Rokhen
Pornorroleador en sequía
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I — El que llegó de noche
Hay que decir, para empezar, que nadie en Athkatla esperaba a Sniv, y que él tampoco esperaba gran cosa de Athkatla. Llegó de noche, como llegan los de su clase, con un burro viejo y un zurrón, y se enteró el primer día de que en aquella ciudad los de su especie tienen un escalón asignado y que ese escalón es el último. Sedimento, lo llaman allí. Ni ciudadanía, ni paso franco, y a la calle de cualquier casa cerrada si al dueño se le antoja. No le sorprendió. En Murann tampoco valía nada.
Lo que sí le dolió, en la medida en que a él le duelen las cosas, fue averiguar dónde estaba el Salón de la Luna. Porque resulta que el templo de su señora se alza en el barrio noble, que es precisamente el sitio donde un kobold no entra; y así se dio el caso de que la única puerta del mundo que a Sniv le importaba era también la única que tenía guardias delante.
De modo que se quedó fuera y siguió haciendo lo suyo, que es lo que ha hecho siempre.
Capítulos
I — El que llegó de noche (este)
II — El cajón estaba alto
III — El hombre que se agachó
IV — Verdelinde
V — Lo que se deja como tiene que quedar
VI — Doce espadas a la espalda
VII — La piedra
Hay que decir, para empezar, que nadie en Athkatla esperaba a Sniv, y que él tampoco esperaba gran cosa de Athkatla. Llegó de noche, como llegan los de su clase, con un burro viejo y un zurrón, y se enteró el primer día de que en aquella ciudad los de su especie tienen un escalón asignado y que ese escalón es el último. Sedimento, lo llaman allí. Ni ciudadanía, ni paso franco, y a la calle de cualquier casa cerrada si al dueño se le antoja. No le sorprendió. En Murann tampoco valía nada.
Lo que sí le dolió, en la medida en que a él le duelen las cosas, fue averiguar dónde estaba el Salón de la Luna. Porque resulta que el templo de su señora se alza en el barrio noble, que es precisamente el sitio donde un kobold no entra; y así se dio el caso de que la única puerta del mundo que a Sniv le importaba era también la única que tenía guardias delante.
De modo que se quedó fuera y siguió haciendo lo suyo, que es lo que ha hecho siempre.
Capítulos
I — El que llegó de noche (este)
II — El cajón estaba alto
III — El hombre que se agachó
IV — Verdelinde
V — Lo que se deja como tiene que quedar
VI — Doce espadas a la espalda
VII — La piedra
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