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Nicodemus Buenpan

Layna

Admirador del brazo de Sune
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Nicodemus Buenpan nació en el seno de una familia tradicional Hin en la lejana Lurien, sus progenitores Fortecor eran grandes panaderos descendientes de panaderos que durante toda su vida fueron cambiando de villas y pueblos siempre dentro de Luiren. Para los Hin el mudarse de un lugar a otro es tan normal como el cambiar de capa y sus padres no eran una excepción.

El modus operando era el mismo siempre, tras unos años viviendo en un pueblo los padres de Nicodemus llenaban sus carromatos con todas sus cosas y continuaban el camino de la ciudad portuaria de Shoun a la gran capital de la región Beluir, iban por este camino hasta encontrarse un pueblo o villa ni muy grande ni muy pequeño y en el asentaban su hogar durante un tiempo indeterminado. Desmontaban las carretas quitándoles las ruedas y construían un horno de tierra donde confeccionar el pan.

La familia de Nicodemus era numerosa, tenia dos hermanos mayores y una hermana menor, así como una abuela llamada Gertrudis a la que estaba muy apegado. Des de pequeño se le enseño el arte de amasar la harina, condimentarla, ponerle levadura y hornearla para hacer bollos, panes y toda clase de repostería de trigo.

Si bien sus hermanos y su familia le querían Nicodemus (al que todos llamaban Nico) creía que él debía hacer algo mas que amasar panes, des de muy pequeño tenia un deseo de viajar, de explorar más allá de ir de pueblo en pueblo. Este afán aventurero provocaba que se metiera en líos y pusiera su vida en peligro ya fuera escalando a la cima de un molino, explorando una cueva que encontrara en el bosque o siguiendo a algún encapuchado que creía sospechoso por el simple hecho de seguirlo.

Fue en una de estas aventuras infantiles cuando Nicodemus estuvo a punto de morir, acababan de llegar a un pueblo costero y Nicodemus fue a explorar los acantilados pese al mal tiempo y la prohibición de sus padres de hacerlo, aquel día su hermana pequeña quiso acompañarle y dado que si no la llevaba avisaría sin duda a sus progenitores de sus planes el pequeño hin accedió a llevarla.

Las olas rompían contra las rocas y una pequeña llovizna caía sobre ellos cuando llegaron al lugar, el pequeño Nico y su hermana estaban jugando por las rocas circundantes al acantilado cuando una ola enorme cayó sobre ellos, Nico vio venir a la ola, pero en vez de apartarse empujo a su hermana pequeña al camino evitando así que esta fuera engullida por la ola, pero quedándose el expuesto a esta que lo precipito al mar.

Se golpeo y rodo como un muñeco de trapo mientras las olas del mar embravecido por el temporal lo arrastraban de un lado a otro, no podía respirar, no podía nadar apenas ante aquella corriente. En ese momento Nicodemus tubo un miedo atroz y entendió que seguramente iba a morir.

Pero quiso el destino que en aquel acantilado estuviera mediando en una roca el viejo Tobías, pelegrino y vagabundo para muchos pero que realmente era un gran monje del Puño Hin, encargado de vigilar la región he informar al monasterio si algo sucedía. El viejo monje vio des de su roca la valerosa acción del pequeño salvando a su hermana antes de ser engullido y no dudo un segundo en saltar a mar a salvarlo. Para cualquier otro menos entrenado físicamente aquel mar hubiera sido una tumba de agua, pero el monje era un gran atleta pese a su edad, el Ki aumentaba sus reflejos y mejoraba sus habilidades, nado como un pez, trepo por las rocas como un lagarto y saco del mar al pequeño.

Tras reanimarlo el viejo llevo a los dos pequeños a su casa y pese a la gran gratitud de los padres de Nico que quisieron pagarle por su buena acción Tobías solo acepto un pan para el viaje. Luego partió sin decir mucho más.

El encuentro con Tobías marco un antes y un después para Nico que, aunque estuvo inconsciente en el recate idealizo al maestro con las descripciones (tal vez exageradas) que le conto su hermana. Nicodemus quería ser como su salvador, poder afrontar el mar embravecido y vencer, poder salvar a otros como los héroes de los cuentos que le contaba su abuela antes de ir a dormir.

Pese a la estupefacción inicial de sus padres el joven Nico al crecer decidió abandonar su hogar y tradición familiar para ir en busca de su salvador y instruirse con él en lo que fuera que estuviera entrenado. Esta decisión no sentó muy bien a la familia pero la determinación de un Hin cuando ha tomado una decisión es casi irrompible y Nicodemus partió hacia Beluir en busca de un vagabundo del que solo sabia la descripción y su nombre Tobías. Su padre pese a no entender a su hijo le dio un saquito de oro para que no muriera de hambre, así como una gran mochila y le insto a volver si no encontraba al viejo (que según el quizá ya estaba muerto). Así empezó un viaje de meses por las tierras de Luiren donde el joven Nicodemus fue siguiendo el rastro del vagabundo que le había salvado la vida, quiso el destino que al final encontrada al viejo en las cercanías de la ciudad de Chethel.

El encuentro con el viejo Tobías no fue lo que Nicodemus había pensado, Tobías era de pocas palabras, callado y un poco huraño y despacho al joven emocionado secamente, pero Nicodemus no se rindió y siguió al viejo imitándolo siempre que podía, si el viejo maestro tomaba un trabajo de jornalero así lo hacía también Nicodemus, si el viejo maestro acampaba en un peñasco a unos metros montaba su campamento el joven, si este meditaba en una playa el joven Nico estaba a unos metros. Tal fue la determinación del chico que el viejo sorprendido por esta acabo accediendo a enseñarle.

Tras unos meses de duros ejercicios básicos en los que Tobías valoro las habilidades de su pupilo lo considero apto y se lo llevo a un monasterio alejado de los caminos, allí fue donde Nicodemus conoció a los monjes del Puño Hin realmente, había oído hablar de ellos, pero no fue hasta que vivió en el monasterio que no entendió realmente que significaba ser uno de ellos.

Su entrenamiento se extendió por años y aunque fue duro Nicodemus en ningún momento se arrepintió un ápice de su decisión, junto a su maestro aprendió el arte del Ki, así como la filosofía espiritual vinculada a Yondala y a la protección de la vida de esta noble y bondadosa orden monástica.

Acabado su entrenamiento Tobías le insto a viajar por el mundo, pues para el viejo monje solo mediante la experiencia personal uno puede llegar a ser el mejor aspecto de uno mismo, así pues, Nicodemus pese a que le dolía en parte abandonar a su maestro cogió su petate, se puso una capa de viaje y abandono Luiren con apenas unas moneras en el bolsillo, pero mucha fe en su corazón. El objetivo era ir pues a una zona de conflicto e inestabilidad para allí crecer tanto en su arte como en su corazón realizando el bien y mejorando la vida de otros haciendo el bien, solo así podría realmente regresar a su patria siendo un Monje del Puño Hin a pleno derecho.

Dado que se enteró mediante unos comerciantes que actualmente la región de Amn estaba en una tensión peligrosa y que la guerra podía estallar en cualquier momento decidió dirigirse a la ciudad de la monera para probarse a si mismo y intentar hacer el bien mejorando aquel lugar, así llego pues el joven Hin a la ciudad de la monera, con una capa, unas moneras y su gran corazón.
 
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