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Los pilares de la Vida: Sacrificio

Zhay

Guerrero puro pero feliz
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//Lo primero mis disculpas a Falquian por copiarle vilmente su forma de hacer los relatos y lo segundo, agradecer a todos los que participasteis en esta escena por hacerla tan honrosa de narrar. Mi especial agradecimiento a DM Cuchuflú por los efectos dramáticos :p

Los pasos de los Ordenados resonaban en los pilares de la boveda acristalada que conformaba la enorme iglesia. A la cabeza Sir Aldaris caminaba con porte majestuoso y a la vez, severo. Tras el le seguía la Postulante Auriel, que, a pesar de ser de normal dulce y serena, también se mostraba tensa. Mas atrás, la Postulante Charlotte conducía a los Escuderos Hamir y Agarwaen tras los pasos de los guías. Tras la comitiva tan solo quedaba el eco de la culpa, del deber, y del martirio.

Auriel: ¿Ante la estatua de Tyr o ante los pilares? [Preguntó con obediencia la sacerdotisa, al ver a Sir Aldaris parar ante el árbol y los pilares del deber del Ordenado.]

Aldaris Nithram: El Justo debe presenciarlo desde su imagen. [Contestó el Caballero, impertérrito.]

Auriel: Sea, Sire. Venid al altar de Tyr. [La menuda elfa de cabellos níveos caminó con paso marcial hasta quedar al lado izquierdo del altar de Tyr, mientras que Sir Aldaris, se colocaba a la derecha.] Agarwaen, postraos ante el Justo. Los demás... Sentaos.

La dura mirada de la Postulante se posó en cada uno de ellos, mientras el joven escudero se arrodillaba frente al altar, y los demás tomaban asiento en los bancos, a la espalda del culpable. Se pudo oír el leve susurro proviniente de Agarwaen, mientras rezaba su plegaria a Tyr. Bien sabía ella que la necesitaría, y no solo eso, sino mucho mas, si quería recuperar el favor de su dios, y con él, su poder divino.

Aldaris Nithram: Proceded, Postulante. [El Caballero se cruzó de brazos y guardó silencio a partir de dicho momento. Su mirada intensa parecía querer atravesar carne, sangre y hueso, hasta el alma, del escudero postrado.]

Auriel: Confesad vuestros pecados ante la mirada del Justo y su corte.

La voz de Auriel sonó mas dura de lo que hubiera pretendido en un primer momento, pero no podía flaquear en aquella situación, era su deber dar castigo a los malos actos, ella era la superior de aquel escudero, y la encargada de su confesión y su condena. Por su parte, el escudero Agarwaen miró la figura del justo y comenzó a recitar sus pecados, con la voz arrepentida y rota.

Agarwaen: Convoqué un Hamaluta a mi servicio, con los poderes del Justo...

Agarwaen: Un diablo, que osó convocar a su vez a un insepulto.

Tras unos minutos de silencio, en el que las mentes de todos estaban trabajando a un ritmo frenético, Auriel no se quedó atrás. Ella incluso ponía mas esfuerzo a su mente, ya medio aletargada, para dar un castigo justo al escudero, que comprendiera y a la vez, que no le causase un daño inmediato. Cerró los ojos un momento y suspiró, procurando que no le oyese Sir Aldaris.

Auriel: Seréis condenado a treinta latigazos durante tres días. Pero haciendo honor a mi rango como sacerdotisa del Señor del Lamento, yo tomaré el castigo por vos.[Vio el rostro de Agarwaen cambiar de la inexpresión a la autentica desesperación, lo cual hizo que su máscara de severidad se resquebrajase por un momento, para mostrar la tristeza, pero debía continuar.] Si bien no quedareis libre de cargo. Vos seréis quien me propine el castigo.

Agarwaen:No... No podría causarle dolor. [El muchacho comenzó a tartamudear, entre sorprendido y triste.]

Auriel: Obedecereis las ordenes de un superior, ante los ojos del Leal.

