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Los Aprendices de Thay

Teiglin

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Todos los caminos llevan a Eltabbar:

El viento salobre de la costa norte agitaba la capa escarlata de Obara Alghul mientras guiaba a sus aprendices por el sendero rocoso. Vraska, la tiefling de piel azulada, avanzaba en silencio, sus ojos brillando con curiosidad y aprehensión al contemplar las olas rompiendo contra los acantilados lejanos. A su lado, Eresse, una joven humana de mirada aguda y manos nerviosas, ojeaba su libro de conjuros, murmurando fórmulas arcanas como si tratara de grabarlas en su memoria. Urghala, más corpulento y de semblante adusto, cargaba un bastón tallado con runas thayinas, resoplando ante el peso de los posibles peligros que pudieran acontecer.

"En esa cueva," señaló Obara, con una voz fría y autoritaria que cortaba el murmullo de las olas, "se encuentra vuestra prueba. Si falláis, el fracaso será vuestra última lección."

La entrada a la cueva, oscura y amenazante, parecía absorber la luz del sol. A medida que se adentraban, un brillo verdoso comenzó a iluminar las paredes, revelando hongos fosforescentes cuyas esporas flotaban como motas de polvo brillante en el aire. El ambiente se cargó de una magia latente, pesada y primitiva. Eresse, incapaz de resistir su curiosidad, conjuró una pequeña llama para iluminar mejor su camino, pero al hacerlo, unos ojos brillantes de devolvieron la mirada de regreso, y como si una decena de fuegos fatuos les siguieran, muchos pares de ojos se revelaron.

La batalla fue inmediata y el caso se desató. Vraska alzó las manos, conjurando una barrera de hielo que bloqueó parte del ataque inicial. Urghala manipuló las corrientes mágicas, enviando pulsos de energía para dispersar a las criaturas, pero su control no era perfecto, y una chispa errante golpeó a Eresse, quien lanzó un grito de sorpresa antes de invocar un escudo etéreo a su alrededor. Los gnolls, salvajes y enardecidos por la invasión de los incautos arcanos, presionaron con fuerza renovada, moviéndose como un río de luz y furia.

Obara permanecía inmóvil, observando. Sólo cuando los aprendices comenzaron a flaquear, levantó una mano enguantada, pronunciando un conjuro en un tono bajo y letal. Una ráfaga de energía escarlata atravesó el aire, desintegrando al chamán de los gnolls en un destello de luz. Poco a poco, el resto de gnolls fueron cayendo, pero no se percataron del cómo hasta que vieron a Vraska encogida en una de las esquinas de la cueva, controlando con sus manos la mente del gnoll más grande, y lanzándolo a destruir hasta los que hacía unos instantes, eran sus lacayos.

Cuando el silencio regresó, Obara avanzó hacia el centro de la cueva, donde una serie de cristales arcanos y hongos raros crecían en un rincón iluminado por un tenue brillo sobrenatural. "Recolectad lo necesario," ordenó, su tono más una amenaza que una instrucción. "Este será vuestro tributo a vuestro propio progreso... si sabéis aprovecharlo."

Vraska, con movimientos cuidadosos, cortó los hongos con una daga encantada, mientras Eresse canalizaba energía para preservar las esporas. Urghala, por su parte, recogía los cristales, sus ojos brillando con una mezcla de ambición y agotamiento.

Cuando emergieron de la cueva, cargados con frascos llenos de ingredientes raros y una nueva comprensión de sus habilidades, el rostro de Obara mostraba una satisfacción fría. "Habéis demostrado ser útiles... por ahora. Recordad, la verdadera fuerza de un Mago Rojo no está en lo que obtiene, sino en lo que está dispuesto a sacrificar para obtenerlo."

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Offtopic :
Me tomé unas licencias artísticas porque casi nos matan a todos por mi culpa, pero bueno, espero que sea de vuestro agrado.
 
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