Pederniu
Cuenta secreta de Kronos
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¿Como podría saber yo que una cosa tan tonta me salvaría de una eterna vida de aburrimiento sin fin? Siendo yo un sombrero de pico como era, portado por un miembro del alto clero de Azut, me aburría como pocos con las horas que pasaba el viejo y sabio hombre entre libros, leyendo sin parar...Sin embargo, la suerte estubo un día de mi lado.
Una mañana, cuando el clérigo se dispuso a ir a comprar su comida, tropezó, y por una suerte inmensa, salí disparado en dirección hacia un bote de betún de un carro que portaba una familia mediana y, al salir de tal mar de oscuridad, el viejo miro con gesto ceñudo mi nuevo color, y con un suspiro, acabó vendiendome a una mediana a la cual yo le ganaba en tamaño. Era la única hija de la familia de medianos que llevaba el carro. Nunca me esperé que fuera a ser tan entretenido ser comerciante, con tantos viajes y historias que contar...
La niña mediana se encariñó conmigo de muy joven, llevandome siempre a donde fuera, aunque a veces le tapaba la vista porque no tenía cabeza suficiente para llevarme...Je, todo el mundo adoraba la curiosa y adorable combinación que eramos, el gigante y extravagante sombrero y la pequeña y tierna mediana.Eramos un duetto de estética que agradaba a la vista, pero desconfiaba en muchas personas, al menos a primeras, ya que la mediana, en realidad, no sabía hacer mucho más que pequeñas esferas de luz con su innato poder a su edad.
Los padres eran un poco pasotas: la madre llevaba el puesto, con la niña casi todo el tiempo al lado, siempre cuidandola y usándola para llamar la atención de los clientes con corazones más blandos, era un buen negocio, he de decir. Su padre, sin embargo, era un innato de poder aceptable, no se centraba mucho en su don, así que solo lo solía utilizar para hacer unos increibles espectáculos de luces y explosiones, una lástima las prohibiciones de algunas ciudades respecto a ello, en verdad se perdían cosas maravillosas...
Digamos que la historia real empezaría unos años atrás, cuando la hija se percató de su agrado por los lugares pantanosos y boscosos, que, al cabo de un tiempo, acabaron siendo su hogar. Sería cosa de cuando tenía ella...10 años? Digamos que sí. A esa edad empezó a ahorrar bastante dinero del que le daban sus padres, solo por cumplir un deseo, el de conseguir una casa en uno de sus lugares favoritos:el Bosque de Gulthmere, cerca de Turmish. Un lugar un poco extraño, y posiblemente bastante más peligroso de lo que la niña pensó en un principio. Por suerte se aposentó bastante cerca de un pueblecillo cercano(que duró poco más de lo que estubo ella por allí, vaya). Aunque sus padres siempre se extrañaron de su decisión, además a una edad tan temprana, decidieron dejarla ir por libre, con el presentimiento de que eso le iría bastante bien.Lo único que le dejaron fué una escoba voladora que también parecía querer bastante la niña y el "Jak" de su padre, una piedra hexagonal que ayudaba al hombre a hacer sus espectáculos de luces, utilizandola como canalizador de energía mágica y materiales para aumentar la belleza de sus obras.
Con la casa terminada a sus 17 años, vivió allí por dos años, hasta que un mal día ocurrió una de las cosas más desagradables que uno pueda pensar de un pueblecillo como aquel.
Aprendió a hacer distintos tipos de pócimas con los hongos de los alrededores, trabajando como curandera del pueblo y de vez en cuando haciendo espectáculos de fuegos artificiales, como su padre.Llegó a tener bastante práctica con la cocina y demás, vendiendo también platos extraños a los ciudadanos que, agradecidos, le pagaban dinero suficiente como para poder tener un poco de variedad en la comida y comprarse de vez en cuando alguna que otra tontería de las tiendas más extrañas que pasaban por la ciudad.
Aún con todo esto, un día, sin más, al volver a su hogar tras buscar algunos hongos y demás plantas, lo encontró en llamas, ardiendo, con una multitud de personas del pueblo al lado, con odio en la sangre, estos nos hecharon a mi y a la mediana de la ciudad.Y sin saber porque, tuvimos que marchar con lo poco que nos quedó.
No tardamos mucho, en medio de un camino, a encontrarnos a uno de los múltiples comerciantes que pasaron por esa ciudad en el último mes, el cual nos comentó el rumor de que alguien se había dedicado a alzar muertos por los alrededores y, nunca mejor dicho, le hecharon el muerto a la "bruja" del pueblo y al montón de extraños libros y cachivaches que guardaba. Me pareció realmente impresionante, la verdad, el momento en el que la mediana pareció incluso sonreir y tomarselo a broma, como si todo eso no tubiera que ver con ella, ni siquiera preocuparla, aunque no tardé mucho en darme cuenta de que sí le había dolido. Se comportaba más taciturna de lo normal, y no saludaba a la gente como antaño y, aún así, creo que lo que más le dolió fué perder los regalos que le dieron sus padres, ya que volvió, con la esperanza de encontrarlos entre los escombros. Fué una suerte que encontrara el Jak, aunque de la escoba, como era de esperar, no encontraba ni rastro, incinerada como debería de haber quedado con el resto de la casa.
Y hecho todo esto, la mediana me cojió a mi, su Jak y vendió el resto de cosas, empriendiendo un viaje a un lugar que, a su parecer, podría al menos conseguirle el dinero suficiente como para volver a intentarlo: Athkatla, la capital de la moneda.
