Novedades

Lealtades.

Brokilon

Pornorroleador oldschool
Registrado
25/3/22
Mensajes
816
Hónrala y lucha por Amn. Patria, comercio y gloria.
" Grabado legible en Azote Dorado, el arma más temible de Tark Miller "

Ensilló a Bravura a las puertas nortes de Crimmor. En la orilla opuesta a la ciudad de las Caravanas. Allí corría una suave brisa que recorría el río caótica y desordenadamente. Las flores se agitaban con violencia cuando eran alcanzadas por las ráfagas de viento. Los barcos circulaban por el cauce, transportando suministros y personas desde la capital hasta las ciudades asentadas en las cercanías del Lago Weng.

Tark acababa de cobrar el último encargo en Imnescar, una buena cantidad de oro que, sumado a la gratificación por sus servicios en las Fuerzas Armadas, hacían su vida y la de su familia un tanto acomodada.
Se encaminó al norte, por la carretera mordida. Pensó ( Vuelvo a casa, no tengo de que esconderme. Soy neutral en esto ) Y con ello se aseguraba efímeramente una sensación de calma y protección. Amn estaba cambiando a un ritmo vertiginoso. Problemas en el sur. Problemas en el norte. Problemas en el propio centro de la nación. De todos esos lugares. ¿Dónde queda su lealtad?

Entonces recordó lo que juró una vez. Antes de vestir el rojo y el dorado. Rojo por la sangre vertida en pos de la gloria. El dorado por las riquezas en consecuencia.


- ¿Y porqué quieres unirte a las Fuerzas Armadas, Tark Miller de Náshkel? - Preguntó la Teniente Valerie Montealto.

- Porque quiero proteger a sus gentes. A los Amnianos.
- ¿De qué quieres protegerlas?
- De los monstruos. De las bestias. De Los No muertos. Aquellos que masacraron la ciudad. Aquellos que no tendrán la oportunidad de hacerlo de nuevo.


Las horas pasaban. Bravura comenzaba a hundir sus herraduras en la nieve que cubría tímidamente la carretera de tierra y piedra que permanecía visible gracias a la sal que echaban por el tránsito. Había encontrado pocas caravanas para la época del año. Aún no se había cerrado el comercio por el temporal. Los combates aún no habían sucedido, pero la toma de posiciones de los bandos se mezclaban en el denso ambiente.
Aún así, su viaje fue tranquilo. Sorteando algunos trasgos y alimañas que solían asaltar por los riscos y pasos estrechos.
Miller no llegó a la ciudad. Giró a la siniestra poco antes de llegar a la Torre de Auril, que permanecía erguida como un faro en el mar, anunciando Náshkel como si la costa para un barco se tratase.

A lo lejos, en las murallas de la ciudad inclinada, podía divisarse movimiento. Luces tintineando en la penumbra, idas y venidas. Tark llegó a su granja, acompañada por la de sus vecinos, la Familia Grim.
En el interior se encontraban sus padres; Annie y Hans. Y también estaban Claudia y su padre.

La madre de Claudia murió hace dos inviernos. Poco después de que Tark volviese a Náshkel tras retirarse de los ejércitos Amnianos.
Que crueldad, siempre había pensado Tark, que Claudia perdiese a su madre en el frío. ¿Nunca llegó a pedirle explicaciones a su diosa?
Sin embargo, Tark nunca llegó a comprender muy bien los caminos y las enseñanzas del credo. De ninguna de las religiones, de hecho.

Todos se giraron hacia la puerta. Guardaron unos segundos de incómodo silencio al ver al guerrero.


- Hijo mío, Tark... - Annie fue la primera en hablar - ¿Qué haces aquí? Con la que está cayendo.

Tark asintió a todos al entrar, cruzando el umbral de la puerta. Las botas mojadas dibujaron una perfecta huella en la madera clara del suelo de la granja. La capa oscura desprendía a cada paso copos de nieve que parecían cobrar vida cuanto más se acercaba a la chimenea de la estancia.
La larga espada a su espalda casi rozaba el suelo en el vaivén de su andar. Pero por más que lo intentaba, siempre quedaba en un fracaso.


- Madre, padre. Claudia, señor Grim... Tenemos que marcharnos.
- ¿Qué nuevas tras del sur, Tark? - Preguntó el padre de Claudia
- Ninguna nueva, al menos, no más que las que sabréis vosotros. Náshkel ha declarado la guerra a Amn. ¿No? O algo así. Qué más dá eso ahora. - Desabrochó su capa, dejándola doblada sobre una silla. Apoyó ambas manos en el espaldero de la misma - Sea como fuere, esto se llenará de problemas pronto. Cerrarán las salidas. Os requisarán los beneficios y el alimento. Y si os oponéis os pasarán por cuchillo, los unos o los otros.
- ¿Y no nos nombrarán traidores? - Preguntó nervioso Hans -
-
Traidores sois ya. Así os tildan en Amn. Tomemos la decisión que tomemos, traidores seremos para unos y leales seremos para otros. La guerra es así de ingrata, sucia y rastrera.
- ¿Y cual va a ser tu posición, soldadito? - Claudia miró a Tark -
-
Yo juré defender la nación de bestias y monstruos. No tengo pensamientos de matar a sus ciudadanos. A mis vecinos. A mis amigos. La guerra también se libra al sur y allí llevaré mi espada, después de poneros a salvo.
- Yo no pienso moverme de aquí. Soy sacerdotisa del frío y la nieve. Ella me protege. Y mi deber está en su región, dónde ella es fuerte.
- Hija, no pierdas el norte. Puedes predicar la fe allá dónde vayamos.
- No padre, está decidido. Yo me quedo, en mi tierra, en mi hogar, dónde hemos enterrado a madre, y dónde el frío de Auril me da el abrazo.

Sucedieron unos minutos de disputa. Entre unos y otros. Tark intercambiaba la mirada conforme hablaban. Annie y Hans aceptaron el destino que le impuso su hijo. Confiaron en el criterio del Ex-soldado para ponerse rumbo hacia Amn.
Claudia y el señor Grim, sin embargo, decidieron quedarse en Náshkel.
¿Sería la primera consecuencia de una guerra civil? Aquellos que habían sido siempre amigos, vecinos... Separados por las armas. Por el odio. Por una razón impuesta...


