MotiSJL
Minsorrano sin caminos
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Hubo un tiempo en que llegué a esta ciudad con unas sandalias prestadas y ninguna idea de lo que hacía.
Me he caído más veces de las que puedo contar. He tenido el corazón en el suelo y las manos manchadas de lo que no quería ser. He gritado en un claro hasta quedarme sin voz y he llorado en otro hasta quedarme sin nada.
Y aquí sigo.
He visto caer a un avatar divino y me quedó la herida para recordarlo.
He bajado a un templo de Malar y he sacado de allí a una sacerdotisa con vida y a los muertos para darles tierra.
He perdido contra el que mató a Valerie, y me dejó la marca en el cuello para que no lo olvidara.
No la he olvidado.
Hoy el santuario está vacío.
Sariel se ha ido. Gwenaëlle se ha ido. Las voces que me enseñaron a servir se han apagado, y el silencio que queda no lo llena nadie.
Podría quedarme. Guardar las velas, esperar órdenes que no van a llegar, convertirme en el último vigilante de un lugar que ya no vigila a nadie.
Selûne no me hizo para eso.
La luna no tiene techo.
No tiene puertas ni jerarquías ni ningún sitio donde esperar a que el mundo venga a pedirle ayuda. Sale cada noche sobre el que está perdido, sobre el que huye, sobre el que no sabe si va a ver amanecer, y no pregunta quién es.
Solo está.
Eso es lo que voy a ser.
A partir de esta noche cruzaré Amn de punta a punta.
Iré a las aldeas que nadie visita. A los caminos donde la gente cierra las puertas al caer el sol. A los sitios que el Clero nunca pisó porque nadie pensó que hiciera falta.
Si hay oscuridad, iré yo.
Si hay alguien que no tiene a nadie, me sentaré a su lado.
Y si hay algo que les haga daño...
Que sepa que ahora ya no hay santuario donde esconderse de mí. Ni yo tengo ninguno donde descansar.
Dejé una vela encendida en el altar.
Si alguna vez vuelven, la encontrarán.
Hasta entonces, el Clero de Selûne no está en un edificio.
Está en el camino.
Está en mí.
Me he caído más veces de las que puedo contar. He tenido el corazón en el suelo y las manos manchadas de lo que no quería ser. He gritado en un claro hasta quedarme sin voz y he llorado en otro hasta quedarme sin nada.
Y aquí sigo.
He visto caer a un avatar divino y me quedó la herida para recordarlo.
He bajado a un templo de Malar y he sacado de allí a una sacerdotisa con vida y a los muertos para darles tierra.
He perdido contra el que mató a Valerie, y me dejó la marca en el cuello para que no lo olvidara.
No la he olvidado.
Hoy el santuario está vacío.
Sariel se ha ido. Gwenaëlle se ha ido. Las voces que me enseñaron a servir se han apagado, y el silencio que queda no lo llena nadie.
Podría quedarme. Guardar las velas, esperar órdenes que no van a llegar, convertirme en el último vigilante de un lugar que ya no vigila a nadie.
Selûne no me hizo para eso.
La luna no tiene techo.
No tiene puertas ni jerarquías ni ningún sitio donde esperar a que el mundo venga a pedirle ayuda. Sale cada noche sobre el que está perdido, sobre el que huye, sobre el que no sabe si va a ver amanecer, y no pregunta quién es.
Solo está.
Eso es lo que voy a ser.
A partir de esta noche cruzaré Amn de punta a punta.
Iré a las aldeas que nadie visita. A los caminos donde la gente cierra las puertas al caer el sol. A los sitios que el Clero nunca pisó porque nadie pensó que hiciera falta.
Si hay oscuridad, iré yo.
Si hay alguien que no tiene a nadie, me sentaré a su lado.
Y si hay algo que les haga daño...
Que sepa que ahora ya no hay santuario donde esconderse de mí. Ni yo tengo ninguno donde descansar.
Dejé una vela encendida en el altar.
Si alguna vez vuelven, la encontrarán.
Hasta entonces, el Clero de Selûne no está en un edificio.
Está en el camino.
Está en mí.