Kellky
Lágrima de mago nerfeado
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En aquella hermosa noche, la luna brillaba con tal intensidad que parecía que la deidad Selûne misma velaba por cada uno de los habitantes del pequeño pueblo. Un lugar conocido por su única taberna, "El Puerco del Manzano." El tranquilo murmullo nocturno fue interrumpido de repente por un fuerte estruendo, un quiebre que rompió la calma como una copa al caer.
En una mesa apartada, alejada del bullicio, se encontraba una elfa llamada Elaria. Frente a ella descansaba un libro abierto y en su mano derecha sostenía una pluma que movía con precisión. Sus ojos, agudos y penetrantes, seguían cada uno de los movimientos de un humano que parecía meterse, una vez más, de cabeza en una de sus tantas locuras: Matt Hauton. Esta vez, se trataba de una apuesta ridícula, en el mismísimo corazón de la taberna, y Elaria lo observaba como quien estudia un enigma imposible de resolver.
-"Y entonces, Matt aseguró que podría beber más que el orco de tres metros sentado a su lado" -escribió Elaria con una caligrafía impecable, aunque al llegar al final de la frase dejó escapar un profundo suspiro y rodó los ojos con una mezcla de resignación y exasperación.
Estaba tan harta de sus disparatadas aventuras y promesas vacías que, a veces, se preguntaba por qué seguía documentando cada uno de sus fracasos y momentos ridículos. Pero, a pesar de todo, allí seguía, registrando cada palabra y gesto como si se tratara de una misión divina que no podía abandonar.
¡CRACK! Otro sonido rompió la noche. Esta vez, una silla se partió sobre la espalda de un desafortunado pueblerino. En medio del caos, Matt Hauton se dirigía tambaleándose hacia Elaria, con la nariz sangrando y un ojo tan morado como las uvas de verano.
-¿Estás escribiendo sobre mí otra vez? -preguntó Matt con una sonrisa traviesa, apenas consciente del agotamiento en el rostro de la elfa.
-Sí, Matt. Escribir sobre tus hazañas es justo lo que me llena de felicidad en la vida -respondió Elaria con una voz empapada de un sarcasmo tan denso que podría cortarse con un cuchillo, mientras anotaba: Y una vez más, Matt Hauton ignoraba por completo el hastío de su cronista.
Justo cuando Matt se giró para volver a sus locuras, lanzando una de sus sonrisas desvergonzadas, Elaria dejó escapar un suspiro aún más profundo, alzando los ojos al cielo como si rogara por una pizca de paciencia divina para soportar otro día más siguiendo a ese enigma ambulante que era Matt Hauton.
Pero la escena no había terminado ahí. Matt apenas había dado dos pasos cuando fue agarrado de los pies por el orco de gran tamaño, quien lo arrastraba por el suelo de la taberna como si fuera un saco de papas.
-¡Ven con papi! _rugió el orco, con una sonrisa macabra y una voz estruendosa que hizo vibrar las ventanas.
Y mientras Matt era arrastrado fuera del lugar, aún con esa expresión entre divertida y resignada, Elaria anotó una última línea en su libro: Y así, nuestro intrépido héroe encontró una vez más la manera más absurda de terminar la noche... siendo el juguete de un orco gigante.