DM Ofnir
Adorador reciente de Talona
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Pero esta época de paz ha terminado: Al parecer, una tormenta que había subyugado y encerrado en sus aguas a las flotas de las Nelanzher ha desaparecido al fin, y ahora, tras estar meses anclados en las diversas islas, refugios piratas y calas del archipiélago, sus tripulaciones y capitanes se arrojan al mar buscando compensar unas arcas vacias y un ansia de aventura que llevan demasiado tiempo sin satisfacer.
No tardan en llegar los relatos a los muelles de Athkatla y Murann sobre el incremento exponencial en asaltos a navios mercantes, de pasajeros, y militares de los atrevidos piratas. Al parecer, además, se escuchan relatos sobre una época de tregua entre las tripulaciones de las Nelanzher que no conocían la paz desde hacia décadas.
Algunos rumorean de una figura afincada en el Puerto de Skaug, una ambiciosa almirante, que algunas voces proclaman podría reclamar la corona de Reina de los Piratas en el futuro próximo.
En lo que respecta a piratas, nada es certero, y las cosas pueden cambiar de una decana para otra. Pero en la antesala a un conflicto futuro, los capitanes murannitas y amnianos han comenzado a intensificar sus reclutamientos de guardias, escoltas y seguridad para sus navios, así como se ha visto un incremento considerable en los donativos y ofrendas a los templos de Selûne, Valkur y Umberlee en ambas ciudades.
- "Así es: Yo mismo pude ver con mis propios ojos la magia de esas mujeres. ¡Urgh! Horrorosas como el culo de un asno, déjeme que le diga, buscaban hundir el archipiélago con su magia."
El testimonio de un hombre, de unos cuarenta años y pelo rubio, que se identificaba como John Espinanegra, fue recogido por uno de los reporteros de El Rugido de la Caverna durante la estancia de este en Murann.
- "Yo he tenido suficientes aventuras para lo que me resta de vida. O al menos durante una década. No quiero saber nada más de sahuagines, sagas marinas, o cultos oceánicos, vaya que sí. Ahora si me disculpa, tengo a mi prometida esperando en el muelle, nuestro barco a Calisham zarpa en breves."
El pequeño trasgo se rascó la cabeza desprovista de pelo, contemplando como el cantamañanas de pecho al aire y gabardina raída se dirigía puerto abajo hasta una mujer tan pelirroja como exuberante, cubierta bajo un parasol.
El trasgo, mirando sus notas garabateadas acabó por arrugarlas y arrojarlas a un charco, dándose cuenta de que las boberías que le había contado ese humano no podían ser otra cosa que fantasías de un charlatán.
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