Aduen
Niño sin padres ni hospicio
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Thay, tierra regida por la magia. Lugar donde un grupo reducido de poderosos magos ostenta todo el poder. País natal de Lorach, protagonista de esta historia. Lorach nace en el seno de una familia noble, perteneciente a la etnia Mulan, grupo étnico que encabeza el escalafón social del país. Pero en Thay noble no significa acomodado.
Su padre era un honrado tratante de esclavos no muy exitoso, su madre, una conjuradora. Esta pertenece a ese pequeño grupo de magos que gobierna el país, los Magos Rojos. En realidad no posee gran influencia pues entre los Magos Rojos es de la menos brillante. A pesar de ello, sí posee las cualidades que tienen todos ellos en común. Ambición, ansia de poder sin igual y poco respeto por la vida ajena.
Esto quedó demostrado cuando ofreció en sacrificio a su propio marido. Un demonio que había convocado con la finalidad de realizar un trato que le permitiese aumentar sus poderes le había exigido como pago la vida de una persona querida. Así fue que asesinó a este en un ritual macabro. En el momento del cruel acto el demonio empezó a reír y mientras se regocijaba dijo “Nunca podrás sacrificar a un ser querido, pues al único ser que amas es a ti misma”. Entonces desapareció. No había conseguido nada. A partir de entonces su odio y ambición no hizo más que crecer debido al engaño. La muerte de su marido poco le importó. El pequeño Lorach no pudo entender que sucedía. Su padre un día estaba y al siguiente no. No recibió ninguna explicación del porqué.
La situación económica de la familia no paró de empeorar ahora que el principal proveedor de ingresos no se encontraba. Los pocos esclavos que había en la finca iban desapareciendo poco a poco sin aparente explicación. Sin embargo, su madre, seguía siendo una Maga Roja y no pasaron penurias.
Poco amor maternal recibió Lorach, su madre se pasaba día y noche en su estudio. El niño para entretenerse se pasaba todo el tiempo ojeando los libros que su madre se dejaba olvidados por la casa. Parecía que el niño poseyera una inteligencia notable y talento para la magia. Desde muy joven empezó a realizar algunos trucos arcanos. Esto llamó la atención de su madre.
Los Magos Rojos examinan a los niños de las familias nobles en busca del mínimo talento mágico. Los que muestran cualidades son enviados a escuelas mágicas por todo el país para entrenar a las nuevas generaciones de Magos Rojos.
Su madre vio en él talento pero era tan envidiosa que vio en el niño un peligro futuro. Se negó a que su hijo fuese examinado y le prohibió el contacto con cualquier forma de magia. Lo que hasta ese momento había sido indiferencia se convirtió en desprecio y odio. Detestaba la idea de que su hijo pudiera llegar a ser algún día más poderoso que ella. La vida cambió radicalmente para el niño.
Siendo adulto, con dieciséis años, encontró la oportunidad de escapar de su pesadilla. El padre de uno de los pocos amigos que poseía, tratante de esclavos como lo fue su padre, emprendía un viaje al oeste. Lorach consiguió introducirse en la caravana sin ser visto y no fue detectado hasta estar muy lejos del hogar.
El padre de su amigo se apiadó del joven, comprendiendo su sufrimiento. Le facilitó algo de oro y lo más importante, no le preguntó a donde se dirigía. Aunque poco podría haber dicho el joven, pues ni el mismo lo sabía. Así fue que sin destino claro emprendió rumbo oeste, lo más alejado posible de la influencia de su madre.
Cada noche soñaba con volver a Thay convertido en un poderoso Mago Rojo y acabar con la vida de aquella que tanto le había hecho sufrir. Imaginó las formas más crueles posibles de matar y torturar. Sumido en el odio y ansioso de un poder que le permita llevar a cabo tales actos.
