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Luz blanca, sombra oscura.

Brokilon

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" Iolen se apoyó en su rodilla izquierda para subir el último escalón. Jadeaba con un suspiro ronco y seco. Los cabellos azabache, húmedos y presos del sudor del varón, se aferraban a su frente y mejillas. Desvió la mirada del suelo por primera vez desde que inició el ascenso. Observó, alegre y saltarina, la silueta de la elfa de melena rojiza que le había " obligado " a tan arduo esfuerzo. Eran los primeros días del elfo en Suldanessallar. Era la primera vez que subía los 2721 escalones, según contó, que separaban la capital del reino de Ellesime del nacimiento de la fría cascada de la ciudad ".

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En la actualidad
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Un amanecer más, cómo otro cualquiera en el Weldath, sorprendió a la pareja en los puentes de Suldanessallar. La dendravoz miraba el cielo teñido de cálidos colores a primer despunte del alba. Iolen, ya siendo Kerym del ejército de su majestad, aprovechó para mirar unos segundos a su compañera.

Sonrió, fugazmente; Suele hacerlo aunque Horu-Asu oculte sus facciones. Esta vez no fue diferente, pues el elfo procuraba habitualmente ocultar su rostro; Incluso entre seres queridos y de confianza.

- Tu cabello es como un amanecer perenne en el Weldath - Dijo el varón.

Acala miró directamente a los ojos, verdes, que se escondían cobardes tras la máscara. De forma instintiva Acala recogió uno de sus mechones detrás de su puntiaguda oreja derecha, girando la cara hacia la izquierda. Perdió de vista al elfo unos segundos.
(¿Se sonrojaría?) Pensó el Kerym. Nunca obtuvo una respuesta clara.
Iolen era tan diestro con las espadas como torpe con las palabras y los sentimientos. Quizá por ello se guardaba receloso, reservado y discreto.
Olvidados los remordimientos, Acala volvió a mirarle para sonreírle.

- ¿Qué haremos hoy?

Una jarra de agua fría por la espalda caliente de un recién despertado hubiese propiciado más calidez al elfo que ese cambio de contexto radical. Iolen negaría, con la cabeza, para desviar la mirada al inicio del día al este.

- Iré al bosque. Me gustaría vigilar una zona. - Replicó el varón

- El deber del Kerym... ¿No? - Preguntó sin desviar la mirada del elfo

- El deber del Kerym - Asintió Iolen con dos cabeceos.

(O el escondite del Kerym), pensó para sí el elfo. La soledad era buena compañera para el espadachín, que no por amor a la naturaleza, le gustaba pasear por los bosques y su espesura. Iolen se giró, retirando las palmas de la baranda. Las guardó tras la capa. Observó por última vez en ese día el juego de luces y sombras que proyectaba el nacimiento del sol sobre hojas, ramas y edificios del reino élfico.

-
¿Qué nos ha pasado Iolen? - Preguntó Acala.

-
Hoy me he dado cuenta. Hoy me he dado cuenta que nuestros corazones están a 2721 escalones de distancia. Cómo la cascada de Suldanessallar.

- Ya lo sabíamos... ¿No?

- Ya lo sabíamos - El Kerym asintió. Esta vez sólo con un cabeceo - Sólo que no lo había aceptado.

- Iolen...

- Dendravoz. Tened un hermoso día.



Descendió de la ciudad. Más allá de la laguna que baña las raíces de los árboles de Suldanessallar, un oscuro bosque que se resignaba a clarear con la llegada del día. Eran tan tosco, frondoso y encapsulado que pocos rayos de sol se atrevían a penetrar la floresta. Se desvió a la diestra, hacia los establos. Recibió con una sonrisa agradable, oculta, a su clara yegua. Le acarició la crin antes de ensillarla. Evitaba vestirla de armaduras, ya fueran pesadas o ligeras, pues el propio elfo no se armaba con ellas tampoco. Colocó uno de los pies en los estribos para subirse con agilidad; La otra pierna viajó por encima del lomo del animal hacia el otro posapié.
Dirigió la mirada a las copas de las árboles, guardianes del secreto de la gran ciudad que sujetaban. Tres segundos fueron, quizá.


-
Ck ck - Chasqueó y acompañó el sonido con una suave coz a BrisaBlanca - Vamos a pasear.
 

