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Magia, oscuridad y nieve

Sariel

Enano sin acento ruso
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15/1/24
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En la Universidad Myrdon, la chica abría su cuaderno, sintiéndose cada vez más en casa en ese rincón académico. Sin pensarlo dos veces, mojó su pluma en tinta y comenzó a escribir.

Entre las páginas en blanco, dejó que sus pensamientos fluyeran libremente. Así, con cada frase, la chica tejía su propia historia en ese cuaderno, creando un relato único entre las estanterías de la universidad. La tinta se convertía en su cómplice, plasmando sus pensamientos con sencillez pero con la promesa de un impacto duradero en su viaje.


En los anales de esta época, me dispongo a plasmar las palabras que brotan de las profundidades de mi ser, con la cautela de no caer en el abismo del tedio para aquellos que en algún momento puedan adentrarse en esta crónica. Con el anhelo de desahogar mi alma, me entrego a la tarea de relatar los eventos que han forjado mi existencia, consciente de que estas líneas podrían caer en manos desconocidas algún día, sujetas al juicio de destinos inciertos.

Así pues, me embarco en la noble empresa de la sinceridad, sin el velo de la falsedad ni la sombra de la ocultación. Que estas palabras sean testigos de la veracidad de mi relato, como un testimonio de las vicisitudes que han marcado mi camino desde que llegue a estas tierras. En este acto, no aspiro a tejemanejes ni a maquillajes literarios; mi propósito es verídico, mi narrativa, sin artificios.

Luces y sombras

Recientemente, tuve el encuentro fortuito con el caballero Arthur, cuya presencia siempre estuvo envuelta en un halo de misterio. Mis sospechas se deslizaron por el espectro de lo sobrenatural, llegando incluso a considerar la posibilidad de que fuera un vampiro. Sin embargo, mi percepción se desvaneció cuando descubrí la verdadera naturaleza del caballero, un giro que me dejó atónita y, de alguna manera, un tanto ridícula por mis conjeturas erróneas.

La trama se enredó aún más cuando, cerca del bosque druídico y sus grutas que conducen a las minas, me encontré con alguien que jamás hubiera esperado cruzar en mi camino: Aryan, el traidor. Mi interacción con él había sido mínima hasta entonces, pero su interés aparente en mi persona añadió un matiz intrigante a nuestra relación.

En el escenario de la gruta, con Arthur a mi lado, se desplegó un panorama inesperado. Las sombras del bosque parecían conspirar, y en ese oscuro y humedo lugar, el destino me llevó a enfrentarme cara a cara con el traidor Aryan. Ahora, me veo inmersa en un juego de intrigas y relaciones entrelazadas, donde cada encuentro revela capas ocultas de motivación y secretos que aguardan ser desvelados.


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Aryan, el traidor, proyectaba su sombra amenazadora sobre aquellos a quienes apreciaba, sembrando inquietud y temor en el corazón de seres queridos, incluido Daraen.

Con el peligro acechando en las sombras, la oscuridad de la noche parecía emerger en la figura de Aryan, cuyo dedo, impregnado de carbón, trazó un mensaje en mi espalda: "Nieve". Aquella palabra resonaba como un presagio helado, dejando tras de sí una estela de inquietud, el como llego a mi espalda es algo largo de contar.

Tras la partida del traidor, el miedo y la angustia se apoderaron de mi ser. Días enteros fueron necesarios para recobrar la calma que la presencia siniestra de Aryan había despojado. No solo mi vida se había visto amenazada, sino también la de alguien más, alguien significativo.

Con la firme decisión de enfrentar la oscura verdad que se cernía sobre nosotros, comprendí que debía adentrarme en la peligrosa búsqueda de información sobre Aryan. Era un riesgo que debía asumir. Si había algo que pudiera hacer para proteger a Daraen y a los suyos, no podía dar la espalda a la responsabilidad que pesaba sobre mis hombros.

Así, con el corazón latiendo fuerte y la determinación guiándome, me dirigí hacia el camino helado de Crimmor. Cruzando el puente y descendiendo por la cueva, avanzaba hacia el norte hasta dar con la figura del traidor, quien me aguardaba en el puente de piedra. La confrontación se volvía inevitable, y en ese momento decisivo, la nieve bajo mis pies parecía anticipar el gélido enfrentamiento que se avecinaba.

Mi suposición inicial se reveló equivocada. Aryan mostraba un interés particular hacia mí, desviando nuestra conversación hacia los dominios de las deidades. Indagó acerca de mis creencias, llevándome a revelar la compleja verdad acerca de mi familia. Mi linaje estaba arraigado en el culto a la diosa Shar, una devoción que yo misma abandoné al recibir las enseñanzas mágicas de mi padre y el posterior encuentro con Mystra, la Señora de la Magia.

Aunque aún conservaba una cierta fe en la diosa de la noche, el conocimiento otorgado por Mystra me permitió discernir las oscuras intenciones de Shar en diversos aspectos. Mis raíces, entrelazadas con las deidades, captaron el interés de Aryan, quien no tardó en ofrecerme conocimientos prohibidos de manera aparentemente altruista. Sin embargo, tras la fachada de generosidad se escondían riesgos insondables.

