Madao-san
Karonte está escribiendo...
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Miria, de los Largasiesta. Una prolífica estirpe de medianos circenses perezosos. O así se presentaría esta jóven Hin,que no es otra que servidora... A decir verdad debería usar el apellido del abuelo, pero se enfadaría aún más, pues hace muchos años se convirtió en un bardo con cierta relevancia en estas tierras. Probablemente sus cuentos hayan quedado en el olvido, sus recetas culinarias perdidas entre los estantes de algún bibliotecario lo suficiente loco cómo para comprar un libro de cocina que empieza con su famoso “Pollo a la catapulta”. Sólo los más viejos quizá lo recuerden de su barba postiza, heredada a su vez de su abuelo y su paso por la “Liga de la Bota y el Sendero”. Aunque pocos saben que fue de él, pues desapareció misteriosamente… o bueno, no tanto, pero abandonó Amn para irse bien lejos. Está claro que algo preocupante le pasaba por la cabeza. Siempre me contaba sus historias y batallitas cuando yo era una pequeña de mofletes hinchados. Estaba fascinada por la manera de contarlas, el Nadir Barbadepega, Cantor de Tabernas, seguía dentro de mi abuelo, a pesar de los años transcurridos en su etapa de aventurero.
Ahora estará bastante enfadado conmigo…Se que no debería haberlo hecho. Pero lo hice, pues mi hermano es incapaz de abandonar la comodidad del hogar y nunca será un aventurero (luego explico el qué hice). La barba postiza, pasa de abuelos a nietos, al primogénito varón, que se supone que hereda también su espíritu aventurero. El día que el abuelo se la dió a mi hermano mayor se llevó una buena decepción cuando le vio colgarla como un trofeo encima de la chimenea. Por aquel entonces vivíamos en un sitio duro, pero supongo que lo suficientemente alejado de lo que fuera que atormentaba al abuelo (espero que no fuera una aventura amorosa, los bardos de por allí tienen todos fama de picaflor..). El vado de Shaengarne, en el valle del viento Helado. Una pequeña aldea dedicada a la madera. Allí nací, y crecí. Y aprendí lo suficiente cómo para saber que se iba quedando pequeño para mi, a pesar de ser un clima duro de narices.
Como a la generación heredera de la barba, con mis 15 años por aquel entonces, empecé a sentir la llamada de la aventura, aunque sabía que no era mi destino. Tendría que haber sido mi hermano el nuevo Barbadepega, Biff Barbadepega, hasta su nombre sonaba bien. Pero su actitud sedentaria y cuajo pasivo me sacaba de mis casillas. Si me hubiera dado la barba a mi, aunque la tradición lo prohiba, la hubiera honrado mejor que nadie y no habría tenido que robarla para que alguien continúe la tradición.
Si. Robé la barba familiar, me hice una coleta con ella, le dejé una carta de disculpas al abuelo y otra de despedida a mis padres y hermanos, y durante la noche salí a la aventura, aprovechando que pasaba una caravana cirense que erró ampliamente en su ruta hacia Mirabar. Me escondí en la carreta hasta que se alejó lo suficiente. He de decir que se me daba bien y nadie se dió cuenta de mi presencia ni en la propia carreta, Viví bastantes días escondida en una caja de ropas llamativas para los espectaculos saliendo sólo para buscar algo de comida durante las noches o cuando la caravana de carros paraban para reabastecerse. Ahora me da la risa, pero pensaba que si me pillaban me dejarían tirada en la nieve a merced de los lobos. Nada más lejos.
Con el tiempo, pasó lo inevitable.
Estaba siendo una mala racha para la compañia, la comida escaseaba un poco, y ya les oia discutir a unos con otros por víveres que seguramente me había comido yo. Un día de descanso, cuando el hambre me pudo, me cogieron zampandome unas morcillas. Un tremendo rugido de mis tripas les alertó, y sólo pude sonreir y decir “Tachaaaan!”... como les ví hacer a ellos en alguna villa de paso.
