pazuzu_
Corona de la reina de Aitana
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Negociaciones con el gremio de carpintería otra vez. Todos hablan, huelen a sudor mal disimulado con romero y fardan sobre sus finos trabajos, los cuales podrían importarme más un bledo. Toca hacer un esfuerzo por sonreír, que es lo que se espera de un Hin.
Charla para los jóvenes reclutas en el cuartel de Minsorrán. Caray, aquel de la segunda fila... veo en sus ojos sinceridad, lealtad y entrega. Seguro que es el primero en morir de este rebaño, a manos de uno de esos estúpidos minotauros del camino. Mira a ese otro... su mujer está para hacerle cuarenta hijos ¿Quien le habrá convencido para entrar aquí?
-Dainan, me retiro a casa. Ya he trabajado bastante por hoy.
-Que bien vives, Med. Bien podrías echarme una mano con esto de la herrería en vez de tocarte todo el día los cataplines, haragán -le despidió el soldado.
Será cabrón, lo peor es que tiene razón. ¿Donde he metido la llave? Ah, aquí está... nadie en casa... no hay comida hecha ni nadie que me reciba, cojonudo. Tabardo fuera y algo cómodo para hacer un poco de limpieza en la panoplia familiar. Cercenaescrotos, vieja amiga. Mi primera katana de oro, me resisto a venderla... mi fiel pinchito ¿Conseguiré quitarte ese olor a sangre algún día? Y esa inquietante lanza...
Mejor no pensar en ella… meditar será mejor, darme una vueltecita por los alrededores para despejarme… espero que Aiala no se moleste al ver que hoy tampoco estoy, que menudo marido estoy hecho. Por aquí parece que se está bien, cerquita del lago y debajo de un árbol. El incensario, el cojín y listos, ahí voy.
Una vez más, Med se sumergió en un estado que bien se podía catalogar de trance. Eliminando todo pensamiento de su mente, la imagen de Aiala cabreada al llegar a casa se difuminaba a gran velocidad. Finalmente, consiguió abstraerse del todo y con la mente en blanco, perder hasta la consciencia de sí mismo. Las sensaciones eran vagas en aquel santuario que creaba su mente. La nada le rodeaba, pero se sentía seguro allí. Tras lo que le pareció un reparador descanso, empezó a sentir de nuevo la magia fluir dentro de él, o quizás el que fluía era él, hecho uno con la magia… quien sabe ¿Acaso él era alguien ahora?
Un olor a llanura verde acompañaba a este proceso ¿O era parte del proceso? Fuese como fuese, era agradable, pero él no quería limitar su función a la de testigo. La voluntad de Ser, le separó de la magia misma y viéndose capaz, ahora era él quien sometía a la magia, moldeándola a su antojo y absorbiéndola para satisfacer su propio ego. Cuanto más absorbía, mayor era el júbilo que le invadía. Hubiera podido seguir experimentando aquello toda la eternidad, pero ahora algo tiraba de él y le separaba de la fuente de su poder.
¿Cuál es el mayor error de un arcano?
La fuerza invisible tiró de él hasta expulsarlo de aquel santuario y lo devolvió a la realidad de forma violenta, como si aquellas palabras se las hubieran gritado en el oído.
¿Mi meditación interrumpida? ¿Qué me está pasando?
La magia ahora recorría todo su ser con una fuerza que él aun no había experimentado y le estaba costando controlar el impulso de descargarla contra lo primero que viese. Apretó los puños y vio a una de esos bandidos que aun acechaban por los caminos de Minsorrán. Aquella voz le volvía a repetir la misma pregunta, airada. Inspiró hondo, con el corazón que se le salía del cuerpo y dejó de respirar. Su cuerpo se relajó y su mente volvió a la normalidad. Cuando ya no estaba sometido a su propio poder, volvió a respirar y liberó aquello que le había invadido con la formula que había estado alojada en su subconsciente. Una esferita blanca. Una ridícula esferita blanca salía de sus manos cuando terminó con el componente somático. Se acercaba al bandido despistado, tardó lo que parecía una eternidad. Finalmente hizo impacto y Med percibió la perturbación en la Urdimbre, antes de que se desencadenara el efecto.
Desde varias millas a la redonda, se puedo oír el retumbar de un trueno en la despejada noche. Tras la terrible explosión, el bandido salió despedido contra un árbol. No pudo escuchar las bandadas de pájaros remontar vuelo desde los árboles, ni puedo ver como el propio lago hacia ondas por el temblor del suelo. Aun le pitaban los oídos cuando se intentó poner en pie con el susto de su vida aun en el cuerpo, solo para descubrir con la vista que las avispas gigantes de Minsorrán estaban enfurecidas por el estruendo y que iba a tener que correr como nunca.
Mientras observaba a aquel pobre individuo huir de los asesinos picotazos de las avispas dirigidos a su trasero, Med volvía a casa esquivando a los animalillos que huían del lugar, con una angustiosa idea en la cabeza.
Deshizo el camino y volvió a casa.
Aiala dormía como un bebé, emulando en sonoridad el ruido que él había creado. Se quitó la ropa, le dio un besito en la frente a Aiala, que le recompensó con un gruñido débil y se metió en la cama. Pasaron muchas horas mientras que el mediano meditaba sobre lo que significaría en su vida un aumento de su ya considerable poder, si iba a ser capaz de controlarse, si tendría que dedicarle aun más tiempo a la magia…
Aiala se giró y con ese leve coletazo de vigilia, se dejó caer encima del pecho de Med. Parecía feliz.
