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Leopold

Assahel

Lanzador de Deseos que no funcionan así
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INTRODUCCIÓN
Solo 5 segundos son necesarios para cambiar el destino de un hombre.​

Bardos, sabios e ilustres ratas de biblioteca han debatido desde los inicios de la humanidad si los hombres son buenos por naturaleza o si es el entorno en el que se educan el que encauza su alineamiento. Por desgracia para ellos, esta discusión nunca tendrá fin, ya que no es viable observar dos vidas distintas del mismo hombre, pero si pudiese hacerse, seguro que una de las vidas a observar sería la de Leopold...

Con apenas cuatro años tuvo que aprender a sobrevivir en las calles. La perspicacia de uno aumenta considerablemente cuando depende de esta el que puedas ponerte un mendrugo de pan al final del día en la boca o que puedas conseguir algun material con el que cobijarte los dias de lluvia para dormir lo mas seco posible... así es la dura vida en los Barrios Bajos de Athkatla.

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Pero como no todo iban a ser penurias y dias de lluvia, empezaremos la historia con un día soleado. Bernard padre, el dueño inicial de la Corona de Cobre, había lanzado a la calle las sobras de la noche anterior en la Corona de Cobre por lo que los mendigos del lugar tenían hoy el estomago lleno. Como ocurre en mas ocasiones de lo que la gente cree, una pequeña figura ataviada con negros ropajes observaba desde las sombras a los niños del lugar. En muy raras ocasiones prestaban atención a niños enfermos o de poca corpulencia que acababan por no poder sobrevivir solos en las calles. No era así con los que parecian ser mas enérgicos; durante días no les perdían de vista, hasta que en algún momento en el que hay poca afluencia de gente por las calles, se acercaban a ellos y tras una breve conversación desaparecían ambos en las sombras, no volviendose a saber mas del menor. Unos dicen que si son captadores de las cofradías de ladrones... otros que si solo consiguen comida para algún inmortal hambriento de sangre de jóvenes vírgenes... incluso algún optimista cree que algún aburrido noble les saca de la calle para proporcionarles una vida mejor... nadie lo sabe cierto, pero como estos chicos no tienen familia, y no aparecen cadaveres, nadie mueve un solo dedo por evitar estas situaciones.

Aquel día, Leopold había sido el elegido; el oscuro encapuchado llevaba ya días observandole y había decidido llevarselo con él. Miró a ambos lados de la calle, apenas seis o siete personas transitaban por el lugar. Salió de su sombrío escondite y empezó a andar hacia el crío; avanzó varios metros, y justo cuando andaría a mitad de camino un viejo apareció en escena. Tras toda una vida estafando a gente, había decidido acercarse al Templo de Ilmater a realizar una donación para expirar sus pecados. No había que agudizar mucho el oido para notar el tintinear de la bolsa de monedas en uno de sus bolsillos. ¿Quien se resiste a una presa así de facil en esos barrios? El encapuchado varió su trayectoria unos metros para tropezar "sin querer" con el anciano y que aquella bolsa llena de oro cambiara de bolsillo. Complacido, manoseaba su botín cuando al volver la vista a su presa inicial pudo ver con decepción como una hermana se San Amnur se llevaba de la manita al jovenzuelo rumbo al hospicio... una rata menos en los Barrios Bajos... Tal vez si el encapuchado hubiese ido a por el cinco segundos antes ahora Leopold sería la mano derecha del mismisimo lider de los Ladrones de las Sombras, pero eso, nunca lo sabremos...



SAN AMNUR

La vida en San Amnur, no era tan mala como pueda parecer a priori... por supuesto, existía el malestar general provocado por ser todos huerfanos, pero entre que la mayoría no habían conocido a sus progenitores y que las hermanitas se portaban muy bien con ellos, era como si fueran una gran familia... Por la mañana a clase, a mediodia comida caliente, por la tarde un rato de estudio y jugar hasta la hora de cenar... lo mas parecido a tener una vida normal.