Despues de una severa reprimenda y una discusion sobre si debían cortarme las manos o hacerme trabajar para ganarme lo comido, decidieron lo segundo, lo cual agradecí bastante. Aprendí cosas durante el viaje hacia el sur, buscando siempre alguna forma de ganarme mi derecho a seguir en la caravana. Manejar a los bueyes, buscar comida en los páramos helados y cocinar, siempre se me dio bien, debido a mi procedencia y a mi vida hasta ese momento, pero el duro clima de la región, los asaltos de los trasgos y las espantadas de los propios integrantes del circo acabaron mermando la compañía.
Torum Largasiesta, líder y director Hin del espectáculo ambulante me pidió cada vez más cosas para suplir las bajas,hacer equilibrios, ser lanzada por una catapulta a una red, amaestrar marmotas, saltar por el aro de fuego… entre tantas cosas descubrimos casi por casualidad un talento que explotar, mi buena puntería. Pasaron unos años rondando de aquí para allá, la compañía se hizo más grande y yo ya sólo me dediqué a ser la equilibrista lanzadora de cuchillos. Me daba un pequeño sueldo para gastar en cada ciudad y era una vida lo suficientemente loca para considerarla una buena aventura. Antes de continuar, he de aclarar, que le tengo gran respeto a Torum, a pesar de lo que voy a contar, por eso todavía mantengo el nombre de su circo cómo apellido. Largasiesta. Un nombre lo suficientemente poco conocido para perder la pista a mis familiares, pero lo suficientemente poco famoso para que alguien sepa de esta compañía circense venida a menos.
¿Qué pasó y por qué puñetas acabé en Amn?.
Bien… digamos que con aquella juventud tenía un idealismo crudo y una mecha muy corta. Me enfadé muchísimo con el hijo de Torum, Rudd, que era una sabandija al que rechacé amablemente ciento y una veces, pesadísimo y mala persona. El rechazo no le sentaba bien. Cada vez que le daba calabazas, Rudd la tomaba con un integrante de la compañia, manipulando al viejo Torum para que creyera que algo mal estaba haciendo y así ir eliminando del circo a la gente que sí me caia bien.
Un agridulce día de función se acabó mi etapa circense.
Recién entrábamos en tierras Amnianas procediendo de Cormyr. Debido a la gran cantidad de abandonos provocados por este malnacido (que su padre me perdone), andabamos otra vez cortos de personal. Y en mi número de malabares y cuchillos, sólo quedaba él para ponerse en la rueda. Este tipo, había logrado hacer abandonar o echar a mis mejores amigos dentro del circo (ya os contaré de ellos en otra historia). Y ya me había amenazó con hacer que me echaran a mi o algo peor si no accedía a sus retorcidos deseos… que no relataré, por no recordar algunas cosas. Estaba muy dolida y enfadada… se me pasó mil veces acabar con esa sabandija sobre la rueda de cuchillos, en serio. Pero el contraste con el trato de su padre, Torum, su amabilidad y todas las cosas buenas que aprendí de el. Me retenían. No me lo cargué… no pude, por Torum, pero Brandovaris bien save que corri riesgos para acercarme lo más posible con los cuchillos a su cara y entrepierna. El pobre…*un tachón cubre lo de pobre* Aquella alimaña se quedó banca cómo el papel. Estoy segura de que ese lanzamiento pudo haber cortado parte del vello escrotal de Rudd. Nunca había lanzado nada con tan mala baba y tan buena puntería.Acabó orinandose encima. Ah! glorioso momento!. Que bien me sentía!... pero qué de líos que trajo los días de después.
Asustado ya de mi, Rudd, sabedor de que yo no accedería a nada más con o para él, acabó convenciendo a Torum de que le había herido en una pierna, (mentira y gorda) y que era un peligro para el espectaculo. No se cómo se hizo esa herida lo prometo, pero al parecer fue lo suficientemente convincente para que Torum protegiera a su hijo… lo comprendo, pero no lo comparto. Pocos días despues, con un ambiente muy complicado en el circo ambulante, lleno de discusiones y rencores, me acordé de la barba del abuelo.
