MotiSJL
Minsorrano sin caminos
- Registrado
- 8/4/26
- Mensajes
- 124
Bueno.
BUENO.
Hoy fue un buen día. De los buenos de verdad. De los que uno no esperaba que fueran buenos cuando se levantó por la mañana y resultaron serlo sin avisar y sin permiso y sin ninguna razón aparente salvo que a veces la vida de Athkatla te manda cosas bonitas justo cuando menos te lo esperas.
Necesito contarlo. No puedo no contarlo. El Padre Ossian decía que las cosas buenas también hay que escribirlas para que no se olviden. Que uno siempre escribe las cosas difíciles y se olvida de escribir las alegres. Pues hoy escribo una alegre.
Allá vamos.
Estaba paseando por Athkatla. Sin rumbo. Sin misión. Sin nada. Solo caminando porque necesito caminar para pensar y a veces camino para no pensar que también funciona aunque suene contradictorio.
Y me encontré con alguien.
No voy a decir quién. Pero quien lo sabe lo sabe. Y los que no lo saben que se queden con la intriga que tampoco les va a pasar nada.
El caso es que acabamos paseando juntos por Athkatla. Los dos. Sin plan. Sin destino. Solo paseando.
Y fue extraordinario.
Yo hablé. Que eso no es novedad. Pero entre medias de hablar me salían cosas. Pensamientos que normalmente se quedan dentro porque hay un filtro entre el cerebro y la boca que en la mayoría de la gente funciona bien y en mí funciona regular tirando a mal.
Cosas que notaba. Cosas que pensaba. Cosas bonitas que pensaba sobre la persona que tenía al lado y que salían solas antes de que yo pudiera decidir si decirlas o no.
Al principio la otra persona pensaba que lo decía para quedar bien. Que era teatro. Que tenía algún motivo oculto detrás.
Y yo me paré. La miré fijo. Que es algo que no hago mucho porque normalmente mis ojos van a veinte sitios a la vez pero esta vez se quedaron quietos.
Y le dije:
No. Yo no digo cosas que no pienso. Nunca. Jamás. Es mi peor defecto según algunos y mi mejor virtud según otros y yo todavía no he decidido en qué categoría ponerlo pero da igual. Lo que digo lo pienso. Siempre. Y lo que pienso de ti lo digo porque no sé hacer otra cosa.
Se quedó en silencio.
Yo me puse rojo. Muy rojo. El rojo más rojo que he sido en mi vida y eso es mucho decir porque yo soy bastante dado a ponerme rojo.
Pero no me arrepentí de haberlo dicho.
Eso es nuevo. Normalmente cuando digo algo sin pensar me arrepiento después. Esta vez no.
Seguimos paseando.
Y siguieron saliendo cosas. Y yo seguía rojo. Y la otra persona seguía sin saber muy bien qué hacer con alguien que dice lo que piensa sin estrategia ni cálculo ni intención oculta.
Y Athkatla a nuestro alrededor. Con su ruido y su gente y sus calles que ya conozco un poco mejor que cuando llegué. Y el sol bajando poco a poco hacia el horizonte.
Que es la parte del día donde Lathander se despide hasta mañana. Y yo siempre le digo hasta mañana de vuelta porque es lo correcto.
Hoy le dije hasta mañana con más ganas que de costumbre.
No voy a contar más detalles. Hay cosas que son de uno y de la otra persona y no del resto del mundo. Pero sí voy a decir esto:
Llegué a Athkatla hace unos meses sin conocer a nadie. Sin saber dónde ir ni qué hacer ni muy bien quién era yo fuera de Tresthaven. Y poco a poco han ido pasando cosas. Buenas y malas y regulares. He caído en combate más veces de las que debería. He asustado a sacerdotisas sin querer. He dado discursos que nadie escuchó. He tenido el corazón en el suelo una temporada.
Y hoy paseé por Athkatla con alguien extraordinario que se quedó en silencio cuando le dije la verdad.
