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Nawiel Destello Veloz

Aldous

Enano con acento ruso
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4/11/13
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:El asesinato del obeso comerciante:

El día comenzó bastante habitual, Después de descubrir un nuevo veneno en la universidad de los oficios, tenía unas ganas terribles de ir a probarlo y así ampliar la enciclopedia de venenos.
Terminado el primer libro de venenos, decidí que esta poción en particular suponía un avance en la herbología.

Aguardé hasta que fuera de noche, pues moverme entre las sombras era mucho más sencillo y la falta de ruido en las calles me permitía escuchar mejor los pasos de algún incómodo transeúnte que pudiera entorpecer mis actividades. Como era habitual, las calles a esa hora estaban prácticamente desiertas, así que me situé en un callejón donde normalmente no me ponía, actuar siempre en la misma esquina podía ser sospechoso cada vez que las pruebas con venenos salían demasiado bien y el pobre infeliz no sobrevivía. El lugar elegido debía tener cerca una boca de alcantarilla por si acaso, así que los posibles lugares eran bastante limitados. Pensé que si descubría muchos más venenos, tendría que buscar otra ciudad donde hacer las pruebas durante un tiempo para no levantar sospechas.

El truco era sencillo, me dedicaba a escuchar a los pocos mendigos y prostitutas que podían deambular por el lugar a esas horas, era muy importante prestar atención, porque un sonido metálico podía significar que la persona tenía una armadura y posiblemente sería un guardia o cualquier aventurero armado, ambos casos poco o nada interesantes para mi propósito; pero en este caso en particular, sonaba descalzo y con un paso bastante irregular... Está claro, un mendigo y además borracho o algo peor. Dejé caer un par de monedas de oro justo delante de la esquina donde me encontraba y aguardé hasta tener a la vista al individuo: no me equivocaba, era un harapiento borracho. Utilizando el puño de un puñal quedó inconsciente rápidamente.
Recogí las monedas y lo arrastré unos metros más atrás, junto una boca de alcantarilla bastante escondida. Las ratas eran perfectas para ocultar pruebas en caso de que aquel hombre no sobreviviese.
Aguardé alrededor de dos horas hasta que se despertó. Para comprobar los efectos de los distintos venenos, estos debían administrarse con la persona consciente. Mientras el hombre estaba medio aturdido, le metí la poción a la fuerza por la boca y se la tapé junto con la nariz hasta que tragase todo el brebaje, que no tardó mucho. Lo solté y me alejé para observarlo desde la distancia, si se ponía a gritar o algo peor, debía tener el escape claro.
Esta poción tenía una composición similar a la poción denominada Viscosa, como había esperado, la poción tenía un efecto similar a ésta; pero con una novedad: era mucho más rápida en actuar y los efectos eran mucho más potentes. El primer síntoma, la persona dejó de moverse y apenas podía balbucear nada. Como el resto de las pociones venenosas que había descrito, aguardé al segundo efecto, que solía ser más fuerte. Y efectivamente, fue tan fuerte que fulminó al mortal en cuestión de segundos.
Negué con la cabeza chasqueando la lengua y pensé, "maldita sea, tendré que buscar a otro para poder describir el segundo efecto de la poción en alguien más fuerte".
No era el mejor momento, era una hora difícl de saber si era ya demasiado tarde o demasiado temprano. La noche siguiente haría más pruebas, hoy había perdido demasiado tiempo con una sola persona. Lo arrojé a las alcantarillas para que las ratas se dieran su festín y así limpiar el escenario y me fui, como de costumbre, a la Corona de Cobre.

Una vez allí, me senté en una mesa apartada y cogí un libro en blanco, nuevo, para empezar a escribir lo que supondría el segundo volumen de pociones oscuras. Le pedí a la camarera lo de siempre, y ésta partió de inmediato.
Cuando estaba escribiendo los detalles iniciales de la primera poción, la camarera dejó mi bebida sobre la mesa acompañada de una rosa marchita, algo inusual, levanté la mirada y la mujer hizo un gesto con la cabeza señalando una mesa algo más apartada donde había un hombre encapuchado.
Esa clase de hombres de taberna, que se creían unos matones me tenían harta. Había decidido darle una lección, así que guardé el libro y cogí la bebida y la marchita flor para acercarme a su mesa con paso decidido. Al acercarme, me percaté de que me estaba mirando fijamente, y al entrar mis ojos en contacto con los suyos, sentí que esa persona no era el típico matón al que podría darle una lección, una sensación recorrió mi cuerpo por un instnate, pero era ya demasiado tarde como para darme la vuelta y salir de allí. El hombre vestido de negro, cuero y metal, recordaba el carácter de un chacal, su máscara tenía dibujada la expresión de una hiena. Alzó la mano e hizo un gesto para que me sentase a su lado. Ahora tenía que afrontar la decisión que había tomado de acercarme.
Me senté a su mesa intentando disimular la inquietud que sentía, aunque tenía la impresión de que él se había percatado de mi estado. Pensé: "¿éste será el Chacal del que he oído hablar?".