Tomé una decisión, y tras una reunion con Torum, un buen abrazo y unas lagrimas, dejé el circo para aventurarme por estas tierras, No se muy bien que me depararán… Lo que sí se es cómo subirme a la caravana equivocada y no acabar dónde quería… Pero esa ya es otra historia. Empezar con mal pie a veces sirve para espabilar ¿no?.
*Extracto del los escritos de Miria, un cuaderno de viaje que siempre lleva con ella*
Ahora estará bastante enfadado conmigo…Se que no debería haberlo hecho. Pero lo hice, pues mi hermano es incapaz de abandonar la comodidad del hogar y nunca será un aventurero (luego explico el qué hice). La barba postiza, pasa de abuelos a nietos, al primogénito varón, que se supone que hereda también su espíritu aventurero. El día que el abuelo se la dió a mi hermano mayor se llevó una buena decepción cuando le vio colgarla como un trofeo encima de la chimenea. Por aquel entonces vivíamos en un sitio duro, pero supongo que lo suficientemente alejado de lo que fuera que atormentaba al abuelo (espero que no fuera una aventura amorosa, los bardos de por allí tienen todos fama de picaflor..). El vado de Shaengarne, en el valle del viento Helado. Una pequeña aldea dedicada a la madera. Allí nací, y crecí. Y aprendí lo suficiente cómo para saber que se iba quedando pequeño para mi, a pesar de ser un clima duro de narices.
Como a la generación heredera de la barba, con mis 15 años por aquel entonces, empecé a sentir la llamada de la aventura, aunque sabía que no era mi destino. Tendría que haber sido mi hermano el nuevo Barbadepega, Biff Barbadepega, hasta su nombre sonaba bien. Pero su actitud sedentaria y cuajo pasivo me sacaba de mis casillas. Si me hubiera dado la barba a mi, aunque la tradición lo prohiba, la hubiera honrado mejor que nadie y no habría tenido que robarla para que alguien continúe la tradición.
Si. Robé la barba familiar, me hice una coleta con ella, le dejé una carta de disculpas al abuelo y otra de despedida a mis padres y hermanos, y durante la noche salí a la aventura, aprovechando que pasaba una caravana cirense que erró ampliamente en su ruta hacia Mirabar. Me escondí en la carreta hasta que se alejó lo suficiente. He de decir que se me daba bien y nadie se dió cuenta de mi presencia ni en la propia carreta, Viví bastantes días escondida en una caja de ropas llamativas para los espectaculos saliendo sólo para buscar algo de comida durante las noches o cuando la caravana de carros paraban para reabastecerse. Ahora me da la risa, pero pensaba que si me pillaban me dejarían tirada en la nieve a merced de los lobos. Nada más lejos.
Con el tiempo, pasó lo inevitable.
Estaba siendo una mala racha para la compañia, la comida escaseaba un poco, y ya les oia discutir a unos con otros por víveres que seguramente me había comido yo. Un día de descanso, cuando el hambre me pudo, me cogieron zampandome unas morcillas. Un tremendo rugido de mis tripas les alertó, y sólo pude sonreir y decir “Tachaaaan!”... como les ví hacer a ellos en alguna villa de paso.
Despues de una severa reprimenda y una discusion sobre si debían cortarme las manos o hacerme trabajar para ganarme lo comido, decidieron lo segundo, lo cual agradecí bastante. Aprendí cosas durante el viaje hacia el sur, buscando siempre alguna forma de ganarme mi derecho a seguir en la caravana. Manejar a los bueyes, buscar comida en los páramos helados y cocinar, siempre se me dio bien, debido a mi procedencia y a mi vida hasta ese momento, pero el duro clima de la región, los asaltos de los trasgos y las espantadas de los propios integrantes del circo acabaron mermando la compañía.
