ArgonEro
Gerardo de Amn
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" ¿Qu-... Que quieres saber de dónde coño vengo? Joé. Pues siéntate. Siéntate, prepárate para una historia para nada soporífera.
Muchas historias empiezan con un trágico epitafio de un par de padres, llorando la muerte de un ser querido o la de una queja sobre la pobreza, sobre cómo el mundo se cae sobre los hombros de una persona, y esta, con valor y casi mágicamente, consigue sobrevivir contra todo predicamento y pronostico, debe ser que se venden mejor.
Debe ser que apelan más a las masas. A mí, por desgracia, me tocó la peor de las infancias, la plena, feliz y llena de felicidad, a veces me siento mal sabiendo que el noventa porciento de los aventureros que me cruzo me narran su esfuerzo continuo para sobrevivir... Para luego pedirme un arma con la que ir a masacrar un grupo de bandidos, matar a los padres de un crio y repetir el ciclo.
En fin, la hipocresía narcisista que irónicamente asola a los generosos aventureros que cometen homicidio de mañana y donan lo que han conseguido a alguna causa que para ellos sea justa. Cómo si eso lo arreglase. Vaya idiotas.
Yo, ya repitiéndome, por desgracia, tuve una gran infancia plena. Allá en Lantan. Tierra de gnomos. Dicen que los Gnomos están locos, que inventan cosas raras y que echan fuego. Bueno. En parte, tienen razón. ¡Pero eso es lo gracioso! ¿No crees? Volviendo al tema. Pasé durante mucho, mucho tiempo. - No recuerdo exactamente cuando empecé - Desde pequeña, mi vida fue sencilla, bueno, sencilla no. Plena.
Siempre pensé que fuí el capricho de uno de los acólitos del templo el hecho de que acabase estudiando. Durante ese tiempo me enseñaron muchas, muchas cosas. Y, bueno. Enseñaron. En realidád me 'enseñó'. Begnym se llamaba. Mucho tiempo pasé con él. Fué mi padre, tutor, guia espiritual y maestro en muchos ámbitos por... Yo que sé. ¿Una década? Quizás más. Es una de las pocas personas a las que le tengo respeto ¡Aunque mis padres estaban vivos y podía verlos una vez a la Dekhana! Simplemente, encontré mi lugar en la fé del sagrado creador.
Me enseñó las dos bases que conozco hasta ahora, ríete del creyente y no de la fe, y desafía todo lo que conoces. Obviamente, siempre he pensado que se le iba algo la cabeza. Al menos al principio, pero en cuanto los años pasaban, entendía que no estaba loco, solo era un genio. Se preguntaba todo y trataba de desafiarlo. Sin duda, crecí de una niña ingenua a una adulta ingenua y feliz. Allí, en el sagrado taller de la inspiración, crecí, aprendí las bases de la magia y la ingeniería y sobre todo, la fé del Hacedor de Maravillas.
Tanto mi maestro cómo yo nos parecemos bastante. Creo que es obvio. Él odiaba que le prometiera cosas. "¿Me prometes, dices? Vaya, pues deja de hacer la idiota, y hazlo, cuando demuestres que puedes hacerlo, te creeré". Sin duda, una frase que me repetía y repetía cuando yo era una criaja. Poco a poco entendí que en mi trabajo eso de la palabra no vale una mierda. ¿Por qué, si son palabras? Demuéstrame que puedo confiar en ti, demuéstrame que sabes hacer algo, pruébame equivocada, y ahí, y solo ahí, te creeré.
Pero bueno. No todo lo bueno dura demasiado, aún miro con melancolía atrás, cuando me enseñaba "Haz algo util, sencillo, barato. ¿Piensas hacer algo para que cuatro ricachones se lucren, o para que el pueblo cambie y se adapte haciéndolo asequible para todos? Pues eso. Piensa, piensa y piensa. Que muy lista eres, pero qué poco usas la cabeza" Era un hombre contundente, pero justo. Cuando canalicé mi primera plegaria a los diecinueve, y creé agua. Me montó una fiesta, y me regaló mi primer martillo. ¡Un martillo! Sigo teniéndolo por ahí. Y sigo trabajando con él. No es mágico ni nada. Nunca lo fue. Pero el hecho de que me diese algo -mio- me encantó. Más cuando es una herramienta para... ¡Exarto! Crear.
Pero, cómo decía, no todo lo bueno dura. Crecí, aprendí, y cuando fue mi momento de volar del nido, cómo una contracción hecha para, eso, volar, decidí de entre todos los lugares donde podría ir, venir aquí. ¿Por qué? Pues es obvio, mozo, porque es Amn, aquí hay de todo. Con suficiente oro, consigues lo que quieras. Y no te dejan elegir a dónde ir. Ha de ser un sitio donde haya potencial. ¿Qué mejor que este? Bueno, muchos hay. Pero este es el que yo elegí.
Poco después de llegar, simplemente me registré en la universidad de los oficios, molesté a mi segundo maestro de magia, Erven, y me incorporé a la Myrdon para continuar con mis escasos estudios de magia. La vida está bien. Cuando te pasas diez meses de tu vida aprendiendo herrería sin parar, acabas apreciando lo que es trabajar. Y llegar a dominar algo. "Aprende un oficio" me gritó Begny. Pues toma dos tazas. ¡Ahora soy herrera! Pero eso. Esa es otra historia.
Cómo ves, no vengo de un pasado oscuro, ni de los peores sitios de esta tierra. Una vida sencilla, llena de felicidad y genialidad. ¿Y qué qué pienso conseguir? Pues-.... Unos matan, otros conspiran para conseguir poder. ¿Yo? Yo creo, mozo, yo hago, y con eso. Soy feliz… Aunque lo que yo hago… No siempre es fácil ni sencillo. Cómo mi reloj. Pero esa, es, en efecto, otra, otra historia. Una historia dentro de una historia. Genial ¿Eh?
¡Y poco más! En unas semanas te veré, si quieres, y te contaré algo más de mi vida! Quizás te guste. Quizás no "