- ¡No iré allá dónde gobierna una dragona!
- La política no es asunto nuestro Claudia. Nosotros solo jugamos las cartas que nos tocan.
- No me moveré.
- Yo me quedaré con ella...

Tark asintió. Aceptó la decisión de ambos.

- Madre, padre. Preparad el viaje. Partiremos mañana al alba, antes de que despunte.
 

Brokilon

Pornorroleador oldschool
Registrado
25/3/22
Mensajes
816
Decisiones y consencuencias. ¿Estamos preparado para tomar decisiones? ¿Y para asumir las consecuencias?
Pensamientos recurrentes de Tark Miller.

El guerrero jugaba con una copa de vino meciéndola en círculos. El líquido carmesí en el interior del recipiente bailaba al mismo son. La mirada de Tark permanecía fija en la hoguera que repiqueteaba al devorar lentamente la madera que le servía de alimento.
Se escuchaba el silencio, fiel compañero del varón, en el que acostumbraba a pasar sumido largas horas de sus días.

Tomó la copa de vino. Rellenó.

Había algo en su interior que arrastraba su alma a la desazón más profunda. Algo que se había instalado allí desde hace años y que por diversos motivos nunca había llegado a superar. Tark no era el mismo o al menos él no se sentía así. ¿Mejor o peor? Tampoco lo tenía claro del todo. Luchaba día a día con las consecuencias de una decisión que tuvo que tomar mayoritariamente por causas ajenas a él.

Principios o gloria. Lealtad a uno mismo o a sus superiores. Identidad o desconocido.

- ¿Qué habrían hecho otros...? - Pensaba siempre - ¿Me equivocaré siempre por ser leal?


Tomó la copa de vino. Rellenó.

Desvió la mirada su siniestra, hacia el interior de la alcoba. Una cama, deshecha aún. Deshecha por lo que probablemente no fue una noche calma de sueño y descanso pleno.
Cerró los ojos imaginándola allí de nuevo, a su vera, mientras comparían piel e ilusiones por partes iguales.

- ¿Quizá sea yo? ¿El incapaz de mantener aquello que me entrega paz y vida?. Sí, quizá lo sea. Y por eso estoy envuelto en esta desidia. ¿Hm? Es curioso.. ¿Y la imagen que se tiene de mí de confianza y seguridad? Entonces no, quizá no lo sea. Quizá no.. ¡Seguramente no lo sea!
¿Y si no podemos elegir? ¿Y si nuestra vida es como la de un carro que solo puede ir por dónde lo arrastran?


Tomó la copa de vino. Rellenó.

Elegid libremente. Pero elegid bien. Pensad en la decisión y también en las consecuencias. Y si, querida. Va a llover hoy. Pero esta vez, de vos dependerá que lluevan más días.

Tomó la copa de vino. Relle....

- Su *$%& madre. Ya no queda más...
 

Brokilon

Pornorroleador oldschool
Registrado
25/3/22
Mensajes
816
Mi vida aquí es una amenaza a la suya...
Zarenthil. Guerra de Kalathyr.
Las herraduras de Bravura se hundían en la húmeda arena de la costa norte de Kalathyr. Allí, el jinete y su yegua, observaban impasibles la imponente estatua del Rey Imnel que adornaba la playa.
La brisa agitaba el olor a mar y sal característico de las zonas cercanas al mar. El camino había sido tranquilo, incluso el paso por el desfiladero de los muertos, que salvo el silencio eterno, nada perturbó al animal y su humano.

Tark descendió de Bravura con facilidad, acostumbrado a largas horas de monta militar. Primero escuchó como su corazón se agitaba. Aquel lugar le traían a la mente recuerdos que no quería rememorar. Se encontraba en el escenario dónde murió una vez, para dar lugar a un nuevo señor. Alguien que nunca volvería a ser el mismo tras el cruento paso de una guerra lejos de su hogar.
Miles de ojos le observaban desde la distancia - Eso sentía él - aquellos que ya no están. Aquellos de ambos bandos que tiñeron el mar y la arena de carmesí.
Y de todos los caídos en combate, a los pies del empedrado rey, yacía y descansaba su caballo.


- Aquí estoy Alazán. Me duele más que veinte espadas venir aquí. Pero una promesa es una promesa. Y la palabra dada, no debe ser fallada.

Era culpa suya. Lo sabía. Su testarudez, su imprudencia, su impulsividad, su inexperiencia y su juventud llevaron a Alazán a una muerte estúpida por salvarle a él. Y ahora cargaba con una culpa de por vida. Un remordimiento con el que nunca ha conseguido equilibrar los sentimientos.
Cuando hubo sentido los últimos escalofríos, Tark se arrodilló en la arena. Cavó con las manos un hoyo suficientemente grande para enterrar dos terrones de azúcar.

Un cálido soplo de aire acarició la mejilla del guerrero como si las manos de su amante fueran. Con la mirada gacha y pensativo, dejó que aquel momento de zozobra se apoderase de él. Aún albergaba la esperanza de encontrar el perdón de su compañero fallecido.
Cualquier que se hubiese cruzado con Tark aquel día, habría encontrado a un hombre tranquilo como siempre. Pero nadie, cabría a conocer la tensión y la frustración con la que se enfrentaba a cada hora por cumplir las espectativas que, según él, tiene que satisfacer.

Sus ojos aparecían pálidos y plomizos. Una diminuta gota de sudor frío resbaló incómodamente por su cuello.


- Alazán, tengo algo que contarte. - Diría al aire. Aprovecharía para dejarse caer hacia atrás hasta sentarse - He seguido mis principios como os prometí a ti y a Claudia cuando dejé Náshkel. Y estos últimos meses no he sido feliz. - Alza el índice, chistando al aire - Chst... Déjame terminar... No interrumpas.
Melnibonia me dejó jodido. Kalathyr me dejó jodido. Fuí sargento y eso me animó un poco. Mis propios compañeros me clavaron veinte dagas por la espalda. Eso me jodió también... Mentira por gloria, tuve que dejar la División.