Un año después llega hasta los confines del continente, a la ciudad de Athkatla, cansado ya de huir. Se enteró que en la ciudad había un enclave de su tierra natal. Esperando que en un lugar tan remoto la influencia de su madre no puediera llegar, pretende pedir trabajo a sus compatriotas, con la esperanza de que algún Mago Rojo lo tome como aprendiz.
Su padre era un honrado tratante de esclavos no muy exitoso, su madre, una conjuradora. Esta pertenece a ese pequeño grupo de magos que gobierna el país, los Magos Rojos. En realidad no posee gran influencia pues entre los Magos Rojos es de la menos brillante. A pesar de ello, sí posee las cualidades que tienen todos ellos en común. Ambición, ansia de poder sin igual y poco respeto por la vida ajena.
Esto quedó demostrado cuando ofreció en sacrificio a su propio marido. Un demonio que había convocado con la finalidad de realizar un trato que le permitiese aumentar sus poderes le había exigido como pago la vida de una persona querida. Así fue que asesinó a este en un ritual macabro. En el momento del cruel acto el demonio empezó a reír y mientras se regocijaba dijo “Nunca podrás sacrificar a un ser querido, pues al único ser que amas es a ti misma”. Entonces desapareció. No había conseguido nada. A partir de entonces su odio y ambición no hizo más que crecer debido al engaño. La muerte de su marido poco le importó. El pequeño Lorach no pudo entender que sucedía. Su padre un día estaba y al siguiente no. No recibió ninguna explicación del porqué.
La situación económica de la familia no paró de empeorar ahora que el principal proveedor de ingresos no se encontraba. Los pocos esclavos que había en la finca iban desapareciendo poco a poco sin aparente explicación. Sin embargo, su madre, seguía siendo una Maga Roja y no pasaron penurias.
Poco amor maternal recibió Lorach, su madre se pasaba día y noche en su estudio. El niño para entretenerse se pasaba todo el tiempo ojeando los libros que su madre se dejaba olvidados por la casa. Parecía que el niño poseyera una inteligencia notable y talento para la magia. Desde muy joven empezó a realizar algunos trucos arcanos. Esto llamó la atención de su madre.
Los Magos Rojos examinan a los niños de las familias nobles en busca del mínimo talento mágico. Los que muestran cualidades son enviados a escuelas mágicas por todo el país para entrenar a las nuevas generaciones de Magos Rojos.
Su madre vio en él talento pero era tan envidiosa que vio en el niño un peligro futuro. Se negó a que su hijo fuese examinado y le prohibió el contacto con cualquier forma de magia. Lo que hasta ese momento había sido indiferencia se convirtió en desprecio y odio. Detestaba la idea de que su hijo pudiera llegar a ser algún día más poderoso que ella. La vida cambió radicalmente para el niño.
Siendo adulto, con dieciséis años, encontró la oportunidad de escapar de su pesadilla. El padre de uno de los pocos amigos que poseía, tratante de esclavos como lo fue su padre, emprendía un viaje al oeste. Lorach consiguió introducirse en la caravana sin ser visto y no fue detectado hasta estar muy lejos del hogar.
El padre de su amigo se apiadó del joven, comprendiendo su sufrimiento. Le facilitó algo de oro y lo más importante, no le preguntó a donde se dirigía. Aunque poco podría haber dicho el joven, pues ni el mismo lo sabía. Así fue que sin destino claro emprendió rumbo oeste, lo más alejado posible de la influencia de su madre.
Cada noche soñaba con volver a Thay convertido en un poderoso Mago Rojo y acabar con la vida de aquella que tanto le había hecho sufrir. Imaginó las formas más crueles posibles de matar y torturar. Sumido en el odio y ansioso de un poder que le permita llevar a cabo tales actos.
Un año después llega hasta los confines del continente, a la ciudad de Athkatla, cansado ya de huir. Se enteró que en la ciudad había un enclave de su tierra natal. Esperando que en un lugar tan remoto la influencia de su madre no puediera llegar, pretende pedir trabajo a sus compatriotas, con la esperanza de que algún Mago Rojo lo tome como aprendiz.