Charla para los jóvenes reclutas en el cuartel de Minsorrán. Caray, aquel de la segunda fila... veo en sus ojos sinceridad, lealtad y entrega. Seguro que es el primero en morir de este rebaño, a manos de uno de esos estúpidos minotauros del camino. Mira a ese otro... su mujer está para hacerle cuarenta hijos ¿Quien le habrá convencido para entrar aquí?
-Dainan, me retiro a casa. Ya he trabajado bastante por hoy.
-Que bien vives, Med. Bien podrías echarme una mano con esto de la herrería en vez de tocarte todo el día los cataplines, haragán -le despidió el soldado.
Será cabrón, lo peor es que tiene razón. ¿Donde he metido la llave? Ah, aquí está... nadie en casa... no hay comida hecha ni nadie que me reciba, cojonudo. Tabardo fuera y algo cómodo para hacer un poco de limpieza en la panoplia familiar. Cercenaescrotos, vieja amiga. Mi primera katana de oro, me resisto a venderla... mi fiel pinchito ¿Conseguiré quitarte ese olor a sangre algún día? Y esa inquietante lanza...
Mejor no pensar en ella… meditar será mejor, darme una vueltecita por los alrededores para despejarme… espero que Aiala no se moleste al ver que hoy tampoco estoy, que menudo marido estoy hecho. Por aquí parece que se está bien, cerquita del lago y debajo de un árbol. El incensario, el cojín y listos, ahí voy.
Una vez más, Med se sumergió en un estado que bien se podía catalogar de trance. Eliminando todo pensamiento de su mente, la imagen de Aiala cabreada al llegar a casa se difuminaba a gran velocidad. Finalmente, consiguió abstraerse del todo y con la mente en blanco, perder hasta la consciencia de sí mismo. Las sensaciones eran vagas en aquel santuario que creaba su mente. La nada le rodeaba, pero se sentía seguro allí. Tras lo que le pareció un reparador descanso, empezó a sentir de nuevo la magia fluir dentro de él, o quizás el que fluía era él, hecho uno con la magia… quien sabe ¿Acaso él era alguien ahora?
Un olor a llanura verde acompañaba a este proceso ¿O era parte del proceso? Fuese como fuese, era agradable, pero él no quería limitar su función a la de testigo. La voluntad de Ser, le separó de la magia misma y viéndose capaz, ahora era él quien sometía a la magia, moldeándola a su antojo y absorbiéndola para satisfacer su propio ego. Cuanto más absorbía, mayor era el júbilo que le invadía. Hubiera podido seguir experimentando aquello toda la eternidad, pero ahora algo tiraba de él y le separaba de la fuente de su poder.
¿Cuál es el mayor error de un arcano?
La fuerza invisible tiró de él hasta expulsarlo de aquel santuario y lo devolvió a la realidad de forma violenta, como si aquellas palabras se las hubieran gritado en el oído.
¿Mi meditación interrumpida? ¿Qué me está pasando?
La magia ahora recorría todo su ser con una fuerza que él aun no había experimentado y le estaba costando controlar el impulso de descargarla contra lo primero que viese. Apretó los puños y vio a una de esos bandidos que aun acechaban por los caminos de Minsorrán. Aquella voz le volvía a repetir la misma pregunta, airada. Inspiró hondo, con el corazón que se le salía del cuerpo y dejó de respirar. Su cuerpo se relajó y su mente volvió a la normalidad. Cuando ya no estaba sometido a su propio poder, volvió a respirar y liberó aquello que le había invadido con la formula que había estado alojada en su subconsciente. Una esferita blanca. Una ridícula esferita blanca salía de sus manos cuando terminó con el componente somático. Se acercaba al bandido despistado, tardó lo que parecía una eternidad. Finalmente hizo impacto y Med percibió la perturbación en la Urdimbre, antes de que se desencadenara el efecto.
Desde varias millas a la redonda, se puedo oír el retumbar de un trueno en la despejada noche. Tras la terrible explosión, el bandido salió despedido contra un árbol. No pudo escuchar las bandadas de pájaros remontar vuelo desde los árboles, ni puedo ver como el propio lago hacia ondas por el temblor del suelo. Aun le pitaban los oídos cuando se intentó poner en pie con el susto de su vida aun en el cuerpo, solo para descubrir con la vista que las avispas gigantes de Minsorrán estaban enfurecidas por el estruendo y que iba a tener que correr como nunca.
Mientras observaba a aquel pobre individuo huir de los asesinos picotazos de las avispas dirigidos a su trasero, Med volvía a casa esquivando a los animalillos que huían del lugar, con una angustiosa idea en la cabeza.
Deshizo el camino y volvió a casa.
Aiala dormía como un bebé, emulando en sonoridad el ruido que él había creado. Se quitó la ropa, le dio un besito en la frente a Aiala, que le recompensó con un gruñido débil y se metió en la cama. Pasaron muchas horas mientras que el mediano meditaba sobre lo que significaría en su vida un aumento de su ya considerable poder, si iba a ser capaz de controlarse, si tendría que dedicarle aun más tiempo a la magia…
Aiala se giró y con ese leve coletazo de vigilia, se dejó caer encima del pecho de Med. Parecía feliz.