Tark prepararía una pipa con algo de tabaco. Con calma.

- ¿Por dónde iba...? ¡Ah! si. Los gordos de la divisón y los traidores. Esos me jodieron sí. Decidí volver al hogar. Aislarme de todo.. Estuve en las granjas. Volví a ver a Claudia.
Nada es igual. Ya nada es igual... Estoy vacío.
Y si alguien llega para iluminar esa oscuridad, sólo es una ilusión. Una ilusión que durá dos días, mal contados.

Échame una mano, joder. Ayúdame a cabalgar de nuevo por los prados. Con el viento de cara.

Fumaría de su pipa con tranquilidad

- Algo se aproxima Alazán.. Algo oscuro. Será peor que el golpe. Será peor que la enfermedad... Siento más que nunca que empiezo a desviarme del sendero que me había propuesto. ¿A dónde voy...? Tengo miedo.
Me siento pequeño.
¿Cómo lo hiciste Imnel? ¿Realmente fuiste recio hasta el final de tus días...? ¿O tus días llegaron al final antes de que pudieran desviarse...?


Desviaría la mirada avergonzada hasta la estatua de los primeros Amnianos patriotas de verdad. No la aguantaría más de dos segundos.
 

Brokilon

Pornorroleador oldschool
Registrado
25/3/22
Mensajes
816
El frío que abraza
Refrán Nashkelí


" Tark se inclinó ante los ojos de su padre. Dejó en la fría tierra un humilde ramo de narcisos de invierno junto a un pequeño candelabro que protegía de las inclemencias del tiempo una delicada vela prendida. Retiró con sus dedos enguantados la nieve que cubría la firme losa de piedra erguida con orgullo y tristeza, anclada y brotada del propio suelo.
Agachó la cabeza en un seña de respeto y de sus ojos nacían unas tímidas lágrimas que traían el repiqueteo del escozor a través de sus párpados "


- Yo debía haberme ido antes - Dijo Hans a la espalda de Tark - Ese era el trato.

" Tark no dijo nada a las palabras de Hans. Desvió la mirada al horizonte, allá dónde el infinito se hace perpetuo. Extrajo de su zurrón un colgante con la simbología de Auril. El medallón tenía inscrita una dedicatoria " - Que el frío os haga Eterna - Firmado, Claudia. - " Tark lo dejó junto al candelabro.

Se levantó sacudiéndose las rodillas y se giró nuevamente hasta colocarse junto a Hans. Dijo esta vez ".


- Creo que podrás perdonarla, padre. ¿Qué harás ahora? ¿Volverás a Mínsorran o te quedarás nuevametne en Náshkel?
- Me quedaré. Este es nuestro hogar. ¿Ya se ha acabado la guerra, no?
- La guerra nunca se acaba. Harán lo que les plazcan; pero te pasará lo mismo aquí o en cualquier otro sitio.
- ¿Dónde ha quedado tu lealtad Tark?
- Buena pregunta. ¿Dónde ha quedado? Yo juré lealtad a un país que no existe hoy. Unos ideales que nunca tuvimos. A unos oficiales y compañeros que me traicionaron. Y a un pueblo que ha olvidado.
- Eso no responde a la pregunta.
- Si, si la responde. ¿Quieres ejemplos? Tengo muchos. Cuando era cabo, luego sargento. Intenté ayudar a varios Drows a conseguir el lazo rojo. Eso casi me cuesta el puesto y la deshonra. Hoy sin embargo caminan libres; Ya no es necesario quemarlos.
También tenía tratos con aquellos que visten el negro y se esconden en la sombra. Sabes... Encontré en ellos muchos más patriotas que en los uniformes de mis superiores. Aquello también pesó como una losa en mi espalda. Y sin embargo hoy mira cual es la situación.
Kalathyr... Mi proyecto de fortalecer Kalathyr era una utopía. Una ironía. Una locura. ¿Qué sucede hoy?
Sólo somos piezas de cambio Hans. No importa lo que hagamos, sólo cambiará algo cuando los de arriba tengan algún tipo de interés. El Amn al que juré lealtad, no es el Amn que existe hoy.
- ¿Y qué hay de Náshkel? Náshkel es libre.
- Náshkel libre... - Tark soltó una leve risotada - Náshkel está bajo el yugo de Amn hasta que venga algún loco al que le interese esta villa y os meta ideas descabelladas en la cabeza. Ahora han sido las Selûnitas. ¿O no te acuerdas de la reciente rebelión?
Ella ha muerto. Y ha muerto lejos de su hogar porque tuvimos que irnos a Mínsorran para no participar en esta estúpida guerra civil. Matar a mis vecinos por un trozo de tierra. Corrijo; Para que otros se apoderen de un trozo de tierra que no les pertenece, ni les perteneció nunca.
¿Dónde queda mi lealtad? Mi lealtad queda en mi consciencia. Intentaré hacer lo mejor para el pueblo al que creo defender. Lo mejor para los que considero míos. Lo mejor para dormir tranquilo cada noche. Y eso nos llevará a hacer cosas feas. Es el precio a pagar por el éxito.


" Tark se giró colocando la mano derecha sobre el hombro izquierdo de Hans. Cabeceó al hombre "

- Te quedarás aquí entonces. ¿No? Vendré a verte más amenudo. Y ten cuidado, las selûnitas siguen al acecho; Creo que se han enamorado de este clima adverso y sus tierras blancas.
-
Me quedaré aquí hijo. Tu visita será un cálido abrazo de invierno.