Agarwaen:A mi... Azotadme a mi...

Auriel: Juraste lealtad, ¿quieres incluir la insubordinación entre tus cargos? Me propinareis el castigo, y esa es mi ultima palabra. Lo lamento, pero yo debo hacer lo que es mi deber.

La Postulante Charlotte cerró los ojos mientras escuchaba aquellas palabras, su pequeño cuerpo estaba tenso, quizás mas que el de los demás, pues el sufrimiento se llevaba por dentro. Agarwaen por su parte, dedicó una mirada suplicante a la elfa con la mandíbula y las manos temblandole.

Auriel: Levantaos, empezaremos en un momento. Escudero Hamir, levantaos y postraos ante la mirada del Leal. [Agarwaen pronunció otra vez entre susurros el nombre de la Postulante cuando caminaba hasta los bancos y se sentaba, mientras Hamir se levantaba con decisión dirigiendose hasta el altar y arrodillandose en el suelo, frente a la estatua de Torm.] Vos habeis cometido el pecado de permitir los actos de vuestro hermano. Observasteis aquello y no hicisteis nada.

Charlotte: La fe es algo sagrado, no hay que mal usarla, y mucho menos, despreciarla. [A su vez, el escudero postrado, asentía levemente, aceptando las acusaciones silenciosamente. A pesar de la mirada suplicante que Agarwaen dirigía a Charlotte para que parara todo esto, la Postulante se mantuvo en su lugar y guardó silencio, tomandose tan en serio como su homónima el castigo ante Tyr.]

Auriel: Los hermanos ordenados no solo están para apoyarse uno en el otro, sino también para reprender los actos mal llevados, para evitar que los hermanos caigan en desgracia. Vuestro pecado es no advertir y detener a vuestro hermano. ¿Lo admitís?

Hamir Milley: Lo admito. [Dijo con sencillez, lo cual le hacía merecedor al menos de compasión a los ojos de la ejecutora del castigo.] La ignorancia no me exime de la culpa.

Auriel: Os condeno pues a observar con pasividad el castigo de vuestro hermano, igual que observasteis sus actos impuros.

Hamir Milley: Como usted diga postulante Auriel. [Tanto el escudero como la Postulante asintieron a la vez, reafirmando sus creencias y sus decisiones.]

La frágil elfa hizo resonar los ecos metálicos de sus pasos por el pasillo de la bóveda lateral, dirigiendose hacia el centro de la Catedral, donde yacían el árbol y los cuatro pilares, representantes de la vida de un Ordenado. Agarwaen miró a su verdugo unos segundos mas, apenas sin palabras que decir en aquella despesperante situación. Hamir, en cambio, se levantó ipsofácticamente y siguió los pasos de Auriel, mientras Charlotte cogía aire dando un largo y prolongado suspiro que resonó en la sala y se preparaba para seguirlos también.

La sacerdotisa del Quebrado, haciendo honor al dogma de su Señor, se colocó frente al pilar del Sacrificio, despojandose con lentitud de la pesada armadura de Postulante de la Orden, tarea en la cual Charlotte se apresuró a ayudarla. Habiendo quedado tan solo con una fina camisa de lino, Auriel se postró de rodillas ante el pilar, y sacó del zurrón un flagelo de cuero marrón rojizo, que tal vez hubiera adquirido ese color por el uso al que estaba sometido. Dio la fusta a Hamir, para que éste se la diese a Agarwaen. Notó la mano de la gnoma palmear su espalda para darle ánimos, esos que había perdido hacía unas cuantas horas y que le costaría mucho esfuerzo volver a recuperar.

Auriel se encorvó un poco, dejando su espalda visible al completo, para facilitar el acceso a ella al escudero que había de darle el castigo, como pago a Tyr. Agarwaen tembló al coger el látigo, mirando con la duda y la desesperación recorriendole el rostro, bajo la atenta mirada de Sir Aldaris, su mentor. Pero la voz de la Postulante le hizo salir de sus pensamientos, de forma quizás demasiado brusca.

