DM Arioch
Donante voluntario de sangre
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Tic, tac, tic, tac... Se escuchaba el sonar del enorme reloj del ayuntamiento. Alzó la
vista observando la hora que marcaban las agujas. Giró los talones sobre sí para dar
media vuelta, golpeó con la mano la capa para que hondeara a la vez que su paso
presuroso.
La luminiscencia de la nivea luna así como las pequeñas luces de cada farola, eran la
única visión en todo momento de una recién entrada noche. Podía verse el ir y venir de
la gente que recogía los puestos de venta o preparaban los carromatos para partir a sus
casas. La figura caminaba lenta, pausada incluso, observando al campesinado,
acechándolo y escogiendo. La tarea le llevó una hora hasta que encontró al perfecto.
Hombre de mediana edad, castigado por el trabajo duro del campo, cansado tras una larga
jornada de trabajo. A la puerta de su hogar le esperaba toda su familia, una mujer de
una edad similar a él y un niño rozando lo famélico.
-Tres. - Dijo para sí la sombra. Habían tenido la mala suerte de ser tres o de que les
viera. Tan felices, tan ingenuos, tan frágiles...
Permaneció afuera a una distancia prudencial dónde las sombras le
proporcionaran cobijo y dejó pasar el tiempo...que la nube de humo que saliera de la chimenea se fuera disipando, que las luces desaparecieran de cada ventana... Despegó su espalda del árbol en el que reposaba y se fue acercando caminando con tranquilidad. Posó la mano en el pomo. Al intentar girarlo no abría como suponía. Así que se quedó unos instantes mirando hacia la puerta. Se giró atrás para dar un último vistazo por si
había alguien mirando, aunque había elegido esas horas precisamente para no encontrarse
con nadie.
Extendió la diestra y la deslizó hacia la bolsa en el cinto hasta sacar un pergamino.
Lo interpretó en la lengua de los mystranos y unas runas se dibujaron en el contorno
del pomo. ¡Clack! Se escuchó proveniente del mismo. Se tomó unos segundos antes de
llevar la mano nuevamente hacia el pomo y hacerlo girar, que esta vez lo hizo sin
problema. Empujó la puerta con los dedos, un poco al principio y luego lo suficiente
como para poder colarse dentro del lugar. Tras ello la cerró con el mismo cuidado,
tratando de no despertar a nadie del lugar.
Recordó la ventana en la que vio la última luz en apagarse, suponiendo que sería la
habitación del matrimonio. Al dar un único paso, notó como la vieja madera del suelo
crujía. Se detuvo, no podía seguir sin despertarles...así que no le quedaba otra que
utilizar una varita que la silenciara a ella y a su alrededor y así lo hizo.
Aceleró el paso y posó su mano sobre el nuevo pomo que giró rápido, el conjuro no
duraría demasiado. El matrimonio continuaba dormido sobre la cama. Su respiración
parecía tranquila y ellos ajenos a lo que sucedía a su alrededor. La figura se posó a
la vera del cabeza de familia, le observó unos instantes mientras tomaba la daga del
cinto. Ambas manos sujetaron la daga en alto y con fuerza bajaron hasta hundirse en el
pecho del pobre infeliz que abrió los ojos para contemplar como una figura sombría se
le llevaba la vida. La brusca agitación del hombre que se murió apenas en unos
segundos, consiguió despertar a su compañera, quién al ver lo que acontecía, no tardó
en gritar y pedir auxilio. Pero su voz se extinguía en esa misma habitación, como su
vida cuando con el mismo puñal con el que mataron a su esposo la atravesaba ahora a
ella.
El asesino comenzó a limpiar el puñal con la sábana, manchándola con la vitae del
matrimonio y mientras tanto, tarareaba una musiquilla casi en susurros. Cuando comenzó
a escucharla se dio cuenta de que el conjuro había expirado. Tomó su arma de nuevo y se
alzó para terminar la faena, acercándose a la habitación contigua. Esta vez no usó la
magia, sólo era un niño o eso pensó. Para su sorpresa, al entrar en la habitación, el
niño estaba sentado mirando hacia la puerta, observándole. La figura se quedó helada
por unos instantes, se había confiado en exceso, quizás. Ahora él gritaría y alertaría
a los vecinos.