" Por un segundo el guerrero miró atrás. El camposanto Nashkelí era frío, mucho más que la propia ciudad o sus granjas. La luna aquella noche estaba semioculta tras una tenue nube que no era capaz de apagar todo el fulgor de la rodela de plata. - Siempre conmigo - pensó - Estaremos juntos más que nunca... -

 
Última edición:

Brokilon

Pornorroleador oldschool
Registrado
25/3/22
Mensajes
816
Sin rumbo
" Tark miraba su vieja brújula rota desde su primera misión en Mínsorran "


Habían pasado ya algunas semanas desde el entierro de su madre. La muerte de Annie llegó de manera esperada, pues la mujer atravesaba una enfermedad desde que llegó a Mínsorran.
Tark se preocupó en llevar a sus padres al valle, lo que él consideraba un lugar seguro, tras las revueltas en la ciudad Inclinada. Allí en la capital de Mínsor, Annie estuvo al cuidado de la iglesia Selûnita. Es curioso. El éxodo fue a causa de sus hermanas y a la misma vez, la cura y la esperanza provenían del mismo clero.

Quizá por ese detalle, el hijo de los Miller aún tenía un mínimo de respeto por aquellas Lunares que a su juicio le habían defraudado.
Tark no llegó al fin de la guerra. No llegó a la caída de Imnescar. No llegó a la vergüenza de aquellos que se autoproclamaron defensores del norte. Y no llegó a defender Amn aquella vez.


" ¿Dónde ha quedado tu lealtad ? " Las palabras de Hans resonaban en su cabeza una y otra vez. Aunque llegando a Púrskul encontró una respuesta. " Mi lealtad quedó con mi familia ". Eso pensaba y de eso mismo se convenció. " Ahora tengo que cuidar a mi otra familia ".

En los tiempos modernos de Amn, el guerrero ha intentado evitar Athkatla. Pernocta fuera de la gran urbe, atraviesa sus murallas en ocasiones especiales y trata de aceptar contratos lejos de la capital. ¿Porqué? Quién sabe. Tark nunca ha sido un interesado de la gloria o fama. Eso de las diferencias entre los habitantes de la ciudad opulenta comenzaba a molestarle. Antes podía entender la exclusión entre nobles y plebe. Sin embargo ahora el aventurero más imbécil podía asumir un rol en la sociedad más importante que el de un fiel hombre sólo por una chapita de metal en su capa.
Púrskul es la ciudad que podría tenerle en vilo y es que él conoce la necesidad imperiosa de la nación de defender la ciudad del grano frente a la amenaza, cada vez más cerca, de las bestias en el camino del comercio. Desde la caída de Imnescar, parece que nadie se ha dado cuenta de que Purskul es el nuevo puesto fronterizo. O eso al menos pensaba él.
¿Cómo puede ser que no tenga un plan de protección? ¿Construcciones de murallas? ¿Un regimiento al menos allí?

Tark caminaba sumergido en una densa niebla. Sus valores habían dejado de tener importancia. El Amn que conocía cambió radicalmente. Algunas personas a las que había depositado cierta esperanza y amor le habían fallado. El camino no estaba claro. Sin embargo, allí estaba. Resiliente. La montaña no se mueve
- Le dijo un capitán una vez - el guerrero debe ser fuerte y permanecer en su posición.

- ¿Me queda algo por ofrecer a Amn? ¿Queda alguien que espere algo de mí?
 
Última edición:

Brokilon

Pornorroleador oldschool
Registrado
25/3/22
Mensajes
816
Puedes cambiar lo que haces. Pero no puedes cambiar lo que quieres.
" Tark Miller "

Náshkel había amanecido más iluminada que de costumbre. Nublada para no perder su identidad, pero con unas nubes finas que dejaban pasar la luz del sol que se presuponía al otro lado de las cortinas translúcidas. Los casamenteros habían alquilado la taberna de las afueras para realizar la ceremonia. La cercanía al túnel que conectaba la ciudad inclinada con el resto del país y el ajuste presupuestario habían declinado la balanza a favor de esta elección.
Pocos fueron los invitados al acto, y es que la intimidad y privacidad eran dos valores en los que Evelyn y Tark tenían en su más alta estima.

Al cruzar el umbral de El Dragón llameante, el frío desaparecía de golpe. El ambiente desprende un olor a leña de abeto, pan recién horneado y estofado de lobo invernal cocinándose a fuego lento desde primera hora de la mañana. El crepitar de una inmensa chimenea de piedra caldea el salón, proyectando destellos anaranjados sobre los gruesos muros de piedra y las vigas de roble ennegrecidas por décadas de humo.
La posada no presume de riqueza, pero es rica en historia. Cada mesa, cada banco y cada taburete han sido construidos para soportar el peso de mineros, leñadores y guardias que regresan agotados tras una jornada en la montaña. La madera está marcada por incontables arañazos, quemaduras de velas y las huellas de miles de jarras golpeadas en brindis indiscretos.
El techo es alto y está sostenido por enormes vigas vistas, cruzadas entre ellas, que viajan desde lo más alto de la cubierta hasta mitad de pared a un par de metros del suelo. Entre ellas cuelgan faroles de hierro forjado y sencillas coronas de ramas de abeto y flores luminosas que aseguran ser nacidas cerca de la fuente de el buen samaritano. Una fragancia se mezcla con el aroma de la resina. No hay lujos innecesarios; cada adorno parece colocado para recordar que incluso en el invierno más duro la vida continúa, Náshkel y sus habitantes son la prueba viviente de ello.

Para la boda, la sala ha cambiado sin dejar de ser ella misma.

Los bancos se habrían apartado hacia los laterales, formando un pasillo que conducía hasta el improvisado altar que presedía un sacerdote Helmita. Sobre las maderas se han tendido cintas de lino blanco entrelazadas con ramas de maderadique y pequeñas flores de camelia. Decenas de velas iluminan el salón con una luz cálida que hace bailar las sombras sobre la piedra.
Todo transmite sencillez, calidez y honestidad.

Un pequeño atril portátil de madera oscura cubierto por un paño azul profundo con el símbolo de Helm bordado en hilo plateado: el ojo vigilante sobre un guantelete. A ambos lados arden dos grandes cirios de cera blanca que representaban la vigilancia constante del Guardián. El sacerdote helmita espera junto al altar revestido con una sencilla casulla roja y gris acero. No lleva joyas ni adornos ostentosos; únicamente un medallón de hierro con el emblema de Helm descansando sobre su pecho. Su presencia inspiraba serenidad y firmeza, como si fuera un centinela incluso en una celebración.