Ni me pregunteis como se planteó hacer un viaje tan largo, sencillamente le apeteció...
Una mañana, cuando el clérigo se dispuso a ir a comprar su comida, tropezó, y por una suerte inmensa, salí disparado en dirección hacia un bote de betún de un carro que portaba una familia mediana y, al salir de tal mar de oscuridad, el viejo miro con gesto ceñudo mi nuevo color, y con un suspiro, acabó vendiendome a una mediana a la cual yo le ganaba en tamaño. Era la única hija de la familia de medianos que llevaba el carro. Nunca me esperé que fuera a ser tan entretenido ser comerciante, con tantos viajes y historias que contar...
La niña mediana se encariñó conmigo de muy joven, llevandome siempre a donde fuera, aunque a veces le tapaba la vista porque no tenía cabeza suficiente para llevarme...Je, todo el mundo adoraba la curiosa y adorable combinación que eramos, el gigante y extravagante sombrero y la pequeña y tierna mediana.Eramos un duetto de estética que agradaba a la vista, pero desconfiaba en muchas personas, al menos a primeras, ya que la mediana, en realidad, no sabía hacer mucho más que pequeñas esferas de luz con su innato poder a su edad.
Los padres eran un poco pasotas: la madre llevaba el puesto, con la niña casi todo el tiempo al lado, siempre cuidandola y usándola para llamar la atención de los clientes con corazones más blandos, era un buen negocio, he de decir. Su padre, sin embargo, era un innato de poder aceptable, no se centraba mucho en su don, así que solo lo solía utilizar para hacer unos increibles espectáculos de luces y explosiones, una lástima las prohibiciones de algunas ciudades respecto a ello, en verdad se perdían cosas maravillosas...
Digamos que la historia real empezaría unos años atrás, cuando la hija se percató de su agrado por los lugares pantanosos y boscosos, que, al cabo de un tiempo, acabaron siendo su hogar. Sería cosa de cuando tenía ella...10 años? Digamos que sí. A esa edad empezó a ahorrar bastante dinero del que le daban sus padres, solo por cumplir un deseo, el de conseguir una casa en uno de sus lugares favoritos:el Bosque de Gulthmere, cerca de Turmish. Un lugar un poco extraño, y posiblemente bastante más peligroso de lo que la niña pensó en un principio. Por suerte se aposentó bastante cerca de un pueblecillo cercano(que duró poco más de lo que estubo ella por allí, vaya). Aunque sus padres siempre se extrañaron de su decisión, además a una edad tan temprana, decidieron dejarla ir por libre, con el presentimiento de que eso le iría bastante bien.Lo único que le dejaron fué una escoba voladora que también parecía querer bastante la niña y el "Jak" de su padre, una piedra hexagonal que ayudaba al hombre a hacer sus espectáculos de luces, utilizandola como canalizador de energía mágica y materiales para aumentar la belleza de sus obras.
Con la casa terminada a sus 17 años, vivió allí por dos años, hasta que un mal día ocurrió una de las cosas más desagradables que uno pueda pensar de un pueblecillo como aquel.
Aprendió a hacer distintos tipos de pócimas con los hongos de los alrededores, trabajando como curandera del pueblo y de vez en cuando haciendo espectáculos de fuegos artificiales, como su padre.Llegó a tener bastante práctica con la cocina y demás, vendiendo también platos extraños a los ciudadanos que, agradecidos, le pagaban dinero suficiente como para poder tener un poco de variedad en la comida y comprarse de vez en cuando alguna que otra tontería de las tiendas más extrañas que pasaban por la ciudad.
Aún con todo esto, un día, sin más, al volver a su hogar tras buscar algunos hongos y demás plantas, lo encontró en llamas, ardiendo, con una multitud de personas del pueblo al lado, con odio en la sangre, estos nos hecharon a mi y a la mediana de la ciudad.Y sin saber porque, tuvimos que marchar con lo poco que nos quedó.
No tardamos mucho, en medio de un camino, a encontrarnos a uno de los múltiples comerciantes que pasaron por esa ciudad en el último mes, el cual nos comentó el rumor de que alguien se había dedicado a alzar muertos por los alrededores y, nunca mejor dicho, le hecharon el muerto a la "bruja" del pueblo y al montón de extraños libros y cachivaches que guardaba. Me pareció realmente impresionante, la verdad, el momento en el que la mediana pareció incluso sonreir y tomarselo a broma, como si todo eso no tubiera que ver con ella, ni siquiera preocuparla, aunque no tardé mucho en darme cuenta de que sí le había dolido. Se comportaba más taciturna de lo normal, y no saludaba a la gente como antaño y, aún así, creo que lo que más le dolió fué perder los regalos que le dieron sus padres, ya que volvió, con la esperanza de encontrarlos entre los escombros. Fué una suerte que encontrara el Jak, aunque de la escoba, como era de esperar, no encontraba ni rastro, incinerada como debería de haber quedado con el resto de la casa.
Y hecho todo esto, la mediana me cojió a mi, su Jak y vendió el resto de cosas, empriendiendo un viaje a un lugar que, a su parecer, podría al menos conseguirle el dinero suficiente como para volver a intentarlo: Athkatla, la capital de la moneda.
Ni me pregunteis como se planteó hacer un viaje tan largo, sencillamente le apeteció...