Haladring
Llanero del brasero
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-FRUSTRACIÓN-
Las ramitas se partieron bajo sus desnudos pies, conforme corría tan rápido como sus piernas le permitían.
Quería alejarse. Necesitaba alejarse.
En el torbellino de ideas y recuerdos que era ahora su enfebrecida mente acudían mil y un escenas, encuentros, conversaciones, todo ello enrrevesado como una amalgama que ahora le impedía respirar más incluso que la carrera forzada que llevaba haciendo desde hacía casi dos horas.
Pensó en Adam, su antiguo discípulo y amigo, y un ronco grito escapó de su inflamada garganta.
Alessya le había contado, muy posteriormente, cómo un tipo le había obligado a intercambiar su alma a cambio de la de su hijo, Math. Siempre había pensado que el cabeza loca de su aprendiz habría emprendido algún viaje, y se habría llevado a Sarah, pero ¿esto? ¿Por qué lo habían callado? ¿Por qué se lo habían ocultado de esa manera?
Esquivó sin frenar su carrera los árboles que había en la cercanía a los campos frutales, impulsándose entre uno y otros, hasta que finalmente, corría sobre las gruesas ramas o se impulsaba en ellas valiéndose de los brazos y piernas.
Y ahora, Raizzel, otro muchacho, quería aprender de él. ¿Cómo podía instruir a nadie cuando él mismo veía que había fallado como Maestro una y otra vez? ¿Cómo enseñar a alguien que luche por unos valores por los que él mismo ve que empieza a caer?
-Alessya...
Aleesya, la luz que iluminaba el extenso camino sembrado de tinieblas. Una cálida mano amiga que le ofreció ayuda y cobijo en la fría noche en que la conoció. Y ahora veía a la misma oscuridad que había engullido a Adam, cernirse sobre ella, otra vez...Y un amargo jadeo de desesperación resonó cuando recordó que esta vez, ella avanzaba hacia esa oscuridad.
"Antes de que llegasen a haceros daño a tí o a los niños, yo iría con ellos..."
¿Realmente necesitaba una amenaza para hacerlo? Recordó cómo aún cuando la advirtió de quién y qué era Dietrich, ella había ido a su encuentro. Recordó la humillación y cómo esta había calado en lo más profundo de su ser cuando ella se lo contaba, y el mero hecho de que ella no recordase que el otro le mordiera no era alivio en absoluto.
Las afiladas ramas de los árboles le hicieron cortes en los brazos y el desnudo pecho mientras atravesaba el follaje de uno con un amplio salto, yendo blanda y firmemente al suelo con una media pirueta desde una altura en la que era imposible no romperse una pierna al caer.
Quedó quieto entonces, algo encorvado y con los brazos caídos, casi lánguidos, a los costados. Calmó su respiración con rapidez entrenada, sentía las manos frías, el vaho escapó en densas bocanadas con cada profunda respiración que emitía... y tras los rebeldes mechones de pelo frente a sus ojos, clavó una entornada mirada en la profunda oscuridad.
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En ese momento, se alegraba, le había dicho a ella. Se alegraba de que solo la hubiera mordido y se hubiera burlado de él, porque sin duda podría haberla matado o algo peor. ¿Qué era un insulto y una humillación a su honor cuando lo que más amaba estaba a salvo, no?
...¿Pero cómo se salva a alguien que no quiere ser salvado? ¿Cómo ayudas a alguien que corre de nuevo hacia su propia destrucción cuando le has suplicado que no lo haga?
-Eres débil, Drann...Has fracaso en tu cometido como hombre, como animal, y como guerrero...-Tardó un instante en reconocer su propia voz, que hablaba con dureza aun cuando la garganta estaba destrozada y el nudo de la misma le impedía articular del todo bien- Eres un fracaso. Porque no solo no has podido salvar aquello por lo que decidiste que luchabas, sino que ni siquiera has elegido luchar por ello.
Se había doblegado a su voluntad, sumiso, cuando ella le había pedido que no fuese a luchar con ellos, que huyese, que fuese un cobarde. Había sido débil porque ella se lo pidió. Y ahora era débil porque ella le seguía implorando que lo fuera aun cuando todos los que había llegado a querer empezaban a morir y desaparecer a su alrededor.