-Agradezco su cortesía, -dijo con una voz susurrante y segura. Acto seguido colocó una daga sobre la mesa para que la observara, y añadió: -¿qué os dice su filo?
Pude observar que había gotas de sangre incrustadas a lo larga de la maltrecha hoja, parecía haber sido usada durante bastante tiempo, podría segurar incluso que recientemente.

Inconscientemente, agarré la hoja para mirarla al detalle y pasando el dedo sobre su filo le respondí: -Es una hoja con una historia muy interesante, sin duda.
Dejé la daga sobre la mesa de nuevo y concluí preguntando: -¿con quién ajustó cuentas esta hoja?

-Es cierto. -Respondió mientras alternaba la mirada entre la hoja y yo. Por la expresión de sus ojos podría asegurar que una sonrisa estaba dibujada en sus labios, pero era una situación difícil, así que preferí no sacar conclusiones precipitadas.

Tras guardar la daga, sacó una moneda que hizo bailar entre sus dedos. No podía quitar la vista, cara, cruz, cara, cruz... Me preguntó: -¿En qué creéis que acabará?

-Curz. -Creo que respondí por inercia, pues cualquiera de las dos respuestas hubieran sido igual de válidas.

Dejó entrever el engaño que estaba realizando con la moneda y se detuvo un instante: -Te has percatado, ¿verdad?. -Dijo sin quitarme ojo de encima.
Realmente no estaba segura si lo había hecho a propósito o había sido una torpeza, pero volvió a jugar de nuevo con la moneda y en esta ocasión, vi claramente que saldría cara, pero la moneda hizo un gesto de efecto y terminó en cruz. Estaba claro que sabía lo que hacía y quería dejármelo muy claro. Su destreza era más que sorprendente.

-Me he percatado de que no sabíais cómo iba a acabar por vuestro rostro, pero aun así, habéis acertado. -Dijo mientras recogía la moneda y se ponía en pie. Hizo un leve gesto para que lo siguiese y me llevó hasta el foso de peleas que está en el centro de la posada.

-Veréis. -Comenzó a susurrar con esa voz fría-, no todo es tener un buen instinto y una elevada percepción, también hay que saber. Desenvainad.

Creí por un momento que me estaba metiendo en problemas realmente serios. Tomé mi hoja con las manos y observé su posición con el cuchillo en una actitud relajada, difícilmente podría atacarme desde esa posición, podría ser una buena oportunidad para mí.
Para mi sorpresa, lanzó la moneda de antes a la cara y me distrajo durante un breve instante, no lo suficiente para reaccionar ante cualquier oponente, pero durante sólo ese segundo me percaté de que se había movido a una velocidad increíble y ahora lo tenía completamente pegado a mi lado, y me susurró al oído: -A veces las distracciones, por muy pequeñas que sean, son oro para los que vivimos de ellas.- Acto seguido, con un rápido gesto, vi mi espada en el suelo y mi mano vacía. Ni me había percatado del gesto. Me sentí completamente a merced del extraño hombre...

Se retiró unos pasos enfundando el cuchillo de nuevo: -Todo es una oportunidad a explotar.

-Sabías que no era rival para ti, ¿verad? -Tuve que preguntar.

-No lo sabía; el menosprecio es el oficio de los que fracasan. -Respondió. Tenía mucha razón, no había hecho otra cosa que sentir miedo desde que le miré a los ojos y esa extraña sensación recorrió mi cuerpo, había dado por sentado muchas cosas.

Me ofreció la mano, así que acerqué la mía. Tomó mi mano e intentó doblarla dando un inesperado giro de muñeca, pero después de las lecciones que me había enseñado, tenía el campo de actuación más abierto, no esperaba nada de lo que iba a ocurrir, así que actué por inercia y le retorcí yo la mano y pude alejarlo.

-Bien... Habéis hecho lo que tenías que hacer... -Recalcando bien esa palabra. Avanzó un par de pasos para colocarse de nuevo a mi lado. -A las afueras hablaremos mejor, tengo algo para probaros.

Tenía la extraña sensación de que todo esto no había sido más que un juego para él, para saber si podía darme su confianza. Me había manipulado y ni me había dado cuenta. Se alejó diciendo: -Cuando el sol esté puesto y las murallas se vean oscurecidas por la noche, frente a la roca que siempre calla. -Terminó por desaparecer de mi vista. Me quedé un instante sola para coger aire y enfriar un poco la sangre de los nervios y la situación.

Estaba pensando "la roca que siempre calla", las únicas rocas cercanas que conocía junto a la ciudad era la costa norte, pero las olas rompiendo contra ellas no las hacían muy silenciosas, precisamente. Hasta que me percaté de algo: "en la costa norte hay dos cuevas, una está abajo, junto el mar donde las olas rompen y el ruido es incesante, pero la otra está arriba, que da paso al bosque de Eldat, un lugar de silencio y paz. ¿Se habrá referido a ésta?" Me dispuse a partir cuando el sol empezó a ponerse.

