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Misiva para Eileen Vysoren en un día especial.

Galas

Vampiro que no usa azules
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Entregada en mano esta carta llegaría a la elfa con sangre de las fatas en un día particular. ¿El mensajero? Uno pagado de algun servicio de mensajería de Caravassar, un humano barbilampiño, joven, vestido de punta en blanco. Su sombrero condecorado con una pluma blanca, ganada tras años de servicio eficiente.

El pergamino no es de demasiada calidad. Algo rugoso al tacto, de hecho, pero está cerrado con un sello de cera de un color que danza entre el sonrosado y el de una violeta en flor. Este carece de emblema alguno, solo la presión que ha condensado la forma que ha de romperse para abrirlo.


Si la mujer decide abrirlo, recibirá una explosión perfumada: El fuerte olor de la lavanda cortado con un toque cítrico difícil de ubicar. Y para los olfatos más refinados unos tintes metálicos, unos taninos cuasi oxidados perfectamente reconocibles para cualquiera que ha pisado batalla alguna.

La misiva cuya letra refinada se escribe en un perfecto élfico, parece que ha sido apuñalada, como si aquella que realizó tal caligrafía hubiese sentido una fuerte emoción mientras lo hacía.

Esta reza así:



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A la atención de la magnífica darthii Eileen Vysoren, de cuya belleza sones parva cantidad se han escrito.

No sé cómo empezar esta carta. Quizá te hayas olvidado de mi, quizá no quieras recordarme.

Has que saber que no puedo olvidarte, no puedo abandonarte en un rincón de mi mente,
tu paso por mi vida permanece en mi memoria a cada respiración en el día, a cada mirada perdida, jamás fallando en despertar el mí un ansia por saborear la qu'lith de tu corazón.

Una noche de danzas y chanzas compartida con las sedas esmeraldas danzando al ritmo de la gracilidad de tus movimientos.

La luz de una luna argenta reflectada en tu larga melena, verde como los mocos de un vomitivo trol.

La bebida no ha sabido igual sin estar tú a mi lado. La compañía ha sido imposible de imitar si no es
la tuya. Tu presencia reconfortable no puede igualarse, pues pocas criaturas pueden generar en mi tal repulsa visceral.

No puedo decir más que susurrar tu nombre en la más remota existencia, susurrarlo y acompañarlo con la más sincera de las maldiciones.

No puedo esperar a nuestra cita prometida pero aun no acordada.

Siempre tuya:

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​

@Verenestra
 

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