Definitivamente, era débil por ella, porque ella era su debilidad y aquello que más le daba fuerzas al mismo tiempo.
¿Cuántas de las siete virtudes en las que basaba su código de honor y de vida había roto ya?
Yuu, el Coraje...Nunca debería temer actuar pero debía hacerlo con inteligencia, reemplazar el miedo por el respeto y la precaución. Pero había roto esta virtud cuando Alessya le dijo que no buscase justicia entre los No-Muertos por lo que habían hecho, pidiéndole que lo dejase estar.
Chuugi, la Lealtad. Había sido fiel a lo que le había prometido a Alessya, y no había hecho nada aun cuando su alma clamaba por actuar, sí, ahí había cumplido...¿Pero y qué era de Adam? ¿Debía abandonarlo pues por petición de la propia hermana de este? Los actos de un hombre son sus propias huellas ¿quería que realmente alguien siguiese el mismo camino que estaba tomando él?
Meiyo, el Honor...Su propio honor del que él era juez, pues nadie, ni siquiera él, puede ocultarse de sí mismo. Había faltado a su honor, a su ego y a su amor propio por lo que ella le pedía. Había cogido aquellas palabras y todo su significado y las había atravesado como si de un enemigo se tratasen.
Había muerto un poco por dentro con cada uno de los tres juramentos rotos, ¿significaba eso que aún le quedaba morir cuatro veces más?
Clavó las rodillas y se dobló como un junco, hasta dar con la frente contra el húmedo suelo. Mantuvo los dientes apretados mientras el sudor corría por su ancha espalda y brazos, y la saliva y la sangre por las encías.
Sus puños golpearon el suelo, rebotando contra la tierra y las rocas, mientras un sollozo de rabia hacía eco en su profunda garganta. Sus músculos se tensaron, y la sangre se acumuló en sus ojos y rostro, dejando escapar una ronca pregunta a la abismal nada en la que no hallaría respuesta.
-...Por qué?
¿Acaso no confiaba ella en él? ¿Prefería sentir mil y un tormentos, humillaciones y pérdidas antes que permitirle siquiera que él la intentase proteger? ¿Por qué la amaba tanto que hasta pensar en perderla otra vez le encogía el Corazón? ¿Por qué su empeño en terminar autodestruyéndose? Y por qué él siempre tendría que vivir con el miedo de que en cuanto volviese la espalda, ella marcharía para siempre, en pos de nuevas emociones que parecía que él no podía brindarle ya, en pos de nuevas amistades, de nuevos hombres....¿Por qué ese miedo, si ella decía que lo amaba tan intensamente? Pero al mismo tiempo, cómo no tener ese miedo cuando una vez la vio al borde de un precipicio, buscando suicidarse.
¿Por qué su corazón lloraba como nunca desde que la conoció, cuando solo lo había hecho una vez antes, siendo un infante? ¿Por qué no se dejó morir cuando luchó contra aquel Ghul? ¿Por qué torturaba sin quererlo a la pobre Alessya con su presencia, cuando era obvio que el mayor tormento que le había procurado a la mujer era su compañía?
Sus puños volvieron a golpear contra el suelo, y esta vez las rocas se resquebrajaron y partieron por la fuerza del impacto de lo que ya no eran unos brazos humanos. Sin embargo, el sentimiento que desgarraba y devoraba el interio del Kensái sí que era humano, tan humano que estaba a punto de matarlo su propia humanidad.
Alzó los ojos hacia la oscuridad de la montaña, inyectados estos en sangre y llorosos, con los colmillos rechinando, y su cuerpo sacudido por pequeños temblores. Tronando la pregunta aún mientras su mundo se desmoronaba una vez más.
-¿POR QUÉ?
Alessya no confiaba en él.
-¡¿POR QUÉ!?
Su conciencia no era libre, por lo tanto, su espada jamás lo sería mientras el mal que les atenabaza siguiera.
-¡¡¿POR QUÉ?!!
Y se vislumbró a sí mismo, arrodillado, meciendo el cuerpo sin vida de la mujer que ama y siempre amará.
-¡¡ALESSYAAAAAAA!!
Aquella noche y en aquella montaña, ningún sonido escapó. Las aves nocturnas enmudecieron, los depredadores se quedaron en sus guaridas, y tan solo por una noche, las lúgubres sombras que proyectaba la montaña fueron más oscuras si cabe.