Auriel: Coged la fusta y comenzad. Por cada vez que la mano os dude, o Hamir aparte la mirada de mi espalda, habrá un día mas de castigo.

Charlotte: Sea, Agarwaen, espero no ver dudas en cuanto empieze esto.

La marmórea superficie del pilar del sacrifico se mostraba impoluta, tal como si hubiese sido construido hace tan solo unos minutos. De su base a su cúpula, los nombres de todos aquellos mártires de la orden permanían escritos a cincel, como un mudo elogio a su valentía. Mientras, una lágrima recorría el rostro del escudero condenado que aferraba el látigo con fuerza, símbolo de la impotencia que no podía ni sabía mostrar.

Auriel: Comenzad, escudero. Treinta, ni uno mas, ni uno menos...

Agarwaen abrió un poco la mano, alzandola y agitando la fusta en el aire, dando justo en la mitad de la espalda de la Sacerdotisa. "¡Fwosh!". El primer golpe resonó en la estancia, haciendo un sonoro eco por la disposición de la misma, para que se grabase en las mentes de los presentes el castigo. Hamir no apartaba la mirada de la espalda ensangrentada, aunque bien sabían los presentes, que aquello no sería fácil de olvidar. El suspiro de Agarwaen y el quejido de Auriel apenas sonaron con el eco del restallido, aunque nuevamente, los ojos del escudero derramaron el dolor que sentía en el alma.

El látigo de Agarwaen restalló de nuevo contra la nívea piel ensangrentada de la sacerdotisa, bajo la atenta mirada de los dioses, del severo Caballero Aldaris, de la compasiva Charlotte y del compungido Hamir. De nuevo, el cruel golpe resonó entre los muros de la iglesia. Las dagas del remordimiento comenzaron a cernirse sobre la cabeza del verdugo, cuál espada de Damocles.

Charlotte: No dudes, Auriel esta dando toda su fe y su fortaleza para que tú, puedas dar cuentas delante de Tyr. [Esto no consolaba al Escudero, cuyas lágrimas rodaban hasta suicidarse en su mentón, mientras su compañero y hermano, observaba entristecido el macabro espectáculo.] Deberías sentirte orgulloso de tener una postulante así.

Una y otra vez, golpease o no, el sonido resonaba en la mente del escudero. "¡Fwosh! ¡Fwosh! ¡Fwosh!". Una extraña melodía que tal vez le costase arrancar de sus oídos...Si es que alguna vez los abandonaba. A cada latigazo, los labios de la joven elfa temblaban, aunque no salía de ellos mas que un quejido que ni siquiera llegaba a ser un grito. Los dedos blanquecinos se adentraban entre las juntas de las baldosas, agarrandolas con fuerza, hasta incluso hacerse daño.

“Doce... trece... catorce......”

Charlotte, rígida como una piedra, restaba atenta a la estabilidad de la frágil vida de Auriel, por si fuera necesaria su intervención médica. A medida que los golpes avanzaban, el rostro de Agarwaen se iba volviendo menos expresivo, mas duro, como si los sentimientos estuvieran desapareciendo de su ser. Las gotas de sangre comenzaron a gotear para hacer un cruel mosaico entre las juntas de las baldosas de la sagrada Iglesia, algunas de ellas salpicaban la armadura y el rostro de Agarwaen, haciendo más y más duro el ya cruel trabajo.

“Veinticinco... Veintiseis...............Veintisiete...”

El rostro petrificado de Hamir observaba la sangre como si fuera la primera vez que la veía, como si no pudiera creer todo aquello a pesar de estar siendo testigo. Y fue con el ultimo golpe, cuando la voz melódica de la elfa se alzó un par de notas por encima de lo normal. Y cuando, como si se tratase de un símbolo con significado oculto, el Pilar del Sacrificio se manchó con sus sangre. Las enredaderas del pilar del sacrificio parecieron marchitarse a ojos vista con la sangre de la inocente Postulante, como si rechazasen o lamentasen el tener que presenciar tan macabro espectáculo. Dejando la marca imborrable de la condena, del sufrimiento y del martirio, de alguna macabra forma, ese pilar ya lleva su nombre, por los siglos de los siglos.

