Madao-san
Karonte está escribiendo...
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Los ancianos siempre me contaban historias a cerca de los lobos que poblaban los alrededores de nuestro asentamiento. Allá donde nos dirigieramos tambien se trasladaban. Decían que una vez muertos en vida, el espiritu de cada lobo permanecía vigilando y cuidando para siempre a aquellos nacidos bajo su marca. Uzghar lo quiso y nací con una de esas marcas, la del Lobo Rojo, espíritu protector de nuestro clan.
Mientras mis familiares son de cabellos rubios o castaños los mios han sido de este rojo intenso desde que nací. Je, puede sonar raro que lo diga, pero a decir verdad no me noto diferente de los demas. Tampoco se me trata como una "elegida" sino como una afortunada. Ojalá los años les den la razón. Mi nombre es Mirabelle, hija de Miraestrellas Contemplalunas, hombre medicina y curandero y de Syrelle Fuentelunar, aventurera, sierva y devota del Canalla.
Mi gente es nómada, vagamos por las vastas estepas cercanas al mar de hielo, aunque la abundancia quiso que estos últimos años nuestro asentamiento no se haya movido. Mi historia en estas tierras comienza en las mías propias, cuando un entusiasta mediano llegó por sorpresa a nuestro asentamiento. Parecía a punto de morir de frió, pero conservaba cierto grado de positivismo.
En mi aldea hay sólo dos familias de Hin a parte del resto de razas, la mía que siempre ha sido respetada por brindar al clan buenos curanderos y los Lomaescarchada. Buenos batidores aunque un poco fanfarrones. Como el aparecido necesitaba cuidados, el jefe del asentamiento nos otorgo el deber de sanarlo, y hospedarlo. Al principio, me caía mal, lo reconozco. No parecía fuerte, no estaba hecho para el combate, a penas sabia blandir un arma y hablaba sin parar. Sin embargo al jefe de la aldea le pareció una buena idea alojrlo ahi. Parecía andar buscando algo que podria beneficiar tanto al clan como a él. Su nombre, Nadir.
Padre quizá ya lo vio con buenos ojos, pues a pesar de mi negativa, me pidió que le acompañara en todo lo que hiciera. Y, como ves, poco a poco me acostumbre a él. No negaré que pasó un buen tiempo hasta que así fue.
Día tras día le seguía a unas grutas cercanas al asentamiento en las que tomaba notas sobre escritos antiguos en las paredes. Al principio no hablaba con él, pero no parecía importarle. Él charlaba y charlaba aunque fuera consigo mismo.
En unos meses me fui acostumbrando demasiado a su presencia y me aventuré a intercambiar algunas opiniones o vivencias, a lo que me quise dar cuenta, lo apreciaba demasiado.
Diantres, a veces pienso que usó algún tipo de brujería. Pues volando pasó año y medio y yo pasé de ignorarle a seguirle a donde quiera que fuera, a reirle las gracias, a compartir secretos, a robarle besos y a protegerlo cómo si fuera mio.
Me enseñó muchas cosas. A leer y a escribir, a apreciar cosas que sólo se encuentran en las palabras o en la música, me enseñó que hay otras prioridades a parte del camino del acero. También me enseño por las malas, que las tradiciones no le importaban demasiado. ¡Lagartija escurridiza!. Cuando el segundo año de su estancia estaba apunto de comenzar, un buen día, me regaló una vaca. bien alimentada, grande y fértil. Era un presente de mucho valor en mi aldea, puesto que las vacas en el espinazo del mundo escasean, pero traería leche y fuerza en la labranza al clan. Todo un regalo de petición de mano. Cuando se la mostré a Padre, estalló en alegría y le dio la bendición a nuestro matrimonio. Nadir parecía algo extrañado de esa reacción, pero supongo que estaría un poco abrumado. Al fin y al cabo la gente del sur es menos enérgica. En pocas horas se celebró el banquete que nos unió en matimonio, instantes previo a la noche del apareamiento. Aunque soy muy joven me sentía preparada, ya que traer al proximo Miraestrellas era mi deber.
Pero esa lagartija cobarde huyó. cuando el resto de la aldea nos llevó en volandas hacia la choza preparada para loa ocasión mientras nos arrancaban la ropa coreando nuestros nombres... simplemente desapareció. allá dónde estaba el cayó una carta pero no quedaba ni rastro de Nadir.
En la carta pedía disculpas y un poco más de tiempo, decía que necesitaba terminar unos asuntos antes de cumplir la obligación de traer descendencia. Que en un año regresaría. Je, que se lo había creído, ni por asomo iba a esperar yo otro año. Tras el enfado inicial, Padre entró en razón y me dejó ir tras el. Me otorgó su bendición y su espada, y me habló del camino del acero. Pocas eran las mujeres que lo recorrían, pero para recuperar a mi marido y engendrar un vástago fuerte y leal lo recorreré mil veces si es necesario. Partí en su busca, y ciudad tras ciudad siguiendo su rastro recorrí muchas millas, hasta acabar en tierras amnianas. Por fin creo haberlo encontrado y sobre la huella del canalla juro que me va hacer madre, aunque tenga que atarlo a una cama.