Y fue el mejor paseo de mi vida.
BUENO.
Hoy fue un buen día. De los buenos de verdad. De los que uno no esperaba que fueran buenos cuando se levantó por la mañana y resultaron serlo sin avisar y sin permiso y sin ninguna razón aparente salvo que a veces la vida de Athkatla te manda cosas bonitas justo cuando menos te lo esperas.
Necesito contarlo. No puedo no contarlo. El Padre Ossian decía que las cosas buenas también hay que escribirlas para que no se olviden. Que uno siempre escribe las cosas difíciles y se olvida de escribir las alegres. Pues hoy escribo una alegre.
Allá vamos.
Estaba paseando por Athkatla. Sin rumbo. Sin misión. Sin nada. Solo caminando porque necesito caminar para pensar y a veces camino para no pensar que también funciona aunque suene contradictorio.
Y me encontré con alguien.
No voy a decir quién. Pero quien lo sabe lo sabe. Y los que no lo saben que se queden con la intriga que tampoco les va a pasar nada.
El caso es que acabamos paseando juntos por Athkatla. Los dos. Sin plan. Sin destino. Solo paseando.
Y fue extraordinario.
Yo hablé. Que eso no es novedad. Pero entre medias de hablar me salían cosas. Pensamientos que normalmente se quedan dentro porque hay un filtro entre el cerebro y la boca que en la mayoría de la gente funciona bien y en mí funciona regular tirando a mal.
Cosas que notaba. Cosas que pensaba. Cosas bonitas que pensaba sobre la persona que tenía al lado y que salían solas antes de que yo pudiera decidir si decirlas o no.
Al principio la otra persona pensaba que lo decía para quedar bien. Que era teatro. Que tenía algún motivo oculto detrás.
Y yo me paré. La miré fijo. Que es algo que no hago mucho porque normalmente mis ojos van a veinte sitios a la vez pero esta vez se quedaron quietos.
Y le dije:
No. Yo no digo cosas que no pienso. Nunca. Jamás. Es mi peor defecto según algunos y mi mejor virtud según otros y yo todavía no he decidido en qué categoría ponerlo pero da igual. Lo que digo lo pienso. Siempre. Y lo que pienso de ti lo digo porque no sé hacer otra cosa.
Se quedó en silencio.
Yo me puse rojo. Muy rojo. El rojo más rojo que he sido en mi vida y eso es mucho decir porque yo soy bastante dado a ponerme rojo.
Pero no me arrepentí de haberlo dicho.
Eso es nuevo. Normalmente cuando digo algo sin pensar me arrepiento después. Esta vez no.
Seguimos paseando.
Y siguieron saliendo cosas. Y yo seguía rojo. Y la otra persona seguía sin saber muy bien qué hacer con alguien que dice lo que piensa sin estrategia ni cálculo ni intención oculta.
Y Athkatla a nuestro alrededor. Con su ruido y su gente y sus calles que ya conozco un poco mejor que cuando llegué. Y el sol bajando poco a poco hacia el horizonte.
Que es la parte del día donde Lathander se despide hasta mañana. Y yo siempre le digo hasta mañana de vuelta porque es lo correcto.
Hoy le dije hasta mañana con más ganas que de costumbre.
No voy a contar más detalles. Hay cosas que son de uno y de la otra persona y no del resto del mundo. Pero sí voy a decir esto:
Llegué a Athkatla hace unos meses sin conocer a nadie. Sin saber dónde ir ni qué hacer ni muy bien quién era yo fuera de Tresthaven. Y poco a poco han ido pasando cosas. Buenas y malas y regulares. He caído en combate más veces de las que debería. He asustado a sacerdotisas sin querer. He dado discursos que nadie escuchó. He tenido el corazón en el suelo una temporada.
Y hoy paseé por Athkatla con alguien extraordinario que se quedó en silencio cuando le dije la verdad.
Y fue el mejor paseo de mi vida.