FelixSR
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Logarn no es el típico enano. Disfruta de los cielos abiertos y de las amplias praderas más que de los claustrofóbicos túneles, prefiere el sabor del té al del alcohol, y la soledad es su fiel amiga. Cuando era joven, evitaba la compañía de sus compañeros, encontrando pocas cosas que le hicieran más feliz que agazaparse tras un árbol, escuchar el viento meciendo las hojas de los árboles, y esperar que una presa pasara por allí.
Todo cambió hace 20 años cuando su padre, un capitán llamado Dakern, lideró un batallón enano contra un pequeño destacamento de gigantes. Con todo el cariño, Dakern ofreció a su poco experimentado hijo la posibilidad de acompañarles y probarse a sí mismo como explorador jefe y segundo al mando. Tranquilo y pacífico por naturaleza, Logarn rechazó el ofrecimiento, sin ser capaz de ver el honor que su padre le estaba haciendo, hasta algunos días después de que la compañía partiese. Viajando ligero y rápido, Logarn alcanzó a su padre, pero ya era demasiado tarde. Infravalorando el tamaño y la habilidad de la partida de incursores, Dakern había llevado a su equipo a una emboscada, donde fueron masacrados hasta el último.
Con la sangre de su padre todavía caliente en sus manos, Logarn se volvió loco de rabia, y esa noche se infiltró en el campamento de los gigantes como un espíritu vengativo, matando a un gigante tras otro con sus hachas antes de fundirse en el bosque, sólo para aparecer después en otro lugar para cobrarse otra víctima. Cuando el último gigante agonizaba en el polvo, Logarn empuñó el hacha de su padre y se deslizó entre los árboles, jurando por siempre ser la voz de la justicia en los lugares salvajes, mantener el equilibrio, y evitar el sacrificio de nobles guerreros.
Logarn, como muchos de su raza, habla poco y tiene poco tiempo para lindezas, pero aquí se acaba su conexión con la raza enana. Desde que era niño, prefiere pasar el tiempo en el campo y sin compañía, en comunión con la naturaleza, aunque ocasionalmente viaja con otros cuyas metas coinciden con las suyas. Indiferente a la cerveza y al aguardiente, que la cultura humana tanto asocia a los enanos, Logarn prefiere tomar tazas y tazas de té fuerte para mantener alerta sus sentidos. Con el paso del tiempo ha aprendido a moverse por casi cualquier terreno, obligándose a entrar en la infraoscuridad en muchas ocasiones, persiguiendo y cazando todo tipo bestia ímpia.
Tras escuchar el rumor de la aparición de la Gran Runa en el reino de Kazad Gromdal, se dispone rumbo a Amn.
Todo cambió hace 20 años cuando su padre, un capitán llamado Dakern, lideró un batallón enano contra un pequeño destacamento de gigantes. Con todo el cariño, Dakern ofreció a su poco experimentado hijo la posibilidad de acompañarles y probarse a sí mismo como explorador jefe y segundo al mando. Tranquilo y pacífico por naturaleza, Logarn rechazó el ofrecimiento, sin ser capaz de ver el honor que su padre le estaba haciendo, hasta algunos días después de que la compañía partiese. Viajando ligero y rápido, Logarn alcanzó a su padre, pero ya era demasiado tarde. Infravalorando el tamaño y la habilidad de la partida de incursores, Dakern había llevado a su equipo a una emboscada, donde fueron masacrados hasta el último.
Con la sangre de su padre todavía caliente en sus manos, Logarn se volvió loco de rabia, y esa noche se infiltró en el campamento de los gigantes como un espíritu vengativo, matando a un gigante tras otro con sus hachas antes de fundirse en el bosque, sólo para aparecer después en otro lugar para cobrarse otra víctima. Cuando el último gigante agonizaba en el polvo, Logarn empuñó el hacha de su padre y se deslizó entre los árboles, jurando por siempre ser la voz de la justicia en los lugares salvajes, mantener el equilibrio, y evitar el sacrificio de nobles guerreros.
Logarn, como muchos de su raza, habla poco y tiene poco tiempo para lindezas, pero aquí se acaba su conexión con la raza enana. Desde que era niño, prefiere pasar el tiempo en el campo y sin compañía, en comunión con la naturaleza, aunque ocasionalmente viaja con otros cuyas metas coinciden con las suyas. Indiferente a la cerveza y al aguardiente, que la cultura humana tanto asocia a los enanos, Logarn prefiere tomar tazas y tazas de té fuerte para mantener alerta sus sentidos. Con el paso del tiempo ha aprendido a moverse por casi cualquier terreno, obligándose a entrar en la infraoscuridad en muchas ocasiones, persiguiendo y cazando todo tipo bestia ímpia.
Tras escuchar el rumor de la aparición de la Gran Runa en el reino de Kazad Gromdal, se dispone rumbo a Amn.