Torum Largasiesta, líder y director Hin del espectáculo ambulante me pidió cada vez más cosas para suplir las bajas,hacer equilibrios, ser lanzada por una catapulta a una red, amaestrar marmotas, saltar por el aro de fuego… entre tantas cosas descubrimos casi por casualidad un talento que explotar, mi buena puntería. Pasaron unos años rondando de aquí para allá, la compañía se hizo más grande y yo ya sólo me dediqué a ser la equilibrista lanzadora de cuchillos. Me daba un pequeño sueldo para gastar en cada ciudad y era una vida lo suficientemente loca para considerarla una buena aventura. Antes de continuar, he de aclarar, que le tengo gran respeto a Torum, a pesar de lo que voy a contar, por eso todavía mantengo el nombre de su circo cómo apellido. Largasiesta. Un nombre lo suficientemente poco conocido para perder la pista a mis familiares, pero lo suficientemente poco famoso para que alguien sepa de esta compañía circense venida a menos.
¿Qué pasó y por qué puñetas acabé en Amn?.
Bien… digamos que con aquella juventud tenía un idealismo crudo y una mecha muy corta. Me enfadé muchísimo con el hijo de Torum, Rudd, que era una sabandija al que rechacé amablemente ciento y una veces, pesadísimo y mala persona. El rechazo no le sentaba bien. Cada vez que le daba calabazas, Rudd la tomaba con un integrante de la compañia, manipulando al viejo Torum para que creyera que algo mal estaba haciendo y así ir eliminando del circo a la gente que sí me caia bien.
Un agridulce día de función se acabó mi etapa circense.
Recién entrábamos en tierras Amnianas procediendo de Cormyr. Debido a la gran cantidad de abandonos provocados por este malnacido (que su padre me perdone), andabamos otra vez cortos de personal. Y en mi número de malabares y cuchillos, sólo quedaba él para ponerse en la rueda. Este tipo, había logrado hacer abandonar o echar a mis mejores amigos dentro del circo (ya os contaré de ellos en otra historia). Y ya me había amenazó con hacer que me echaran a mi o algo peor si no accedía a sus retorcidos deseos… que no relataré, por no recordar algunas cosas. Estaba muy dolida y enfadada… se me pasó mil veces acabar con esa sabandija sobre la rueda de cuchillos, en serio. Pero el contraste con el trato de su padre, Torum, su amabilidad y todas las cosas buenas que aprendí de el. Me retenían. No me lo cargué… no pude, por Torum, pero Brandovaris bien save que corri riesgos para acercarme lo más posible con los cuchillos a su cara y entrepierna. El pobre…*un tachón cubre lo de pobre* Aquella alimaña se quedó banca cómo el papel. Estoy segura de que ese lanzamiento pudo haber cortado parte del vello escrotal de Rudd. Nunca había lanzado nada con tan mala baba y tan buena puntería.Acabó orinandose encima. Ah! glorioso momento!. Que bien me sentía!... pero qué de líos que trajo los días de después.
Asustado ya de mi, Rudd, sabedor de que yo no accedería a nada más con o para él, acabó convenciendo a Torum de que le había herido en una pierna, (mentira y gorda) y que era un peligro para el espectaculo. No se cómo se hizo esa herida lo prometo, pero al parecer fue lo suficientemente convincente para que Torum protegiera a su hijo… lo comprendo, pero no lo comparto. Pocos días despues, con un ambiente muy complicado en el circo ambulante, lleno de discusiones y rencores, me acordé de la barba del abuelo.
Tomé una decisión, y tras una reunion con Torum, un buen abrazo y unas lagrimas, dejé el circo para aventurarme por estas tierras, No se muy bien que me depararán… Lo que sí se es cómo subirme a la caravana equivocada y no acabar dónde quería… Pero esa ya es otra historia. Empezar con mal pie a veces sirve para espabilar ¿no?.
*Extracto del los escritos de Miria, un cuaderno de viaje que siempre lleva con ella*