel la Plateada, y su presencia fue como la de una hoja firme ante el viento de la tormenta. Y habló, y su voz fue clara entre los reunidos:
—Hermanos del bosque, os saludo.
Y por un momento guardó silencio, contemplando los rostros de quienes habían resistido junto a ella la oscuridad reciente.
—Irenicus, en su soberbia, creyó que hallaría un camino sin resistencia, y que extendería su dominio de temor sobre Álandor sin oposición. Mas halló ante sí a los elfos, y a los guardianes del Enclave, y conoció la fuerza de nuestra voluntad.

Entonces alzó su mano y señaló hacia el norte, donde más allá de las copas del bosque se alzaban, lejanos y severos, los picos coronados de frío.

—Ahora el enemigo, y la bruma que lo sigue como un siervo maldito, se desplazan hacia las tierras heladas —dijo—. Allí se concentran, buscando un nuevo propósito, quizá un nuevo dominio.

Y su voz se endureció como la corteza de los árboles más antiguos.
—Mas no permaneceremos aquí aguardando, mientras otros sostienen la carga de la guerra. No es ese el camino de quienes guardan el equilibrio. Ha llegado la hora de marchar.

Y añadió con determinación:
—Pues somos cazadores, y no habrá rincón del mundo donde la sombra pueda esconderse de nosotros, aunque su rastro sea tan esquivo como el viento en los valles helados. Y sobre nosotros recae ahora también el peso de sostener a la Alianza del Norte.

Entonces elevó su voz por última vez:
—¡Preparad vuestras pertenencias, y alzad vuestras plegarias a los espíritus de la naturaleza, pues el camino será largo y la prueba grande!

Y los guardianes escucharon, y en sus corazones no hubo duda.

Así fue que en los días que siguieron, la noticia se extendió con rapidez, como el estruendo repentino de una llama encendida en la oscuridad. Y en gran número, los guardianes verdes partieron desde el Bosque Álandor, marchando hacia los Picos de las Nubes, donde el frío muerde la tierra y el cielo parece más cercano.

Mas no todos partieron.

Algunos pocos permanecieron atrás, encargados de velar por el bosque en ausencia de sus hermanos, junto a Arkhaneus, guardián de antiguos deberes.

Y así comenzó una nueva marcha.
Y la guerra contra las brumas ominosas de Irenicus no había terminado, sino que apenas tomaba un nuevo rumbo.


G5wUQNP.png
 
Última edición:

El_Reverendo

Pornorroleador oldschool
Registrado
17/12/09
Mensajes
802
A la diestra marchaba la imponente Loreliel, conocida como Loba Plateada. En los últimos tiempos su poder ha experimentado un aumento considerable, seguramente a consecuencia de tantos males que nos acechan. Camina recia y solemne a sabiendas que este encuentro dictaminará un craso terror en el Alandor si no se consigue erradicar.

A la zurda en forma de Lobo Gigante va al paso el inconfundible e inigualable Boti. Su mirada es feroz y su porte esbelto a la par que imponente. Irenicus le doblegó el alma una vez por su insolencia... y ahora arde en deseos de volver a reírse en su cara para después despedazarlo hasta que no quede nada.

En la retaguardia justo detrás y apoyándose en un retorcido bastón. El Gran Guardián Zentakord parece musitar y rumiar palabras tal vez con algún pequeño animal que guarda en su barba purpura, con el bosque o con toda la flora que le rodea. No pierde la compostura y ofrece de vez en cuando una galleta hecha con gusanos que muy amablemente la mayoría no acepta.

En el grueso del grupo se encuentra la certera arquera Velatha. Tan bella como letal, camina desenfadada como es habitual en ella... pero lista para entrar en acción.

La Lider de los Ripacurtia Lux, repasa una y otra vez sus viales y conjuros curativos junto a su inseparable oso Inti. Preocupándose en el extremo de que su gente esté lo más a salvo posible. Y a su vera el polo opuesto... Orisong. Casi disfrutando del viaje e intentado arrimarse a las elfas más voluptuosas del grupo. Fanrin lo observa de reojo pero se mantiene serio pues este va a ser su primer gran peligro junto a los Guardianes del Equilibrio.

Y sobre el Hipogrifo más conocido y desgarbado del Reino de nombre Jilguero se encarama Radix. El Jinete Furioso como le conocen en algunos lares se mantiene estoico y firme. Con el parche en el ojo derecho y repleto de cicatrices avanza con un Aura que otorga a los que les rodea un cierto coraje y valentía. El inseparable lobo blanco Voja trota con el lomo levemente erizado y con la cabeza gacha reconociendo lo peligroso de la situación.

1000074990.png

Y tras los Acechadores de Invierno y demás personajes mentados aparece casi la totalidad de guardianes del Enclave Esmeralda. Seguirán a sus referentes hasta el fin si es necesario. Protegerán, sostendrán y equilibrarán la balanza natural.


PARA ESO ESTÁN AQUÍ...
POR ELLO DARÁN SUS VIDAS...



La Bruma Roja les espera...

¡¡IRENICUS DEBE CAER!!



1000074991.png
 
Última edición:

CharonVeil

Minsorrano sin caminos
Registrado
26/11/25
Mensajes
137
Como en sus tantas idas y vueltas entre subir al norte, ayudar por la zona y volver, la última bajada había destacado, notando que la bruma se volvió más inclemente en la zona y esto trajo su inminente mal augurio. Al llegar, le entregaron una carta de sus compañeros de Las Cuerdas, así como el murmullo de sus hermanos hacia su curiosidad mayor.

Finalmente leyó la carta con su orbe en la diestra y con un breve asentir empezó a alistarse lo necesario para juntarse con ellos y posiblemente con quienes ya habían prácticamente firmado que al norte se lo iba a proteger de las garras de Jonaleth y tal vez, solo tal vez... poder hacer la diferencia real. Finalmente una vez listo, aviso a uno de los hermanos del templo unas últimas "directrices" en caso de no volver, marchando así al norte.
 
Estado
Cerrado para nuevas respuestas.

Conectados

Arriba