-
Que todos los presentes sean testigos de este juramento. - El sacerdote Helmita anunció en voz alta - Ante la nieve Nashkelí, ante las montañas del norte de Amn y bajo la mirada vigilante de Helm, hoy unís vuestros caminos para caminar unidos.

El amor no se demuestra en los días fáciles, sino en las noches de tormenta, cuando el cansancio pesa, el miedo acecha y el invierno parece no tener fin.
Que cada uno sea el bastón del otro; que vuestra palabra sea firme, vuestra lealtad inquebrantable y vuestra casa un refugio para quienes llaméis familia.
Helm enseña que el deber no es una carga, sino un honor. Desde este día, vuestro mayor deber será cuidar el uno del otro con la misma determinación con la que un guardián vela por aquello que le ha sido confiado. -
El sacerdote tomó aire. Alzó las palmas de sus manos -

Que vuestras manos nunca se separen ante la adversidad.
- Tark acogió las manos de Evelyn entre las suyas, desviando la mirada del sacerdote a los ojos de la mujer - Que vuestros corazones permanezcan vigilantes frente al orgullo, la mentira, el temor y la intriga de estas tierras. Y que, cuando los años cubran vuestras cabezas de blanco como la nieve de estas montañas, podáis mirar atrás sin arrepentimiento, sabiendo que jamás abandonasteis vuestro puesto.

Por la autoridad que Helm concede a sus servidores, y con el consentimiento libre de ambos, declaro bendecida esta unión.

Que el Vigilante vele por vuestro hogar todos los días de vuestra vida."


El sacerdote concluyó inclinando la cabeza hacia la pareja.

- Yo, Tark Miller, acepto mi deber para el resto de mis días. El deber de cuidaros. De apoyaros. Y de permanecer a vuestro lado hasta que el tiempo cubra mi cabeza de blanco como la nieve de estas montañas.

-
Yo, Evelyn Blackwood, acepto mi deber para el resto de mis días. -
Calló un par de segundos. En su cabeza por un momento le invadieron pensamientos de duda ante ciertos juramentos. Sólo ella sabría el verdadero motivo. - El deber de cuidaros. De apoyaros. Y de permanecer a vuestro lado hasta que el tiempo cubra mi cabeza de blanco como la nieve de estas montañas.

- Vuestro juramento se ha sellado. Id como marido y mujer.


 
Última edición:

Brokilon

Pornorroleador oldschool
Registrado
25/3/22
Mensajes
816
Hemos alcanzado el final juntos, tu y yo. Los últimos días han llegado.
" Tark Miller en Náshkel" .
No sabía muy bien dónde se encontraba. Tark sentía una situación extraña. El sentimiento de no estar ahí. Como si se estuviese viendo desde otra perspectiva. ¿Será la ira? Su corazón palpitaba fuego. Incluso podía notar el golpe del mismo en su pecho. Su respiración era entrecortada y violenta.
Había decidido aquella noche viajar a Crimmor para tomar la carretera mordida hacia el lugar del que quizá, nunca debió abandonar. Sin embargo, también decidió ir a la ciudad de las caravanas atravesando los humedales. Quería intimidad. Quería soledad. Y seguramente, lo que también quería, era dejar brotar aquel enfado de una manera esquiva y oculta.


- Deberías calmarte, Tark. - Una mujer tomó la mano del hombre - No es buena idea que hoy andes por aquí.

El guerrero se giró. Quedó unos segundos pensativo. Extrañó en su gesto una mirada de incredulidad - ¿Madre? Pero usted... - Tark se detuvo observando a la mujer sobre una pequeña piedra que le servía de escalón. La figura de Annie se difuminaba y alejaba en forma de humo. Miller entrecerró los ojos y apretó el puente de su nariz - Esto no puede estar pasando.

El silbido de una flecha trajo la consciencia de nuevo al hombre. Se clavó cerca de sus pies. Lo suficientemente cerca para derribarle por un torpe traspiés para esquivarla de improviso. Eran al menos diez trasgos los que salieron de unos arbustos no muy lejanos como en enjambre. Tark tuvo el tiempo justo de reincorporarse y desenvainar a División. El primero de los trasgos en llegar a las proximidades del guerrero lanzó un ataque a sus piernas que resultó fácil de evitar. Dió un paso atrás para ganar una postura cómoda, y de un simple barrido lateral se ocupó de tres enemigos al instante. Un trasgo saltó a la espalda del guererro. Dos de ellos le rodearon. Los cuatro restantes tomaron posiciones cerca suya con unos arcos de pobre y dudosa calidad. Dispararon, pudo evadir dos flechas y las otras dos volaron por los humedales perdiéndose en la oscuridad. Tark cogió el brazo del trasgo que le abrazaba por la espalda. Le giró la muñeca dejándola en una posición poco natural. La criatura chilló con una voz entrecortada. Lo lanzó sobre uno del binomio que le rodeaba. El otro, estupefacto, fue un blanco fácil para su mandoble. Los cuatro arqueros se retiraron a paso raudo.

Tark sintió el sudor frío deslizándose por su nuca. Se apoyó contra un árbol cercano recuperando el aliento. No esperaba haberse visto sorprendido de esta manera. La noche no había empezado bien para él. Despació, dejó que su mano descansará, y junto a ella, el mandoble hincado en el suelo.


- Tark. Debes irte. Hay algo en el bosque. Una presencia...

- Madre. Usted no puede estar aquí. Usted murió hace meses.
- ¡Tark! Már....

- Fuego. Muerte. Olvido.

Tark se reincorporó tomando nuevamente el mandoble. Adquirió una postura defensiva. Miró enderredor. No vió nada. Pero si escuchaba su voz gutural. Sus pasos antinaturales. Dió unos pasos atrás manteniendo la perspectiva hacia donde supuso escuchar la voz.

- Honor. lealtad.
- ¿¡Quién va!?

El paso rezagado del guerrero se detuvo al notar su espalda chocar contra algo. Se giró con apremio. Allí encontró inmóvil una figura vestida por una larga túnica negra con adornos marrones.

- No juré. ¿Demostré..?