-FIN-
Las ramitas se partieron bajo sus desnudos pies, conforme corría tan rápido como sus piernas le permitían.
Quería alejarse. Necesitaba alejarse.
En el torbellino de ideas y recuerdos que era ahora su enfebrecida mente acudían mil y un escenas, encuentros, conversaciones, todo ello enrrevesado como una amalgama que ahora le impedía respirar más incluso que la carrera forzada que llevaba haciendo desde hacía casi dos horas.
Pensó en Adam, su antiguo discípulo y amigo, y un ronco grito escapó de su inflamada garganta.
Alessya le había contado, muy posteriormente, cómo un tipo le había obligado a intercambiar su alma a cambio de la de su hijo, Math. Siempre había pensado que el cabeza loca de su aprendiz habría emprendido algún viaje, y se habría llevado a Sarah, pero ¿esto? ¿Por qué lo habían callado? ¿Por qué se lo habían ocultado de esa manera?
Esquivó sin frenar su carrera los árboles que había en la cercanía a los campos frutales, impulsándose entre uno y otros, hasta que finalmente, corría sobre las gruesas ramas o se impulsaba en ellas valiéndose de los brazos y piernas.
Y ahora, Raizzel, otro muchacho, quería aprender de él. ¿Cómo podía instruir a nadie cuando él mismo veía que había fallado como Maestro una y otra vez? ¿Cómo enseñar a alguien que luche por unos valores por los que él mismo ve que empieza a caer?
-Alessya...
Aleesya, la luz que iluminaba el extenso camino sembrado de tinieblas. Una cálida mano amiga que le ofreció ayuda y cobijo en la fría noche en que la conoció. Y ahora veía a la misma oscuridad que había engullido a Adam, cernirse sobre ella, otra vez...Y un amargo jadeo de desesperación resonó cuando recordó que esta vez, ella avanzaba hacia esa oscuridad.
"Antes de que llegasen a haceros daño a tí o a los niños, yo iría con ellos..."
¿Realmente necesitaba una amenaza para hacerlo? Recordó cómo aún cuando la advirtió de quién y qué era Dietrich, ella había ido a su encuentro. Recordó la humillación y cómo esta había calado en lo más profundo de su ser cuando ella se lo contaba, y el mero hecho de que ella no recordase que el otro le mordiera no era alivio en absoluto.
Las afiladas ramas de los árboles le hicieron cortes en los brazos y el desnudo pecho mientras atravesaba el follaje de uno con un amplio salto, yendo blanda y firmemente al suelo con una media pirueta desde una altura en la que era imposible no romperse una pierna al caer.
Quedó quieto entonces, algo encorvado y con los brazos caídos, casi lánguidos, a los costados. Calmó su respiración con rapidez entrenada, sentía las manos frías, el vaho escapó en densas bocanadas con cada profunda respiración que emitía... y tras los rebeldes mechones de pelo frente a sus ojos, clavó una entornada mirada en la profunda oscuridad.
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En ese momento, se alegraba, le había dicho a ella. Se alegraba de que solo la hubiera mordido y se hubiera burlado de él, porque sin duda podría haberla matado o algo peor. ¿Qué era un insulto y una humillación a su honor cuando lo que más amaba estaba a salvo, no?
...¿Pero cómo se salva a alguien que no quiere ser salvado? ¿Cómo ayudas a alguien que corre de nuevo hacia su propia destrucción cuando le has suplicado que no lo haga?
-Eres débil, Drann...Has fracaso en tu cometido como hombre, como animal, y como guerrero...-Tardó un instante en reconocer su propia voz, que hablaba con dureza aun cuando la garganta estaba destrozada y el nudo de la misma le impedía articular del todo bien- Eres un fracaso. Porque no solo no has podido salvar aquello por lo que decidiste que luchabas, sino que ni siquiera has elegido luchar por ello.
Se había doblegado a su voluntad, sumiso, cuando ella le había pedido que no fuese a luchar con ellos, que huyese, que fuese un cobarde. Había sido débil porque ella se lo pidió. Y ahora era débil porque ella le seguía implorando que lo fuera aun cuando todos los que había llegado a querer empezaban a morir y desaparecer a su alrededor.
Definitivamente, era débil por ella, porque ella era su debilidad y aquello que más le daba fuerzas al mismo tiempo.
¿Cuántas de las siete virtudes en las que basaba su código de honor y de vida había roto ya?
Yuu, el Coraje...Nunca debería temer actuar pero debía hacerlo con inteligencia, reemplazar el miedo por el respeto y la precaución. Pero había roto esta virtud cuando Alessya le dijo que no buscase justicia entre los No-Muertos por lo que habían hecho, pidiéndole que lo dejase estar.
Chuugi, la Lealtad. Había sido fiel a lo que le había prometido a Alessya, y no había hecho nada aun cuando su alma clamaba por actuar, sí, ahí había cumplido...¿Pero y qué era de Adam? ¿Debía abandonarlo pues por petición de la propia hermana de este? Los actos de un hombre son sus propias huellas ¿quería que realmente alguien siguiese el mismo camino que estaba tomando él?
Meiyo, el Honor...Su propio honor del que él era juez, pues nadie, ni siquiera él, puede ocultarse de sí mismo. Había faltado a su honor, a su ego y a su amor propio por lo que ella le pedía. Había cogido aquellas palabras y todo su significado y las había atravesado como si de un enemigo se tratasen.
Había muerto un poco por dentro con cada uno de los tres juramentos rotos, ¿significaba eso que aún le quedaba morir cuatro veces más?
Clavó las rodillas y se dobló como un junco, hasta dar con la frente contra el húmedo suelo. Mantuvo los dientes apretados mientras el sudor corría por su ancha espalda y brazos, y la saliva y la sangre por las encías.
Sus puños golpearon el suelo, rebotando contra la tierra y las rocas, mientras un sollozo de rabia hacía eco en su profunda garganta. Sus músculos se tensaron, y la sangre se acumuló en sus ojos y rostro, dejando escapar una ronca pregunta a la abismal nada en la que no hallaría respuesta.
-...Por qué?
¿Acaso no confiaba ella en él? ¿Prefería sentir mil y un tormentos, humillaciones y pérdidas antes que permitirle siquiera que él la intentase proteger? ¿Por qué la amaba tanto que hasta pensar en perderla otra vez le encogía el Corazón? ¿Por qué su empeño en terminar autodestruyéndose? Y por qué él siempre tendría que vivir con el miedo de que en cuanto volviese la espalda, ella marcharía para siempre, en pos de nuevas emociones que parecía que él no podía brindarle ya, en pos de nuevas amistades, de nuevos hombres....¿Por qué ese miedo, si ella decía que lo amaba tan intensamente? Pero al mismo tiempo, cómo no tener ese miedo cuando una vez la vio al borde de un precipicio, buscando suicidarse.
¿Por qué su corazón lloraba como nunca desde que la conoció, cuando solo lo había hecho una vez antes, siendo un infante? ¿Por qué no se dejó morir cuando luchó contra aquel Ghul? ¿Por qué torturaba sin quererlo a la pobre Alessya con su presencia, cuando era obvio que el mayor tormento que le había procurado a la mujer era su compañía?
Sus puños volvieron a golpear contra el suelo, y esta vez las rocas se resquebrajaron y partieron por la fuerza del impacto de lo que ya no eran unos brazos humanos. Sin embargo, el sentimiento que desgarraba y devoraba el interio del Kensái sí que era humano, tan humano que estaba a punto de matarlo su propia humanidad.
Alzó los ojos hacia la oscuridad de la montaña, inyectados estos en sangre y llorosos, con los colmillos rechinando, y su cuerpo sacudido por pequeños temblores. Tronando la pregunta aún mientras su mundo se desmoronaba una vez más.
-¿POR QUÉ?
Alessya no confiaba en él.
-¡¿POR QUÉ!?
Su conciencia no era libre, por lo tanto, su espada jamás lo sería mientras el mal que les atenabaza siguiera.
-¡¡¿POR QUÉ?!!
Y se vislumbró a sí mismo, arrodillado, meciendo el cuerpo sin vida de la mujer que ama y siempre amará.
-¡¡ALESSYAAAAAAA!!
Aquella noche y en aquella montaña, ningún sonido escapó. Las aves nocturnas enmudecieron, los depredadores se quedaron en sus guaridas, y tan solo por una noche, las lúgubres sombras que proyectaba la montaña fueron más oscuras si cabe.
-FIN-