El rostro de Agarwaen estaba muerto, inexpresivo, su mirada parecía de nuevo entre perdida y atenta, como alguien que mira y no mira, cuando finalizó la última agonía miró el látigo manchado con la sangre de su Postulante, al igual que su rostro y su armadura. Los músculos del joven empezaron a temblar, al ver cada vez más gotas de sangre caer de la espalda de la postulante y manchar, no, mancillar sus níveos cabellos. El remordimiento se mostró como una broma cruel, la auténtica condena tras todo esto.

Auriel: La familia del difunto ha sido pobremente recompensada... por los actos de este siervo de Tyr... [La voz temblorosa de la sacerdotisa fue la primera en romper el silencio de la horrorosa escena, mientras el pié derecho de Agarwaen se adelantaba para encontrar un equilibrio que creía perder.]

Auriel: Mañana a la misma hora, treinta latigazos, tres días. Uno mas por cada vez que tus manos duden, y uno mas por cada vez que Hamir aparte los ojos. Retiraos.

La mirada celeste de Auriel restaba clavada en el pilar, casi con devoción, pues al contrario de lo que todos pensaban, ella no se sentía triste por su propio sufrimiento, pues era su deber, su sino, su destino, y estaba siendo cumplido. El castigo parecía haber terminado ya, silencioso como empezó, aunque los ecos de los latigazos todavía resonaban en la orden. No físicamente, sino en las mentes de todo el que lo presenció. El castigo, al fin, finalizó...¿O realmente, empezó?.
 

Falquian

Pastilla perdida de Lunanegra
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Sencillamente genial.

Sencillamente genial el castigo escogido, genial la interpretación de los dogmas de cada uno, genial el comportamiento de los personajes. Una escena que debió de ser tremendamente poderosa de presenciar. Y que ha quedado impecablemente registrada (en mi humilde opinión de juntaletras aficionado).

En cuanto al modo de escribir. Emmmmm... Yo se lo copié a Alex y Delia hace siglos, lo confieso. :roll:
 

Liselle

Campero de tiendas
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Totalmente de acuerdo con Falquian, una escena muy intensa y llevada a cabo de forma brillante por todos.

Gran relato Auriel!
 

risma3

Pitillo desechado de Talivia
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Todas mi felicitaciones!!!......mejor relatado imposible!!!!!....la verdad felicitaciones, por la tremenda escena que salio-!!!!!!!!..... si yo escribo la historia la arruino con lo inutil que soy!!!...

felicidadez!!

pd: :twisted: te azotare!!!!!!
 

Andra

El cansino de los Siervos de Hueso
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Y luego Shama se queda preocupado por las cicatrices en la espalda de su hermanita...¬¬ Aga, te mataré. Lentamente.

:p

Genial escena, nunca entenderé a los ilmateritas, pero Zhay...increiblemente narrada, debió de ser increible estar ahi.
 

javi1988

Seguidor del Podcast de Karonte
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buen relato ^^, que se vea que a las de la orden les van los azotes xDDDD
 

VacayMandarina

Coleccionista de quests
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Hehehe, que guay. Paso igualito igualito al relato, un 10/10 ^^
 

Yaeko

El que aplaude en los discursos Zhent
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Escena de intensidad abrumadora. Lástima no haber podido presenciarla, debió de tener un magnetismo especial. Buen relato, buena pluma y gracias por haberlo compartido con nosotros. :wink:
 

Miau

Escritor de muchotexto
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10/4/06
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Muahahahaha Muahahaha!

A escribir más cosillas Zhay! Genial relato! Has hecho que me imagine la escena, a pesar de no haberla vivido.

A seguir escribiendo igual de bien! :wink:
 
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