Brokilon

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La tormenta dejó sobre el bosque agua en forma de lluvia descontrolada. La tierra había quedado esponjosa, tanto que las herraduras de BrisaBlanca dejaban el dibujo perfecto del casquillo sobre el pasto. El calor aquella noche era sofocante; Este formaba un ambiente neblinoso y cargado. Las hierbas, húmedas, mojaba todo aquello que se atreviese a rozarlas. Los insectos estaban escondidos; Y los pájaros no cantaban. Iolen estaba envuelto en un sepulcral silencio que sólo se rompía por el sonido a cada pisada de su yegua.

Los ojos del Kerym tintineaban con un pálido brillo verdoso. La luz residual que se introducía por las pocas rendijas de la bóveda del bosque era suficiente para que el gentil pudiese avistar su alrededor. El batidor conocía las rutas “ seguras “ del bosque; Aunque no hubiese zona en el Weldath que no fuese sospechosa de guardar peligros.

Anduvo por ellas durante varias horas, hasta que a lo lejos, el rubor del agua fluyendo captó los sentidos del varón. Desvió el rumbo de su potranca hacia la dirección en la que intuía el sonido.


El animal y el elfo bordearon a paso lento un lago que se formaba en el centro de un claro despejado; La luz de luna entraba, por primera vez desde que salió de Suldanessallar, de manera limpia y en su totalidad al Weldath. La marisma yacía frente a una ventana natural hacia el firmamento en ese lugar. El Kerym guió a su montura hasta un pequeño montículo. Parecía formado artificialmente como un balcón hacia el lago, apreciando buenas vistas como edificios residenciales de zonas nobles de Athkatla. La figura de una elfa emergía de las aguas del estanque, dado el marmol por el que estaba compuesta la estatua, brillaba de color plata como la propia Luna de una manera casí mágica o divina; Quizá sean ciertas las leyendas que envuelven la escultura del lago, siendo la representación de la propia diosa Trina.

Desmontó con agilidad de BrisaBlanca. Acompañó el gesto con un salto. Tocó el suelo y el equipo del elfo retumbó con suavidad, haciendo del choque de los aceros de sus armas el quejido ahogado del duelo.
Durante los últimos días había estado pensando en este lugar y la historia que él guarda. Y es que hacía más de un mes que el Kerym no dejaba su ofrenda personal en el lago.

Aprovechó para retirarse la máscara y su capucha; Se sentía acompañado por la soledad y la privacidad. De una de sus bolsas mágicas extrajo un carcaj y de él, retiró una sola flecha.

La manufactura del proyectil era exquisita, una redondeada punta de metal excepto en su extremo más alejado daban origen al cuerpo de la saeta; Un fino y alargado mástil de madera oscura. Había que ser alguien muy cuidadoso para observar la frase que recorría en forma de espiral y que hablaba entre ambos extremos “ Tu legítimo lugar te espera en la superficie, en las Tierras de la Gran Luz. Ven en son de paz y vive bajo el sol de nuevo, donde crecen los árboles y las flores de nuestro hogar ancestral “.
- Sonrió con levedad, una vez más, al leer el escrito -. Y para finalizar la creación, una pluma de tres caras con vivos colores azules y plata.

- Perdona... Me he tenido que ausentar por deber. No mientoDijo Iolen con el tono de voz suficientemente alto como para hablar con otra persona Me gustaría que estuvieses aquí con nosotros. Al menos recibiría respuesta... De esta forma parece que estoy hablando solo.

La siniestra de Iolen acariciaba la cabeza de BrisaBlanca, la cual se preocupaba por tener la respiración cerca de su jinete. El Kerym clavó con fuerza la flecha en el suelo y esta se quedó erguida y aparentemente orgullosa. En ese mismo lugar el espadachín le hizo la última de las promesas a la oscura dama Dhaunae; “ Cuidaré de tus flechas y les daré un uso noble “, le dijo.

La eterna encapuchada le entregó más de 20 carcajs para bajar a los infiernos en busca de una solución para la maldición de la sangre.

- Nos dejaste muy pronto. Tenías muchas cosas que enseñarnos aún. Y me entristece; No sé si en el Arvandor nuestros dioses tendrán a bien darnos otra oportunidad.
No dejaré que tu nombre se olvide Dhaunae Lueltar.



Fueron largas las horas que Iolen estuvo allí sentado. Entre el silencio y su propio monólogo. Fue culpa de la llegada del sol que el elfo regresase a Toril con un parpadeo. En lugar de incorporarse, dejó su espalda caer contra el suelo. Encontró la mirada de BrisaBlanca pendiente del varón. Abrió los brazos y estiró las piernas; Tenía el rostro luciendo una expresión calmada y sosegada.

