DM Tepes
Cabra de Renatha
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No solo fue en la frontera Norte de Amn donde se encontraba aquella bruma que había rodeado el reino, a la dekhana de su aparición, en el sur también apareció. Entre la Frontera de Amn y Murann en la inmensidad de los humedales una parte quedó cubierta por la densa bruma grisácea. No se sabía cuanto podría cubrir ya que comenzaba pasado unos kilómetros adentro y no se había atravesado.
Algunos aventureros narraban en la ciudad más cercana a la niebla, Purskul, que habían sido sorprendidos por la repentina aparición de la neblina cuando se encontraban explorando la ciénaga en busca de la actividad de las tribus de los hombre lagarto que solía haber cerca. Dentro de la niebla narran en las tabernas mediante el boca a boca su experiencia.
Olor a metal pese a encontrarse en el lodazal, sonidos de armaduras marchando de cerca, que confundieron con Murannitas y cuando bajaron la vista a sus pies al sentir que sus pisadas no se hundían, allí no había barro si no hierba, como si hubieran sido transportados a otro lugar tras tanto andar. Pero todos aseguraban no haber visto nada ni nadie pese a tener la sensación de que algo o alguien les observaba en todo momento.
Los mas curiosos preguntaron como habían vuelto, pero los exploradores no lo sabían, no había rastro que poder seguir, era como si hubieran sido transportados y tras unas horas, habían sido escupidos de vuelta en algún punto de la ciénaga cercano a Purskul.
Una historia que era difícil de creer al escuchar por los habitantes que se agrupaban en la taberna, punto de reunión de la ciudadanía, comentando que las brumas se encontraban lejos de sus tierras y que no eran de su incumbencia, que allí en el Sur, su única preocupación debían ser las bestias de Murann. Pero eso cambió cuando los siguientes grupos de exploración y patrullas de los miembros de La Liga del Cereal regresaban a la ciudad informando de haber visto la bruma y que esta no marchaba.
Al otro lado de la frontera en Murann, algunas tribus de los Dientecillos parecen comenzar a incomodarse, pese a mantener las distancias con las más "civilizadas" bestias del Imperio, parece que algunos mensajeros arribaban a la capital informando de lo que estaba sucediendo en los humedales en las tabernas de la ciudad, el suceso inquietaba a las tribus de la horda de trasgos que habitaban en aquellas zonas y que habían comenzado a tener pesadillas por las noches.
La niebla no avanzaba pero no sabían que tan grande era aquella zona, pues de los exploradores que enviaban, regresaban a las horas desorientados informando de haber caminado sin cesar y que pareciera hubiera sido en círculos pues su rastro se borraba y su orientación desaparecía confundiéndoles.
Algunos ogros se reían de los pequeños trasgos, no llegándolos a tomar en serio, otros se mostraban apáticos como si aquello no fuera con ellos y que escuchaban la historia porque ya estaban allí.
Los miembros de la horda hablaban de que en su interior se escuchaban pasos pesados, como si de un ejército de Amnianos se estuviera movilizando, pero no se veía a nadie. El olor que se respiraba dentro era como de metal pulido pero apenas era perceptible y por último explicaban que cuando buscaron aquellos rastros que no encontraron, vieron que aquello no era un lodazal si no una llanura.
Aquellas historias hubieran pasado desapercibidas como invenciones y desvaríos si no fuera por la confirmación que recibieron los soldados Imperiales de la Fortaleza del Cuerno Tronante, donde las patrullas confirmaban la aparición de aquella bruma que no parecía disiparse.
Algunos aventureros narraban en la ciudad más cercana a la niebla, Purskul, que habían sido sorprendidos por la repentina aparición de la neblina cuando se encontraban explorando la ciénaga en busca de la actividad de las tribus de los hombre lagarto que solía haber cerca. Dentro de la niebla narran en las tabernas mediante el boca a boca su experiencia.
Olor a metal pese a encontrarse en el lodazal, sonidos de armaduras marchando de cerca, que confundieron con Murannitas y cuando bajaron la vista a sus pies al sentir que sus pisadas no se hundían, allí no había barro si no hierba, como si hubieran sido transportados a otro lugar tras tanto andar. Pero todos aseguraban no haber visto nada ni nadie pese a tener la sensación de que algo o alguien les observaba en todo momento.
Los mas curiosos preguntaron como habían vuelto, pero los exploradores no lo sabían, no había rastro que poder seguir, era como si hubieran sido transportados y tras unas horas, habían sido escupidos de vuelta en algún punto de la ciénaga cercano a Purskul.
Una historia que era difícil de creer al escuchar por los habitantes que se agrupaban en la taberna, punto de reunión de la ciudadanía, comentando que las brumas se encontraban lejos de sus tierras y que no eran de su incumbencia, que allí en el Sur, su única preocupación debían ser las bestias de Murann. Pero eso cambió cuando los siguientes grupos de exploración y patrullas de los miembros de La Liga del Cereal regresaban a la ciudad informando de haber visto la bruma y que esta no marchaba.
Al otro lado de la frontera en Murann, algunas tribus de los Dientecillos parecen comenzar a incomodarse, pese a mantener las distancias con las más "civilizadas" bestias del Imperio, parece que algunos mensajeros arribaban a la capital informando de lo que estaba sucediendo en los humedales en las tabernas de la ciudad, el suceso inquietaba a las tribus de la horda de trasgos que habitaban en aquellas zonas y que habían comenzado a tener pesadillas por las noches.
La niebla no avanzaba pero no sabían que tan grande era aquella zona, pues de los exploradores que enviaban, regresaban a las horas desorientados informando de haber caminado sin cesar y que pareciera hubiera sido en círculos pues su rastro se borraba y su orientación desaparecía confundiéndoles.
Algunos ogros se reían de los pequeños trasgos, no llegándolos a tomar en serio, otros se mostraban apáticos como si aquello no fuera con ellos y que escuchaban la historia porque ya estaban allí.
Los miembros de la horda hablaban de que en su interior se escuchaban pasos pesados, como si de un ejército de Amnianos se estuviera movilizando, pero no se veía a nadie. El olor que se respiraba dentro era como de metal pulido pero apenas era perceptible y por último explicaban que cuando buscaron aquellos rastros que no encontraron, vieron que aquello no era un lodazal si no una llanura.
Aquellas historias hubieran pasado desapercibidas como invenciones y desvaríos si no fuera por la confirmación que recibieron los soldados Imperiales de la Fortaleza del Cuerno Tronante, donde las patrullas confirmaban la aparición de aquella bruma que no parecía disiparse.
Offtopic :
Este será mi hilo para mi ambientación de la metatrama. Todo sobre mi parte en esta metatrama ira aquí, se puede reaccionar/postear. 