La oferta de Aryan, tentadora y peligrosa, implicaba sumergirme en las profundidades de saberes prohibidos. Aunque la tentación fue palpable, la voz de la prudencia resonó más fuerte en mi interior. No podía permitirme aceptar aquellos conocimientos que, aun siendo tentadores, llevaban consigo la sombra de consecuencias impredecibles. Con valentía, rechacé la propuesta, consciente de que, en el juego de la oscuridad y la luz, mis decisiones marcarían mi destino.

La conciencia de los peligros asociados con aceptar una propuesta del traidor resonaba fuertemente en mi mente, comprendiendo que tal elección podía tener consecuencias devastadoras para mi posición social y seguridad.

Mi negativa pareció sorprender a Aryan por un instante. Sin embargo, aceptó mi decisión y propuso encontrarnos en otra ocasión. Asentí, sellando así el acuerdo de volver a encontrarnos en ese mismo lugar en días venideros. La tensión en el aire parecía palpable, dejando una sensación de suspense sobre el destino incierto que aguardaba en nuestro próximo encuentro. En ese punto crucial, la danza entre la luz y la oscuridad se volvía aún más intrincada, y mi elección de rechazar las ofertas tentadoras del traidor marcaba el inicio de un camino cuyo destino estaba por revelarse en las siguientes páginas de esta historia.

El encuentro se repitió varias lunas después, y Aryan, sin rodeos, volvió a presentar la misma propuesta, aunque esta vez adornada con un velo que pretendía hacerla más "apetitosa". Daraen, mi leal compañero, me acompañaba en esta ocasión. Sus habilidades en el sigilo lo volvieron totalmente invisible a los ojos del traidor.

Antes de este encuentro, compartí toda la historia con Daraen. Él se convirtió en mi sostén, apoyo en prácticamente todos los aspectos de mi vida. No podía permitirme ocultarle nada, y él estaba al tanto de cada matiz de este complicado episodio.

Ante la nueva oferta de Aryan, mi lealtad a Daraen y mi resolución inquebrantable prevalecieron. La danza entre la tentación y la integridad se volvía más intensa. En ese momento crucial, con Daraen a mi lado, enfrentábamos juntos las sombras que el traidor intentaba arrojar sobre nuestro destino. La lealtad y la verdad eran nuestras armas, y en este desafío, confiábamos en que la luz prevalecería sobre la oscuridad.

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Frente a mi persistente negativa, Aryan, imperturbable, desenvainó su espada con la amenaza implícita. Con frialdad, me concedió diez segundos de ventaja para correr. Sin titubear, aproveché cada segundo, pues conocía la habilidad del traidor y no subestimaba la peligrosa persecución que se avecinaba.

Mientras corría, la gélida neblina del lugar se convirtió en mi cómplice, proporcionándome un atisbo de ventaja. No obstante, no estaba sola en este escenario helado. Tras las rocas donde momentos antes habíamos charlado, surgió un hombre desconocido para mí. Su presencia añadía un elemento adicional de misterio a la escena, generando más interrogantes en medio de la carrera contra el tiempo y la amenaza inminente.

En ese tenso momento, la nieve crujía bajo mis pasos, y la urgencia se mezclaba con la incertidumbre. La danza entre la huida y el peligro se volvía más intensa, mientras el destino giraba en la cuerda floja entre el desconocido, Aryan y yo.


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Con el corazón latiendo desbocado, la urgencia impregnando el frío aire a mi alrededor, mi mente buscaba la única salida posible. Sin dudar, decidí conjurar el hechizo de teleportación hacia un lugar seguro. Sin embargo, el tiempo parecía comprimirse mientras los pasos de Aryan y su desconocido compañero resonaban amenazadoramente en la nevada atmósfera.

El crujir de la nieve se volvía ensordecedor, pero, en un acto de valentía y desesperación, me detuve en el lugar designado y comencé a recitar las runas del conjuro. La visualización de los llanos se dibujaba en mi mente, mientras veía a Aryan correr hacia mí, extendiendo su mano en un intento desesperado por detenerme.

Con la ansiedad apoderándose de mi ser, concluí el conjuro justo antes de que Aryan pudiera alcanzarme. En un destello de luz, me teletransporté hacia los llanos, exhausta y agotada por la persecución y la tensióna-girl-with-grey-eyes-platinium-blonde-mage-wiz (24).jpg acumulada. Había logrado escapar, pero la pregunta que pesaba en mi mente era palpable: ¿Dónde estaba Daraen?

En la vastedad de los llanos, rodeada por la quietud y el silencio, la incertidumbre sobre el destino de mi leal compañero oscurecía la victoria momentánea. La trama de sombras y secretos se extendía, y ahora, más que nunca, la búsqueda de respuestas se volvía crucial.


Las páginas de esta historia se extendían como un pergamino interminable, pero por ahora, su relato quedaba suspendido en la tensión del momento. La escapada exitosa, la incertidumbre sobre el paradero de Daraen y la sombra persistente de Aryan y su misterioso compañero dejaban el destino en suspense.

Como las palabras flotando en la brisa, la narrativa se posaba en la espera de futuros capítulos. El pergamino de esta historia, aunque momentáneamente enrollado, aguardaba pacientemente la tinta de eventos por venir. Con la promesa de nuevas páginas por escribir, la trama se disolvía momentáneamente en el aire, esperando a ser retomada en otra ocasión.
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