duBal
Shevarasita que habla bajito
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Los cultistas de la Profecía Sangrienta son a ojos de los demás la encarnación de la barbarie. Para ellos mismos, esta percepción solo araña la superficie de su razón de ser. Sus masacres, su espiral de violencia, no son algo atávico, sino algo renovador. Son elitistas del asesinato.
Cultivan su mente y su cuerpo desde el estudio, el entrenamiento y la autocontemplación. Acuden a lugares donde creen ser necesarios y ponen sus talentos al servicio de quienes estén dispuestos a pagar el precio.
Tienen un sueño: conquistar su lugar en el mundo e imponer su cultura de la fuerza, especialmente en la sociedad drow de la que surgieron. En definitiva, demostrar que si bien una vez fueron rechazados, exiliados o privados de sus méritos, a su regreso sus nombres serán inscritos con letras de sangre.
Malkadai, el Señor de la Matanza, es su misterioso líder, y a él le deben una veneración que casi excede a lo terrenal.
Cultivan su mente y su cuerpo desde el estudio, el entrenamiento y la autocontemplación. Acuden a lugares donde creen ser necesarios y ponen sus talentos al servicio de quienes estén dispuestos a pagar el precio.
Tienen un sueño: conquistar su lugar en el mundo e imponer su cultura de la fuerza, especialmente en la sociedad drow de la que surgieron. En definitiva, demostrar que si bien una vez fueron rechazados, exiliados o privados de sus méritos, a su regreso sus nombres serán inscritos con letras de sangre.
Malkadai, el Señor de la Matanza, es su misterioso líder, y a él le deben una veneración que casi excede a lo terrenal.
ESPADAS DE LA PROFECÍA SANGRIENTA
El fragor de la batalla. La orgía de la sangre. El duelo contra la muerte. El poder como sensación ligada a la divinidad. El arte. El sublime arte del combate, aquel al que nos dedicamos, despreciando el tedio para alcanzar el éxtasis. Por esta razón y no otra muchos de los guerreros del Culto de la Profecía Sangrienta nos convertimos en usuarios del ki y más concretamente en maestros de armas. Somos beligerantes porque la vida es conflicto. Desde el origen de las cosas en el caos primigenio, lo es.
Z'ress en el dialecto drow es la palabra con la que designamos el poder o la fuerza, mientras que jala quiere decir todo. Jala z'ress es el lema de la Profecía. Nuestro saludo. Todo por el poder, o por la fuerza de la voluntad para tenerlo.
Para muchos otros, especialmente en la Superficie, el ki es paz. Paz con uno mismo. Para nosotros no lo es, pues la paz es en sí una anomalía. El uso del ki es armonía, ya que esta palabra no implica la ausencia de conflicto. La armonía es plenitud y la conseguimos saciándonos de ardor guerrero y buscando la perfecta comunión entre mente y cuerpo.
Liberar la energía interior para convertirse en un maestro de la espada es posible de varias maneras, pero esta es la nuestra.
Z'ress en el dialecto drow es la palabra con la que designamos el poder o la fuerza, mientras que jala quiere decir todo. Jala z'ress es el lema de la Profecía. Nuestro saludo. Todo por el poder, o por la fuerza de la voluntad para tenerlo.
Para muchos otros, especialmente en la Superficie, el ki es paz. Paz con uno mismo. Para nosotros no lo es, pues la paz es en sí una anomalía. El uso del ki es armonía, ya que esta palabra no implica la ausencia de conflicto. La armonía es plenitud y la conseguimos saciándonos de ardor guerrero y buscando la perfecta comunión entre mente y cuerpo.
Liberar la energía interior para convertirse en un maestro de la espada es posible de varias maneras, pero esta es la nuestra.
1. EL CAMINO TORTUOSO

No es posible usar el ki sin antes haber educado al cuerpo. Para entender esto, hay que ver al ki mismo como una reserva energética a la que no tenemos acceso de manera normal. Por tanto, ¿cómo vamos a ser capaces de manejar algo que subyace dentro de nosotros mismos, si ni siquiera tenemos control sobre nuestro propio cuerpo?
La primera barrera es la corporal y la manera de eliminarla es superando el umbral del dolor. Debemos, primero, aceptarlo; después desearlo. El dolor físico y el miedo a este nos bloquea, inhíbe la respuesta que queremos dar en cada momento. De manera similar, actúa sobre los conductos invisibles por los que transcurre el ki, como un frío infernal contrae las articulaciones. Más allá de esto el dolor y el sufrimiento son fuerzas arrolladoras y estrechar lazos con ellos nos permitirá conocernos y dominarnos.
Los seguidores de la Profecía apreciamos el dolor. A través de castigos como la autoflagelación, pruebas contra los elementos, ayunos indefinidos o incluso torturas, recibimos estímulos extremos con los que exploramos nuestros límites. Aun siendo neófitos, si nuestra voluntad flaquea, utilizamos ese dolor como combustible para llegar más allá y alcanzar un entendimiento total sobre nuestro cuerpo y nuestra mente. Cuando necesitemos sacar fuerzas, la energía interior despertará.
La primera barrera es la corporal y la manera de eliminarla es superando el umbral del dolor. Debemos, primero, aceptarlo; después desearlo. El dolor físico y el miedo a este nos bloquea, inhíbe la respuesta que queremos dar en cada momento. De manera similar, actúa sobre los conductos invisibles por los que transcurre el ki, como un frío infernal contrae las articulaciones. Más allá de esto el dolor y el sufrimiento son fuerzas arrolladoras y estrechar lazos con ellos nos permitirá conocernos y dominarnos.
Los seguidores de la Profecía apreciamos el dolor. A través de castigos como la autoflagelación, pruebas contra los elementos, ayunos indefinidos o incluso torturas, recibimos estímulos extremos con los que exploramos nuestros límites. Aun siendo neófitos, si nuestra voluntad flaquea, utilizamos ese dolor como combustible para llegar más allá y alcanzar un entendimiento total sobre nuestro cuerpo y nuestra mente. Cuando necesitemos sacar fuerzas, la energía interior despertará.
2. EL RITO INCORRUPTO

