Arrakis
Copia defectuosa de Kronobot
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Golpeaba ritmicamente el suelo con el tacón del pie, provocando un sonido seco que se perdía en el eco de la habitación ahora vacía. Acompañaba con su respiración, profunda y arrítmica, desordenada, en un torpe intento de mantener la calma. Sus manos, de movimientos temblorosos y húmedas por una fina capa de sudor, jugueteaban con el vial de forma premurosa, casi obsesiva. El dolor en ella se agudizaba, lacerante y profundo, una mácula en su piel que dejaba a la luz una parte de sí misma expuesta, un desgarro en el tejido mismo de su existencia. El cristal del vial, frio entre sus dedos, era una de las débiles conexiones que la mantenian plenamente consciente, centrada en su labor.
El rugido de la tormenta volvió a retumbar fuera, propagándose por los cristales con un repiquetear estridente tras el golpe. El sonido suave de la lluvia continuaba, abriéndose paso en su mente como un manto tranquilizador, un bálsamo que aliviaba en parte su malestar.
Había dejado a un lado la máscara mientras trabajaba, unas profundas ojeras marcadas en su piel. Una mácula de dolor que necesitaba ocultar y de los que la máscara, de colores inmaculados, parecia burlarse en su rictus permanente de una sonrisilla burlona.
Tenía la mezcla casi lista. Frente a ella un fino polvo de paz roja, tamizado y separado, sin adulterar, mezclada con un té para que conservara gran parte de sus efectos relajantes, pero no así el alto poder adictivo. Las pequeñas perlas rojas se hundían lentamente en el líquido, dejando tras de si un rio de hebras escarlatas que parecían sangre. Se convertiría en una adicta a la droga, por supuesto. Era algo inevitable. Pero sus efectos, su poder adictivo sería una sombra tenue en comparación a lo destructivos que podian ser aquellos que tomaban la Paz Roja adulterada o en su versión mas pura. Necesitaba, como fuera, apaciguar el dolor. No podía permitirse que esto la lastrara.
Sus manos temblaban ligeramente mientras removía con una cuchara la mezcla, agitandola suavemente hasta terminar de mezclarla, en una urgencía que contenía gracias a su conocimiento de las drogas. El dolor seguía presente, insidioso y profundo. No tenía elección, no podía permitirse que esto la debilitara.
Ante ella mantenía el resto de anotaciones de la investigación, desplegaadas como un tapiz de interrogantes y misterios, resueltos y por resolver. Venhomon, Vahen, Leandra, Terra, Tia Sisí, N. La Reina Cuervo. El propio colgante del Antifaz y el Estilete que adornaba su pecho. Todos conectados por una serie de acontecimientos que había ocurrido hacia mucho, cuando algunas sombras que aún se encontraban presentes habían tratado de dar con el asesino. Era una misión que se había dilatado en el tiempo durante casi doce años. Si lo hubieran detenido por aquel entonces, tal vez el crio no habría tenido que morir. Y sin embargo sospechaba que eso era obra del destino, un final ineludible para la criatura. ¿Pero y sin en vez de una hubiera dos?
Su mirada se desviaba constantemente en dirección a la nota de N. ¿Era solo una curiosa forma en que Venhomon firmaba cuando la Perdición tomaba su control o era más bien un o una compañera que como él habia emprendido el camino de la oscuridad? Aquel nombre o símbolo, tenía algo inquietante para ella.
Un trueno resonó de nuevo en la distancia, como si los dioses mismos quisieran recordarle que el tiempo no era un aliado ya en esta partida. Las sombras de lo pasado y lo presente tal vez quedaran para siempre sepultadas bajo un manto de misterio, de respuestas no halladas y secretos no confesados.
Habían saboreado la victoria, sin ninguna baja más allá de las heridas que ahora ella cargaba para sí misma. Y sin embargo, más alla del dolor físico que la laceraba, no podia sentirse satisfecha, las preguntas la carcomían. Algo escapaba de su control, de su comprensión. ¿Por qué Terra no había aparecido?
Y N, ¿cumpliría su promesa? Era una amenaza que se alzaba sobre ellos. ¿Que encerraban las dos recordadoras? Queria-..no,necesitaba creer que aquella que había recuperado era lo que pensaba que era. Ocho años encapsulados, arrancados de la mente de su amante, preservados en aquel puzzle. Pero, ¿Qué contenía la otra? Y lo más importante-..¿Cómo y en qué momento habían llegado alli? ¿Era un regalo de Terra o un reto para ver si estaban preparados? La idea la tentaba. Era obvio que la mujer los había estado guiando y vigilando en todo momento, desde aquel momento en que le guiñó el ojo frente a la Torre Capaconjuro. Si tan solo hubiera sabido en aquel momento a quien tenía ante sí.
Tenía demasiadas preguntas,amontonadas y pesadads en suu mente, convirtiendo sus pensamientos en un remolino caótigo agudizado por el dolor. Y por el momento, a su pesar, las respuestas habian terminado.