Tark colocó el codo izquierdo por delante de su mentón. La mano derecha, retrasada, mantenía el mandoble en paralelo al suelo a la altura de su pecho. Abrió las piernas y flexionó las rodillas en una postura ladeada.

- ¿Quién eres?

Por un momento la figura vibró su cabeza. Cruzó la mirada con Tark. Justo en ese momento , la presencia fue consciente del guerrero.

- ¿Quién... soy? ¿Quién... eres?

Una huesuda mano se deslizó por la manga de la túnica. Tomó de su espalda un mandoble. Oxidado. Ennegrecido. Tenía manchas de lo que parecía sangre seca. O quizá, algo peor, pues comenzaba a tornar del mismo color que la hoja. Pasaron unos segundos tensos. Tark no esperó demasiado, cargó contra el ser oscuro antes de que pudiese colocarse en plena capacidad de ataque. El golpe lateral impactó contra el pecho de su contrincante. Se tambaleó levemente hacia detrás. No se quejó. Tark rebotó a la posición inicial.

Tark abrió los ojos con sorpresa. Apretó la mandíbula y lanzó un segundo ataque. El rival lo esquivó con un paso atrás. Tark pasó por delante de él con torpeza. Recibió a su espalda un tajó ascendente que le abrió una herida a la espalda.


- Ugghh - Se quejó el guerrero -

Se recompuso como pudo. Torpe por la sangrante herida que le anunciaba el costado. Era rápida y veloz. Y la figura volvió a colocarse junto a Tark con un amplio salto. Golpeó las piernas del guerrero, a la altura de las rodillas. Miller se desequilibró y cayó al suelo. Miró a la figura desde abajo, semitumbado. Los codos le servían para recobrar tímidamente una postura alzada.

El esqueleto alzó ambos brazos. En su derecha llevaba el espadón. No parecía costarle alzarlo con una mano. Exclamaba a los cielos.

Tark vió aquella escena fuera de su cuerpo. En una perspectiva superior. ¿Es mi alma? Pensó por unos segundos.


- Fuego. Muerte. Olvido.

Repitió la figura antes de bajar el espadón sobre el pecho de Tark.
 

Brokilon

Pornorroleador oldschool
Registrado
25/3/22
Mensajes
816




Tus últimos pensamientos deberán ir destinados a tu familia. A tu hogar.

Hans Miller


Tark miraba su cuerpo en el suelo. Agonizando. La respiración de su pecho se escapaba a través de la apertura que el espadón del esqueleto negro dibujó tras atravesarlo.

Adrasteia.

Volvimos a cruzarnos y entraste en mi vida como una suave marea azul.
Las épocas fueron diferentes. Y aunque parecía que está vez el mar era calmado
Nunca pude deshacer los pensamientos de nuestro pasado.
¿Tú pudiste? Yo creo que tampoco.

Alazán

Mi fiel compañero, prepara la silla.
Vamos a volver a trotar juntos.
Por los vastos campos verdes del paraíso.
Bebiendo agua fresca y comiendo terrones de azúcar.

Annie Miller

Madre. Pronto volveré a verte.
Tus brazos me acogerán de nuevo.
No recuerdo frío en Nashkel mientras estuvo.
Hoy, vuelvo a vos.

Aryan

Siempre has sido el ejemplo. El ejemplo de lo que no debía ser.
Enemigos, pero más allá del odio, era tristeza.
La tristeza de ver a un hombre normal sucumbido por la desazón.
Un hombre normal como pude ser yo.

Claudia.

Parte de mi nació contigo.
Primero vecina, luego amiga, ¿después amor..?
Me diste fuerza en Espurtha.
Espero tardar en verte allá donde deba ir hoy.

Evelyn Blackwood.

No solo has sido mi último pensamientos.
Has sido todos a la vez. Quizá nuestra conversación me llevó aquí.
Considero que me has fallado. Pero aún así, te estoy agradecido.
Agradecido por haberme hecho feliz. Feliz de verdad.

Ewan.

Te conocí durante la camaradería.
Nos convertimos en hermanos de sangre y guerra.
Un vínculo que nada puede separar.
Te daré fuerzas desde arriba capitán.

Hans Miller.

Padre, os quedáis en soledad.
Pero tiene dos estrellas guiando su destino en el cielo.
Estaremos en cada copo de nieve que caiga en Nashkel.
No salga de las granjas. Las granjas son nuestro refugio.

Jadzia.

Todos me advirtieron de ti.
Sin embargo yo hice caso omiso y quise tenerte cerca.
Con la piel blanca o con la piel azabache.
Quería contar contigo siempre como una más.

Julieth.

Querida amiga funesta.
Ahora soy un exánime, como tú dirías.
Rezad por mi alma para tener un buen juicio.
Todos debemos morir algún día.

Lili.

Siempre juntos y separados a la vez.
Hemos mantenido esa relación desde que decidimos entrar en las criptas.
¿Sentimiento de amigos o de amor?
Nunca lo tuve claro. Pero sin querer descubrirlo, siempre te necesité a mi lado.

Lufram.

Tú buen corazón te llevará a morir de una manera horrible.
¿Que voy a decirte yo aquí clavado en el suelo como un poste de indicaciones?
He intentado aprender de ti a ser leal con mis propios ideales.
Ha sido difícil. Y tú lo haces tan natural...

Melnibonia.

Mi primer gran amor, mi primera gran desilusión.
Aprendí que el amor se parece a la guerra más de lo que queremos reconocer.
Siempre tuve la duda de dónde fuiste.
Pero la peor pregunta fue ¿Porque no te quedaste?

Saravel

Enhorabuena por haber aprendido a usar la luz de tu interior.
Te vigilaré de cerca. La ira no es buena compañera.
Cuida del escupe flechas.
Eres todo lo que tiene aunque no quiera reconocerlo.

Vera Comstock.

Contigo empezó una nueva etapa.
Me descubriste la ilusión por vivir más allá de las guerras.
También abriste una herida que nunca llegó a cerrarse.
Sin embargo... Volvería a repetirte.