To be continued
Mientras mis familiares son de cabellos rubios o castaños los mios han sido de este rojo intenso desde que nací. Je, puede sonar raro que lo diga, pero a decir verdad no me noto diferente de los demas. Tampoco se me trata como una "elegida" sino como una afortunada. Ojalá los años les den la razón. Mi nombre es Mirabelle, hija de Miraestrellas Contemplalunas, hombre medicina y curandero y de Syrelle Fuentelunar, aventurera, sierva y devota del Canalla.
Mi gente es nómada, vagamos por las vastas estepas cercanas al mar de hielo, aunque la abundancia quiso que estos últimos años nuestro asentamiento no se haya movido. Mi historia en estas tierras comienza en las mías propias, cuando un entusiasta mediano llegó por sorpresa a nuestro asentamiento. Parecía a punto de morir de frió, pero conservaba cierto grado de positivismo.
En mi aldea hay sólo dos familias de Hin a parte del resto de razas, la mía que siempre ha sido respetada por brindar al clan buenos curanderos y los Lomaescarchada. Buenos batidores aunque un poco fanfarrones. Como el aparecido necesitaba cuidados, el jefe del asentamiento nos otorgo el deber de sanarlo, y hospedarlo. Al principio, me caía mal, lo reconozco. No parecía fuerte, no estaba hecho para el combate, a penas sabia blandir un arma y hablaba sin parar. Sin embargo al jefe de la aldea le pareció una buena idea alojrlo ahi. Parecía andar buscando algo que podria beneficiar tanto al clan como a él. Su nombre, Nadir.
Padre quizá ya lo vio con buenos ojos, pues a pesar de mi negativa, me pidió que le acompañara en todo lo que hiciera. Y, como ves, poco a poco me acostumbre a él. No negaré que pasó un buen tiempo hasta que así fue.
Día tras día le seguía a unas grutas cercanas al asentamiento en las que tomaba notas sobre escritos antiguos en las paredes. Al principio no hablaba con él, pero no parecía importarle. Él charlaba y charlaba aunque fuera consigo mismo.
En unos meses me fui acostumbrando demasiado a su presencia y me aventuré a intercambiar algunas opiniones o vivencias, a lo que me quise dar cuenta, lo apreciaba demasiado.
Diantres, a veces pienso que usó algún tipo de brujería. Pues volando pasó año y medio y yo pasé de ignorarle a seguirle a donde quiera que fuera, a reirle las gracias, a compartir secretos, a robarle besos y a protegerlo cómo si fuera mio.
Me enseñó muchas cosas. A leer y a escribir, a apreciar cosas que sólo se encuentran en las palabras o en la música, me enseñó que hay otras prioridades a parte del camino del acero. También me enseño por las malas, que las tradiciones no le importaban demasiado. ¡Lagartija escurridiza!. Cuando el segundo año de su estancia estaba apunto de comenzar, un buen día, me regaló una vaca. bien alimentada, grande y fértil. Era un presente de mucho valor en mi aldea, puesto que las vacas en el espinazo del mundo escasean, pero traería leche y fuerza en la labranza al clan. Todo un regalo de petición de mano. Cuando se la mostré a Padre, estalló en alegría y le dio la bendición a nuestro matrimonio. Nadir parecía algo extrañado de esa reacción, pero supongo que estaría un poco abrumado. Al fin y al cabo la gente del sur es menos enérgica. En pocas horas se celebró el banquete que nos unió en matimonio, instantes previo a la noche del apareamiento. Aunque soy muy joven me sentía preparada, ya que traer al proximo Miraestrellas era mi deber.
Pero esa lagartija cobarde huyó. cuando el resto de la aldea nos llevó en volandas hacia la choza preparada para loa ocasión mientras nos arrancaban la ropa coreando nuestros nombres... simplemente desapareció. allá dónde estaba el cayó una carta pero no quedaba ni rastro de Nadir.
En la carta pedía disculpas y un poco más de tiempo, decía que necesitaba terminar unos asuntos antes de cumplir la obligación de traer descendencia. Que en un año regresaría. Je, que se lo había creído, ni por asomo iba a esperar yo otro año. Tras el enfado inicial, Padre entró en razón y me dejó ir tras el. Me otorgó su bendición y su espada, y me habló del camino del acero. Pocas eran las mujeres que lo recorrían, pero para recuperar a mi marido y engendrar un vástago fuerte y leal lo recorreré mil veces si es necesario. Partí en su busca, y ciudad tras ciudad siguiendo su rastro recorrí muchas millas, hasta acabar en tierras amnianas. Por fin creo haberlo encontrado y sobre la huella del canalla juro que me va hacer madre, aunque tenga que atarlo a una cama.
To be continued