-¿Mami...? - Dijo el pequeño. Aunque no había luz de una vela que alumbrara, la luz de
luna se colaba por la ventana revelando que ella no era quién mencionaba el crio. Tras
un par de pasos, la luz incidía directamente sobre la figura, revelando totalmente que
se trataba de un extraño. Apretó con fuerza el puñal y flexionó las rodillas lo
suficiente para ir a lanzarse a por su presa antes de que gritara pero el niño volvió a
decir:
-¿Mami, eres tú? - La figura se paralizó. Miró hacia el crio y lo entendió en ese
momento, fue acercándose despacio y se sentó en la cama junto a él. Era ciego.
-Tú...tú no eres... - Comenzó a decir el crio a palmear a la figura.
-No. No lo soy. Pero si eres listo, no gritarás. - Dijo la figura.
-¿Vienes...vienes a robarnos? Mis padres no tienen mucho dinero...No les haga daño por
favor. No tienen la culpa. - Dijo el crio mirando hacia el vacío. Sus ojos brillaban,
apunto de llorar mientras imploraba al asesino de sus padres.
La figura agachó la cabeza. ¿Remordimientos quizás? Tomó algo de su bolsa, un pequeño
vial y volvió a mirar al muchacho.
-Te...voy a hacer un favor. ¿Cómo te llamas? - Le preguntó al crio.
-¿Yo...? Yo me llamo Nin. - Respondió él.
-Nin. Es un bonito nombre. Ahora Nin, te daré un bebedizo. Tómalo y volverás a
dormirte. - Dijo la figura.
El niño comenzó a temblar y negar con la cabeza mientras escuchaba como su compañero
tomaba algún frasco de entre sus cosas.
-¿Y qué pasará después de que me duerma...? -Preguntó el crio con temor.
-Apuesto a que eres un chico lo suficientemente listo cómo para saber qué ocurrirá. -
Respondió la figura.
-¿Y mis padres? - Preguntó casi sin voz, entre lloros.
-Están en los cielos. De esta forma podréis estar juntos otra vez. Prometo que no te
dolerá. - Le explicaba con una revelación nada tranquilizadora. El niño se cubrió la
cara y lloraba casi en silencio y la figura permanecía impasible a su lado, esperando.
Finalmente, el crio terminó por preguntar:
-¿Qué hemos hecho? ¿Por qué es un hombre tan malvado? - Nuevamente, miraba al vacío.
-Nada. No habéis hecho nada malo. Habéis vivido lo mejor que os han dejado vivir. Pero
hoy, habéis tenido mala suerte de que nos hayamos encontrado. Tómalo o tendré que
acabarlo de otra forma. -
El crio agarró tembloroso el vial y lo acercó a sus labios. Lo comenzó a tragar
despacio y agriando el gesto del rostro al probar el sabor del veneno. La figura le
agarró por los hombros y le volvió a tumbar en la cama con sumo cuidado. Y tras ello,
le arropó, pasando la mano enguantada sobre el cabello del muchacho y murmurándole una
cancioncilla hasta que el chico cerró los ojos para no abrirlos nunca más.
Al terminar la canción se hizo un silencio molesto en el lugar en el que solo quedaban
víctimas y culpa a su alrededor. Tomó el vial vacío de la mano del chico y lo guardó en
su bolsa. Tras ello recogió su cadáver y lo transportó hasta el cuarto de sus padres,
soltándolo encima de los dos cuerpos. Tomó un nuevo frasco del cinto y lo abrió, esta
vez dejó que el humo verdoso invadiera toda la habitación con su apestosa fragancia. La
nube comenzó a moverse siguiendo algún tipo de patrón, como si tuviera vida
propia...rodeando a los cuerpos de la estancia y envolviéndolos. Cada vez se hacía más
espesa y tras ello se disipó no dejando rastro de nadie. La sangre era el único testigo
de que algo había ocurrido allí esa noche.
