Krul
Cojín de la silla mullida de Dukaan
- Registrado
- 16/4/20
- Mensajes
- 3,760
- Edad
- 30
Un tomo de apariencia elaborada con la portada y contraportada forradas en cuero negro y con el título escrito con la propia sangre de un humano, cada ejemplar podía adquirirse en el certamen de Murann realizado por la Casa de Cuentas Rundeen.
En algunos lugares de alrededor de la Costa de la Espada se decía que las noches de luna llena pertenecían a algo que era mejor no nombrar. Los ancianos de las aldeas más remotas cerraban puertas y ventanas antes del ocaso, apagando las luces que daban a las ventanas y enseñaban a los niños desde bien pequeños una única regla. Si durante la noche alguien golpeaba tres veces la puerta, no debían mirar afuera por las ventanas y por encima de todo... Jamás debían abrir la puerta.
Los ancianos no explicaban qué ocurría si desobedecían, no querían asustar de más a los niños, y normalmente bastaba con decir aquello con la voz de la edad para que los niños obedecieran, pues algunas puertas que se abrían no podrían cerrarse nuevamente...
Una de aquellas noches llegó, en una villa Amniana cercana a la ciudad de Purskul, tras llegar el ocaso el primer día que había luna llena, una familia de Amnianos escuchó tres golpes en su puerta. "Toc. Toc. Toc." El hijo pequeño despertó el primero y encontró al otro lado de la ventana a un caballero de piel pálida junto a la puerta, el cual se percató de la mirada del niño y con una sonrisa le pidió entrar para resguardarse del frío. Nadie más había despertado al llamado en la puerta y aquel niño olvidó las historias que le habían contado que según entendía no eran más que cuentos para la hora de irse a la cama... Pensando entonces que aquel caballero que hablaba con tanta elegancia y elocuencia no podía ser un monstruo de un cuento. Así que abrió la puerta para él...
A la mañana siguiente la familia solo encontró su cama vacía y una pequeña mancha roja en la puerta de la entrada. La madre lloró y pidió al resto de su familia, de cuatro que fueran a buscar al bosque cercano al hijo perdido pero ya sabían que podría haber pasado y por ello la madre estuvo maldiciendo todo el día al monstruo que había arrebatado a su hijo cuando este no se encontró en los bosques aledaños a la villa.
La siguiente noche de Luna Llena una dekhana después, cuando la Luna se encontraba ya visible en lo más alto con la llegada de la oscuridad de la noche, nuevamente llegaron tres golpes. "Toc. Toc. Toc." Esta vez fue la hija mayor que descendió a ver quien llamaba a la puerta a aquellas horas, pensando y esperando fuera a encontrarse a su hermanito desaparecido. Miró por la ventana cercana a la puerta y un Caballero que portaba su armadura impecablemente se encontraba al otro lado. Pudo ver bien como era este... Manos largas y delgadas, rasgos finamente cincelados y una sonrisa amigable.
La hija era más lista y pese a su apariencia divina, lo acusó de haberse llevado a su hermano. El caballero no mintió a la humana, le dijo que su hermano había abierto la puerta para él. Y la muchacha no huyó del lugar como debería haber hecho, porque algo en la creatura estaba convirtiendo el miedo en fascinación, fascinación por el ser que era, por su apariencia, los dones divinos que poseía... Y cuando el caballero pidió entrar en la casa, sin pensarlo la muchacha retiró el cerrojo de la puerta y para el amanecer también había desaparecido...
Los padres no tuvieron tiempo de llorar la desaparición de sus hijos y pensando en protegerse clavaron tablas sobre la puerta y las ventanas jurando que no permitirían a que esa criatura se alimentase de su familia.
Pero el Caballero regresó en la siguiente Luna Llena... "Toc. Toc. Toc." Los golpes sonaron sobre la puerta principal y el padre, cegado pro la rabia, arrancó las tablas y salió dispuesto a enfrentar al monstruo que había devorado a sus hijos, armandose con una guadaña de campo, el objeto más afilado de los que tenía en su posesión.
Encontró a un caballero con la armadura impoluta esperando tranquilamente al lado de la casa. El padre retó a la criatura a enfrentarse a este pidiendo revelase el nombre del monstruo que había hecho desaparecer a sus hijos. Y fue entonces cuando el caballero sonrió, pareció encontrar cierta diversión en las palabras del padre y realizó una elegante reverencia propia de un aristócrata de la capital como si el patio de la casa fuera el salon de un príncipe, para con la mirada carmesí del monstruo en el humano pronunciar su nombre. "Kanchelsis". Pero dijo que sus amables hijos ahora le llamaban por el nombre de "Mastraacht".
El padre cegado de ira al escuchar que tenía a sus hijos y ya fuera de casa, se abalanzó sobre el monstruo pero con la ferocidad de una bestia de Kanchelsis. No escuchaba o ignoró el hecho de que su mujer, estaba gritandole desde la ventana del dormitorio, despertada por los gritos que rompieron el silencio de la noche... El Monstruo se había movido abalanzándose con la ferocidad de una bestia y el humano no tuvo ninguna ocasión y frente a su mujer, acabó en el suelo sin poder levantarse. Hundió sus colmillos en la carne del humano, saciándose con su sangre mientras sus ojos brillaban con fuerza al recibir la esencia vital del misero amniano para luego de hacerlo, inclinar su cabeza cortésmente hacia la mujer y abandonar las inmediaciones de la casa con el abrigo de la noche.
Desde entonces se cuenta que la madre, la única superviviente del juego de caza de Kanchelsis permanece sola en la casa, incapaz de abandonarla. Escuchando cada Luna Llena como llamaban a su puerta. "Toc. Toc. Toc." Sollozando al oír las voces de su amado esposo y sus hijos al otro lado de la puerta... Pidiéndole para entrar de nuevo en casa...
La aldea se enteró de lo ocurrido, corriendo la voz del suceso de boca en boca, poco a poco extendiendo los hechos a las villas de toda Amn para que con el paso del tiempo, volviera a caer en el olvido y que no fuera más que un cuento para enseñar a sus hijos que deben de temer al escuchar los tres golpes en la puerta. Pero también quienes veneraban el poder y la divinidad de Kanchelsis encontraban una enseñanza diferente, aquello no eran víctimas, eran elegidos. Los temerosos cerraban las puertas al llamado pero otros respondían a este abriendo para poder obtener una parte de su gracia otorgándoles pues la inmortalidad y otros dones divinos a cambio de servirle por la eternidad.
Por ello cuando la luna llena ilumina el cielo, no aseguran las puertas, apagan las velas, guardan silencio y esperan... Esperan a ser escogidos por Kanchelsis.
Offtopic :
Solo para quienes tengan una copia a motor pueden leer IC el relato.
Última edición: