Sariel
Enano sin acento ruso
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Por cada rincón de Amn, la sacerdotisa, junto con todo el capítulo de la Rosa de Plata y sus caballeros juramentados, se dedicarían no solo a predicar la palabra divina, sino también a esparcir pliegos manuscritos que relataban las ocurrencias acontecidas con la ciudad volante sobre Amn

A vosotros, asaltantes, os digo: cuando se os ofreció la mano, escogisteis el puñal. Traicionasteis vuestra propia tierra, entregándoos a la siniestra entidad conocida como "Una de Muchas". No deseo sino que sean vuestros propios barrios los que os juzguen, descubran vuestras máscaras y os den el castigo que merecéis. Que vuestra cobardía y vileza no encuentren escondrijo donde ampararse.
Y a los Magos Rojos, guardianes de uno de los fragmentos, ¿qué más podría deciros? A pesar de vuestro saber y ciencia, preferisteis abandonar la ciudad al desastre, casi provocando la muerte de millares. Mas por fortuna y bajo la benéfica mirada de Selûne, aquello no sucedió.
No deseo, no obstante, empañar con sombras lo que también ha sido testimonio de grandeza: numerosos fueron los que entregaron sudor, sangre, lágrimas, e incluso arriesgaron su vida en esta gesta. A todos vosotros, fuerzas armadas de Amn, Senescal, pueblo élfico, miembros del gremio de aventureros de toda nación, pueblo robusto de las montañas, Seguidores de Lathander y guardianes de los bosques, os guardamos eterna gratitud.
Sepan todos que, en adelante, la Iglesia -o al menos esta humilde parte que me corresponde- será para vosotros amparo, guía y compañera, pues habéis mostrado ser de espíritu noble y de corazón puro.
No entraré en el intrincado tapiz de todos los sucesos acaecidos, pues ello daría para una crónica extensa; mas sabed, pueblo de Amn, que hoy estáis a salvo gracias a todos esos mencionados. Y también sabed discernir quiénes buscaron vuestra ruina y quiénes pelearon por vuestra salvación.
Celebremos pues a los héroes de cada rincón que hicieron posible este milagro, y elevemos nuestras copas para que sus almas permanezcan siempre bajo el resguardo de la plateada mirada de Selûne.

Visto el infortunio acaecido y dado que, pese a la devastación, los designios de la Dama Plateada han querido que no lamentemos muchas pérdida de vidas, y aunque cada muerte es como una aguja que se clava en mi corazón, me presento ante vosotros en nombre del Capítulo de la Rosa de Plata.
Primeramente, quiero expresar nuestras más sinceras disculpas al noble pueblo de Kazad. Aunque jamás fue nuestra intención causar daño, sabemos que fragmentos de la ciudad flotante impactaron vuestras murallas. Si entre los vuestros hay daños materiales o físicos, no dudéis en reclamar nuestro auxilio: la Abadía de Hydcont proveerá cuanto sea necesario para restaurar vuestra fortaleza y honra.
Respecto al suceso: muchos de vosotros fuisteis testigos de la caída de los siete fragmentos, y muchos también fuisteis quienes, con valor, os prestasteis a la búsqueda y recuperación de los mismos. Vuestra ayuda desinteresada junto a la diligencia de la Iglesia fueron claves en el intento de evitar males mayores, y a vososotros debemos que hoy Amn pueda alzar su mirada hacia el cielo en gratitud.
He de manifestar, sin embargo, que la caída de la ciudad pudo haberse evitado si no hubiese sido por la negativa de colaboración de los Magos Rojos y de aquellos asaltantes que se refugiaban en los arrabales. Su desprecio por la vida ajena, aunque no nos es sorpresa, ha sellado su condena ante los ojos de todos. No pudimos impedir la caída, más sí desviar la ciudad a tierras menos pobladas, donde sus estragos fueron menores.Primeramente, quiero expresar nuestras más sinceras disculpas al noble pueblo de Kazad. Aunque jamás fue nuestra intención causar daño, sabemos que fragmentos de la ciudad flotante impactaron vuestras murallas. Si entre los vuestros hay daños materiales o físicos, no dudéis en reclamar nuestro auxilio: la Abadía de Hydcont proveerá cuanto sea necesario para restaurar vuestra fortaleza y honra.
Respecto al suceso: muchos de vosotros fuisteis testigos de la caída de los siete fragmentos, y muchos también fuisteis quienes, con valor, os prestasteis a la búsqueda y recuperación de los mismos. Vuestra ayuda desinteresada junto a la diligencia de la Iglesia fueron claves en el intento de evitar males mayores, y a vososotros debemos que hoy Amn pueda alzar su mirada hacia el cielo en gratitud.
A vosotros, asaltantes, os digo: cuando se os ofreció la mano, escogisteis el puñal. Traicionasteis vuestra propia tierra, entregándoos a la siniestra entidad conocida como "Una de Muchas". No deseo sino que sean vuestros propios barrios los que os juzguen, descubran vuestras máscaras y os den el castigo que merecéis. Que vuestra cobardía y vileza no encuentren escondrijo donde ampararse.
Y a los Magos Rojos, guardianes de uno de los fragmentos, ¿qué más podría deciros? A pesar de vuestro saber y ciencia, preferisteis abandonar la ciudad al desastre, casi provocando la muerte de millares. Mas por fortuna y bajo la benéfica mirada de Selûne, aquello no sucedió.
No deseo, no obstante, empañar con sombras lo que también ha sido testimonio de grandeza: numerosos fueron los que entregaron sudor, sangre, lágrimas, e incluso arriesgaron su vida en esta gesta. A todos vosotros, fuerzas armadas de Amn, Senescal, pueblo élfico, miembros del gremio de aventureros de toda nación, pueblo robusto de las montañas, Seguidores de Lathander y guardianes de los bosques, os guardamos eterna gratitud.
Sepan todos que, en adelante, la Iglesia -o al menos esta humilde parte que me corresponde- será para vosotros amparo, guía y compañera, pues habéis mostrado ser de espíritu noble y de corazón puro.
No entraré en el intrincado tapiz de todos los sucesos acaecidos, pues ello daría para una crónica extensa; mas sabed, pueblo de Amn, que hoy estáis a salvo gracias a todos esos mencionados. Y también sabed discernir quiénes buscaron vuestra ruina y quiénes pelearon por vuestra salvación.
Celebremos pues a los héroes de cada rincón que hicieron posible este milagro, y elevemos nuestras copas para que sus almas permanezcan siempre bajo el resguardo de la plateada mirada de Selûne.
Sariel Shade
Sacerdotisa Bañada por la Luna de la Abadía de Hydcont
Sacerdotisa Bañada por la Luna de la Abadía de Hydcont
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