Para Leopold era casi uno de los mejores momentos de su vida... comida caliente, un lugar seco donde dormir y muchos niños de su misma edad con quien poder aprender a sociabilizarse. Estudiaba y correteaba por el patio como cualquier otro niño. Cierto día, un grupo de chavales se reunirieron en una esquina, con el proposito de trazar un plan para gastarle una gamberrada a una de las hermanas. Durante dias, cada uno guardaría un poco de la ensalada que les ponian para comer, para lanzarsela todos a la vez y burlarse de ella. Todo estaba preparado, cada uno en un rincon del patio, todos con ensalada ya algo pocha en los bolsillos y a la hora de siempre, una de las monjas se dirijió al centro del patio a anunciar que el recreo había acabado; pero algo sucedió que no entraba en los planes de Leopold, la monja que le tocaba acabar con el recreo ese día, era la misma que le había sacado de las calles meses atras. Cuando se percató de esto salió corriendo hacia ella para evitarle el bochornoso trance que iban a hacerle pasar sus compañeros. Cuando llegó hasta ella trató de apartarla de la trayectoria de la tromba de vegetales que le venía encima pero apenas tenía siete años, y a esa edad no se puede arrastrar a un adulto, así que acabó lleno de lechuga ya oxidada y tomate chorreando por la cara junto con su benefactora.

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Si hubiesen sido adultos, o incluso solo adolescentes, la cosa no hubiera trascendido a mas, pero eran niños... y a esa edad no puedes avisar a una profesora de que van a putearla... porque pasas a ser el chivato... el consentido de los profes... Leopold Caralechuga le llamaron desde aquel día... los niños dejaron de juntarse con el en los recreos... ¿Quien querría juntarse con alguien llamado Caralechuga? Le desplazaron un poco, ya sabeis como son los niños... Nadie sabrá si fue su caracter bondadoso o el aburrimiento por estar tantas horas solo, el caso es que cambió su rutina diaria... pasaba mas tiempo con las monjitas, lo cual solo agravaba su mala fama, y cuando iban a rezar al Templo de Ilmater, se quedaba allí ayudando a los clérigos a cuidar enfermos, a limpiar la capilla, etc...

EL CLERO DE ILMATER

Pasaron los años, y la mayoria de compañeros fueron siendo adoptados. Paladines y Quebrantables, se habían acostumbrado ya a tener a Leopold por el lugar, ya no como niño huerfano, sino como ayudante del clero.

Como en tantas ocasiones pasa, San Amnur fué atacado, y Leopold tuvo que ocuparse de los heridos como en tantas ocasiones. Pero los heridos no paraban de entrar, y las hierbas medicinales son finitas… así que cuando trató de ayudar a aquella feligresa con el corte en el abdomen, no pudo curar su infección por falta de materia prima. Cuando su alma estaba ya preparada para abandonar el cuerpo, Leopold apoyo su cabeza contra su pecho, y llo rando pidió a Ilmater que no se la llevara todavía, que era demasiado joven… Cuando sus plegarias finalizaron, la herida comenzó a cerrarse poco a poco, y la mujer sobrevivió. Aquello solo podía significar una cosa… Ilmater le consideraba digno.

Su cuerpo escuálido, no le permitía optar por la vía del clérigo de batalla, así que prefirió aprovechar sus conocimientos de hierbas medicinales, para convertirse en sanador. La medicina oriental, era conocida en todo Faerún, así que peregrinó a Kara-Tur para aprender allí de grandes maestros.

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FIN DEL VIAJE

Mucho aprendió en el Oriente sobre medicina popular… pero allí también hay sufrimiento y maldad… y hoy porque ayudo a este… mañana porque curo a aquel… cuando vino a darse cuenta, habían pasado unos treinta y cinco años. Pero por lejos que estes, siempre acabas escuchando rumores sobre tu tierra y Amn no era una excepción. La Morgue Negra azotaba su país natal, y Leopold debía aportar su granito de arena. Tras un larguísimo regreso a pié, se encontró con un país ya muy recuperado de aquella peste, pero, no por ello, libre de nuevas plagas y maldiciones.

Demasiado cansado ya para volver al Oriente, Leopold decidió pasar sus últimos dias en su lugar de nacimiento, hasta que el Quebrado decida llamarle con Él.
 

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