La cueva estaba oscura, con las paredes cubiertas de moho u musgo. Sólo podía escuchar el eco de mis pisadas perdiéndose en la penumbra. De pronto, escuché una voz de alguien que parecía frustrado y nervioso: -Por qué...[...] Cuando se lo cuente a....[....] Diablos. -Apenas podía escuchar todo lo que decía, empecé a caminar en silecio ayudándome de las sombras para ocultarme y poder así acercarme a la voz.
Me encontré con un hombre obeso desnudo, por las pintas parecía que se había caído a la charca que tenía enfrente y estaba intentando secar su ropa. Observando bien el lugar, me di cuenta de que el hombre estaba solo y sólamente tenía una ballesta ligera cerca. Mientras me aproximaba a una distancia en la que me permitiera actuar con rapidez, el hombre seguía hablando: -A ver cuándo cojones vuelve; le pagué para que me protegiese, no solo para que se vaya por ahí a preguntar si pueden ayudarnos. Si no me hubiese caído, saldría ahora a buscar a ese imbécil. Señor, ¿por qué contrataría a un bárbaro? Si no sabe ni leer...
Pensé: -si la persona con la que he quedado viene, no le gustará que tengamos visitas inoportunas. -Me puse de un paso justo delante con la mano en la empuñadura. -¡Alto ahí! -Pude decirle. Pero justo cuando me vió, se puso nervioso y pudo coger la ballesta mientras enseñaba sus vergüenzas.

-Más te vale dejar eso y decirme qué estás haciendo aquí. -Repuse con voz firme y amenazante. A lo que entró en una especie de ataque de histeria y me gritó: -¡Cállate, guarra! ¿¡Formas partes de ellos!?

-¡Aquí yo hago las preguntas! -Respondí avanzando hacia él desenvainando la espada.

No está claro si fue por el nerviosismo o premeditado, pero disparó con su ballesta alcanzándome en el brazo, afortunadamente algo más bien superficial, lo que me enfadó mucho más. Le clavé la espada atravesándole el hombro y me acerqué lo suficiente como para que pudiera percibir mi aliento de ira. El comerciante propinó un chillido como si hubiera sacrificado a un cerdo.

-Ahora dime a quién esperabas o acabaré contigo sin más y nadie encontrará tu cuerpo nunca. -Le susurré al oído dejando clara mis intenciones.
Mientras se orinaba encina, dijo: -quieren matarme porque estafé a unas personas que no dabía... Mira, tengo afuera mi carromato, casi estancado por un accidente. Mi amigo volverá y no te gustaría encontrártelo. Puedo pagarte y todos estaremos felices, ¿sí?

No me llevó ni un segundo preparar mi contraoferta: -dos cosas, la primera, nada me impide acabar contigo ahora mismo y quedarme con lo que supuestamente me vas a pagar por dejarte vivir; la segunda, no estoy aquí por ti, sino porque alguien importante ha querido que viniera, así que por lo que a mí respecta, sólo eres un estorbo. -En el momento en que terminé mis palabras empezó a decir algo como: -Oh, Dios, no, no, no, lo saben.... -Acabé con su vida en ese instante.

Unos pasos detrás de mí, bastante pesados y cercanos me obligaron rápidamente a cambiar de posición. Encarada hacia una figura enorme que se adentraba en la cueva, mantuve firmemente la espada ensangrentada entre mis manos. La figura que por unos momentos no sabía qué decir, llevó la mano hacia una enorme hacha que llevaba a la espalda, así que le dije: -¿Estás seguro de que quieres tomar ese camino?
Entonces una línea empieza a dibujarse en su garganta que cada vez se va volviendo más y más densa. Se acercó al índice y se dio cuenta de que era sangre; no sabía qué decir, después me miró. Tan pronto como sus ojos volvieron a descender, empiezó a asfixiarse, hasta que cayó con convulsiones por unos segundos. Finalmente, murió también. Pude ver cómo otra figura estaba justo detrás del hombre. Era sin duda la persona que estaba esperando.
Él apoyó su pie derecho sobre el cadáver y soltó una leve risa. Después me arrojó una bolsa bastante llena de dinero y me dijo: -Habéis hecho todo lo que yo quería. -Alzó un poco la hoja y dejó que algunas hojas cayeran sobre su máscara, tras eso, asintió y empezó a marcharse. Desapareció de mi vista en un instante. ¿Era esto otra lección? Estaba claro que volvería a ver a ese hombre.


Personajes de la trama:
Nawiel Destello Veloz, relatando en primera persona.
Azaroth (con el nombre de Chacal), como el enmascarado.
PNJ 1, Camarera de la Corona de Cobre
PNJ 2, comerciante obeso
PNJ 3, guardaespaldas con gran hacha.
 
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