La visión del mundo exterior puede ser un obstáculo. Un sinfín de distracciones se nos aparecen para desviarnos de aquello en lo que necesitamos estar centrados. Pensamientos que nos invaden la mente, impulsos naturales ante los que rendirnos. Especialmente en su iniciación un maestro de armas necesita visualizarse a sí mismo pues, ante todo, el ki es percepción. Percibirse internamente y de manera consciente. Para esto el Rito Incorrupto dicta que los ojos han de cubrirse con una tela o venda inscrita con la palabra kyorl. pudiendo estar encantada con un hechizo. De ello nos valemos para adentrarnos en la oscuridad, en la profundidad del vacío, y esperar. Por medio de una ceguera transitoria seremos capaces de ver nuestro lado más puro, caminar por la caverna laberíntica de la mente y acabar sintiendo la espada entre nuestras manos. Es en ese momento que se podrá trabajar la conexión del arma con nuestro ki hasta lograr una afinidad que perdure fuera de la meditación. Sentir es la clave. Una vez reconozcamos el ki, solo habremos de ser los guías de esa energía.
Para llevar a cabo el ritual es necesario quemar leño zurkh con un puñado de raíces de beleño negro e inhalar sus humos. También hay quien añade polvo de piedra de sangre, valorada entre los místicos como potenciador. Además el individuo ha de ayunar durante un día para lograr los resultados esperados.
Para llevar a cabo el ritual es necesario quemar leño zurkh con un puñado de raíces de beleño negro e inhalar sus humos. También hay quien añade polvo de piedra de sangre, valorada entre los místicos como potenciador. Además el individuo ha de ayunar durante un día para lograr los resultados esperados.
3. EL MANEJO DE LA ESPADA

De la misma manera que el dolor nos bloquea, la rigidez actúa para impedir la fluidez del movimiento. El primer error que comete quien empuña una espada por primera vez es asirla con demasiada fuerza, con temor a perderla, tal vez, de manera humillante. El segundo error es encoger los hombros y mantener el cuerpo recto y en tensión. Todas estas acciones impiden el correcto flujo de la energía.
Los músculos han de aflojarse. La fuerza se usa en el momento en que se ejecuta el golpe, no antes. De este modo el ataque será dirigido y controlado. Para poner en práctica esto debemos tomar la empuñadura con ambas manos, situando la mano dominante en la parte superior y la otra en la inferior, cercana al pomo. Al emprender la ofensiva la mano dominante, teniendo un agarre más relajado, influirá en la dirección, mientras su opuesta se cerrará con más presión, siendo con esta con la que ejerceremos mayor fuerza al hacer palanca con ella. Si nuestra postura -hombros, brazos, cadera, piernas- es natural y acompaña al movimiento, si fluye, el ki también lo hará, consiguiendo en el proceso que lo proyectemos hacia el filo. Notaremos una liberación que parte desde el abdomen. Es por ello que muchos maestros de armas concluyen sus ataques con un grito; es la manifestación de un ki concentrado que se desata como un vendaval.
Una vez entendido esto, es necesario buscar una compensación de fuerzas para mayor efectividad. El cuerpo es una cadena de energía externa. Si al acometer un tajo únicamente nos centramos en el rango que marcan los hombros y los brazos, perderemos velocidad y, por lo tanto, potencia. Desde los pies hasta las manos todos los músculos y articulaciones pueden verse implicados de una manera u otra. Los pies -separados a la altura de los hombros- junto al tronco aportan solidez y estabilidad. Las rodillas, mediante su flexión, y las caderas, favorecen el movimiento y el impulso. Finalmente los brazos son el último lugar al que se transfiere la energía que generamos involucrando todas estas partes del cuerpo en el ataque. Control, precisión, velocidad, potencia. Una cadena naturalmente letal. Bellamente mortal.
Matar es un arte, pero no hay arte sin elegancia.
4. EL HAMBRE VITAL

Todo flujo de ki puede recibir ayudas externas siguiendo una dieta concreta, un consumo de propiedades determinadas prolongado en el tiempo, del mismo modo que el efecto de las aguas termales en el cuerpo hace correr más rápido la sangre. El alimento combinado, si es fresco, resulta más beneficioso, pero también hallar un equilibrio en la ingesta de alimentos fríos y calientes, en adecuación con el entorno o las inclemencias. Los que aceptan esta vía también encuentran un beneficio en probar comidas exóticas y estimulantes, por lo que no es raro que alguien a quien la espada le ha procurado fama o riquezas, ponga en valor lo que haya sobre su mesa. Solo los que tienen la determinación necesaria van más allá de los usos comúnes y ven en el canibalismo ritual una manera de absorber la energía y vitalidad de sus oponentes. Partes como el corazón o el hígado son especialmente codiciadas para tal fin.
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