Zyon Ashby

Querido hijo de distinta sangre.
Espero haberte enseñado como enfrentarte a la vida.
Espero que hayas aprendido mejor que hacer nudos.
Pero sabed, aunque seas arquero, que estoy orgulloso de ti.


Su respiración se fue apagando. Sus ojos cerrando lentamente. La mirada borrosa se nubló en una densa capa oscura...
 
Última edición:

Brokilon

Pornorroleador oldschool
Registrado
25/3/22
Mensajes
816
Fuego, muerte, olvido.
" Alter ego de Tark Miller "​



El guerrero despertó de su pesadilla ahogando el deseo de gritar. Con los ojos humedecidos por los últimos sentimientos que tuvo hacia aquellas personas que sintió a las puertas de su infierno.

Se incorporó de un salto sudando por todos los poros de su cuerpo y con un fuerte dolor en el pecho, apretó los dientes y se frotó con ambas manos la zona dónde ilusoriamente tuvo un mandoble hundido.
El interior del pectoral ardía, incluso podía notar la zona superficial más cálida al tacto de su mano desnuda. Poco a poco el quemazón se extendió por el resto de su cuerpo, disipándose a los pocos minutos.

Con la respiración entrecortada recorrió con la mirada la habitación del distrito de la gema. El brazo izquierdo le cosquilleaba como si mil hormigas le recorrieran.
Sin embargo se sentía agradecido; Aquel dolor era mucho más agradable que la visión que tenía de su cuerpo tendido e inerte.

A medida que sus ánimos se templaron, se puso en pie. Paseó la mano derecha por su nuca. La izquierda masajeó su cabello hacia atrás. Quedó fácilmente peinado por el sudor.


Tark miró a la cama nuevamente. Recordando unos instantes aquella persona que solía ocupar el lado opuesto al suyo al dormir. Quedaban algunos recuerdos de la mujer que, probablemente, invitó a sus peores miedos salir en aquel sueño.
  • ¿Qué sucede, hijo mío?
  • Tark se giró como un resorte. Su corazón volvió a palpitar a destiempo - ¿Madre? Otra vez... - Pudo ver a Annie Miller. Allí sentada sobre el escritorio que sujetaba algunas cartas y libros bajo la ventana que daba a la mansión de la Arcanum - No puedes ser real.
  • Todo lo que está en tu cabeza es real.
  • ¿Y el sueño?
  • ¿Qué sueño? - Annie se acercaría a pasos lentos. Lo que parecían pasos al menos. Es como si levitase por las maderas del suelo Háblame de tu sueño.
  • Tu estabas en él. ¿No lo recuerdas? Tuve un sueño. Un sueño de fuego, muerte y olvido. - Tark miró hacia abajo unos segundos. Se sintió frágil por un instante Soñé que me adentraba en los pantanos del país. Enfadado. Rencoroso.
    Allí apareció una figura cadavérica. Deambulaba a pasos lentos y erráticos. Llevaba un mandoble a la espalda, aunque no lo ví hasta el final. Hm.. Ahora que lo pienso, le encuentro similitud conmigo.
  • ¿Pudiste con él?
  • No. Ni si quiera se quejó del único golpe que le di. Caí ante él como la cosecha ante la hoz. Y al despertarme pude notar mi pecho malherido aún. No ha sido una pesadilla normal y corriente.

Annie no dijo nada. Le miró en silencio. No hubo respuesta verbal ni física. Tark alzó la mano hasta la mejilla de la mujer, pero nunca llegó a encontrar tacto en ella. La imagen fue atravesada por la palma de su diestra. El varón bajó la mano con una leve mueca de desconcierto.
  • Sólo es un sueño. Un sueño terrible.
  • Normalmente estaría de acuerdo pero... Pero han salido a flote miedos que tenía ocultos. Me he visto morir. Sólo. Desleal a mi mismo. Sin honor. Llevo meses sin defender la patria ni a sus gentes como prometí. Madre, me he desviado del camino.
    Me he preocupado en buscar la felicidad. Y he descuidado mi esencia.
  • ¿Y ha merecido la pena?
  • No, porque sin la armonía de ambos no existe lo otro. Es como imaginar una noche con sol.
Tark se giró. Viajó hasta la cama de la habitación. Recogió con sus manos parte de las sábanas que aquella noche se mantuvieron en la misma posición. Bien arremetidas debajo del colchón. Nadie tuvo la descortesía de deshacerlas aquella noche.
Se inclinó sutilmente hacia delante para oler la ropa de cama. Cerró los ojos al hacerlo.

  • Ella también estaba en mis sueños. Ella está en todas partes siempre. Está claro, madre, que el destino de la vida tranquila y la felicidad no están ligadas a mi. Debo aceptarlo. Debo reconocerlo. Es hora de.. Es hora de volver al camino. ¿Madre?
Tark revisó la habitación que ahora, quizá por primera vez aquella noche, se mantuvo en calma. Estaba solo. En una soledad que empezaba a abrazar nuevamente como parte de sí mismo. Como ya lo hacía anteriormente. Como nunca dejó de hacerlo. Era la hora de Tark Miller, pensaba. Recordó aquel sentimiento como el que tuvo al salir del sótano tras el asedio de los muertos en Náshkel. Sólo estaba él y su espada para poder proteger a los demás. Como único camino a sus objetivos.
  • Madre, debo pedirte perdón. No por lo que he hecho. Si no por todo lo que va a suceder.
 

Brokilon

Pornorroleador oldschool
Registrado
25/3/22
Mensajes
816
Frío Nashkelí
Título de una carta que nunca vió la luz
Bajo el dulce vaivén de la luz de una vela erguida sobre un plato en el escritorio, Tark escribía una misiva que pretendía dejar en la habitación que a conciencia había recogido para abandonarla.

" Ausencia. Una ausencia que se presenta desafiante. Así me encuentro ahora mismo. Al borde de un abismo que llamaré ausencia.
No tenía yo el conocimiento que nuestro amor viviese en un reloj de arena, mezclado entre los granos que ya caían sin el previo aviso del inicio del fin.