Los tres cuerpos empalados, fueron vistos en las inmediaciones de la cueva de Bexter, parecía algún tipo de aviso.
vista observando la hora que marcaban las agujas. Giró los talones sobre sí para dar
media vuelta, golpeó con la mano la capa para que hondeara a la vez que su paso
presuroso.
La luminiscencia de la nivea luna así como las pequeñas luces de cada farola, eran la
única visión en todo momento de una recién entrada noche. Podía verse el ir y venir de
la gente que recogía los puestos de venta o preparaban los carromatos para partir a sus
casas. La figura caminaba lenta, pausada incluso, observando al campesinado,
acechándolo y escogiendo. La tarea le llevó una hora hasta que encontró al perfecto.
Hombre de mediana edad, castigado por el trabajo duro del campo, cansado tras una larga
jornada de trabajo. A la puerta de su hogar le esperaba toda su familia, una mujer de
una edad similar a él y un niño rozando lo famélico.
-Tres. - Dijo para sí la sombra. Habían tenido la mala suerte de ser tres o de que les
viera. Tan felices, tan ingenuos, tan frágiles...
Permaneció afuera a una distancia prudencial dónde las sombras le
proporcionaran cobijo y dejó pasar el tiempo...que la nube de humo que saliera de la chimenea se fuera disipando, que las luces desaparecieran de cada ventana... Despegó su espalda del árbol en el que reposaba y se fue acercando caminando con tranquilidad. Posó la mano en el pomo. Al intentar girarlo no abría como suponía. Así que se quedó unos instantes mirando hacia la puerta. Se giró atrás para dar un último vistazo por si
había alguien mirando, aunque había elegido esas horas precisamente para no encontrarse
con nadie.
Extendió la diestra y la deslizó hacia la bolsa en el cinto hasta sacar un pergamino.
Lo interpretó en la lengua de los mystranos y unas runas se dibujaron en el contorno
del pomo. ¡Clack! Se escuchó proveniente del mismo. Se tomó unos segundos antes de
llevar la mano nuevamente hacia el pomo y hacerlo girar, que esta vez lo hizo sin
problema. Empujó la puerta con los dedos, un poco al principio y luego lo suficiente
como para poder colarse dentro del lugar. Tras ello la cerró con el mismo cuidado,
tratando de no despertar a nadie del lugar.
Recordó la ventana en la que vio la última luz en apagarse, suponiendo que sería la
habitación del matrimonio. Al dar un único paso, notó como la vieja madera del suelo
crujía. Se detuvo, no podía seguir sin despertarles...así que no le quedaba otra que
utilizar una varita que la silenciara a ella y a su alrededor y así lo hizo.
Aceleró el paso y posó su mano sobre el nuevo pomo que giró rápido, el conjuro no
duraría demasiado. El matrimonio continuaba dormido sobre la cama. Su respiración
parecía tranquila y ellos ajenos a lo que sucedía a su alrededor. La figura se posó a
la vera del cabeza de familia, le observó unos instantes mientras tomaba la daga del
cinto. Ambas manos sujetaron la daga en alto y con fuerza bajaron hasta hundirse en el
pecho del pobre infeliz que abrió los ojos para contemplar como una figura sombría se
le llevaba la vida. La brusca agitación del hombre que se murió apenas en unos
segundos, consiguió despertar a su compañera, quién al ver lo que acontecía, no tardó
en gritar y pedir auxilio. Pero su voz se extinguía en esa misma habitación, como su
vida cuando con el mismo puñal con el que mataron a su esposo la atravesaba ahora a
ella.
El asesino comenzó a limpiar el puñal con la sábana, manchándola con la vitae del
matrimonio y mientras tanto, tarareaba una musiquilla casi en susurros. Cuando comenzó
a escucharla se dio cuenta de que el conjuro había expirado. Tomó su arma de nuevo y se
alzó para terminar la faena, acercándose a la habitación contigua. Esta vez no usó la
magia, sólo era un niño o eso pensó. Para su sorpresa, al entrar en la habitación, el
niño estaba sentado mirando hacia la puerta, observándole. La figura se quedó helada
por unos instantes, se había confiado en exceso, quizás. Ahora él gritaría y alertaría
a los vecinos.