- Si querida... Ya nos vamos...
 
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Brokilon

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“ La ciudad del libre mercader acogió al elfo aquella madrugada. El establo hizo lo propio con la yegua del jinete. Iolen caminó con gesto cansado hacia la posada de Caravassar. Cabizbajo y pensativo, últimamente era habitual ver así al varón.
Las altas horas de la noche traía consigo la humedad y la brisa fresca propia de la ausencia solar. La taberna estaba tímidamente iluminada, pero gracias a una ventana semiabierta se podía vislumbrar la vida en su interior. Una cortina blanca se mecía suavemente del exterior al interior de la sala, y en cada latigazo, se apreciaba como si fuese un rápido parpadeo, a los aventureros y otras gentes que gastaban sus monedas en bebidas de dudosa calidad y comidas rápidamente cocinadas.

El espadachín empujó la puerta con la diestra. Entrecerró los ojos tras la máscara al encontrar la iluminación del interior, no con excesiva abundancia, pero suficiente para sorprender a aquellos que llegaban desde la oscuridad del exterior. Paseó la mirada con rapidez por la estancia. Entre gritos, jolgorios y saltos de cerveza de jarras agarradas por manos ebrias, detuvo sus ojos en un hombre que estaba aguardando en una lejana mesa con dos sillas a sendos lados. “


- Siento la espera Dijo Iolen al acercarse a la mesa. Retiró la silla con la intención de sentarse.

- ¿Te ha entretenido el bosque? ¿Estás perdiendo facultades?. Quizá debería preocuparme.

- Quizá. - Respondió el espadachín de forma seca, con una voz ronca y afilada. Alzó la diestra para llamar la atención del camarero - Hidromiel, por favor.

- Pensé que pedirías vino.

- Lo pediría. Pero dudo que aquí entiendan lo que es vino. Sin embargo el Hidromiel saben hacerlo hasta los norteños de AguasProfundas. Intuyo que será similar aquí.


“ El hombre ahogó una disimulada risa en un atisbo de lucidez. Negó con suavidad ante las palabras del elfo. Rondaría las treinta primaveras, de pelo castaño y pobre, recogía con tímida dignidad algunos mechones que aún se aferraban a la parte posterior de su cabeza en un intento de densa coleta. De ojos marrones y una mirada neutra, su cara terminaba de ser adornada por una barba con tres días de ausencia de atención.

Iolen llevó la diestra a una bolsa que colgaba de su cinturón. No era muy grande, y parecía mojada por la parte más profunda. La dejó sobre la mesa y acto seguido, unió sus manos sobre su vientre. Poco después le trajeron el Hidromiel. Su compañero se inclinó sobre su asiento, observando el saquito. Lo abrió y sonrió, asintiendo. “


- Las lenguas de Slaad son muy útiles para mis estudios.

“ Iolen no dijo nada. Le observó en un sepulcral silencio. Hace tiempo que, aún siendo callado, el Kerym se veía más envuelto en él. Como correspondencia, el humano soltó sobre la mesa otra saca. Esta creó un leve estruendo cuando cayó sobre la mesa. Sin duda había algo de metal en su interior “.

- ¿No te interesa la magia y el estudio?

- Ni una pizca. - Cogió la bolsa sin mirar el interior -

- No puedes decir lo mismo del oro.

- Eso una pizca.

“ El elfo abrocharía la recompensa en el mismo lugar en que hubo depositado el trueque anteriormente. Da un sorbo al hidromiel, levantando su máscara lo suficiente para dejar sus labios en libertad. Bajo ella, realizó un ligero gesto de desagrado al tragar el licor. “

- Te pagaré el doble si me traes tres corazones de arpía.

- Arpías. Se ha visto alguna lejos de aquí.

- Por eso te pago el doble.

- Qué sea el triple si son tres.

- La oferta la pongo yo, elfo.

“ Tomó aire con tranquilidad. Sonrió, aunque la sonrisa quedó oculta y disimulada tras Horu-Asu. Se levantó con parsimonia apoyando ambas manos sobre la mesa. El Hidromiel, prácticamente quedó intacto en la madera.

- Un placer hacer negocios.

“ Iolen comenzó a caminar por la aborratada taberna. La capa ondeaba con suavidad a cada paso que el Kerym daba. Esquivó algún juerguista de camino al exterior “

- ¡Está bien! - Gritó el humano desde el otro extremo ¡Será el triple!.

“ Quizá Horith lo escuchó, pero ni se giró, ni se detuvo. Atravesó el umbral del edificio “.
 

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