He fallado. Y lo reconozco. Pero... ¿Y eso de que los hombres pueden fallar? ¿Y eso de que los hombres merecemos más oportunidades? He fallado. Y lo reconozco. Pero joder. Menuda penitencia cruel y desagradecida.

¿Quién serás tu sin mi? ¿Quién seré yo sin ti?
Quién seré yo, a secas.

Evelyn, querida. Me has matado. Tark Miller ha muerto. Díselo a los Murannitas, que bien jodidos están de no haberlo conseguido ellos. Y tú, sin espadas ni amenaza. Sin golpe ni violencia. Has matado a Tark Miller.

Noto que te pierdo como el sol entre las nubes. Sabedor de que a partir de hoy ya no oleré entre mis sábanas tu perfume. Tenía fe y creía. Y eso es lo que me hacía no aceptar la rendición. ¿En qué posición me deja eso ahora?

Evelyn, querida. Soy un caballero. No te diré nada. No te reprocharé nada. Dejaré que tu vida fluya bajo tus decisiones como río bravo.
Pero, y esto no me lo puedes negar. Te estaré observando.
Estaré cerca tuya. Te protegeré siempre que pueda. Estaré cuando caigas. Mantendré la promesa que hice ante Helm y su sacerdote.
Pero no te diré nada.
Deberías saber que en mi silencio, estaré deseando robarte un beso. Estaré deseando pasar contigo cada segundo del día. Desearé que nos perdiésemos durante toda la semana y hacerte el amor hasta que no pudieses más. Pero... No te diré nada.

Me sabe a sal. A sal en una herida. Una herida abierta y brotante de sangre roja. No te olvidaré por más que el corazón duela. Al menos podré tenerte en mis sueños. Un triste consuelo. ¿Será suficiente? ¿Sentiré tu calor nuevamente?

Evelyn, querida. No vayas por ahí diciéndolo. No digas que eres la dueña de mis sentimientos. No vaciles de ello. "

Tark desvió la mirada de la carta unos segundos. Sacudió la cabeza de izquierda a derecha repetidas veces. Se pinzó el puente de la nariz

- Tark... Céntrate. Ahora es cuando más frío debes ser. Recuerda quien eres... - Se diría a si mismo.


Usó la misma vela que le iluminaba para prender fuego a la misiva.
 

Brokilon

Pornorroleador oldschool
Registrado
25/3/22
Mensajes
816
Tark se retiró el anillo de compromiso del dedo anular en los Cerros de Verdelinde.

No fue un gesto brusco. La alianza recorrió lentamente la piel de su dedo, como si se resistiera a abandonar el lugar donde había permanecido los últimos meses. Cuando, por fin, cayó sobre la palma de su mano, Tark comprendió que no era un simple aro de metal lo que acababa de desprenderse de él. Aquella sortija había arrastrado consigo la última parte de humanidad que todavía conservaba.

Sintió frío.

No un frío nacido del viento de los cerros de Verdelinde, sino otro mucho más antiguo. Un frío que conocía demasiado bien. Era el mismo que le atravesó el pecho cuando enterró a Alazán en Kalathyr. El mismo que sintió durante la guerra. Después de la guerra. Tras la traición de aquellos a quienes llamó compañeros. Cuando tuvo que cerrar los ojos de amigos cuyos nombres todavía le atormentaban alguna noche.

El mismo vacío.

La misma ausencia. La guerra había regresado. No la guerra de los estandartes ni de las espadas. Aquella nunca terminaba realmente. Había vuelto la otra. La que habitaba dentro de él. La bestia que una vez devoró al joven soldado y dejó en su lugar a un hombre incapaz de encontrar descanso. La sentía respirar otra vez.

Permaneció inmóvil durante horas.

Incluso después de que su esposa desapareciera entre el horizonte de los Cerros de Verdelinde, Tark continuó sentado exactamente en el mismo lugar. No lloró. No gritó. Ni siquiera agachó la cabeza. Simplemente permaneció allí. Como una estatua olvidada por el tiempo. Cuando el sol apareció, regresó a la capital.

Los días comenzaron a sucederse unos a otros. Después llegaron las semanas.

Y con ellas, Tark Miller dejó de parecerse al hombre que había sido



Tark Miller no caminaba como de costumbre, como los demás hombres. Había una lentitud calculada en cada paso. Los veteranos reconocían aquella manera de moverse al instante. No lo hacía por prudencia ni por pesadez. Lo hacía por costumbre marcial. Con un denotado taconeo en cada golpe contra el suelo.

Su rostro parecía esculpido por inviernos de su ciudad natal. La mandíbula, dura como la piedra. La barba, al igual que su piel, ocultaban cicatrices que ya nadie preguntaba de dónde venían. Sus ojos eran otra historia. Estaban vacíos y fríos. Habían visto demasiado y habían sentido más aún. Permanecían lejos de sus inmediaciones. Observando cada rincón lejano, cada puerta, cada mano que se acercaba al cinturón. No buscaba nunca la confrontación. Un hombre de guerra debe ser quién más entienda el valor de la paz. Incautos aquellos que lo confundan con debilidad.

Algunos dudaban de su silencio con altivez, pero no era así. Tark sentía más que cualquier otro hombre de la sala. Había aprendido que el dolor no desaparece cuando se comparte; simplemente cambia de dueño.
Por eso callaba.

Las conversaciones profundas comenzaban a serle esquivas. Las conversaciones triviales desaparecieron de sus días. Tark respondía a preguntas. A algunas de ellas al menos. Sus armaduras y vestimentas abandonaron el azul. El dorado. Inocente de él al creerse ser valedor de colores nobles.
Oscuros, grises y ceniza adornaban ahora sus ropajes y armaduras.

Se acabaron las sonrisas. Se acabaron los días felices.
Volvió la guardia. Volvió el deber. Volvieron los días de la espada y la sangre.

Y, con ella, regresó aquello que Tark había deseado no volver a ser.
No un héroe. No un caballero. No un hombre.

Sino la herramienta que la División de la Moneda había forjado para sobrevivir a cualquier precio. La bestia había despertado en su interior.


Y esta vez no estaba segura de querer volver a dormir

 
Arriba