-¿Mami...? - Dijo el pequeño. Aunque no había luz de una vela que alumbrara, la luz de
luna se colaba por la ventana revelando que ella no era quién mencionaba el crio. Tras
un par de pasos, la luz incidía directamente sobre la figura, revelando totalmente que
se trataba de un extraño. Apretó con fuerza el puñal y flexionó las rodillas lo
suficiente para ir a lanzarse a por su presa antes de que gritara pero el niño volvió a
decir:
-¿Mami, eres tú? - La figura se paralizó. Miró hacia el crio y lo entendió en ese
momento, fue acercándose despacio y se sentó en la cama junto a él. Era ciego.
-Tú...tú no eres... - Comenzó a decir el crio a palmear a la figura.
-No. No lo soy. Pero si eres listo, no gritarás. - Dijo la figura.
-¿Vienes...vienes a robarnos? Mis padres no tienen mucho dinero...No les haga daño por
favor. No tienen la culpa. - Dijo el crio mirando hacia el vacío. Sus ojos brillaban,
apunto de llorar mientras imploraba al asesino de sus padres.
La figura agachó la cabeza. ¿Remordimientos quizás? Tomó algo de su bolsa, un pequeño
vial y volvió a mirar al muchacho.
-Te...voy a hacer un favor. ¿Cómo te llamas? - Le preguntó al crio.
-¿Yo...? Yo me llamo Nin. - Respondió él.
-Nin. Es un bonito nombre. Ahora Nin, te daré un bebedizo. Tómalo y volverás a
dormirte. - Dijo la figura.
El niño comenzó a temblar y negar con la cabeza mientras escuchaba como su compañero
tomaba algún frasco de entre sus cosas.
-¿Y qué pasará después de que me duerma...? -Preguntó el crio con temor.
-Apuesto a que eres un chico lo suficientemente listo cómo para saber qué ocurrirá. -
Respondió la figura.
-¿Y mis padres? - Preguntó casi sin voz, entre lloros.
-Están en los cielos. De esta forma podréis estar juntos otra vez. Prometo que no te
dolerá. - Le explicaba con una revelación nada tranquilizadora. El niño se cubrió la
cara y lloraba casi en silencio y la figura permanecía impasible a su lado, esperando.
Finalmente, el crio terminó por preguntar:
-¿Qué hemos hecho? ¿Por qué es un hombre tan malvado? - Nuevamente, miraba al vacío.
-Nada. No habéis hecho nada malo. Habéis vivido lo mejor que os han dejado vivir. Pero
hoy, habéis tenido mala suerte de que nos hayamos encontrado. Tómalo o tendré que
acabarlo de otra forma. -
El crio agarró tembloroso el vial y lo acercó a sus labios. Lo comenzó a tragar
despacio y agriando el gesto del rostro al probar el sabor del veneno. La figura le
agarró por los hombros y le volvió a tumbar en la cama con sumo cuidado. Y tras ello,
le arropó, pasando la mano enguantada sobre el cabello del muchacho y murmurándole una
cancioncilla hasta que el chico cerró los ojos para no abrirlos nunca más.
Al terminar la canción se hizo un silencio molesto en el lugar en el que solo quedaban
víctimas y culpa a su alrededor. Tomó el vial vacío de la mano del chico y lo guardó en
su bolsa. Tras ello recogió su cadáver y lo transportó hasta el cuarto de sus padres,
soltándolo encima de los dos cuerpos. Tomó un nuevo frasco del cinto y lo abrió, esta
vez dejó que el humo verdoso invadiera toda la habitación con su apestosa fragancia. La
nube comenzó a moverse siguiendo algún tipo de patrón, como si tuviera vida
propia...rodeando a los cuerpos de la estancia y envolviéndolos. Cada vez se hacía más
espesa y tras ello se disipó no dejando rastro de nadie. La sangre era el único testigo
de que algo había ocurrido allí esa noche.
Los tres cuerpos empalados, fueron vistos en las inmediaciones de la cueva de Bexter, parecía algún tipo de aviso.